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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Deporte y pastoral juvenil

2009-11-15
La Voz del Pastor
Deporte y pastoral juvenil

Ofrecemos a continuación el mensaje del Papa Benedicto XVI al cardenal Stanisaw Ryako, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, con motivo del Seminario “Deporte, educación y fe: por una nueva etapa del movimiento deportivo católico” (Roma, 6 - 7 noviembre de 2009).

Con verdadero placer, le envío un cordial saludo a usted, al secretario, a los colaboradores del Consejo Pontificio para los Laicos, a los representantes de los organismos católicos que operan en el mundo del deporte, a los responsables de las asociaciones deportivas internacionales y nacionales y a todos aquellos que forman parte en el Seminario de estudio sobre el tema: “Deporte, educación y fe: por una nueva etapa del movimiento deportivo católico”, organizado por la Sección “Iglesia y deporte” de este Dicasterio.

El deporte posee un notable potencial educativo sobre todo en el ámbito juvenil y, por esto, tiene gran relevancia no sólo en el empleo del tiempo libre, sino también en la formación de la persona. El Concilio Vaticano II lo quiso nombrar entre los medios que pertenecen al patrimonio común de los hombres y que son adecuados para el perfeccionamiento moral y la formación humana (cfr Gravissimum Educationis, n. 4).

Si esto es verdad para la actividad deportiva en general, tanto más lo es para la que se desarrolla en los oratorios, en las escuelas y en las asociaciones deportivas, con el objetivo de asegurar una formación humana y cristiana a las nuevas generaciones. Como tuve forma de recordar recientemente, no debe olvidarse que “el deporte, practicado con pasión y vigilante sentido ético, especialmente para la juventud, se convierte en entrenamiento de la competitividad sana y de perfecciona-miento físico, escuela de formación en los valores humanos y espirituales, medio privilegiado de crecimiento personal y de contacto con la sociedad” (Discurso a los participantes de los Mundiales de Natación, 1 de agosto de 2009).

A través de las actividades deportivas, la comunidad eclesial contribuye a la formación de la juventud, proporcionando un ámbito adecuado a su crecimiento humano y espiritual. De hecho, cuando están dirigidas al desarrollo integral de la persona y las gestionan personal cualificado y competente, las iniciativas deportivas se revelan como ocasión propicia en la que sacerdotes, religiosos y laicos pueden convertirse en verdaderos y propios educadores y maestros de vida de los jóvenes. Por tanto es necesario que, en nuestra época – en la que se advierte la urgente exigencia de educar a las nuevas generaciones –, la Iglesia siga apoyando el deporte para los jóvenes, valorando plenamente también la actividad competitiva en sus aspectos positivos, como por ejemplo, en la capacidad para estimular la competitividad, el valor y la tenacidad en la persecución de los objetivos, evitando, sin embargo, toda tendencia que desnaturalice su misma naturaleza con el recurso a prácticas incluso dañosas al organismo, como sucede en el caso del doping. En una acción formativa coordinada, los dirigentes, los técnicos y los operadores católicos deben considerarse guías experimentados para los adolescentes, ayudándoles a desarrollar sus propias potencialidades competitivas sin descuidar las cualidades humanas y las virtudes cristianas que hacen a la persona completamente madura.

En esta perspectiva, encuentro muy útil que este tercer Seminario de la Sección “Iglesia y deporte” del Consejo Pontificio para los Laicos centre su atención sobre la misión específica y sobre la identidad católica de las asociaciones deportivas, de las escuelas y de los oratorios gestionados por la Iglesia. Auguro de corazón que éste ayude a aprovechar las muchas y preciosas oportunidades que el deporte puede ofrecer a la pastoral juvenil y, mientras auguro un encuentro fructífero, aseguro mi oración invocando sobre los participantes y sobre aquellos que están comprometidos en promover una sana actividad deportiva, de modo particular en las Instituciones católicas, la guía del Espíritu Santo y la protección materna de María. Con estos sentimientos, envío de corazón a todos mi Bendición Apostólica.

S. S. Benedicto XVI
Obispo de Roma


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Oración y valores éticos

2009-11-15
Editorial
Oración y valores éticos

Dos jornadas de trascendental importancia tendrán lugar durante esta semana en el país: la Oración por la Patria, y el Día Nacional de los Valores Éticos y Morales. La primera, que se realiza desde finales del siglo pasado, auspiciada por la Comisión Arquidiocesana de Oración, y el segundo, declarado así por Decreto Ejecutivo de 17 de noviembre de 2008, que promueve la Fundación Panameña de Ética y Civismo.

Quizá haya algunos que consideren poco importante orar, porque desconocen que la oración expresa lo que hay dentro del corazón de cada hombre, entendido como el ser humano creado a imagen y semejanza de Dios. Es en el corazón de la persona donde radica su capacidad de obrar bien o mal, porque de allí puede salir lo que le contamina, o el amor que le hace actuar y vivir a imagen de su Creador.

Igual ocurre con los valores éticos y morales que la persona humana asuma como tales. La persona obrará y conducirá su vida por los senderos que esos valores y principios le inspiren. Un ser humano temeroso de Dios, seguidor de sus enseñanzas, y convencido de los valores éticos y morales que edifican su humanidad, será mejor hombre o mujer, en todos los ambientes que desenvuelva, y en su dimensión dual, terrena y celeste, que lo hace sentirse hijo de Dios.

Aunque hablamos de cosas intangibles, fe, valores y ética, es innegable la consecuencia concreta que produce su práctica y aprecio, para unos, y su ignorancia y desprecio, para otros. Que estas dos jornadas, a las que aludimos, no pasen inadvertidas ni traídas a menos, por los hijos e hijas de esta tierra istmeña.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 9 de marzo de 2009

Cuaresma: tiempo para Dios

2009-03-01
La Voz del Pastor
Cuaresma: tiempo para Dios

Iniciamos el pasado veinticinco de febrero la Cuaresma. Para cualquier cristiano, tanto la palabra o el término Cuaresma, como los ejercicios propios de este tiempo, tienen un tono marcadamente penitencial que no se agota en sí mismo, sino que más bien nos prepara a celebrar “con sinceridad y verdad” la Pascua de Jesús.

En estos días que corren, donde el ser cristiano es visto más como fruto de una tradición religiosa que como una opción personal de fe en Jesucristo, se requiere un esfuerzo añadido para descubrir toda la riqueza espiritual que puede albergar la Cuaresma. Pero esta dificultad inicial puede ser superada si sabemos echar mano de los medios o recursos que la Cuaresma nos brinda para ahondar en la vivencia de nuestra fe.

Aún conservamos en la memoria el rito con el que se inicia todos los años la Cuaresma: la imposición de la ceniza y la llamada a la conversión, a volverse a Dios. Y de eso se trata. Debemos recuperar, no sin esfuerzo penitencial, el gusto de encontrarnos “cara a cara” con el Dios vivo, que nos ha revelado Jesucristo.

Para ayudarnos en este camino cuaresmal el Papa Benedicto XVI, nos ofrece este año unas reflexiones destinadas a recuperar la tradición bíblica cristiana del ayuno, la oración y la limosna. En su mensaje se centra en el valor y el sentido del ayuno, pero no está demás referirnos a las tres prácticas de piedad compartidas por el judaísmo y el cristianismo.

El Ayuno
El ayuno cristiano como práctica penitencial debe hacerse no tanto como práctica ascética de perfección o cumplimiento de una norma eclesiástica, cuanto ejercicio espiritual en el que nuestro corazón se dispone a recibir “el verdadero alimento” que “sale de la boca de Dios”. Por eso cobra sentido que al ayuno corporal añadamos la lectura de la Palabra de Dios (lectio divina) en tiempos señalados de nuestra jornada cuaresmal. Un recurso fácil puede ser el aprovechar alguna de las lecturas que nos ofrece la liturgia para cada día de la semana como “alimento” para el espíritu.

