2008-11-16
A tiro de piedra
Tristeza, dolor y enojo
Con estas palabras el Señor Arzobispo José Dimas Cedeño Delgado expresó el sentir de quienes trabajamos en el Arzobispado, al presidir la misa de exequias de Alexis Rodríguez, hombre que laboraba como guardia de seguridad para la empresa que brinda ese servicio en el edificio de nuestras oficinas principales. Tenía alrededor de siete años de estar asignado aquí, y siempre se distinguió por su don de gentes y su actitud servicial.
El pasado 10 de noviembre, en la madrugada, lo asesinaron a tiros. Le sobreviven su viuda, tres hijas, un niño en gestación, sus padres y hermanos. Nada le llevaron, excepto el arma, que aparentemente deseaban sus asesinos. Todos los que le conocimos y tratamos, como un compañero más, a pesar de trabajar para otra empresa que no es la Arquidiócesis, quedamos consternados con la fatídica noticia.
A pesar de estar ubicado en un barrio peligroso, el Arzobispado no había tenido la experiencia de un guardia de seguridad asesinado. Antes de mudarnos a Carrasquilla, un vigilante resultó herido, también para robarle el arma, cuando estábamos en El Marañón hace más de 15 años. Por lo demás, los sustos no habían pasado de unos cuantos hurtos y balaceras allende a nuestros predios.
Truncar una vida de un hombre joven, honrado y trabajador es un crimen doblemente cruel. Primero, el crimen en sí mismo, que es detestable contra cualquier vida humana; segundo, porque Alexis era un hombre amable que, difícilmente, sacaría su arma para amenazar a otra persona. Por lo que pudimos ver, sus asesinos le negaron hasta la oportunidad de someterse a sus amenazas o siquiera defenderse. Lo sorprendieron a tiros, así sin más.
Sentimos tristeza, como dijo el Arzobispo, por el asesinato de un hijo de Dios que considerábamos como de nuestra propia familia arzobispal. Sentimos dolor, por la manera tan vil en que fue occiso. Sentimos enojo, por la impotencia y la constante violencia a la que estamos sometidos los habitantes del país, por parte de la delincuencia que parece actuar en la más completa impunidad.
Unos días después de su muerte, la inmobiliaria donde tramitaba la compra de una vivienda nos llamó, para contactar a sus familiares cercanos y devolverle el dinero de enganche que había entregado, ya que una de nuestras compañeras le había servido como persona de referencia. Otros miembros del personal del Arzobispado han ofrecido su ayuda, para orientar a su viuda y a la familia en algunos aspectos legales.
No nos cabe duda que Alexis Rodríguez se ganó el aprecio de muchos, tanto en el Arzobispado como en el vecindario. Acompañamos a sus familiares en el servicio funerario. El rito de exequias fue concelebrado por los dos obispos auxiliares, los vicarios de la Arquidiócesis, y presidida por el Arzobispo Metropolitano. Vecinos del lugar también acudieron al sepelio, y hablaban bien de él; yo, personalmente, nunca le escuché una palabra inadecuada ni una expresión de enojo. Alexis era un buen hombre y, de seguro, se ha ganado el cielo y la Vida Eterna.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2008-11-16
Editorial
Alto a la violencia
Los últimos días se han caracterizado por hechos violentos, con saldo de más o menos una docena de personas muertas a tiros. Nosotros mismos, aquí en el Arzobispado, hemos vivido de cerca esta experiencia. Pareciera que no hay freno ni quien pueda ponerlo.
Grande es el clamor por la sensación de inseguridad, por tanta muerte sin mayor motivo ni razón, y por el poco castigo que reciben los culpables de la sangre derramada en aras de nada que la justifique. Aparentemente es el síndrome de Caín que se desata contra un Abel representado en los muertos, muchos de ellos en la persona de infantes, ancianos, y hombres y mujeres inocentes que se cruzan en el camino de las balas asesinas.
Hace muchos años advertimos de las consecuencias que traería el negocio de la venta de armas, de la violencia ensalzada por los medios de comunicación, y de la cultura de la muerte que se propagaba a través de cierta modalidad y lenguaje social. De poco sirvieron las advertencias de entonces, pero que ahora hacen otros que, en su momento, nos tildaban de conservadores, anticuados y beatos.
