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martes, 5 de enero de 2010

¿Invasión o liberación?

2010-01-03
A tiro de piedra
¿Invasión o liberación?

El 9 de enero se cumplen 20 años de la Misa Campal que oficiara el entonces Arzobispo de Panamá, Monseñor Marcos Gregorio McGrath, para conmemorar la Gesta del 9 de Enero de 1964 y por el sufragio de los muertos en la Invasión del 20 de diciembre de 1989.

Aquella mañana nos congregamos cientos de fieles en la Vía Ricardo J. Alfaro, cerca del centro comercial El Dorado, próximo a Fuerte Clayton, principal cuartel de las fuerzas armadas de los Estados Unidos. A 20 días de la intervención norteamericana, con las tropas invasoras rondando por todas partes, le desaconsejaban al Arzobispo McGrath a realizar aquella concentración. Nos reunió a un grupo de sus colaboradores más cercanos, y nos comunicó su deseo de llevar adelante ese acto. La razón principal, y por la que, también, se aconsejaba no realizarlo, era que no podíamos pasar por alto el recuerdo del 9 de Enero. La mayoría, de forma abrumadora, decidimos acuerpar la intención del Arzobispo. Y así se hizo.

El pueblo católico fue convocado, y respondió masivamente. Se calculó, en aquel momento, que alrededor de 5,000 personas acudieron al llamado. En un ambiente que aún mostraba los efectos de la Invasión, particularmente el “Saqueo”, se celebró la Misa. A excepción de la feligresía católica, ninguna institución u organización asumió la responsabilidad patriótica e histórica de la conmemoración del 9 de Enero. Ni siquiera la combativa izquierda del país, que prefirió guardar distancia y no arriesgarse. Esos, que por años se habían tomado el 9 de Enero para sí, ahora lo pasaban por alto por mera conveniencia.

Durante su homilía, Monseñor McGrath habló de los muertos, de la reconciliación y la reconstrucción del país, de la justicia y la democracia, y, por supuesto, del significado del 9 de Enero. En su conclusión, el Arzobispo McGrath aludió al recuerdo futuro, en nuestra historia, de la Invasión, como si fuera más una liberación, salvaguardando nuestra libertad y nuestra soberanía. La frase fue sacada de contexto por una agencia de noticias, y nunca fue corregida. Desde entonces, ha quedado la polémica entre Invasión o liberación. Hago constar que personalmente llevé el texto de la homilía a las agencias de noticia y a los medios de comunicación, una vez terminada la Misa Campal. Pedimos la corrección inmediata y, unos días después, la reiteramos. Fue infructuoso. A partir de allí, se opina y condena, según el cristal con que cada crítico mira.

Cito, para beneficio de los lectores, el párrafo completo de la parte de aquella homilía de 9 de enero de 1990: “Recordemos en este momento a los fallecidos durante los eventos de estos días: panameños, norteamericanos, civiles y militares. ¡Que descansen en paz! ¡Que su sacrificio no haya sido en vano! Que la presencia militar extranjera en nuestro suelo en estos momentos sea recordada por la historia más como una liberación; que en nada restrinja ni disminuya para el futuro todos los atributos propios de la libertad y soberanía de Panamá, en todo su territorio; y que dé lugar a la pacífica y justa relación entre Panamá y los Estados Unidos, en el consorcio de los demás pueblos del mundo y sobre todo de las Américas”.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 2 de noviembre de 2009

Tres fiestas importantes

2009-11-01
Editorial
Tres fiestas importantes

El ser humano tiene tres cosas que marcan su existencia, y a las que están conectadas todas las acciones de su vida. Ellas son Dios, la muerte, y la nación a la que pertenece. La fe y la existencia de Dios siempre le traerá conflicto interno, la muerte le preocupará y le causará temor, y por su pueblo y su nación dedicará pensamiento, esfuerzo y afecto.

Los panameños celebramos en estos tres días, un trío de fechas importantes: La Solemnidad de Todos los Santos, la conmemoración de los Fieles Difuntos, y el 3 de Noviembre. Cada una nos une a Dios, a la memoria de los seres queridos fallecidos, y a la Patria. En esencia, es el trípode que sostiene nuestra vida humana y nuestra condición de hombre, en tanto especie.

Sin embargo, el mundo actual intenta desarraigarnos del sentido de Dios y de la Nación. Se ataca a la Santa Madre Iglesia, para obligarnos a negar a Dios, y se ataca a la madre Patria, para arrancarnos el civismo y lo autóctono, reemplazándolo por una cultura masificante que nos deja sin raíces ni razón de ser como pueblo y nación.

Ante tal atentado, los creyentes y patriotas debemos afrontar el reto que se nos plantea en lo existencial, tanto en nuestra dimensión de hijos de Dios como en el plano de nuestra vocación histórica como nación. Y son estos días, precisamente, el escenario propicio para recordar y enseñar a los más jóvenes el sentido profundo que tiene nuestra pertenencia al Pueblo de Dios, la memoria de los mayores que nos transmitieron la fe y construyeron la patria, y la necesidad de un patriotismo auténtico, en su perspectiva cívica y su ejercicio práctico.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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jueves, 29 de octubre de 2009

Patrimonio nacional

2009-10-25
El Ojo del Profeta
Patrimonio nacional

Una nación necesita de su historia, símbolos y elementos culturales que le sean comunes y le den cohesión como colectividad. Sin ellos, la población se desarraiga y pierde todo valor y orgullo nacional, haciéndose dependiente de la cultura foránea.