Podemos añadir como práctica necesaria unida al ayuno eclesiástico el es-fuerzo que hacemos por vencer, con el auxilio de la gracia divina, nuestras inclinaciones “egoístas” que nos llevan a buscar nuestro propio interés en detrimento de los demás. El ayunar de nuestras maldades es el ayuno que a Dios le agrada.

La oración
En el Evangelio de hoy leemos que a Jesús “el Espíritu le empuja al desierto” (Mc 1,12). El desierto en la espiritualidad bíblica tiene resonancias fuertes que evocan la experiencia del pueblo de Israel en su paso de la tierra de la esclavitud a la tierra prometida. El desierto es lugar del retiro, de la prueba (de la tentación); es el lugar donde se conoce a Dios y se pone a prueba nuestra fidelidad. Despojados de todo recurso humano, en el desierto, “a solas” con Dios, podemos experimentar su presencia salvadora. El profeta Oseas abunda en esta espiritualidad del desierto porque es allí donde Israel experimenta la cercanía de Dios (cfr. Os 2,16; 13,5). En otras palabras: el conocimiento íntimo, total, profundo, de amor y fidelidad absoluta de Dios tiene lugar en el desierto. Pero sabemos también que el desierto no es solamente el espacio físico, marcado por la deslación y la falta de apoyos materiales y humanos, sino también el espacio interior recreado por el hombre que “a solas” en la oración busca a Dios.

En Cuaresma debemos hacer un esfuerzo adicional para vivir esta experiencia de “desierto” a través de la práctica de la oración personal en sus diversas modalidades (la oración vocal, la lectura y meditación de la Palabra de Dios, la oración litúrgica, la oportunidad de un día de retiro, la piedad eucarística, la recitación y meditación de los misterios del Rosario, etc.).

La limosna
Hoy no resulta fácil hablar de la limosna. Somos herederos de una crítica social contra la labor asistencial y caritativa de la Iglesia que viene del lejano siglo XIX, pero sobre todo en el siglo XX con el pensamiento marxista para el que los pobres “no necesitan obras de caridad, sino de justicia” (Benedicto XVI, Deus caritas est, 26). Hoy sabemos, con el amargo sabor de la experiencia histórica, que ni el marxismo ni el capitalismo liberal, ya sea como ideologías o como sistemas económicos que se inspiran en ellos, han sido capaces de producir un orden social justo para todos. Y como dice el Papa Benedicto XVI: “No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor… Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo” (Deus caritas est, 28-b).

Tenemos, pues, recursos de los que echar mano en esta Cuaresma para vivirla de tal manera que el tiempo para Dios (cultivado en la oración y el ayuno) sea también tiempo para el hermano necesitado. En términos semejantes se expresa el Papa en su mensaje cuaresmal citando a San Pedro Crisólogo: “El ayuno es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Por tanto, quien ora, que ayune, quien ayuna, que se compadezca… pues Dios presta su oído a quien no cierra los suyos al que le suplica”.

Mons. Aníbal Saldaña
Obispo Prelado de Bocas del Toro

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viernes, 6 de febrero de 2009

Jóvenes, testigos de la esperanza

2009-02-08
La Voz del Pastor
Jóvenes, testigos de la esperanza

Bajo el lema: ¡«Jóvenes, testigos de la esperanza», hemos sentido y vivido en Chitré, durante estos cuatro días la presencia del Señor! El Espíritu del Señor, que nos ha congregado en el discipulado, nos envía al testimonio y a la misión.

La “esperanza”, es una palabra clave, una palabra central de la fe bíblica, hasta el punto de que en muchos pasajes las palabras « fe » y « esperanza » parecen intercambiables.

La oración, la reflexión y las motivaciones para iniciar una vida nueva, que han animado nuestro caminar, nos llaman a “salir con valentía, convertidos, al Encuentro del Señor” desde nuestras realidades, aún desde las más difíciles y hasta crueles. Porque: que “mi fuerza es el Señor”. Estamos llamados a ser testigos consecuentes de la fe. En cada etapa y momento de nuestra vida hemos de responder como cristianos.

El Santo Padre Benedicto XVI, nos enseña así “el discipulado de la esperanza”:
“Un lugar primero y esencial de aprendizaje de la esperanza es la oración. Cuando ya nadie me escucha, Dios sí me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, yo siempre puedo hablar con Dios. Cuando ya no hay nadie que pueda ayudarme –cuando se trata de una necesidad o de una expectativa que supera la capacidad humana de esperar–, Dios sí puede ayudarme. Si me veo relegado, Dios siempre está conmigo. El que reza nunca está solo. Dios está con él” (Spes Salvi 32.)

Una vez más, con devoción y afecto, hago referencia a las palabras que el Santo Padre Juan Pablo II dirigió en el año de 2003 a nuestros jóvenes congregados en Chitré. “La Iglesia les llama a ser sal y a ser luz. Les llama a ser testigos y a transformar el mundo presente. Les alienta a perseverar en el camino emprendido y a ser testigos audaces del Evangelio de Jesús, respondiendo con un "sí" convencido y valiente al llamado que Jesús hace a cada uno a seguirlo como apóstoles entre los demás jóvenes”.

Jóvenes, la Iglesia les envía a ser apóstoles entre los jóvenes de Panamá. La Iglesia les envía a Uds. a “ser testigos de la esperanza”. La Iglesia les envía a ser misioneros de los jóvenes de nuestra Patria. La Iglesia les envía a evangelizar a Panamá que es un País Joven con una población mayoritariamente joven. La Iglesia les anima a comprometerse en la construcción de un mundo fiel a Dios y les anima a comprometerse en la edificación de una sociedad solidaria, justa y fraterna, que sea más digna de] hombre y para el hombre.

Jóvenes, “testigos de la esperanza”, que construyamos el Panamá que todos queremos y que todos merecemos. La Iglesia, espera de Ustedes una generosa respuesta a la invitación de ser amigos de Jesús y amigos entre sí de una forma auténtica, leal y desinteresada, siendo "alegres como deben ser los jóvenes, pero también reflexivos, deseosos de oración, de «sentido» y de amistad verdadera" (Novo millenio ineunte”)

María, estrella de la esperanza
“Tu, María, estuviste en la comunidad de los creyentes que en los días después de la Ascensión oraban unánimes en espera del don del Espíritu Santo (cf. Hch 1,14), que recibieron el día de Pentecostés. Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino”. (Spes Salvi 50.)

Queridos jóvenes, gracias por su presencia. Anuncien el Mensaje del Señor con valentía en sus parroquias y en sus comunidades. Como “testigos de la esperanza”, vayan y anuncien la “Buena Nueva” en el nombre del Señor.

Mons. Fernando Torres Durán
Obispo de Chitré

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viernes, 6 de junio de 2008

Cita Eucarística

2008-06-01
Editorial
Cita Eucarística

Hace 37 años la Iglesia panameña celebró por primera vez la Cita Eucarística, coincidiendo con la solemnidad de Corpus Christi, como un espacio para rescatar el sentido sacramental y litúrgico de este memorial; pero, sobre todo, para que los feligreses pudieran hacer manifestación pública de su fe como Cuerpo Místico de Cristo.

En la actualidad, la Cita Eucarística se ha extendido al resto de las diócesis, y en esta ocasión, en la Arquidiócesis de Panamá, se celebra el domingo siguiente a la solemnidad, como colofón de la conmemoración del Corpus Christi que ha tenido lugar en todas las comunidades parroquiales.

La Iglesia Sacramento, junto a su Pastor, se congrega en la acción de gracias más grande: la Eucaristía. De esta manera da testimonio público de su fe en Cristo, y de que está resucitado y reina. La Cita Eucarística es un acto que alcanza más allá de la liturgia; es el pueblo de Dios que vive y actúa, movido por el Espíritu, como sal y fermento en esta porción de humanidad que está representada en la patria panameña.

