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martes, 5 de enero de 2010

¿Invasión o liberación?

2010-01-03
A tiro de piedra
¿Invasión o liberación?

El 9 de enero se cumplen 20 años de la Misa Campal que oficiara el entonces Arzobispo de Panamá, Monseñor Marcos Gregorio McGrath, para conmemorar la Gesta del 9 de Enero de 1964 y por el sufragio de los muertos en la Invasión del 20 de diciembre de 1989.

Aquella mañana nos congregamos cientos de fieles en la Vía Ricardo J. Alfaro, cerca del centro comercial El Dorado, próximo a Fuerte Clayton, principal cuartel de las fuerzas armadas de los Estados Unidos. A 20 días de la intervención norteamericana, con las tropas invasoras rondando por todas partes, le desaconsejaban al Arzobispo McGrath a realizar aquella concentración. Nos reunió a un grupo de sus colaboradores más cercanos, y nos comunicó su deseo de llevar adelante ese acto. La razón principal, y por la que, también, se aconsejaba no realizarlo, era que no podíamos pasar por alto el recuerdo del 9 de Enero. La mayoría, de forma abrumadora, decidimos acuerpar la intención del Arzobispo. Y así se hizo.

El pueblo católico fue convocado, y respondió masivamente. Se calculó, en aquel momento, que alrededor de 5,000 personas acudieron al llamado. En un ambiente que aún mostraba los efectos de la Invasión, particularmente el “Saqueo”, se celebró la Misa. A excepción de la feligresía católica, ninguna institución u organización asumió la responsabilidad patriótica e histórica de la conmemoración del 9 de Enero. Ni siquiera la combativa izquierda del país, que prefirió guardar distancia y no arriesgarse. Esos, que por años se habían tomado el 9 de Enero para sí, ahora lo pasaban por alto por mera conveniencia.

Durante su homilía, Monseñor McGrath habló de los muertos, de la reconciliación y la reconstrucción del país, de la justicia y la democracia, y, por supuesto, del significado del 9 de Enero. En su conclusión, el Arzobispo McGrath aludió al recuerdo futuro, en nuestra historia, de la Invasión, como si fuera más una liberación, salvaguardando nuestra libertad y nuestra soberanía. La frase fue sacada de contexto por una agencia de noticias, y nunca fue corregida. Desde entonces, ha quedado la polémica entre Invasión o liberación. Hago constar que personalmente llevé el texto de la homilía a las agencias de noticia y a los medios de comunicación, una vez terminada la Misa Campal. Pedimos la corrección inmediata y, unos días después, la reiteramos. Fue infructuoso. A partir de allí, se opina y condena, según el cristal con que cada crítico mira.

Cito, para beneficio de los lectores, el párrafo completo de la parte de aquella homilía de 9 de enero de 1990: “Recordemos en este momento a los fallecidos durante los eventos de estos días: panameños, norteamericanos, civiles y militares. ¡Que descansen en paz! ¡Que su sacrificio no haya sido en vano! Que la presencia militar extranjera en nuestro suelo en estos momentos sea recordada por la historia más como una liberación; que en nada restrinja ni disminuya para el futuro todos los atributos propios de la libertad y soberanía de Panamá, en todo su territorio; y que dé lugar a la pacífica y justa relación entre Panamá y los Estados Unidos, en el consorcio de los demás pueblos del mundo y sobre todo de las Américas”.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 15 de septiembre de 2009

Antigua embajada americana

2009-09-06
A tiro de piedra
Antigua embajada americana

Con este nombre se conoce un edificio en la Avenida Balboa, que albergó la sede diplomática de los Estados Unidos de América, hasta hace poco. So pretexto de ubicar a alguna dependencia estatal, se pretende echarlo abajo y levantar un mamotreto que, supuestamente, será un edificio emblemático en el lugar.

Me pregunto: ¿puede construirse un edificio en el mismo lugar, que sea más emblemático que la antigua embajada de los Estados Unidos? La historia que encierra la construcción, tanto en la lucha panameña por el reconocimiento pleno de su soberanía, como por los hechos ocurridos en su interior, con alcance allende nuestras fronteras, lo colocan en un sitial envidiable para ser conservado.

Si no quiere considerarse el valor histórico del edificio, aunque, oficialmente, no haya sido declarado como tal, al menos debe tomarse en cuenta que, junto a la fachada del Hospital Santo Tomás, la casa de la embajada del Reino Unido, y la representación diplomática de Libia, son las únicas cuatro muestras de la arquitectura que una vez caracterizó a la Avenida Balboa. Todas las demás construcciones emblemáticas han sido demolidas, para darle paso a las torres de concreto y de cristal, que poca gracia arquitectónica tienen, y, como todas son parientes, muestran los rasgos genéticos de cuadratura y piquitos rojos que las distinguen.