En Panamá, nuestros símbolos y valores culturales resultan endebles, en algunos casos, y se van perdiendo poco a poco en el tiempo, por el poco aprecio que se llega a tener de ellos. Tal es el caso de la flor del Espíritu Santo, símbolo nacional, que es muy poco conocida por los panameños, a no ser las fotografías que en algún libro o revista ilustra alguna de sus páginas. De allí que la iniciativa gubernamental de preservarla, para evitar su extinción y para que la conozcan los nacionales, sea plausible y necesaria. Quiera Dios y así ocurra, para el bien de nuestra nacionalidad.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 15 de septiembre de 2009

¿Qué significa el 9 de septiembre?

2009-09-06
La Voz del Pastor
¿Qué significa el 9 de septiembre?

Con motivo de la celebración del 496° aniversario de la creación de la Iglesia de Panamá y la fiesta de nuestra patrona Santa María La Antigua, considero oportuno recordar algunos hitos históricos que nos motivan a querer más a nuestra Iglesia Católica y a venerar con más cariño a nuestra madre celestial.

Cuando hablamos de Santa María la Antigua podemos pensar en la primera definición dogmática hecha por la suprema autoridad de la Iglesia Católica con respecto a la Santísima Virgen María. En el año 431 el Concilio de Efeso definió solemnemente la maternidad divina de María. Ella es madre de Dios porque es la madre de Jesús, y Jesús es Dios.

En el año 432 el Papa Sixto III edificó en Roma sobre el monte Esquilino la primera Capilla dedicada en occidente a la Santísima Virgen María. Su consagración se celebra cada año el 5 de agosto y hoy se le conoce como la Basílica de Santa María la Mayor.

Después se construyó un Templo cerca del foro romano dedicado a "Santa María Antica". Todavía se aprecian las ruinas de este Templo. De Roma la advocación pasó a España y son varios los pueblos y ciudades en donde existe un Templo o Capilla dedicada a Santa María la Antigua. Desde Sevilla la devoción llega a América.
a- Origen: es una pintura al fresco, con cierto estilo bizantino y se encontraba en algún Templo en la ciudad de Sevilla durante la ocupación de los moros.
b- Es tradición que el Rey Fernando el Santo entró en la ciudad camuflado y oró ante ella pidiendo la derrota de los moros y la conquista de Sevilla.
c- En 1248 la mezquita musulmana fue transformada en Catedral y a ella fue traído el fresco de Nuestra Señora de la Antigua.
d- En 1401 el Cabildo Catedralicio decidió reconstruir el edificio averiado notablemente por los terremotos de 1356 y 1395.
e- En la nueva y actual Catedral se respetó la capilla y la imagen de Nuestra Señora Santa María la Antigua.

La devoción y el cariño por María bajo esta advocación fue creciendo y muy probablemente Cristóbal Colón oró ante esta imagen y se encomendó a la Virgen antes de emprender su aventura hacia las "Indias Orientales". Una de sus naves se llamó Santa María. En los lugares descubiertos dejó recuerdos marianos. En su segundo viaje, en memoria de la Carabela Santa María que había encallado, puso a una Isla el nombre de Nuestra Señora de la Antigua. Era normal que los conquistadores antes de embarcarse también se encomendaran a Santa María La Antigua.

En 1501 Rodrigo de Bastidas descubre el Istmo de Panamá, acompañado por Juan De la Cosa y Vasco Núñez de Balboa.En 1508 Diego de Nicuesa es nombrado gobernador del actual Istmo de Panamá, abarcando desde el Golfo de Urabá hasta más allá del Cabo Gracias a Dios en Honduras, territorio llamado Castilla de Oro. A Alonso de Ojeda se le dio otro territorio, desde el Golfo de Urabá hacia el sur hasta el Cabo de la Vela, llamado Nueva Andalucía.

En 1509 Alonso de Ojeda libró fuerte batalla en Calamary –hoy Cartagena– con una tribu muy feroz en donde perecieron 70 españoles, entre ellos Juan de la Cosa. Ojeda logró salvarse, lo que atribuyó a la protección de la Santísima Virgen de la Antigua, cuya estampa siempre llevaba consigo.

En 1510 Martín Fernández de Enciso y Vasco Núñez de Balboa fundan en el poblado del Cacique Cémaco, en la ribera occidental del golfo de Urabá, una comunidad llamada primero La Guardia y pocos meses después le dan el nombre de Santa María la Antigua, en cumplimiento de la promesa hecha a la Virgen si salían con vida en el encuentro con los indígenas. El bohío del cacique Cémaco fue convertido en capilla en honor de Santa María la Antigua. En este villorrio se formó una comunidad cristiana compuesta por nativos convertidos y españoles. Se envió una delegación a Sevilla a llevar una ofrenda a la Virgen.