Dios Padre nos guíe siempre en este caminar hacia la fe y la santidad, para que podamos dar buenos frutos como tierra fecunda que acoge la semilla de su Palabra. Que suscite entre nosotros las vocaciones necesarias para el sacerdocio, la vida religiosa y la consagración a una vida de servicio en el Señor, como cristianos fieles y como la luz que estamos llamados a ser para iluminar las tinieblas del mundo.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 14 de mayo de 2008

El periódico católico

2008-05-04
Editorial
El periódico católico

La información y el manejo de un medio de comunicación tienen en común la transmisión de mensajes que sean próximos a la realidad del destinatario; mientras mayor sea esa proximidad, más cercanía experimentará el usuario con relación al medio. El estrecho vínculo que se produce entre el medio y el usuario, tiene un nexo fuerte en el interés común y el sentimiento mutuo que uno y otro comparten.

El periódico católico es, por lo general, el vínculo entre la fe y la acción pastoral de la Iglesia con el creyente. Editar un periódico eclesial, como el caso nuestro, es un apostolado y una tarea que se asume mayormente en el plano del compromiso cristiano y la vocación de comunicar. Es una labor encauzada hacia la propagación del Evangelio, y a la divulgación de la vida doctrinal y pastoral de la Iglesia. No en vano, el Concilio Vaticano II invita a todo aquel tenga pericia y conocimiento en el campo de la comunicación social, a ponerlos al servicio de la prensa católica.

De la misma forma en que los conocedores de la técnica son invitados a donarse, también los fieles tienen la responsabilidad de apoyar y sostener a la prensa católica. Su concurso es importante para el desarrollo y la existencia del periódico católico, porque es el pueblo de Dios el destinatario principal del medio católico.

Nuestro entorno de comienzos del tercer milenio nos apremia a poseer más medios cristianos, en donde el periódico católico tiene un papel determinante que desempeñar. En un mundo donde se reducen los espacios para la difusión del Evangelio en los medios seculares, la prensa católica es vital para la nueva evangelización que ha de hacerse desde los nuevos tejados de la comunicación humana.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 31 de marzo de 2008

No por mucho hablar se dice más

2008-03-30
A tiro de piedra
No por mucho hablar se dice más

Hay por ahí un infectólogo metido a juzgador del catolicismo que, en ese afán, a menudo yerra y mete la pata cuando pretende sentar cátedra sobre cuestiones religiosas. Más que a la falta de dominio del tema, sus equivocaciones se deben a que no tiene ni la intención ni la voluntad de criticar el cristianismo estudiando la religión misma, sino basándose en otros que denigran la fe y la creencia en Dios.

Recuerdo que en la escuela nos decían que el método científico tenía, al menos, que cumplir con los pasos siguientes: observación, análisis, hipótesis, experimentación y conclusión o resultado final. Si al menos utilizara este método en su crítica, podríamos apreciar sus puntos de vista.

Vuelvo al infectólogo, que suele hablar mucho y decir poco. Vende la imagen de científico, con la que pretende dictar cátedra en otros campos; sin embargo, sus escritos sobre fe y religión no llegan siquiera al nivel de un análisis objetivo que busca la verdad. Sus planteamientos y argumentos denotan, tanto implícita como explícitamente, su animadversión hacia la religión y su desprecio hacia los creyentes y practicantes de alguna fe. Su rechazo hacia la religión y la fe es tan grande, que ubica como estúpidos e ignorantes a los creyentes. ¡Qué dichoso este hombre! De los mil millones de católicos en el mundo, de un número similar de musulmanes y de otros millones de cristianos ortodoxos y protestantes y profesantes de otros credos, no existe entre ellos un individuo más inteligente que él. Al menos eso es lo que deja ver en sus acostumbrados artículos.

Que no le guste la religión, eso lo entiendo; que pretenda estar por encima en inteligencia y entendimiento de miles de millones de personas creyentes en el mundo, eso no. Ojalá y nos explicara, científicamente, cómo es que él ha llegado a la conclusión de que es un ser superior. Hasta sus admiradores apreciarían esa explicación.

Preguntarse sobre la existencia de Dios es normal. Sentir duda en algún momento de la vida, también. Pero obsesionarse con demostrar que no existe, con base en palabrería hueca, no lo es. Si alguna vez el infectólogo de marras quisiera tener la experiencia de discutir sobre ciencia y fe con otros científicos, puede contactar a la Pontificia Academia de Ciencias de la Santa Sede, de la que forman parte hombres de ciencia creyentes y no creyentes, pero con el propósito común de encontrar la verdad. Allí, en un ambiente eminentemente científico, podrá demostrar su conocimiento del tema o, quizá, aprender algo útil sobre ciencia y fe.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 17 de marzo de 2008

El tesoro de la Semana Santa

2008-03-16
A tiro de piedra
El tesoro de la Semana Santa

La liturgia de Semana Santa es un antiguo tesoro que la Iglesia conserva desde hace siglos. De todas las celebraciones litúrgicas, quizá las de estos días poco han cambiado desde los primeros años del cristianismo, especialmente la del Viernes Santo.

Desde los años infantiles muchos hemos vivido este tiempo entre tradiciones y religiosidad, hasta descubrir una manera diferente de experimentar este hermoso tiempo litúrgico que la Iglesia nos regala. Lo que en principio era un momento de tristeza y recogimiento por tradición, con la formación y la práctica consciente ha desembocado en una participación más rica y gozosa.

El tesoro de la Semana Santa se lleva, parodiando a san Pablo, "en vasos de barro" tan frágiles que, en un descuido de nuestra parte, caen y se rompen echando a perder su contenido. Esa riqueza la podemos disfrutar participando plenamente de la liturgia del Domingo de Ramos, el Jueves Santo, la Pasión y la adoración de la Cruz el Viernes Santo y la Vigilia Pascual. Previamente debemos prepararnos con el Sacramento de la Reconciliación, y si es posible en comunidad; escoger lecturas para la meditación; orar en casa y en familia; practicar la caridad e imponernos una semana de austeridad, para recibir la Pascua con alegría y celebración gozosa.

Nuestra fe debe expresarse conforme a la vida individual que busca la santidad y en la celebración como comunidad eclesial en la parroquia o en el grupo o movimiento en el que solemos caminar. Eso le da sentido a cada tiempo litúrgico que la Iglesia nos presenta. La Semana Santa no es para pasear o irse al río o a la playa; para eso tenemos el resto del año. Esta época es para reconciliarnos con Dios y con el prójimo, redescubrirnos como creyentes y renovar nuestra fe haciendo memoria de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Si desea hacer algo diferente este año, acompañe a su comunidad parroquial en todos los actos litúrgicos de estos días. No se arrepentirá. Y no olvide la meditación personal con alguna lectura bíblica o algún libro que hable sobre la historia de la Iglesia, los tiempos de Jesús o la vida de los santos. Nada perdemos con hacer esta experiencia; al contrario, lo que ganemos incrementará ese tesoro que, año con año, se acrecienta y nos ayuda a crecer en nuestra fe y nuestra vida cristiana.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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jueves, 14 de febrero de 2008

Al fin de cuentas

2008-02-10
Editorial
Al fin de cuentas

Acabó el jolgorio carnavalesco con su alegría momentánea y sus penas, dejando tras de sí un cúmulo de historias de dichas pasajeras, accidentes, toneladas de basura, y devolviéndonos a la realidad cotidiana que debemos afrontar en lo individual y lo colectivo, después de varios días de letargo nacional impuesto por lo feriado o por la fuerza de los acontecimientos.

El pueblo se dedicó a vivir estos días, según el sentir y el pensar de cada quien. Mientras unos participaban del ambiente bullanguero, otros buscaban la paz y la meditación. Mientras había quien zarandeaba el cuerpo entre el gentío que saltaba al ritmo de una comparsa o murga, otros más preferían las reuniones familiares o el paseo tranquilo y renovador lejos del bullicio.

