jueves, 11 de septiembre de 2008

Matrimonio

2008-09-07
Editorial
Matrimonio

El matrimonio es la institución que le da legitimidad a la familia ante los hombres y la sociedad; por eso el estado la defiende y la fomenta. La unión legítima de dos personas, en el matrimonio, garantiza su patrimonio y el de los hijos de la pareja, así como la obligación que tienen los progenitores hacia sus vástagos y, también, entre los propios contrayentes.

Por esto nos parece plausible el gesto de las autoridades del Distrito de San Miguelito, al facilitar a 50 parejas la formalización de su unión conyugal en el vínculo matrimonial. Sin embargo, estos hombres y mujeres que ahora han alcanzado el casamiento civil, aún deben completar sus esponsales ante Dios.

La vida espiritual de cada ser humano es importante para la consecución de su felicidad y, por ende, de su salvación. Vivir unidos por la ley de los hombres es un acto jurídico que preserva y fortalece la institución del matrimonio; unirse como marido y mujer ante el mandato divino es una gracia, que le da sentido a la vida de pareja y provee el equilibrio espiritual y de conciencia que le dan fundamento sólido a la unión conyugal.

Tanto el hombre como la mujer, en su condición de criaturas e hijos de Dios, necesitan del ejercicio sacramental para practicar su fe a plenitud. Dios quiere que tengamos vida en abundancia, para encontrar la felicidad en El. Completar esa unión matrimonial bajo la protección divina, le dará un significado mayor en el amor y les permitirá amarse mutuamente y amar al resto de su familia en la dimensión en que el mismo Dios nos ha amado.

Deseamos que ese primer paso dado por las parejas que han unido sus vidas en este matrimonio colectivo que nos ocupa, sea el inicio hacia ese otro paso que es la relación matrimonial bajo Dios. Que así lo hagan, para que tengan una vida de esposos dichosa, más allá de los obstáculos terrenos, y la vejez juntos que les auguramos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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