El 9 de septiembre de 1513 el Papa León X en respuesta a la petición del Rey de España crea en ese poblado la primera Diócesis de Tierra firme con la Bula "Pastoralis Officii Debitum" transformando la capillita de Santa María la Antigua en Catedral. El primer Obispo fue fray Juan de Quevedo, franciscano, y predicador de la casa real quien llegó a Santa María la Antigua en junio de 1514 acompañado por el Gobernador Pedro Arias Dávila, y varios frailes franciscanos.

En 20 de julio de 1515 el Rey Fernando declara oficialmente a Santa María la Antigua como ciudad, dándole su escudo de armas en donde se encuentra estampada la efigie de Santa María la Antigua.

El 15 de agosto de 1519 Pedro Arias Dávila funda la primera ciudad en el litoral pacífico en donde había ya una pequeña comunidad indígena, con el nombre oficial de Nuestra Señora de la Asunción de Panamá. El Obispo Quevedo viajó a España y murió en Barcelona el 24 de diciembre de 1519.

El Papa León X con Bula fechada 5 de diciembre de 1520 nombró a Fray Vicente Peraza, religioso dominico como II Obispo de Santa María la Antigua, quien permaneció dos años en las Islas Canarias visitando esa Iglesia a solicitud del Rey.

A finales de julio de 1524 llega el Obispo Peraza a Santa María y por orden del Gobernador Pedrarias y el Rey de España traslada la sede Episcopal a la ciudad de Panamá.

En 1608 fray Agustín de Carvajal, agustino, 13º Obispo de Panamá consagró la segunda Catedral de la Diócesis. Hoy vemos las ruinas y el campanario restaurado.

En 1671 siendo Don Sancho Pardo de Figueroa el 19° obispo de Panamá, ocurrió la toma de Panamá por el pirata inglés Henry Morgan y el incendio de la ciudad.

El 21 de enero de 1673 el 20° Obispo Don Antonio De León bendijo el emplazamiento de la nueva ciudad y el sitio para la nueva Catedral. Era la tercera y ésta se incendio dos veces. Los trabajos continuaron bajo la dirección de los Obispos Sr. Don Lucas Fernández de Piedrahita, Don Diego Ladrón de Guevara, Don Pedro Morcillo y terminada con la ayuda del primer Obispo Panameño Don Francisco Javier de Luna, quien desde Trujillo (Perú) envió fondos.

El 4 de abril de 1796, la catedral fue consagrada en honor a Santa María la Antigua por el Obispo Remigio de la Santa y Ortega.

La Diócesis de Santa María la Antigua fue sufragánea de la Arquidiócesis de Sevilla (España) desde su fundación en 1513 hasta 1548.

En 1548 fue sufragánea de la Arquidiócesis de Lima (Perú) por disposición del Papa Paulo III.

En 1836 el Papa Gregorio XVI la hizo sufragánea de la Arquidiócesis de Bogotá (Colombia).

En 1901 el Papa León XIII la hizo sufragánea de la Arquidiócesis de Cartagena (Colombia).

Cuando Panamá se separó de Colombia en 1903, era Obispo de Panamá Monseñor Javier Junguito S.J.

Al definirse las fronteras de estos dos países, la ciudad de Santa María La Antigua quedó en Colombia. Se han descubierto las ruinas y se ha construido una capillita en honor a Santa María La Antigua.

En 1912 fue nombrado Obispo de Panamá Monseñor Guillermo Rojas Arrieta, C.M.

El 29 de noviembre de 1925 la Diócesis de Panamá fue elevada a Arquidiócesis por S.S. el Papa Pío XI cuando éste creó el Vicariato Apostólico de Darién, el cual comprendía las provincias de Colón, Darién, la Comarca de San Blas o Kuna Yala y el Archipiélago de Las Perlas en el Pacífico. El Obispo Rojas fue creado primer Arzobispo de Panamá en esa fecha.

El 6 de marzo de 1955 la Arquidiócesis de Panamá fue constituida en Metropolitana por S.S. el Papa Pío XII cuando creó la Diócesis de David. Panamá, David y Darién se convirtieron en Provincia Eclesiástica.

El 9 de Septiembre de 1998 se celebró por primera vez en el siglo XX y con gran solemnidad la fiesta de Santa María la Antigua y la fundación de la Iglesia de Panamá. Con varios Obispos del País, numeroso clero y fieles se hizo una procesión desde el Templo de la Merced hasta la Catedral. Se bendijo una imagen de Santa María La Antigua, donada por doña Lolitín Paredes de Boyd primera presidenta de la Federación Nacional de Mujeres Católicas.

El 9 de septiembre de 1999, éste humilde servidor, siguiendo las normas canónicas, proclamó a Santa María la Antigua Patrona de la Arquidiócesis de Panamá. Este acto fue ratificado por la Santa Sede mediante documento firmado por el Sr. Cardenal Arturo Medina, Prefecto de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos con fecha 20 de diciembre del mismo año.