Pasado el Carnaval, ahora empezamos la Cuaresma. Es el momento de hacernos el examen de conciencia que nos dirá cómo hemos caminado hasta el momento; qué hemos hecho de beneficioso, o perjudicial; y cómo enmendaremos los errores de cara a nuestra fe. Al igual que en otros casos, algunos buscarán los caminos del Señor de una manera más comprometida y madura; otros, en cambio, serán impulsados por su religiosidad. Unos guardarán el ayuno y practicarán la abstinencia en su alimentación; otros comerán pescado, irán en pos de las palmas benditas, y visitarán los siete templos.

Cualquiera que haya sido nuestra historia en estos días carnavalescos, y cualquiera que sea durante la Cuaresma, de todo hemos de responder ante Dios. Al fin de cuentas, sólo El conoce el fondo de nuestros corazones, y juzgará justamente lo que somos y lo que hacemos, según nuestra fe y la conciencia con la que realizamos nuestras obras, al procurar hacer su voluntad.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 19 de diciembre de 2007

Navidad con sentido

2007-12-16
Editorial
Navidad con sentido

En la bulliciosa confusión mercantilista de diciembre, el sentido navideño se interpreta según la condición íntima de la propia persona. Para unos es época de amor y paz, sin más; para algunos más, periodo de intercambio social y consumo desmesurado; y para otros, el sentimiento que nace desde la fe. No contamos, aunque sin pretender excluirlos, a los que simple y llanamente les resulta indiferente ésta y otras celebraciones.

Para el cristiano que toma en serio su fe, la Navidad tiene el sentido profundo de la venida de Cristo al mundo. La primera, y la segunda que esperamos en definitiva. Este tiempo es de renovación de nuestras vidas; de plugar a Dios para que nos dé su Espíritu Santo y vivamos mejor la relación con él y con el prójimo; y de poner suficiente aceite en nuestras lámparas en espera de su venida.

Nuestro actuar ha de asemejarse a aquella persona que pone su casa en orden, porque espera la llegada, de un momento a otro, de alguien que es lo más importante y especial para ella. Y porque se preocupa por su venida, no escatima en esfuerzo alguno para que, al llegar, encuentre todo en su puesto y constate que se le ama y se le considera en grado sumo.

Si no hemos abierto aún los ojos a esta realidad, hagámoslo; todavía estamos a tiempo. Que no quedemos como las jóvenes necias, que no les preocupó llevar suficiente aceite para sus lámparas. Vivir esta Navidad en espiritualidad, nos llenará de gozo y alegría. Vivirla en el frenesí y la vorágine del mundo mercantilista, nos dejará, al cabo de unos días, un inmenso vacío imposible de llenar con cosas terrenales.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 6 de noviembre de 2007

La Iglesia y la Patria

2007-11-04
La Voz del Pastor
La Iglesia y la Patria

Publicamos la Homilía en el Te Deum Catedral Metropolitana 3 de noviembre 2007, oficiado por Monseñor José Domingo Ulloa, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Panamá.

En un mundo que parece hostil a la tradición reactualizamos hoy, los panameños, una que es muy bella y muy nuestra: darle gracias a Dios por Panamá.

La mentalidad contemporánea suele mirar con sospecha todo lo que es tradición, haciéndola sinónimo de arqueología inútil.

Y sin embargo aquí estamos hoy, como en cada 3 de noviembre; la Iglesia y la Patria, para sancionar solemnemente su fidelidad a una tradición que les pertenece y las hermana a las dos.

La Iglesia y la Patria: dos magnitudes, dos almas que sólo pueden subsistir y fructificar en la medida en que son fieles, cada una a su tradición.

La Iglesia, fundada en la Palabra, el Dolor y el Espíritu de Cristo, sabe que no puede enseñar sino lo que Cristo le confió, ni dar vida sino abrazándose a su Cruz, ni gobernar sino sirviendo como El sirvió.

Ella es experta en humanidad, y vive siempre inmersa en su tiempo, siempre renovada y joven, precisamente porque no deja nunca de mirar hacia su origen para reencontrar, en su historia primera, los cimientos perennes de su fe, los motivos de su esperanza y las razones de su amor.

También la Patria ha de leer constantemente su itinerario histórico en sus actas de fundación. La Patria –ninguna patria y Panamá menos que ninguna-, la Patria no nace del vacío o del acaso.

La Patria se constituye en el momento en que un grupo de hombres que habitan físicamente un determinado territorio, reconocen como suyo un mismo patrimonio de sangre y cultura, entran en comunión de tarea y destino. La Patria no nace por un accidente geográfico o por un operativo bélico.

La Patria nace en la comunión, profundamente humana, en valores que exigen deponer innatos egoísmos y merecen el sacrificio de la vida. El territorio será sólo el ámbito físico de esta comunión en el espíritu, y la gesta militar el instrumento, alguna vez necesario, para resguardar eficazmente este patrimonio de sangre y cultura.

Por eso es que una patria no puede echarse a andar indiferentemente por cualquier camino. La patria no se inventa, sólo se redescubre y revitaliza, y siempre en la fidelidad a su patrimonio de origen.

Cuando una nación que es patria busca su sendero fuera de su tradición, su apostasía deriva fatalmente en anarquía y disolución.

La patria no se inventa ni se trasplanta, porque es fundamentalmente alma, alma colectiva, alma de un pueblo, consenso y comunión de espíritus que no se puede violentar ni torcer, ni tampoco crear por voluntad de unos pocos.

De aquí fluye, con imperativa claridad, nuestra más urgente tarea: reencontrar el consenso; más que eso, consolidar la comunión en aquellos valores espirituales que crearon la patria en su origen.

La historia demuestra –y seguirá demostrando- que sólo en esta fidelidad es fecunda la esperanza.

Los pueblos que enajenan su tradición y por manía imitativa, violencia impositiva o imperdonable negligencia o apatía toleran que se les arrebate el alma, pierden, junto con su fisonomía espiritual, su consistencia moral y finalmente su independencia ideológica, económica y política.

Pero Panamá tiene su alma. Por eso estamos en esta hora de acción de gracias por una herencia que nos enaltece, y nos estremece también la esperanza. Panamá quiere seguir siendo Panamá.

En este día no podemos eludir la interrogante: ¿cuáles son los valores que constituyen nuestra patria?

Por eso muy acertado fue los que escribió el psicólogo Gerardo Antonio Guerrel, en noviembre de 2005, la frase una de las canciones del panameño Rubén Blades (hoy Ministro de Turismo). Patria son tantas cosas…

"Con orgullo escuchamos frases como: "soy de la tierra del sombrero pintado...", "100% chiricano, meto!, "soy oriundo de la heroica Villa de Los Santos...", "soy de la tierra del manito ocueño...", soy de Chitré la ciudad que crece sola ..o "la tierra del chicheme y el bollo preña'o"; en resumidas cuentas, "somos panameños".

Está claro que existen características que identifican a las personas de acuerdo, a la tierra dónde nacieron. Sin embargo, además de los elementos que caracterizan a una región, sus costumbres, cultura y tradiciones; existen las influencias que intervienen en la conformación de un comportamiento individual y de grupo.

Por eso al celebrar las fiestas patrias, hemos de preguntarnos ¿qué significa celebrar estas fiestas?, ¿desfiles?, ¿días libres?, entre otras cosas.

Qué gran oportunidad nos ofrecen estas fiestas para que todos consideremos esta tierra como nuestra; y que participemos, en cualquier acción personal o de grupo que intente mejorar nuestra situación actual para que cuando caminemos por las calles de nuestras comunidades, podamos decir: "hay cosas que han cambiado...", "hay cosas que no han cambiado", pero lo más importante es que podamos decir: "hay cosas que he ayudado a cambiar para mejorar..."; es decir, que dimos nuestro aporte, que cumplimos con aportar algo de lo que hemos aprendido, sin olvidar quiénes y de dónde venimos, hemos cumplido con nuestra patria.

