viernes, 9 de enero de 2009

Proceso electoral

2009-01-11
Editorial
Proceso electoral

Estamos inmersos en el proceso electoral que busca reemplazar a las autoridades administrativas y legislativas del país. Desde los cargos de presidente y vicepresidente, pasando por los alcaldes y los representantes de corregimiento, hasta los diputados y los concejales, son pretendidos por miles de candidatos postulados por los partidos o por iniciativa personal.

La vorágine electoral, que empezó hace más de un año, acapara la atención de la población, sin discriminar si se le presta de manera voluntaria o no. Es una propaganda saturante que contamina el campo visual de los espacios públicos, las pantallas de televisión, el tiempo de la radio, las páginas de los periódicos, y los mensajes de la Internet y la telefonía móvil y fija. No existe espacio ni privacidad que no sean invadidos.

Vivir en democracia supone el respeto a la libertad de la persona humana, según se consagra en diferentes instrumentos de derechos humanos, que muchos coinciden con la doctrina cristiana y se inspiraron en ella. Pero, también, la democracia es participación con responsabilidad, edificación de la sociedad, y progreso en los diversos campos de la actividad humana. Por eso es menester, en un análisis crítico, que revisemos la forma en que ejercemos la política.

Resulta imperativa la revisión del sistema electoral, de la frecuencia con la que se eligen las autoridades, de la alternancia en el poder a todos los niveles, y de la calidad y solvencia moral de toda persona que aspire a ser candidato a un puesto de elección popular. Si no lo hacemos, el modelo electoral y la política misma dejarán de llenar la función y el objetivo que deben cumplir en la sociedad democrática.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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