El 9 de septiembre del año Jubilar 2000, ante la presencia del Arzobispo de Sevilla, hoy Cardenal Carlos Amigo Vallejos, O.F.M., del presidente del secretariado del episcopado centroamericano Monseñor Raúl Corriveau, Obispo de Choluteca (Honduras) y de todos los Obispos del país, en una celebración multitudinaria en el Gimnasio Roberto Durán, la Conferencia Episcopal Panameña proclamó a Santa María la Antigua patrona de la República de Panamá, y se repitió la consagración de la nación al Inmaculado Corazón de María.

La Santa Sede ratificó el patronazgo de Santa María la Antigua el 27 de febrero del 2001 y fijó su fiesta litúrgica para el 9 de septiembre de cada año, con rango de solemnidad y misa propia para todo el país.

El Secretario del Estado, Señor Cardenal Tarsicio Bertone envió a la Iglesia de Panamá el Breve Pontificio fechado 31 de octubre de 2008 con el cual el Santo Padre Benedicto XVI ratifica lo que ya había confirmado la Congregación para el Culto divino y la disciplina de los sacramentos, es decir la proclamación de Santa María La Antigua como patrona ante Dios, de la República de Panamá.

Mons. José Dimas Cedeño Delgado
Arzobispo de Panamá

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viernes, 13 de febrero de 2009

Panamá en Elecciones ¿Cambio de gobierno o búsqueda del poder?

2009-02-15
La Voz del Pastor
Panamá en Elecciones ¿Cambio de gobierno o búsqueda del poder?

El punto de partida más adecuado para acercarnos a lo que es la política es el hecho de que la sociedad no es homogénea. Su heterogeneidad se manifiesta a muchos niveles: existen diferencias raciales y culturales, hay factores socioeconómicos y diferencias de mentalidad, o ideológicas, que se expresan en formas distintas de entender el mundo o en diferentes sistemas de valores que pueden tener una connotación religiosa o carecer de ella. Estas diferencias son, sin duda, una fuente permanente de disgustos.

Pues bien, la política consiste en el esfuerzo por encaminar la solución de esos conflictos. Más en concreto, lo que se pretende es evitar que los mismos se resuelvan por la fuerza y la violencia: es decir, que en esas luchas sociales, que son inevitables, no terminen imponiéndose siempre la ley del más fuerte. La política no aspira, por consiguiente, a negar el conflicto, sino a encauzarlo, a conducirlo a una salida donde impere alguna forma de racionalidad para que no tenga que imponerse simplemente la fuerza.Según esto, la política puede definirse como el conjunto de actividades encaminadas a la creación, modificación o mantenimiento de un orden global de convivencia mediante el uso o la conquista del poder.

La mera exigencia de este orden global de convivencia revela la preocupación ética por armonizar el bien particular de cada uno.

Por eso, nos rebelamos cuando percibimos que la búsqueda del poder político no actúa por el bien de todos, sino que actúa al servicio de intereses particulares o partidistas.

Insistimos en la adopción de una ética política como exigencia garante de que los partidos y movimientos políticos avancen hacia formas de una convivencia ciudadana y unos intereses políticos, fuente y origen de unas elecciones honestas y eficaces a favor de todo nuestro pueblo.

Desafortunadamente, la presente campaña política nos está dejando un ambiente de sabor amargo con tantas ofensas mutuas entre los diversos candidatos y esparcidas pródigamente por los distintos medios de comunicación. Pensemos que esos aspirantes a los diferentes puestos de la Patria, ridiculizados y degradados por inculpaciones mutuas y aireados cómicamente, y con una solapada ironía de “hazme reír”, serán, a partir de las próximas elecciones, nuestras autoridades nacionales responsables del gobierno, de la convivencia y del bienestar de todos los panameños.

Y me pregunto: ¿ qué respeto nos van a inspirar el nuevo Sr. Presidente, o Presidenta, de la República, y las demás autoridades, ante las ridiculeces, las acusaciones y la sorna de que han sido objeto en las diarias ediciones de los distintos medios de comunicación?

¿No sería más provechoso que nos hablaran y pusieran de relieve las cualidades, profesiones y experiencias de los nuevos candidatos a fin de que nos ayudaran a emitir un voto más cualificado en beneficio de toda la comunidad panameña?

Desafortunadamente, nuestros votos van casi todos dañados por el egoísmo interesado de “vender mi voto” sin percatarnos de los efectos desastrosos que pueden dañar gravemente nuestro futuro nacional.

Entonces no nos quejemos de las futuras autoridades porque la culpa será totalmente nuestra.

Mons. Carlos María Ariz, c.m.f

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lunes, 7 de abril de 2008

Un país multicultural

2008-04-06
El Ojo del Profeta
Un país multicultural

Panamá acoge en su territorio una diversidad de etnias, tanto nativas como foráneas, lo que hace de nuestra patria un país multicultural. La cultura, costumbre y folclor de las diferentes comunidades étnicas que habitan entre nosotros constituyen una amalgama social que le da sentido a la nación panameña.

Somos una mezcla de razas y culturas, que hacen del ser panameño un pueblo abierto y hospitalario. Un pueblo en el que ninguno se siente extraño por razón de su etnia, porque el país lo acepta y acoge sin reparos. Aquí se camina por las calles y se visita cualquier población, sin que ninguno se admire o extrañe sobremanera. Quien venga a Panamá con buena voluntad hallará, en la mayoría de sus habitantes, un anfitrión y un amigo sincero.