Queridos hermanos: Hay tantas cosas buenas en este pequeño "gran" país. En definitiva, estamos viviendo una etapas difíciles de nuestra vida republicana, pero recordemos cuántas épocas buenas también hemos vivido a lo largo de nuestra historia. No obstante, si la actitud, conductas y comportamientos son negativos, las cosas aún se pueden ver mucho más difíciles... A veces somos especialistas en ver las cosas negativas y las magnificamos, y por el contrario las cosas buenas las minimizamos que casi las hacemos imperceptibles...

En verdad, hay tantas cosas buenas y tantas personas que hacen su mejor esfuerzo cada día que amanece... Quiénes no hemos tenido la experiencia cada vez que llegamos a nuestras comunidades campesinas, hay algo que hace que nuestras "baterías" se recarguen y es que ese campesino humilde, que a pesar de sus problemas (pobreza ), te saluda y no sólo con un simple "Buenas...", sino con un "Buenas Tardes...", con un apretón de manos, esas manos rústicas que trabajan la tierra y además te pregunta: "...¿Cómo le ha ido?, ¡Qué's de la familia?. Sé que en muchas partes de nuestro país hay gente buena y trabajadora, que no tiene "agendas ocultas", que cree en la vida y en que las cosas pueden ser mejores, si todos y todas aportamos nuestra parte..., eso es hacer patria.

Ojalá que en estos días recordemos con agrado las cosas buenas, lindas y maravillosas de nuestra patria, que cada uno de los panameños recordemos nuestra tierra que nos vio nacer, no para ser regionalistas sino para que con base en nuestras raíces sumemos nuestro interés, sin importar si soy coclesano, santeño, herrerano o chiricano, colonense, bocatoreño, darienita - en procurar el bienestar, desarrollo y progreso de nuestro país.

Hoy por hoy, el encontrar las cosas que tenemos en común y que nos hacen ser mejores, tiene un valor fundamental frente a tantas situaciones y hechos impactantes que han sucedido en nuestro país y el mundo.

Ojalá que las encuestas y los medios que las publican, a parte de informarnos de la percepción que tenemos de ciertos temas económicos, políticos, culturales; también nos permitiesen conocer cuánto sabemos de nuestra identidad, de porqué nos comportamos como panameños de cierta manera, de nuestra historia que marca pautas generacionales.

Sé que las opciones y canales a veces para hacer mejor las cosas son complejas y a veces parecen inaccesibles, pero qué bueno sería que las autoridades y habitantes de nuestras comunidades hicieran una encuesta, casa por casa, no preguntando quién ganaría de "ser hoy las elecciones", sino ¿qué está haciendo o hará ud. para mejorar la comunidad donde vivimos?

Nosotros, los panameños y panameñas, que celebramos las fiestas patrias, ¡Felicitaciones!, porque las páginas de la historia siguen escribiéndose, pues tenemos un país que a pesar de las dificultades y problemas, a los cuales todos y todas estamos llamados a solucionar; también tenemos grandes oportunidades. Ojalá que explotemos al máximo dichas oportunidades y podamos ser más comprometidos en hacer mejor las cosas, cada día que pasa, pues: "Patria, son tantas cosas bellas...".

Que con la ayuda de Santa María la Antigua, que ha acompañado el caminar de nuestro pueblo, podamos ser dóciles a la acción del Espíritu y así unidos en la verdad, hagamos realidad, una patria libre de divisiones, y de intereses sectarios; y que podamos entonar siempre en paz y armonía el canto de alabanza que nos recuerda el coro de nuestro himno nacional: "Alcanzamos por fin la victoria/En el campo feliz de la unión;/Con ardientes fulgores de gloria/Se ilumina la nueva nación".

Mons. José Domingo Ulloa, o.s.a.
Obispo Auxiliar

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Noviembre patrio

2007-11-04
Editorial
Noviembre patrio

Empezamos el mes de la Patria con mucho entusiasmo y emoción, sin saber, a ciencia cierta, cuánto fervor o cuánto auténtico civismo por nuestra nación aún queda entre nosotros. Coloridos uniformes, resonar de tambores, sonido estridente de cornetas, y el compás de las bandas de música de algunos colegios que todavía cultivan entre sus alumnos la edificante habilidad musical.

Noviembre patrio nos recuerda a Dios, protector de la nación, al inaugurarse con la solemnidad de Todos los Santos. Nos recuerda a los difuntos, que como padres, madres, próceres, mártires, y ciudadanos y ciudadanas, supieron asumir con heroísmo la misión de construir y preservar la Patria, según el papel que le correspondió desempeñar en su vida personal, familiar, y colectiva. Nos recuerda lo que cada hombre y mujer de Panamá es, en el presente, en pensamiento, conciencia, trabajo, y fe.

La Patria nos reta hoy a pensarla, a interrogarnos acerca de lo que es para nosotros, a reflexionar sobre el esfuerzo cotidiano que le aporta a su progreso y edificación. El acontecimiento nos invita a hacer un alto en nuestras recriminaciones, nuestras frustraciones, nuestros odios y rencores contra el vecino, el adversario, el que protesta, o el que gobierna. Dejar de lado todo esto, por un día, ni daña ni cambia lo que somos.

Busquemos con sinceridad y honestidad vivir la Patria desde ella misma, sin renunciar a nuestra fe, nuestras creencias o nuestras ideas. Vivámosla comprendiendo al otro, practicando la tolerancia y la fraternidad. Vivámosla en el profundo sentido de los acontecimientos que le dieron vida, en cada día de noviembre que rendimos loor a la Patria. Sólo así podremos volver a descubrir, muy dentro de nosotros, el fervor, el civismo, y el patriotismo que hoy están ausentes en muchos de los corazones de sus hijos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Paisano mío panameño

2007-11-04
El Ojo del Profeta
Paisano mío panameño

Somos un pueblo sencillo y hospitalario, alegre y confiado, que muchas veces vive de emociones y de su estado de ánimo. Dentro del mismo pueblo conviven grupos étnicos y grupos sociales que le dan color al mosaico multicultural que lo conforma, conjugando virtudes, dichas y desencantos.

Nuestro pueblo, con el paisano mío panameño que llevamos dentro, busca y no encuentra; trabaja y no ve el fruto. Nuestro pueblo es un pueblo de esperanza en Dios, bajo su fe; y de esperanza en la suerte y el azar, desde su ser carnal. Es el que hoy dice que sí, y mañana dice que no; el que dice sí, cuando quiere decir no; y dice no, cuando quiere decir que sí.

El panameño es un pueblo con una mina de diamantes oculta, que espera por el minero que los saque de la tierra, y por el artesano que con destreza e imaginación le dé el valor codiciado que solamente puede tener una joya con respecto al diamante en bruto.

Al conmemorar el Mes de la Patria, reflexionemos sobre nuestra vocación como pueblo y como nación. Dios mismo se eligió un pueblo, para prepararnos el camino de salvación como humanidad, y es el ejemplo que hemos de seguir para encontrarnos como el Panamá Patria; el Panamá Pueblo; y el Panamá Nación.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 26 de octubre de 2007

¿Dónde quedó la fe?

2007-10-28
El Ojo del Profeta
¿Dónde quedó la fe?

Transcurrida una semana de la peregrinación a Portobelo, nos preguntamos ¿dónde quedó la fe? Miles acudieron en busca de un milagro o a agradecerlo, con el respeto y la confianza puestos en el santo Cristo Nazareno, que toma entre sus sangrientas manos paternales el corazón contrito de los feligreses. Cada una de esas personas le presentó su angustia, su cansancio, su agobio, a Aquel que puede hacer nuevas todas las cosas y cambiar sus corazones.