Variadas son las voces que se alzan a favor de conservar el edificio de la antigua embajada estadounidense, pero al parecer los oídos locos están sordos. Al final, por lo que veo, impondrán su locura, pero no se librarán de la responsabilidad histórica, por asesinar de manera insensata una muestra del patrimonio arquitectónico de La Exposición y Bella Vista, tan vilipendiado en los últimos años, a causa de la ambición desmedida e irracional de quienes, en deleznable demostración de opulencia y poder, imponen su voluntad sobre el querer común.

Otro sitio emblemático que podría desaparecer, o resultar gravemente intervenido, tal como lo hemos conocido hasta ahora, es el Terraplén del Casco Antiguo. Supues-tamente, la cinta costera será extendida pasándole por el frente y quitándole el mar. También se llevarán por los cachos al Muelle Fiscal, porque quieren moverlo a otro lugar dentro del área. Como aún no nos muestran una concepción o levantamiento de la obra, concluimos que arrasarán con todo, para rellenar y decorar de manera similar a la cinta costera. Otro asesinato, en que los victimarios se hacen los locos, e invocando su locura, no aceptan ser responsables del crimen aberrante que cometen contra nuestra ciudad.

Si algo de panameño les queda, corrijan el rumbo. Las entidades que quieren ubicar en el nuevo mamotreto “emblemático” de la Avenida Balboa, bien pueden mandarlas a otra parte cercana. Allí tienen, por ejemplo, los terrenos de las Rentas. La conexión con la cinta costera debe respetar el conjunto arquitectónico monumental del Casco Antiguo, en el Terraplén. Se puede construir un nuevo Muelle Fiscal, pero debe conservarse la estructura del actual, para convertirlo en un espacio público y turístico, donde se instalen los artesanos y algunos cafés o restaurantes pequeños. Ojalá, en esto, prime la cordura del sentido nacional sobre la locura del poder.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 28 de enero de 2009

Cada país cuenta

2009-01-25
Editorial
Cada país cuenta

La atención mundial que acaparó la toma de posesión del nuevo presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, nos reta a reflexionar acerca del papel que debe jugar él y cada mandatario del mundo, en la discusión y solución de los problemas globales.

Si bien es cierto que los Estados Unidos tienen, al igual que otras potencias, una influencia grande dentro de la comunidad internacional, no lo es menos el hecho que cada país, pueblo o nación, por pequeña que sea, también cuenta y forma parte de los acontecimientos que ocurren en el mundo. Un mundo que, además de global, también es continental y regional, y en cada contexto de esos los estados tienen su representación y su influencia relativa.

Barack Obama es presidente de los Estados Unidos, no del mundo entero, por lo que resulta incorrecto, por decir lo menos, darle o reconocerle la responsabilidad, aunque sea desde la tribuna de opinión de los medios de comunicación, de decidir los destinos del planeta. Sólo veamos aquellas partes del mundo convulsionadas por la guerra, y nos daremos cuenta que la solución de esos conflictos implican, en mayor o menor grado, la participación de y la negociación con el resto de los actores.

Como creyentes y gente de fe le auguramos al nuevo presidente de los Estados Unidos una gestión de gobierno iluminada por Dios, para que dedique todo su esfuerzo e inteligencia en lograr un futuro de paz y humanidad para su país y, también, para el resto del mundo donde su patria tiene injerencia e influencia; pero, eso sí, sin renunciar a la firme convicción que cada país cuenta en aquello que afecta a nuestra casa común que es el planeta que habitamos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 22 de abril de 2008

El Papa en los EUA

2008-04-20
Editorial
El Papa en los EUA

La visita del Santo Padre Benedicto XVI a los Estados Unidos de América marca un hito importante, por la situación que viven la Iglesia Católica y la sociedad de ese país. Los resabios de las acusaciones y procesos por casos de pederastia, el avance de comunidades cristianas no católicas y otras creencias, el crecimiento y la descristianización de la feligresía hispana y el ataque secularizante que tiene como bandera el aborto y las uniones gay son algunas de las realidades que reciben al Papa en su visita.

Benedicto XVI no ha escatimado esfuerzo ni se ha ahorrado palabras, menos rehuido los temas polémicos; por el contrario, ha sido claro en sus planteamientos y ha afrontado con decisión y valentía cada situación que ha encontrado en su peregrinaje a esas tierras.