Ese ejemplo de convivencia pacífica y fraterna debe preservarse, para evitar que lo desvirtúe el mal que asoma entre los aventureros que se dedican al tráfico de drogas, el lavado de dinero, la estafa internacional y otros crímenes que nos dan mala fama y nos traen desgracias y violencia. Trabajemos tesoneramente para que prevalezca el hombre y la mujer afable que nace o encuentra en esta tierra el hogar y la patria afable y tranquila que por centurias ha sido nuestra querida y amada Panamá.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 6 de noviembre de 2007

La Iglesia y la Patria

2007-11-04
La Voz del Pastor
La Iglesia y la Patria

Publicamos la Homilía en el Te Deum Catedral Metropolitana 3 de noviembre 2007, oficiado por Monseñor José Domingo Ulloa, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Panamá.

En un mundo que parece hostil a la tradición reactualizamos hoy, los panameños, una que es muy bella y muy nuestra: darle gracias a Dios por Panamá.

La mentalidad contemporánea suele mirar con sospecha todo lo que es tradición, haciéndola sinónimo de arqueología inútil.

Y sin embargo aquí estamos hoy, como en cada 3 de noviembre; la Iglesia y la Patria, para sancionar solemnemente su fidelidad a una tradición que les pertenece y las hermana a las dos.

La Iglesia y la Patria: dos magnitudes, dos almas que sólo pueden subsistir y fructificar en la medida en que son fieles, cada una a su tradición.

La Iglesia, fundada en la Palabra, el Dolor y el Espíritu de Cristo, sabe que no puede enseñar sino lo que Cristo le confió, ni dar vida sino abrazándose a su Cruz, ni gobernar sino sirviendo como El sirvió.

Ella es experta en humanidad, y vive siempre inmersa en su tiempo, siempre renovada y joven, precisamente porque no deja nunca de mirar hacia su origen para reencontrar, en su historia primera, los cimientos perennes de su fe, los motivos de su esperanza y las razones de su amor.

También la Patria ha de leer constantemente su itinerario histórico en sus actas de fundación. La Patria –ninguna patria y Panamá menos que ninguna-, la Patria no nace del vacío o del acaso.

La Patria se constituye en el momento en que un grupo de hombres que habitan físicamente un determinado territorio, reconocen como suyo un mismo patrimonio de sangre y cultura, entran en comunión de tarea y destino. La Patria no nace por un accidente geográfico o por un operativo bélico.

La Patria nace en la comunión, profundamente humana, en valores que exigen deponer innatos egoísmos y merecen el sacrificio de la vida. El territorio será sólo el ámbito físico de esta comunión en el espíritu, y la gesta militar el instrumento, alguna vez necesario, para resguardar eficazmente este patrimonio de sangre y cultura.

Por eso es que una patria no puede echarse a andar indiferentemente por cualquier camino. La patria no se inventa, sólo se redescubre y revitaliza, y siempre en la fidelidad a su patrimonio de origen.

Cuando una nación que es patria busca su sendero fuera de su tradición, su apostasía deriva fatalmente en anarquía y disolución.

La patria no se inventa ni se trasplanta, porque es fundamentalmente alma, alma colectiva, alma de un pueblo, consenso y comunión de espíritus que no se puede violentar ni torcer, ni tampoco crear por voluntad de unos pocos.

De aquí fluye, con imperativa claridad, nuestra más urgente tarea: reencontrar el consenso; más que eso, consolidar la comunión en aquellos valores espirituales que crearon la patria en su origen.

La historia demuestra –y seguirá demostrando- que sólo en esta fidelidad es fecunda la esperanza.

Los pueblos que enajenan su tradición y por manía imitativa, violencia impositiva o imperdonable negligencia o apatía toleran que se les arrebate el alma, pierden, junto con su fisonomía espiritual, su consistencia moral y finalmente su independencia ideológica, económica y política.

Pero Panamá tiene su alma. Por eso estamos en esta hora de acción de gracias por una herencia que nos enaltece, y nos estremece también la esperanza. Panamá quiere seguir siendo Panamá.

En este día no podemos eludir la interrogante: ¿cuáles son los valores que constituyen nuestra patria?

Por eso muy acertado fue los que escribió el psicólogo Gerardo Antonio Guerrel, en noviembre de 2005, la frase una de las canciones del panameño Rubén Blades (hoy Ministro de Turismo). Patria son tantas cosas…

"Con orgullo escuchamos frases como: "soy de la tierra del sombrero pintado...", "100% chiricano, meto!, "soy oriundo de la heroica Villa de Los Santos...", "soy de la tierra del manito ocueño...", soy de Chitré la ciudad que crece sola ..o "la tierra del chicheme y el bollo preña'o"; en resumidas cuentas, "somos panameños".

Está claro que existen características que identifican a las personas de acuerdo, a la tierra dónde nacieron. Sin embargo, además de los elementos que caracterizan a una región, sus costumbres, cultura y tradiciones; existen las influencias que intervienen en la conformación de un comportamiento individual y de grupo.