A semejanza de los 10 leprosos, muchas veces acudimos al Señor para que nos limpie de nuestros pecados y nos libre de todo mal; pero una vez obtenida la gracia, nos marchamos a hacer nuestra vida cotidiana y a retomar el curso de nuestras vidas, sin que la mayoría se acuerde de volver para alabar y dar gracias a Dios. Cuántas otras veces hemos leído o escuchado la Palabra de Dios, sin comprenderla; solo repitiéndola o recitándola por costumbre o práctica ritual, como el etíope que encontró Felipe al bajar de Jerusalén.

Ya sea al salir de la Misa, o al volver de la peregrinación o un acto religioso, hemos de acordarnos de alzar la vista a Dios, y volvernos a él, alabándolo con toda nuestra fuerza, nuestra mente, y nuestro corazón. Si así lo hacemos, en la misma medida sabremos dónde quedó nuestra fe.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 28 de septiembre de 2007

“Dame cuenta de tu administración”

2007-09-30
La Voz del Pastor
“Dame cuenta de tu administración”

En el loable empeño por promover una democracia participativa, va ganando terreno la costumbre de pedirles a los políticos transparencia en su gestión pública y rendición de cuentas. Pero, si de veras se aspira a construir una sociedad más justa, equitativa y fraterna, no podemos conformarnos con emplazar sólo a los políticos. Todo ciudadano debe asumir esta obligación, desde el ámbito de su propia actividad, donde disfruta de una cuota mínima de poder, que siempre ha de ejercer con responsabilidad, anteponiendo el bien común y duradero a las ventajas personales y pasajeras, en la familia, los oficios y profesiones, el mundo laboral, la política, en fin, en todo el rico mundo heterogéneo de la actividad cultural.

Esto es especialmente pertinente para los que nos preciamos de ser cristianos. Puesto que hemos sido ungidos con el Crisma del Espíritu de Jesús, somos otros “Cristos”, el pueblo de Dios.

Todo ello brota del hontanar del misterio pascual del Señor –su pasión, muerte, resurrección y glorificación. Participamos en él, por mediación de la Iglesia, a través de los sacramentos de iniciación cristiana: el bautismo, la confirmación y la eucaristía.

La Sagrada Escritura nos recuerda que el Espíritu nos hace hijos de Dios, llamados a ser testigos de Jesucristo en el mundo, que pasan por la vida, como Cristo, liberando a los oprimidos por el diablo, evangelizando a los pobres, devolviendo la vista a los ciegos, y anunciando universalmente el año de remisión de todas las deudas, sobre todo, la más radical, la del pecado.

Con el Espíritu, se nos comunica el Reino de Dios. En efecto, Dios viene a nosotros, como Padre y Soberano, por el Hijo, en el Espíritu.

La Iglesia es signo del Reino e instrumento para construirlo. Misterio de comunión con la Santísima Trinidad, hace posible la comunión entre los hombres, y tiene la misión de llamarlos a ella. El Espíritu es el gran protagonista de la misión de la Iglesia, que se extiende desde la ascensión o glorificación del Señor hasta su segunda venida o parusía.

Herederos y administradores del don de lo alto, el Espíritu Santo, debemos estar preparados en cada momento para dar cuenta de nuestra intendencia, como nos recuerda la parábola del administrador injusto (cf Lc 16). No es poco lo que Dios nos ha confiado: Nos ha entregado la creación entera para que la guardemos y la cultivemos en su nombre. Y no conforme con esto, nos ha entregado su propia vida, se ha autocomunicado , en el misterio de la redención, para que vivamos con la sagacidad de los hijos de Dios, entregando la vida por amor. Así ama el Padre, así ama Jesús, el primogénito entre muchos hermanos, llamados a alcanzar paulatinamente la madurez de Cristo.

Esta sagacidad exige obedecer con valentía al Espíritu, y resistir las insinuaciones del maligno y las seducciones de los ídolos. Uno de ellos es el afán desmedido de lucro, que llevó a los israelitas del siglo VIII a.C. a oprimir y vejar al pobre, comprarlo por un par de sandalias, soportar con impaciencia los días santos, aumentar los precios, disminuir las medidas y alterar las balanzas (cf Amos 8:5-8): Los ricos y poderosos demostraron manifiesta incapacidad para administrar la prosperidad que Dios les había confiado, explotando y atropellando a sus hermanos, por eso, Dios será para ello juez severísimo.

En nuestro siglo XXI, d.C., y en nuestro medio ambiente panameño, también estamos disfrutando de una prosperidad sin precedentes: una economía robusta, en pleno crecimiento, una vigorosa actividad inmobiliaria, un canal en crecimiento, en fin, un pais rico, con muchos pobres (40%) y una clase media menguante. En él mueren niños por desnutrición y falta de atención médica. A los cristianos se nos pedirá cuenta de lo que hemos hecho con el poder del Espíritu que todo lo renueva, para transformar radicalmente esta situación. Evidentemente, los ubicados en posiciones más encumbradas en la política, la economía, los oficios y profesiones tendremos que actuar con mayor transparencia y rendir cuenta de nuestra administración con mayor rigor que el resto, pero a todos se nos pedirá cuenta de nuestros hermanos más desafortunados.

Mons. Oscar Mario Brown
Obispo de Santiago

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La Pastoral Penitenciaria

2007-09-23
La Voz del Pastor
La Pastoral Penitenciaria

En la festividad de la Virgen de La Merced, nuestra atención se vuelca a las cárceles, donde muchos hermanos y hermanas están sufriendo por una condena, o incluso sin ella, esperando lograr pronto su libertad.

Ante esta situación es bueno que reflexionemos sobre la importancia de la pastoral de la Iglesia Católica en las cárceles. En primer lugar tenemos que cumplir con la invitación del Señor a descubrirle presente en el rostro del que sufre, especialmente Él se identifica con el privado de libertad donde nos dice: "estuve en la cárcel y me visitaste" (Mt 25, 36). De igual manera la revelación de Dios nos enseña que todo ser humano por el hecho de ser la obra perfecta de la creación y por ser objeto de la salvación tiene una dignidad que todos tenemos que respetar y valorar.

La dignidad del ser humano muchas veces es ultrajada y como consecuencia es objeto de injusticia, de allí que no todos los que están en las cárceles son delincuentes, hay muchos que fruto de la mezquindad, de la mentira, de la calumnia llegan a este lugar de sufrimiento y dolor.

Todo hombre puede alcanzar la salvación que ofrece Jesucristo, es por esto que la pastoral carcelaria, no va a hacer proselitismo religioso a las cárceles, sino que queremos llevar esperanza, y la fuerza del amor a estos hermanos que sufren por la ausencia de libertad.

Son muchos los que en estas festividades de la Virgen de La Merced, se acuerdan de ofrecer a estos hombres y mujeres que están en las diversos centros penitenciarios útiles de aseo, libros o cualquier otro objeto con el que se cree que se cumple con los presidiarios, pero tenemos que tener presente que no solamente una vez al año tenemos que acordarnos de estos humanos privados de libertad. Tenemos que sentir que los que están en las cárceles son hermanos nuestros que necesitan no de nuestra compasión y lástima sino de nuestro tiempo y dedicación.

Es por esto que queremos invitar a que muchos se agreguen a este grupo de hermanos y hermanas que han sentido como un compromiso personal el trabajo en las cárceles. El acompañar a estos hermanos que sufren, independiente de su culpabilidad o no, para nosotros es importante poder ver en ello el rostro del Cristo que sufre y poder compartir la alegría de nuestra fe. La fe cristiana tiene que ser transmitida con alegría y quien descubre a Jesucristo tiene el deber de compartirlo con aquel que no lo ha conocido, y esto no es solamente una doctrina o un conocimiento intelectual, sino que tiene que ser una vivencia profunda del amor cristiano.

Muchas veces podemos olvidarnos de las víctimas: hay hombres, mujeres, niños e incluso familias enteras que sufren como consecuencia de actos delictivos, sin embargo como cristianos hay que tener la disponibilidad del perdón, ya que solo perdonando se pueden sanar las heridas que se ha causado en un momento dado.

