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jueves, 20 de noviembre de 2008

Tristeza, dolor y enojo

2008-11-16
A tiro de piedra
Tristeza, dolor y enojo

Con estas palabras el Señor Arzobispo José Dimas Cedeño Delgado expresó el sentir de quienes trabajamos en el Arzobispado, al presidir la misa de exequias de Alexis Rodríguez, hombre que laboraba como guardia de seguridad para la empresa que brinda ese servicio en el edificio de nuestras oficinas principales. Tenía alrededor de siete años de estar asignado aquí, y siempre se distinguió por su don de gentes y su actitud servicial.

El pasado 10 de noviembre, en la madrugada, lo asesinaron a tiros. Le sobreviven su viuda, tres hijas, un niño en gestación, sus padres y hermanos. Nada le llevaron, excepto el arma, que aparentemente deseaban sus asesinos. Todos los que le conocimos y tratamos, como un compañero más, a pesar de trabajar para otra empresa que no es la Arquidiócesis, quedamos consternados con la fatídica noticia.

A pesar de estar ubicado en un barrio peligroso, el Arzobispado no había tenido la experiencia de un guardia de seguridad asesinado. Antes de mudarnos a Carrasquilla, un vigilante resultó herido, también para robarle el arma, cuando estábamos en El Marañón hace más de 15 años. Por lo demás, los sustos no habían pasado de unos cuantos hurtos y balaceras allende a nuestros predios.

Truncar una vida de un hombre joven, honrado y trabajador es un crimen doblemente cruel. Primero, el crimen en sí mismo, que es detestable contra cualquier vida humana; segundo, porque Alexis era un hombre amable que, difícilmente, sacaría su arma para amenazar a otra persona. Por lo que pudimos ver, sus asesinos le negaron hasta la oportunidad de someterse a sus amenazas o siquiera defenderse. Lo sorprendieron a tiros, así sin más.

Sentimos tristeza, como dijo el Arzobispo, por el asesinato de un hijo de Dios que considerábamos como de nuestra propia familia arzobispal. Sentimos dolor, por la manera tan vil en que fue occiso. Sentimos enojo, por la impotencia y la constante violencia a la que estamos sometidos los habitantes del país, por parte de la delincuencia que parece actuar en la más completa impunidad.

Unos días después de su muerte, la inmobiliaria donde tramitaba la compra de una vivienda nos llamó, para contactar a sus familiares cercanos y devolverle el dinero de enganche que había entregado, ya que una de nuestras compañeras le había servido como persona de referencia. Otros miembros del personal del Arzobispado han ofrecido su ayuda, para orientar a su viuda y a la familia en algunos aspectos legales.

No nos cabe duda que Alexis Rodríguez se ganó el aprecio de muchos, tanto en el Arzobispado como en el vecindario. Acompañamos a sus familiares en el servicio funerario. El rito de exequias fue concelebrado por los dos obispos auxiliares, los vicarios de la Arquidiócesis, y presidida por el Arzobispo Metropolitano. Vecinos del lugar también acudieron al sepelio, y hablaban bien de él; yo, personalmente, nunca le escuché una palabra inadecuada ni una expresión de enojo. Alexis era un buen hombre y, de seguro, se ha ganado el cielo y la Vida Eterna.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Alto a la violencia

2008-11-16
Editorial
Alto a la violencia

Los últimos días se han caracterizado por hechos violentos, con saldo de más o menos una docena de personas muertas a tiros. Nosotros mismos, aquí en el Arzobispado, hemos vivido de cerca esta experiencia. Pareciera que no hay freno ni quien pueda ponerlo.

Grande es el clamor por la sensación de inseguridad, por tanta muerte sin mayor motivo ni razón, y por el poco castigo que reciben los culpables de la sangre derramada en aras de nada que la justifique. Aparentemente es el síndrome de Caín que se desata contra un Abel representado en los muertos, muchos de ellos en la persona de infantes, ancianos, y hombres y mujeres inocentes que se cruzan en el camino de las balas asesinas.

Hace muchos años advertimos de las consecuencias que traería el negocio de la venta de armas, de la violencia ensalzada por los medios de comunicación, y de la cultura de la muerte que se propagaba a través de cierta modalidad y lenguaje social. De poco sirvieron las advertencias de entonces, pero que ahora hacen otros que, en su momento, nos tildaban de conservadores, anticuados y beatos.

Nuestra realidad, actualmente, es de inseguridad y hasta de caos, en cierto modo. Tenemos que retomar, con fuerza, la inculcación de principios y valores que tengan por bien preciado el respeto, la honestidad, la tolerancia, el civismo y la fe. Tenemos que recuperar el amor como sentimiento y lazo fuerte entre la familia y la comunidad, para construir un mundo mejor. En fin, nos hace falta practicar, enseñar y defender la cultura de la vida, para cambiar y superar este ambiente de violencia. Esperamos que, ahora, se abran los oídos y, finalmente, que este llamado sea escuchado.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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