viernes, 25 de enero de 2008

Cristo es para todos

2007-12-23
Editorial
Cristo es para todos

En unas horas conmemoraremos el nacimiento del Hijo de Dios, que se hizo carne y habitó entre nosotros para redimirnos y salvarnos. Es Dios mismo, en la fragilidad del Niño Jesús, que viene a visitarnos y traer la paz, la liberación a los cautivos, quitar el yugo a los oprimidos, hacer justicia y anunciar la salvación.

Cristo, Salvador y Redentor, es para todos, sin acepción de personas. No importa qué y quienes somos, desde la perspectiva y el orden del mundo; lo importante es creer en Dios Padre y su enviado, Jesús el Señor, y la fe que mostremos en sus promesas. Inútil es, por tanto, que nos pongamos a hacer distinción entre judío y griego; entre el creyente de mi culto, y el otro o los demás.

La vida del cristiano, y de todos los hombres de buena voluntad, se enmarca en el amor. Un amor que parte de Dios mismo y que irradia hacia el resto de la humanidad. En la medida en que amemos, ganaremos el cielo. Hacer al otro lo que me gustaría que me hicieran; amar al otro como a mí mismo; y ser misericordioso y caritativo con los más pequeños que están hambrientos, enfermos, en la cárcel, o siendo forastero a mi alrededor, es lo que nos acerca a Dios y nos hace más humanos.

Que nuestra Navidad sea, este año y los sucesivos, un momento de vida a la manera de Cristo, que se hace todo en todos. Que sea un tiempo en que podamos deponer la envidia, el egoísmo, la murmuración, la avaricia, y la soberbia. Es la hora favorable para hacernos humildes, como el frágil Niño de Belén, que abre sus brazos y su corazón a sus semejantes. Pidamos a Dios que este sea nuestro mejor regalo, y el mejor que podamos dar a nuestro prójimo.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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