La cárcel no es un lugar cómodo para nadie, es un lugar de sufrimiento. Tenemos que educar a los niños y jóvenes en los valores: el respeto, la responsabilidad y la honestidad, solo así podemos tener una sociedad sana y evitaríamos el grave problema que tenemos en las cárceles. El evangelio tiene que ayudarnos a construir una sociedad nueva donde reine la paz y el amor.

Que nuestra Señora de La Marced proteja a todos los que viven, trabajan y comprometen su tiempo en la pastoral carcelaria.

Mons. Audilio Aguilar
Obispo de Colón - Kuna Yala

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Formación de Adultos en la Fe y la Catequesis

2007-09-02
La Voz del Pastor
Formación de Adultos en la Fe y la Catequesis

Presentamos el extracto del discurso del acto inaugural de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, en Aparecida, Brasil, 13 de mayo, 2007 de Su Santidad Benedicto XVI en el #3, donde hizo referencia a la Formación de Adultos en la Fe y la Catequesis.

Ante la prioridad de la fe en Cristo y de la vida “en Él”, formulada en el título de esta V Conferencia, podría surgir también otra cuestión: Esta prioridad, ¿no podría ser acaso una fuga hacia el intimismo, hacia el individualismo religioso, un abandono de la realidad urgente de los grandes problemas económicos, sociales y políticos de América Latina y del mundo, y una fuga de la realidad hacia un mundo espiritual?

Como primer paso podemos responder a esta pregunta con otra: ¿Qué es esta “realidad”? ¿Qué es lo real? ¿Son “realidad” sólo los bienes materiales, los problemas sociales, económicos y políticos? Aquí está precisamente el gran error de las tendencias dominantes en el último siglo, error destructivo, como demuestran los resultados tanto de los sistemas marxistas como incluso de los capitalistas. Falsifican el concepto de realidad con la amputación de la realidad fundante y por esto decisiva, que es Dios. Quien excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de “realidad” y, en consecuencia, sólo puede terminar en caminos equivocados y con recetas destructivas.

La primera afirmación fundamental es, pues, la siguiente: Sólo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano. La verdad de esta tesis resulta evidente ante el fracaso de todos los sistemas que ponen a Dios entre paréntesis.

Pero surge inmediatamente otra pregunta: ¿Quién conoce a Dios? ¿Cómo podemos conocerlo? No podemos entrar aquí en un complejo debate sobre esta cuestión fundamental. Para el cristiano el núcleo de la respuesta es simple: Sólo Dios conoce a Dios, sólo su Hijo que es Dios de Dios, Dios verdadero, lo conoce. Y Él, “que está en el seno del Padre, lo ha contado” (Jn 1,18). De aquí la importancia única e insustituible de Cristo para nosotros, para la humanidad. Si no conocemos a Dios en Cristo y con Cristo, toda la realidad se convierte en un enigma indescifrable; no hay camino y, al no haber camino, no hay vida ni verdad.

Dios es la realidad fundante, no un Dios sólo pensado o hipotético, sino el Dios de rostro humano; es el Dios-con-nosotros, el Dios del amor hasta la cruz. Cuando el discípulo llega a la comprensión de este amor de Cristo “hasta el extremo”, no puede dejar de responder a este amor sino es con un amor semejante: “Te seguiré adondequiera que vayas” (Lc 9,57).

Todavía nos podemos hacer otra pregunta: ¿Qué nos da la fe en este Dios? La primera respuesta es: nos da una familia, la familia universal de Dios en la Iglesia católica. La fe nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la comunión: el encuentro con Dios es, en sí mismo y como tal, encuentro con los hermanos, un acto de convocación, de unificación, de responsabilidad hacia el otro y hacia los demás. En este sentido, la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co 8,9).

Pero antes de afrontar lo que comporta el realismo de la fe en el Dios hecho hombre, tenemos que profundizar en la pregunta: ¿Cómo conocer realmente a Cristo para poder seguirlo y vivir con él, para encontrar la vida en él y para comunicar esta vida a los demás, a la sociedad y al mundo? Ante todo, Cristo se nos da a conocer en su persona, en su vida y en su doctrina por medio de la palabra de Dios. Al iniciar la nueva etapa que la Iglesia misionera de América Latina y del Caribe se dispone a emprender, a partir de esta V Conferencia general en Aparecida, es condición indispensable el conocimiento profundo de la palabra de Dios.

Por esto, hay que educar al pueblo en la lectura y meditación de la palabra de Dios: que ella se convierta en su alimento para que, por propia experiencia, vean que las palabras de Jesús son espíritu y vida (cf. Jn 6, 63). De lo contrario, ¿cómo van a anunciar un mensaje cuyo contenido y espíritu no conocen a fondo? Hemos de fundamentar nuestro compromiso misionero y toda nuestra vida en la roca de la palabra de Dios. Para ello, animo a los pastores a esforzarse en darla a conocer.

En este campo no hay que limitarse sólo a las homilías, conferencias, cursos de Biblia o teología, sino que se ha de recurrir también a los medios de comunicación: prensa, radio y televisión, sitios de internet, foros y tantos otros sistemas para comunicar eficazmente el mensaje de Cristo a un gran número de personas.

(tomado de
www.fordham.edu).

S. S. Benedicto XVI
Obispo de Roma

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viernes, 27 de julio de 2007

Fiestas de Santa Librada, tradición y vivencia de fe

2007-07-29
La Voz del Pastor
Fiestas de Santa Librada, tradición y vivencia de fe

Las fiestas patronales de Santa Librada en Las Tablas, “rememorando y recorriendo los “caminos de la fe”, se remontan de generación en generación, cuentan con una bellísima tradición oral.

Según relatos, escritos a principio del siglo XVIII por Fray Manuel Credigencio de Espino, un puñado de hombres que formaron parte de la infortunada expedición contra los piratas ingleses, comandada por el Almirante don Gil Jacinto de Barahona, arribaron a las playas de Mensabé, por los lados hoy conocidos como "Boca de La Laja".

Allí encontraron dos pescadores que los guiaron tierra adentro hasta una humilde aldea conocida como" La Ermita de la Santa Cruz", donde moraban unas cuantas familias que dependían de la Ciudad de Natá de los Caballeros y de La Villa de Los Santos. Esta humilde aldea estaba situada donde ahora está el popular barrio de "Punta de Fogón".

Los nuevos colonos, que construyeron sus casas con los restos de sus desmantelados navíos, trajeron a "Santa Librada" , como cumplimiento de una promesa solemne hecha en alta mar, cuando derrotados y a la deriva, trataban de llegar a puerto seguro y en cumplimiento de la promesa llevaron la imagen de la Santa hasta La Villa de Los Santos para cumplir así la "manda prometida": de que sería colocada en el altar de la primera iglesia que encontraran.

Cuentan que la imagen "regresó" y fue encontrada entre unas rocas y pitayales en el lugar donde hoy se levanta esta iglesia. Una modesta capilla, alrededor de 1692 fue construida por "la gente de Las Tablas" y se dedicó a "Santa Liberata”.

Así surgió esta comunidad, a la que se le dio el nombre de "Pueblo de Santa Librada de Las Tablas".

Datos que pueden aproximarnos a los comienzos de la devoción a Santa Librada en Panamá: Fray Diego Ladrón de Guevara de Orozco, natural de Cifuentes, diócesis de Sigüenza, Canónigo Chantre de aquella Catedral, y después Obispo de Panamá entre 1689 y 1698, fue el primero que trajo Reliquias de SANTA LIBERATA a estas tierras. El Tesorero de la Catedral de Panamá en el año 1693 pidió una reliquia de Santa Librada a la Catedral de Sigüenza. Se le concedió y el Obispo de Panamá escribió manifestando haberla recibido y diciendo que su devoción estaba muy extendida por toda su diócesis. No conocemos más sobre esta primera reliquia.