Nuestra realidad, actualmente, es de inseguridad y hasta de caos, en cierto modo. Tenemos que retomar, con fuerza, la inculcación de principios y valores que tengan por bien preciado el respeto, la honestidad, la tolerancia, el civismo y la fe. Tenemos que recuperar el amor como sentimiento y lazo fuerte entre la familia y la comunidad, para construir un mundo mejor. En fin, nos hace falta practicar, enseñar y defender la cultura de la vida, para cambiar y superar este ambiente de violencia. Esperamos que, ahora, se abran los oídos y, finalmente, que este llamado sea escuchado.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2008-11-16
El Ojo del Profeta
Armas y drogas
La combinación de armas y drogas golpea fuertemente a Panamá y al mundo, en una vorágine que amenaza gravemente las estructuras de la sociedad. Es tal la incidencia de la acción criminal en el campo del tráfico de ambas, que obliga a dedicar amplios recursos a su persecución y represión.
Nuestras calles a diario se ven convertidas en escenario de pleitos territoriales y ejecuciones, como nunca antes estábamos acostumbrados a ver. Al menos, cada día, hay un muerto relacionado con el uso de armas ilegales o el negocio de la droga. Se ha perdido todo sentido por el valor de la vida y por las virtudes, porque el poder y el dinero fácil se imponen sobre el honor y el altruismo.
Sin embargo, aún no renunciamos a la esperanza. La esperanza en Dios, para vivir conforme a su voluntad; y la esperanza en la niñez, que necesita ser encauzada hacia nobles ideales. Necesitamos una respuesta contundente como sociedad que responda, a la par de la administración de justicia y el mantenimiento del orden público, al desafío inmediato de formar y educar a los futuros hombres y mujeres en un ambiente de edificante mentalidad y particulares valores.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2008-11-09
La Voz del Pastor
Los católicos y los judíos deben dar testimonio común del amor de Dios
Ofrecemos a continuación el texto íntegro del discurso del Papa Benedicto XVI a los miembros del International Jewish Committee on Interreligious Consultations, a quienes recibió hoy en la Sala de los Papas del Palacio Apostólico Vaticano.
Queridos amigos,
Estoy contento de dar la bienvenida a esta delegación del International Jewish Committee on Interreligious Consultations. Durante más de treinta años, su Comité y la Santa Sede han mantenido contactos regulares y fructíferos, que han contribuido a un mayor entendimiento y aceptación entre católicos y judíos. Aprovecho de buen grado esta ocasión para reafirmar el compromiso de la Iglesia en la realización de los principios sentados por la histórica declaración Nostra Aetate del Concilio Vaticano II. Esta Declaración, que condena firmemente toda forma de antisemitismo, representa tanto un hito en la larga historia de las relaciones entre católicos y judíos, como también un emplazamiento a una renovada comprensión teológica de las relaciones entre la Iglesia y el Pueblo Judío.
Los cristianos hoy son cada vez más conscientes del patrimonio espiritual que comparten con el pueblo de la Torá, el pueblo elegido por Dios en su gracia inefable, un patrimonio que llama a una mayor apreciación, respeto y amor mutuos (cf. Nostra Aetate, 4). Los judíos tienen también el desafío de descubrir lo que tienen en común con todos los que creen en el Señor, el Dios de Israel, quien se reveló a sí mismo en primer lugar a través de su palabra poderosa y capaz de dar vida. Como nos recuerda el salmista, la palabra de Dios es una lámpara y una luz en nuestro camino; nos mantiene vivos y nos da nueva vida (cf. Sal 119,105). Esta palabra nos empuja a dar común testimonio del amor, la gracia y la verdad de Dios. Este es un servicio vital en nuestro tiempo, caracterizado por la pérdida de los valores morales y espirituales que garantizan la dignidad humana, la solidaridad, la justicia y la paz.
