viernes, 17 de abril de 2009

Cara de tontos

2009-04-19
A tiro de piedra
Cara de tontos

Indigna ver con qué desfachatez algunos personajes hacen declaraciones por los medios, por medio de un trabalenguas o un juego de palabras, en el que dicen y desdicen al mismo tiempo. Es el acto de hablar mucho y decir poco, en donde la jeringonza es entendida por el verdadero receptor del mensaje, pero ignorada por el resto de la gente común.

Tanto aquellos como algunos medios que le hacen eco, nos han visto la cara de tontos; o, al menos, eso es lo que piensan ellos. Todo en medio de una lucha por el poder, en la que algunos antes se odiaban y hoy se quieren; se mordían y arañaban, y ahora se besan y se abrazan. Y el juego de otros que cuando comían de la pera, no hablaban de ella, y ahora hablan más que loro de moña amarilla.

Dice uno que nació panameño, pero el éxodo lo hizo gringo. Que se hizo gringo bajo juramento y renuncia expresa de su ciudadanía, pero le bastó volver a suelo patrio, para que el aire y el polvo del terruño lo hicieran ciudadano de nuevo y en pleno goce de sus derechos. El otro jura y perjura que no recibió un maletín, pero ya no dicen que fue él sino su “viejo”. Y si fuera el viejo, por supuesto que no fue el joven. Hasta el detector de mentiras fallaría si ése fuera el caso. Por el momento, de los detalles de aquestos hechos se conoce sólo lo que se nos ha querido revelar. Y así como en el concurso de baile la culpa de no saber bailar la tenía el Anticristo, ahora la culpa de ser o no ciudadano la tenían Caifás y Poncio Pilato. Y así como se piensa que los hijos no cargan con la culpa de los padres, igual alguno dirá que tampoco tienen por qué cargar con el maletín de sus padres. Yo no fui, fue teté.

Otros que dicen que vieron, pero al mismo tiempo no vieron, fueron los guardaespaldas del colombiano Moñudo. Uno dice que no asegura que entró un maletín, ni asegura que dejó de entrar. En otras palabras, no reparó en un maletín con rueditas donde se transportaría un millón. Mas al salir, el maletín le llamó la atención. Al menos en las películas, que en su mayoría son hechos ficticios, los guardaespaldas requisan a quienes van a verse con un personaje “importante”, o notan algún bulto que parezca un arma. ¿Cuántos revólveres o pistolas caben en un maletín que puede contener un millón de dólares? No me explico qué clase de guardaespaldas eran los de Murcia, que no vieron entrar un maletín que se transporta arrastrándolo. Tampoco se notaría un perro chihuahua o un sanbernardo, ni uno no quiere verlo.

Mentira o verdad; cuento o hecho real: nada me hace pensar que haya sinceridad en lo que se dice. Mientras estaban en la buena con el moñudo, todos calladitos. Cayó en desgracia y comenzó a salpicar lodo a diestra y siniestra, y ahora todos hablan hasta por los codos. Y en ese hablar, para conseguir sus fines, nos quieren ver la cara de tontos. Ojalá y le abrieran un proceso a todos. Tanto a los que hablan como a los que son mencionados, porque todos mamaron de la misma teta.

El asunto es un descaro evidente. Ahora veo que no me equivoqué al pensar, aún antes de este cuento del moñudo y los maletines, que ninguno de los candidatos más publicitados y gastadores de plata merecían mi voto. Si es por mí, bien podrían despedirse del cargo al que aspiran.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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