Tras 29 años de que un Papa no pisara la Casablanca, el actual Sumo Pontífice lo ha querido hacer, pese a las críticas y el sinsabor de algunos, reafirmando su misión como Vicario de Cristo de ir en pos del enfermo que necesita médico y de la oveja perdida, a ejemplo del Pastor de pastores.

Esperamos que la visita de Benedicto XVI a los Estados Unidos motive al cambio de actitud que lleva a la conversión, lleve luz donde haya oscuridad y el anuncio de la libertad a los corazones oprimidos. Con el resto de la Iglesia Universal oramos porque así sea.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 28 de septiembre de 2007

Lo que sale del corazón

2007-09-23
El Ojo del Profeta
Lo que sale del corazón

Cada acción del hombre está marcada por su conciencia, y en ocasiones esta prima sobre todo derecho y toda ley humana. Es lo que algunos llaman la decisión ética, que encuentra su razón en los principios y valores morales que posee la persona.

Tras la elección del presidente de la Asamblea, el debate sobre su permanencia o renuncia en el cargo tiene sus favorecedores y contrarios; cada uno con su argumento y su justificación. De hecho, la polémica entra en el plano de la soberanía del estado, y la extensión de esa soberanía, en algún caso, más allá de la jurisdicción del poderoso frente al más débil.

Hemos oído, también, las palabras de funcionarios de Panamá y Estados Unidos, en relación con el acuerdo comercial bilateral que debe ratificarse para su plena vigencia, y que ahora corre peligro por la actitud de algunos políticos de uno y otro país.

Aunque muchas veces la política soslaye la moral, no deja de ser cierto que lo que sale del corazón de cada persona, influye en la decisión que tome y que afecta a otros. Ojalá, tanto allá como acá, sea la conciencia la que prevalezca frente al razonamiento político; al menos, por esta vez, podríamos ver que el funcionario antepone el bien común a su propio interés.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 27 de julio de 2007

¿Prisionero de Guerra?

2007-07-29
A tiro de piedra
¿Prisionero de Guerra?

La defensa legal de Manuel Antonio Noriega se ha expresado de manera insultante hacia el país, en su afán de protagonismo y táctica publicitaria para que se hable de su cliente. No me ocuparé ahora de sus abogados, sino de su defendido, al que insisten en presentar como un prisionero de guerra.

Que yo recuerde, aquí no hubo guerra; hubo una invasión. Así se le llamó desde el principio. Los pocos panameños que pelearon, tanto uniformados como civiles, lo hicieron por su convicción personal. El país no se involucró masivamente, porque en ningún momento la mayoría sintió la necesidad ni el sentimiento de enfrentar a un ejército extranjero que nos invadió para ajustar cuenta con su empleado bajo planilla de la CIA (Agencia Central de Inteligencia) de los Estados Unidos. Los panameños y las panameñas que murieron, lamentablemente, fallecieron por combatir, por estar en la línea de fuego siendo inocentes, y algunos por dedicarse al robo y al saqueo. La guerra sólo estuvo en la declaración que el emplanillado de la CIA y sus seguidores hicieran unos meses antes del 20 de diciembre de 1989, buscando el apoyo de un pueblo que no comió del cuento.

Una vez consumada la invasión, y con la instalación del gobierno legitimamente elegido por los ciudadanos, en el mes de mayo de 1989, se adoptaron cierta medidas contra Noriega, que ahora parecen olvidadas. Al menos dos de ellas lo descalificarían como prisionero de guerra: se le degradó, y le dio de baja. ¿De cuál fuerza armada es ese prisionero de guerra? ¿Quién le ha conferido el rango de general que luce en su uniforme de prisionero? ¿Dónde está el armisticio que ha puesto fin a la guerra que supuestamente libró?

Noriega y sus abogados podrán manipular los términos “prisionero de guerra” y “general”, pero para muchos panameños tales cosas ni existen ni existieron jamás. No hubo guerra: hubo invasión. Nunca fue general, porque ese grado se lo dio él mismo, a través de la impuesta Ley 20 que creó las fuerzas de defensa. Nunca se ganó ese rango; lo usurpó. Nunca fue leal a Panamá, sino un traidor que estaba al servicio de un estado extranjero como empleado de la CIA.

Soy de opinión que debemos buscar el documento en donde se le dio de baja y se le degradó, para probar que fue antes de su juicio en los Estados Unidos. Sin rango y sin pertenencia a un ejército o fuerza armada, queda reducido al estado de delincuente común. Así debe tratársele, sin contemplación alguna. Y si osa venir aquí, que lo encierren, aunque tenga la edad que diga o pueda tener, ya que, por motivo de interés social y orden público, podemos crear una ley que lo obligue a estar en prisión todos los años que le correspondan por los delitos cometidos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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