En nuestro atribulado mundo, marcado con tanta frecuencia por la pobreza, la violencia y la explotación, el diálogo entre las culturas y las religiones debería cada vez más y más verse como un deber sagrado que incumbe a todos aquellos que están comprometidos en la construcción de un mundo digno del hombre. La capacidad de aceptarnos y respetarnos unos a otro, y de decir la verdad en el amor, es esencial para superar las diferencias, prevenir las incomprensiones y evitar confrontaciones innecesarias. Como ustedes mismos han experimentado a través de los años en los encuentros del International Liaison Committee, el diálogo sólo es serio y honrado cuando respeta las diferencias y reconoce a los otros en su alteridad. Un diálogo sincero necesita tanto apertura como un firme sentido de identidad por ambas partes, en orden a enriquecerse mutuamente son los dones del otro.
En meses recientes, he tenido el placer de encontrar a las comunidades judías en Nueva York, en París y aquí en el Vaticano. Doy gracias a Dios por estos encuentros, y por el progreso de las relaciones entre católicos y judíos que reflejan. Con este espíritu, por tanto, les animo a perseverar en su importante labor con paciencia y con un compromiso renovado. Les ofrezco mis fervientes buenos deseos para la preparación del encuentro del mes que viene en Budapest entre su Comité y una delegación de la Comisión para las relaciones religiosas con los judíos de la Santa Sede, para hablar sobre el tema “La religión y la sociedad civil hoy”.
Con estos sentimientos, queridos amigos, pido al Todopoderoso que continúe velando sobre ustedes y sus familias, y guíe sus pasos por el camino de la paz.
S.S. Benedicto XVI
Obispo de Roma
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2008-11-09
A tiro de piedra
Rufina Alfaro
La gesta ocurrida en la heroica Villa de Los Santos el 10 de noviembre de 1821 es un hecho real e irrefutable, al igual que la participación de personajes y figuras del pueblo, cuyos nombres no todos aparecen en los documentos y testimonios escritos de la historia. Eso no quiere decir que algún hombre o mujer del lugar haya dejado de existir, por no haber sido mencionado en un papel.
Tal es el caso de la heroína Rufina Alfaro, que algunos ahora intentan desconocer. Que no aparezcan sus documentos en los Archivos Nacionales no es prueba contundente. Hace poco leí que hurtaron de los propios Archivos el documento original del incidente de la Tajada de Sandía; ¿podríamos aceptar que dentro de 30 ó 50 años alguien nos diga que el asunto fue inventado, porque no hay un documento que lo respalde? Sería absurdo desconocer esa parte de la historia, como absurdo considero que es tratar de desconocer a Rufina Alfaro.
A Rufina se le menciona en escritos del mismo siglo XIX. No es cosa de ahora ni invento. Personas que participaron de la gesta del 10 de Noviembre nunca desmintieron ni refutaron su existencia. Bien pudieron haberlo hecho, pero no fue así. Si se piden documentos, ¿por qué no muestran alguno que diga que no existió? Esas cosas no se inventan, y menos en un pueblo chico. Es un asunto muy grave, y reciente, por añadidura, para que se lo inventen los moradores de La Villa.
Hay muchas razones por las cuales desaparecían los registros oficiales, entre ellos la desidia de autoridades y pobladores, que no registraban los nacimientos. Cuando se cumplía la mayoría de edad, entonces aparecían los problemas. Si Rufina era una muchacha, posiblemente menor de edad, porque la mayoría se adquiría a los 21 años, no podía firmar documento alguno. Por su condición de mujer, también era poco probable que le tomara en cuenta para participar oficialmente como firmante de nuestra emancipación de España. En aquel tiempo, tampoco la mujer ejercía derechos plenos de ciudadanía. Ni siquiera votaban en los cabildos, porque la política era “cosa de hombres”.
Otra situación común, y que vivieron nuestros abuelos y bisabuelos, cuánto más Rufina, era que muchos padres, sobre todo en el campo, le daban, cuando lo hacía, el apellido a los hijos en su mayoría de edad. ¿Y si Rufina fue inscrita con otro apellido en los registros? Es una situación muy probable, que crea una duda razonable en cuanto a aceptar el argumento taxativo de su inexistencia.