Recientemente, el 8 de febrero de 2006, el Obispo de Sigüenza, en España, Mons. José Sánchez González hace entrega, en la ciudad de Las Tablas, de una nueva reliquia solicitada por el Obispo de Chitré el 5 de diciembre de 2003. El recibimiento apoteósico, renovó y fortaleció los compromisos de fe del pueblo Santeño y Herrerano.

Los Tableños aman la unidad, aman la paz y la feliz convivencia y se enorgullecen de su fe.

El 21 de julio de 1962, hace 45 años, en las Provincias de Herrera y Los Santos, el Beato Juan XIII constituye la Sede de una nueva Diócesis, baluarte de la Nueva Evangelización: “nueva en su ardor, nueva en sus métodos y nueva en su expresión”.

Nuestra Diócesis, vibra, se renueva y cobra impulsos para la Nueva Evangelización con la presencia, de muchos jóvenes que año tras año confluyen de todos los caminos de la geografía Patria en búsqueda de Dios y de la paz que sólo puede otorgarles la orientación católica.

Azuero, es un pueblo de características particulares dentro de la nacionalidad panameña. Es un pueblo que se siente orgulloso de sus valores y tradiciones católicas. Es un pueblo que respeta sus raíces en la vivencia de la religiosidad popular, es un pueblo que se destaca a nivel nacional por su folklore.

Azuero, y así es también esta joven Iglesia, es un pueblo alegre. En este caminar hemos aprendido y comprendido, que la Nueva Evangelización, la Planeación Pastoral y la Pastoral de Conjunto constituyen tres elementos necesarios para que la Iglesia, en Azuero, pueda ser fiel a su misión evangelizadora en la hora presente.

Es digna de mención la fundación del Seminario Mayor de Santa María La Antigua, en La Villa de Los Santos, “cuna de la primera evangelización” el 25 de Marzo de 2004.

Aquí, no nos cansamos de implorar la intercesión de San Juan Bautista y “Santa Librada”, “nuestros patronos” para que crezcamos en comunión fraterna, en espíritu de discernimiento y en actitud de servicio, dispuestos siempre a testimoniar que el Reino de Dios está en medio de nosotros.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 26 de junio de 2007

Hay Juan, hay Juan

2007-06-24
La Voz del Pastor
Hay Juan, hay Juan

Hay Juan, hay Juan.

Con este grito se comunicaron casa a casa la llegada del Santo Patrono en 1840, ya "hay Juan", ya "hay Juan", ha llegado Juan.

Ya desde antes de 1569 se inicia la vida de la Iglesia en Azuero. Desde La Villa de Los Santos se difunde la Buena Nueva a toda la región circundante.

A mediados del siglo XVII, en "la otra banda del Río", empieza a dibujarse el entorno de lo que luego sería Chitré.

El Patriarca Matías Rodríguez, terrateniente, constructor de carretas, liberador de esclavos y catequista, después de un primer fallido intento hacia 1839, trae la primera Imagen del Patrono: "San Juan Bautista" – de origen francés y de gran calidad y que aún veneramos en la Catedral, junto con una campana que ahora reposa en el museo de Herrera. Era el 22 de junio de 1840.

Sólo los hombres a caballo y en carreta fueron a recibir la imagen al puerto de "piñolarito" – hoy desaparecido- , ya que aquel trayecto era peligroso para las mujeres por el ganado bravo y los lagartos que abundaban en los pantanos. La imagen que al final de aquel recorrido fue llevada en hombros por las mujeres, a la primera y la rústica Capilla construida por artesanos de Los Santos, se entroniza en ella como estímulo a la vida cristiana de sus primeros moradores y testimonio de sus valores.

Chitré fue luego erigida como Parroquia en el año de 1844, 4 años después de la llegada de la imagen de San Juan, por Mons. Juan José Cabarcas, quien le declaró oficialmente como el Patrono del nuevo pueblo y de la nueva Parroquia. El primer Cura Párroco de Chitré fue el Padre Esteban Guirior quien regentó la Parroquia entre 1845 y 1851.

La creación de la Parroquia de Chitré fue ratificada por el Obispo Juan Francisco del Rosario Manfredo y Ballestas, sucesor de Mons. Cabarcas el 19 de octubre de 1848, cuando se erigía el Distrito Parroquial de Chitré.

Chitré nace como familia, y con vocación de familia. Allí, cuentan los mayores, se compartía cuanto se tenía y en fiestas como éstas, todos se preocupaban y se renovaba la consigna de los fundadores de que en Chitré "nadie debía pasar hambre".

En este pueblo nuevo, bueno y sencillo, sin otro orgullo que el de ser buenos cristianos y su preocupación por los demás, nace un nuevo concepto de pueblo interiorano, con visión de futuro y sin miedo a su vocación histórica.

En este nuevo pueblo acogedor y de puertas abiertas, el Beato Juan XXIII constituye en 1962 la Sede de una nueva Diócesis, baluarte de la Nueva Evangelización en toda la península : "nueva en su ardor, nueva en sus métodos y nueva en su expresión".

Orgullo de los Chitreanos es su Iglesia Catedral iniciada por el Pbro. Melitón Martín a fines del siglo XIX y obra del Maestro Belarmino Urriola.

Hoy, como ayer, podemos decir: Chitré es Juan y Juan es Chitré.

Las alegres cabalgatas y festejos de nuestro pueblo, el recorrido que hiciéramos hace dos días con su imagen en carreta desde el puerto del "agallito", la lluvia que nos hacía pensar en el naufragio del Patriarca Matías Rodríguez, los pelícanos que se entrecruzaban y acompañaban con su vuelo los cantos y las oraciones, los gritos de "hay Juan", "hay Juan", que rememoraban los de antaño cuando se anunciaba a las casas lejanas que había llegado la imagen del Patrono, se constituyen no sólo en un recuento histórico de la vocación a la fe y caridad del pueblo chitreano orgulloso de sus ancestros, sino en la toma de conciencia de la misión y promisoria trayectoria de futuro a que está llamado.

Que San Juan Bautista interceda por nosotros.

Mons. Fernando Torres Durán
Obispo de la Diócesis de Chitré

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viernes, 15 de junio de 2007

Corpus Christi

2007-06-10
Editorial
Corpus Christi

La acción de comer el cuerpo y beber la sangre de Cristo es un hecho real que no admite explicación cosmética alguna. Es Cristo quien se da en el pan y el vino, más allá de todo simbolismo o metáfora que pueda traerse a colación.

Cristo es el Pan de Vida, con el que nos hacemos uno en la Eucaristía para poseer la vida eterna. Su cuerpo y su sangre son verdadera comida y verdadera bebida, cuya manducación y libación en estricto apego a la fe nos sacian eternamente. No sentimos, pues, más hambre ni sed.

Jesucristo, como pan vivo bajado del cielo, es el alimento superior que busca todo aquel que cree en Dios y en su Enviado. La afirmación de que hemos de comer su cuerpo y beber su sangre escandalizó a muchos en su tiempo, y aún en nuestros días hay quienes se escandalizan y no entienden como puede ser posible que Cristo esté presente en la Eucaristía.

Para nosotros no existe duda alguna, porque así lo creemos y lo profesamos como parte fundamental de nuestra fe. Allí también están, para quienes dudan, los milagros eucarísticos que se han producido en varias partes del mundo, y a los que la ciencia no encuentra explicación pero reconoce como auténtica carne y sangre de una persona humana.

Cristo se hizo hombre para salvarnos, se entregó como víctima para redimirnos del pecado, y se hizo alimento y bebida para darnos la vida eterna. Es el nuevo maná que libra de la muerte y del pecado, y que se da a toda la humanidad para que resucitemos con El en el último día. Cristo, hombre verdadero, comida verdadera, y Dios verdadero de Dios verdadero, nos invita, al igual que ayer, a comer su cuerpo y beber su sangre cada día, como sacramento y memorial suyo que nos guardan para la vida eterna y preparan su venida definitiva que nos llevará a la patria celestial para siempre.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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