Por eso al celebrar las fiestas patrias, hemos de preguntarnos ¿qué significa celebrar estas fiestas?, ¿desfiles?, ¿días libres?, entre otras cosas.

Qué gran oportunidad nos ofrecen estas fiestas para que todos consideremos esta tierra como nuestra; y que participemos, en cualquier acción personal o de grupo que intente mejorar nuestra situación actual para que cuando caminemos por las calles de nuestras comunidades, podamos decir: "hay cosas que han cambiado...", "hay cosas que no han cambiado", pero lo más importante es que podamos decir: "hay cosas que he ayudado a cambiar para mejorar..."; es decir, que dimos nuestro aporte, que cumplimos con aportar algo de lo que hemos aprendido, sin olvidar quiénes y de dónde venimos, hemos cumplido con nuestra patria.

Queridos hermanos: Hay tantas cosas buenas en este pequeño "gran" país. En definitiva, estamos viviendo una etapas difíciles de nuestra vida republicana, pero recordemos cuántas épocas buenas también hemos vivido a lo largo de nuestra historia. No obstante, si la actitud, conductas y comportamientos son negativos, las cosas aún se pueden ver mucho más difíciles... A veces somos especialistas en ver las cosas negativas y las magnificamos, y por el contrario las cosas buenas las minimizamos que casi las hacemos imperceptibles...

En verdad, hay tantas cosas buenas y tantas personas que hacen su mejor esfuerzo cada día que amanece... Quiénes no hemos tenido la experiencia cada vez que llegamos a nuestras comunidades campesinas, hay algo que hace que nuestras "baterías" se recarguen y es que ese campesino humilde, que a pesar de sus problemas (pobreza ), te saluda y no sólo con un simple "Buenas...", sino con un "Buenas Tardes...", con un apretón de manos, esas manos rústicas que trabajan la tierra y además te pregunta: "...¿Cómo le ha ido?, ¡Qué's de la familia?. Sé que en muchas partes de nuestro país hay gente buena y trabajadora, que no tiene "agendas ocultas", que cree en la vida y en que las cosas pueden ser mejores, si todos y todas aportamos nuestra parte..., eso es hacer patria.

Ojalá que en estos días recordemos con agrado las cosas buenas, lindas y maravillosas de nuestra patria, que cada uno de los panameños recordemos nuestra tierra que nos vio nacer, no para ser regionalistas sino para que con base en nuestras raíces sumemos nuestro interés, sin importar si soy coclesano, santeño, herrerano o chiricano, colonense, bocatoreño, darienita - en procurar el bienestar, desarrollo y progreso de nuestro país.

Hoy por hoy, el encontrar las cosas que tenemos en común y que nos hacen ser mejores, tiene un valor fundamental frente a tantas situaciones y hechos impactantes que han sucedido en nuestro país y el mundo.

Ojalá que las encuestas y los medios que las publican, a parte de informarnos de la percepción que tenemos de ciertos temas económicos, políticos, culturales; también nos permitiesen conocer cuánto sabemos de nuestra identidad, de porqué nos comportamos como panameños de cierta manera, de nuestra historia que marca pautas generacionales.

Sé que las opciones y canales a veces para hacer mejor las cosas son complejas y a veces parecen inaccesibles, pero qué bueno sería que las autoridades y habitantes de nuestras comunidades hicieran una encuesta, casa por casa, no preguntando quién ganaría de "ser hoy las elecciones", sino ¿qué está haciendo o hará ud. para mejorar la comunidad donde vivimos?

Nosotros, los panameños y panameñas, que celebramos las fiestas patrias, ¡Felicitaciones!, porque las páginas de la historia siguen escribiéndose, pues tenemos un país que a pesar de las dificultades y problemas, a los cuales todos y todas estamos llamados a solucionar; también tenemos grandes oportunidades. Ojalá que explotemos al máximo dichas oportunidades y podamos ser más comprometidos en hacer mejor las cosas, cada día que pasa, pues: "Patria, son tantas cosas bellas...".

Que con la ayuda de Santa María la Antigua, que ha acompañado el caminar de nuestro pueblo, podamos ser dóciles a la acción del Espíritu y así unidos en la verdad, hagamos realidad, una patria libre de divisiones, y de intereses sectarios; y que podamos entonar siempre en paz y armonía el canto de alabanza que nos recuerda el coro de nuestro himno nacional: "Alcanzamos por fin la victoria/En el campo feliz de la unión;/Con ardientes fulgores de gloria/Se ilumina la nueva nación".

Mons. José Domingo Ulloa, o.s.a.
Obispo Auxiliar

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Mi patria, Panamá

2007-11-04
A tiro de piedra
Mi patria, Panamá

Llegó noviembre y me siento orgulloso de ser panameño. Soy de aquellos que recibió de sus mayores la enseñanza que hay dos cosas importantes en la vida: Dios y la Patria, y en cada una el propio ser y la familia. Soy uno de esos que vestían con ropa nueva para ver el desfile del 3 de Noviembre, y para la Navidad, porque eran acontecimientos importantes y el sacrificio que se hiciera, bien lo valía.