Como bien dijo un lugareño de La Villa, cuando un periodista le preguntó, para meterlo en aprietos, ¿Usted sabe que Rufina Alfaro no existió? El campesino, con la sabiduría y la respuesta pronta de los habitantes de la región, contestó al fuereño: ¿Cómo que no? Vaya al parque y véala. Y esa respuesta, que remite a la plaza del pueblo, es contundente: ¿Qué pueblo le haría un homenaje tal a una hija, con base en una historia inexistente, y lo respaldaría unánimemente? La falta de un papel no es suficiente, para decir y aceptar que no existió. Rufina Alfaro es tan real como el incidente de la Tajada de Sandía, y como las esculturas que se perdieron en el Parque Omar, aunque falten papeles y documentos. ¡Viva Rufina Alfaro! ¡Viva La Villa de Los Santos! ¡Viva el 10 de Noviembre! Y, punto.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2008-11-09
Editorial
¿Quién dice la verdad?
Hace unos días apareció en un diario local, a manera de propuesta, un inserto sobre la proyectada Ley Integral de Salud Sexual y Reproductiva. Su contenido obedece al pensamiento y opinión de sus promotores, los que respetamos, aunque no compartamos en su totalidad. De igual manera esperamos que la posición de la Iglesia, aunque no se comparta, sea respetada.
Nos llama la atención, de manera especial, que el inserto en cuestión presenta al público la siguiente pregunta: “¿Quiere saber quién dice la verdad sobre este proyecto?” Sin embargo, en su interior no explica cuál es la verdad que, supuestamente se dice; más bien deja al arbitrio del lector entender cuál es la verdad, al resaltar en letras rojas, azules y subrayado amarillo las propuestas, aprobaciones y modificaciones de quienes participaron en su discusión en la Comisión Nacional de Salud Sexual y Reproductiva.
Desde hace un tiempo algunas personas defensoras del Proyecto de Ley en mención, se han dedicado a decir que la Iglesia y sus jerarcas mienten con respecto al proyecto. En el inserto no está, pero se da a entender. Bien clara ha sido la Iglesia en decir que algunas partes del proyecto, tal como se discute en la Asamblea Nacional, atentan contra nuestra doctrina y contra la familia, como la concibe la doctrina de la Iglesia y la tradición del pueblo panameño. Nunca ha dicho que está en contra de una legislación sobre el tema, pero sí en oposición con aquello que atenta contra nuestra fe y doctrina.
Si el inserto no aclara cuál es la verdad que se dice, sí da a entender que hay una mentira; y esa mentira, por insinuación y pretéritas opiniones en los medios de comunicación, se le endilgan a la Iglesia Católica y a su jerarquía. Ante tal panorama, bien vale repreguntarnos: ¿Quién dice la verdad?
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2008-11-09
El Ojo del Profeta
Loor a la Patria
Miles de personas contemplaron las delegaciones estudiantiles y cívicas que desfilaron los días patrios en distintos lugares del país. La participación fue entusiasta, para rendir loor a la patria panameña con lo mejor que cada una le podía ofrendar. Sin embargo, muy poco nos cuestionamos acerca del resto de las acciones que hacen patria a diario.
La patria se construye desde la persona misma y su proyección hacia la comunidad. De que nos vale el repique de un tambor o la estridencia de una corneta, si en el corazón y en la conciencia existe un hoyo profundo que ahoga toda voluntad de ser honesto y respetable, y de ganarse el pan honradamente. De qué nos sirve sacrificar tantos días de trabajo, para dedicarlo, supuestamente, a rendirle honor a la patria, si pensamos que la mejor forma de celebrarla es tostándonos al sol, o emborrachándonos en casa, o en una, dizque, diana que termina en balacera y en violencia.
Es tiempo de definir nuestra meta como pueblo y como nación, para trazar el derrotero que nos lleve a la reconstrucción moral y cívica como país. Si continuamos por el camino actual, aciagos días nos esperan. Es preciso trabajar arduamente por el cambio, tanto en la población infantil y juvenil, como en la adulta. La patria la hacemos todos, y si todos nos esforzamos en construirla cada día, en la misma medida podemos sentirla y vivirla todos con el corazón henchido cuando nuestros labios pronuncien todas las veces la palabra patria.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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