Soy, también, de esos panameños que se sienten orgullosos cuando su bandera ondea, que se enoja hasta los tuétanos cuando la irrespetan, y que no olvida al abuelo que marchaba con los Soldados de Coto y el Cuerpo de Bomberos. Soy de los panameños que siente orgullo cuando canta el himno a voz en cuello, cuando viste una camisilla típica y un sombrero “pintao”, cuando baila un tamborito, o cuando recita la poesía Patria o escucha las marchas Panamá y Canto a la Bandera. Me siento panameño en todo: en la fe en Dios, en la historia, en los triunfos, y en la lucha por hacer mejor nuestra vida y nuestra tierra.

Ese sentimiento y esa emoción me hicieron escribir unos versos, hace algunos años, que ahora quiero compartir con quienes me leen. Dicen así:

Al mes de Noviembre.

No soy yo quien te ha elegido/ para celebrar en ti/ la Patria, el Niño, los muertos/ y la tierra en que nací.

Te eligió desde lo alto/ aquel que reina en los cielos/ Mes de Noviembre que llevas/ de la Patria los recuerdos.

En la bandera cobijas/ de sus hijos los anhelos/ al igual que el Primer Grito/ que desde Los Santos dieron.

Noviembre, Mes de la Patria/ hoy te quiero saludar/ desde el fondo de mi alma/ con un verso y un cantar.


Como es noviembre, le daré una tregua a los buseros con ansias de diputados.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Noviembre patrio

2007-11-04
Editorial
Noviembre patrio

Empezamos el mes de la Patria con mucho entusiasmo y emoción, sin saber, a ciencia cierta, cuánto fervor o cuánto auténtico civismo por nuestra nación aún queda entre nosotros. Coloridos uniformes, resonar de tambores, sonido estridente de cornetas, y el compás de las bandas de música de algunos colegios que todavía cultivan entre sus alumnos la edificante habilidad musical.

Noviembre patrio nos recuerda a Dios, protector de la nación, al inaugurarse con la solemnidad de Todos los Santos. Nos recuerda a los difuntos, que como padres, madres, próceres, mártires, y ciudadanos y ciudadanas, supieron asumir con heroísmo la misión de construir y preservar la Patria, según el papel que le correspondió desempeñar en su vida personal, familiar, y colectiva. Nos recuerda lo que cada hombre y mujer de Panamá es, en el presente, en pensamiento, conciencia, trabajo, y fe.

La Patria nos reta hoy a pensarla, a interrogarnos acerca de lo que es para nosotros, a reflexionar sobre el esfuerzo cotidiano que le aporta a su progreso y edificación. El acontecimiento nos invita a hacer un alto en nuestras recriminaciones, nuestras frustraciones, nuestros odios y rencores contra el vecino, el adversario, el que protesta, o el que gobierna. Dejar de lado todo esto, por un día, ni daña ni cambia lo que somos.

Busquemos con sinceridad y honestidad vivir la Patria desde ella misma, sin renunciar a nuestra fe, nuestras creencias o nuestras ideas. Vivámosla comprendiendo al otro, practicando la tolerancia y la fraternidad. Vivámosla en el profundo sentido de los acontecimientos que le dieron vida, en cada día de noviembre que rendimos loor a la Patria. Sólo así podremos volver a descubrir, muy dentro de nosotros, el fervor, el civismo, y el patriotismo que hoy están ausentes en muchos de los corazones de sus hijos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 28 de septiembre de 2007

Lo que sale del corazón

2007-09-23
El Ojo del Profeta
Lo que sale del corazón

Cada acción del hombre está marcada por su conciencia, y en ocasiones esta prima sobre todo derecho y toda ley humana. Es lo que algunos llaman la decisión ética, que encuentra su razón en los principios y valores morales que posee la persona.

Tras la elección del presidente de la Asamblea, el debate sobre su permanencia o renuncia en el cargo tiene sus favorecedores y contrarios; cada uno con su argumento y su justificación. De hecho, la polémica entra en el plano de la soberanía del estado, y la extensión de esa soberanía, en algún caso, más allá de la jurisdicción del poderoso frente al más débil.

Hemos oído, también, las palabras de funcionarios de Panamá y Estados Unidos, en relación con el acuerdo comercial bilateral que debe ratificarse para su plena vigencia, y que ahora corre peligro por la actitud de algunos políticos de uno y otro país.

Aunque muchas veces la política soslaye la moral, no deja de ser cierto que lo que sale del corazón de cada persona, influye en la decisión que tome y que afecta a otros. Ojalá, tanto allá como acá, sea la conciencia la que prevalezca frente al razonamiento político; al menos, por esta vez, podríamos ver que el funcionario antepone el bien común a su propio interés.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 27 de julio de 2007

¿Prisionero de Guerra?

2007-07-29
A tiro de piedra
¿Prisionero de Guerra?

La defensa legal de Manuel Antonio Noriega se ha expresado de manera insultante hacia el país, en su afán de protagonismo y táctica publicitaria para que se hable de su cliente. No me ocuparé ahora de sus abogados, sino de su defendido, al que insisten en presentar como un prisionero de guerra.

Que yo recuerde, aquí no hubo guerra; hubo una invasión. Así se le llamó desde el principio. Los pocos panameños que pelearon, tanto uniformados como civiles, lo hicieron por su convicción personal. El país no se involucró masivamente, porque en ningún momento la mayoría sintió la necesidad ni el sentimiento de enfrentar a un ejército extranjero que nos invadió para ajustar cuenta con su empleado bajo planilla de la CIA (Agencia Central de Inteligencia) de los Estados Unidos. Los panameños y las panameñas que murieron, lamentablemente, fallecieron por combatir, por estar en la línea de fuego siendo inocentes, y algunos por dedicarse al robo y al saqueo. La guerra sólo estuvo en la declaración que el emplanillado de la CIA y sus seguidores hicieran unos meses antes del 20 de diciembre de 1989, buscando el apoyo de un pueblo que no comió del cuento.

Una vez consumada la invasión, y con la instalación del gobierno legitimamente elegido por los ciudadanos, en el mes de mayo de 1989, se adoptaron cierta medidas contra Noriega, que ahora parecen olvidadas. Al menos dos de ellas lo descalificarían como prisionero de guerra: se le degradó, y le dio de baja. ¿De cuál fuerza armada es ese prisionero de guerra? ¿Quién le ha conferido el rango de general que luce en su uniforme de prisionero? ¿Dónde está el armisticio que ha puesto fin a la guerra que supuestamente libró?

Noriega y sus abogados podrán manipular los términos “prisionero de guerra” y “general”, pero para muchos panameños tales cosas ni existen ni existieron jamás. No hubo guerra: hubo invasión. Nunca fue general, porque ese grado se lo dio él mismo, a través de la impuesta Ley 20 que creó las fuerzas de defensa. Nunca se ganó ese rango; lo usurpó. Nunca fue leal a Panamá, sino un traidor que estaba al servicio de un estado extranjero como empleado de la CIA.

Soy de opinión que debemos buscar el documento en donde se le dio de baja y se le degradó, para probar que fue antes de su juicio en los Estados Unidos. Sin rango y sin pertenencia a un ejército o fuerza armada, queda reducido al estado de delincuente común. Así debe tratársele, sin contemplación alguna. Y si osa venir aquí, que lo encierren, aunque tenga la edad que diga o pueda tener, ya que, por motivo de interés social y orden público, podemos crear una ley que lo obligue a estar en prisión todos los años que le correspondan por los delitos cometidos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 23 de julio de 2007

Repatriación o extradición

2007-07-22
El Ojo del Profeta
Repatriación o extradición


La decisión de repatriar a Manuel Antonio Noriega a nuestro país o extraditarlo a Francia corresponde, según el derecho internacional, al estado bajo cuya jurisdicción se encuentra la persona al momento del requerimiento. Por tanto, es a los Estados Unidos a quien corresponde decidir su repatriación o extradición, de conformidad con sus leyes y los convenios internacionales de los que sean signatarios.

Ante ese hecho, a Panamá sólo le cabe utilizar el recurso diplomático, si quiere solicitar su repatriación o consentir su extradición; aunque esto último le está vedado por imperio de su Constitución. Sin embargo, en el caso de Noriega no todo es jurisprudencia: hay que tomar, también, una decisión política sobre su regreso al suelo patrio, por lo que puede significar su presencia entre nosotros para la gobernabilidad y el sosiego de la nación.

El anhelo de todo expatriado o desterrado es el de volver a su patria; anhelo y principio que compartimos. Pero en el caso de Manuel Antonio Noriega, prima el bienestar y la tranquilidad de la mayoría que el deseo de volver del ex general y las razones jurídicas que pueda invocar. En esto debe fundamentarse nuestra decisión.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 16 de julio de 2007

Panamá es cristiana

2007-07-15
Editorial
Panamá es cristiana

El deseo de saber cuántos habitantes profesan algún credo es un cuestionamiento perfectamente válido. El ser humano, dotado de razón, siempre se pregunta sobre el origen, el propósito, y el sentido de sí mismo y de lo que le rodea. Por tal razón, no es de extrañar que recientemente surja la inquietud acerca del porcentaje de la población que profesa el cristianismo, tanto en el catolicismo como en el resto del cristianismo.

Los datos que conocemos, hasta ahora, se fundamentan en encuestas y sondeos de opinión, de los cuales se concluye que la población panameña es abrumadoramente cristiana en más del 95 por ciento, con una proporción predominante de la fe católica entre 8 a 9 de cada 10 personas.

Aunque en el campo de la estadística las cifras tienen vital importancia, vale anotar que en el campo misionero de la Iglesia, lo más importante es el conocimiento de Dios y la conversión de la persona, porque su objetivo es anunciar el Evangelio a toda la humanidad para que cada hombre y mujer en el mundo pueda amar a Dios y al prójimo como a sí mismo.

Más que enorgullecernos o decepcionarnos por el mayor o menor porcentaje de católicos, en un momento dado, debemos valorar el hecho de que el cristianismo está firme en Panamá, y encaminar nuestros esfuerzos misioneros y pastorales hacia la reafirmación y profesión decidida de la fe cristiana, en los que, como católicos, cumplamos con la tarea de ser luz y sal para toda la sociedad panameña.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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