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martes, 22 de septiembre de 2009

El avión del Papa

2009-09-20
A tiro de piedra
El avión del Papa

Los jefes de estado suelen viajar a menudo, especialmente en la actualidad, cuando se multiplican las reuniones y los encuentros entre gobernantes. El Papa, a quien se le reconoce el estatus de jefe de estado, también suele viajar, aunque no tiene avión particular, ni El Vaticano tiene fuerza aérea.

Juan Pablo II, a quien se le conoció como el Papa viajero, acumuló más horas de vuelo de la que puede soñar un jefe de estado. Viajaba, como los otros pontífices, en un vuelo fletado de Alitalia. Dos cosas distinguen a cada Santo Padre cuando viaja: no usa avión propio, y lo acompañan periodistas que dan fe de la transparencia de su viaje. Periodistas que son de diferente creencia y, en más de un caso, ateos o no creyentes.

Contrario a los políticos, que exigen viajar en avión particular, los papas prescinden de esta vanalidad. Lo mismo pudieran hacer los gobernantes del mundo o, al menos, los de las naciones pobres. A excepción de la reina de Inglaterra, que tampoco viaja en jet privado, no conozco de ningún caso representativo de un jefe de estado de alto perfil que lo haga. El Papa y la Reina inglesa comparten esta actitud. ¿Habrá entre nuestras pequeñas naciones centroamericanas algún gobernante con tanta prominencia como el Santo Padre y la reina Isabel II? Si estas dos figuras mundiales, que acaparan la atención adonde van, viajan en avión de aerolínea, ¿por qué no pueden hacerlo nuestros políticos?

El costo de mantener un avión ejecutivo, para gobernantes y altos funcionarios, es grande. Tanto en tierra como en vuelo, cuesta mucho dinero. El mantenimiento, la tripulación, el combustible, el peaje en los aeropuertos, las reparaciones, la custodia, sin olvidar el precio de compra, comprometen cuantiosos recursos fiscales. Sería más agradable ver a los presidentes aterrizar en las aeronaves de su línea aérea nacional como, por ejemplo: Taca, Lacsa, Avianca, o Copa, que en los millonarios “learjet” que solemos ver en las noticias, cuando asisten a las cumbres presidenciales, aunque alguno que otro llega en el avión de su fuerza aérea, emulando al “Air Force One” del presidente de los Estados Unidos.

Gastarse decenas de millones en un jet ejecutivo, ya sea usado o nuevo, es un acto innecesario. Ningún país centroamericano puede justificar un desembolso de esa índole, este o no en el Parlacen, o quiera salirse. Las distancias internas no son muy largas, ni las grandes distancias son cubiertas por la autonomía de vuelo de todos los jet ejecutivos. Basta, en lo nacional, con un helicóptero o un bimotor, que son más económicos que un jet. Si es por el interés nacional, los aviones ejecutivos presidenciales en los países de la región carecen de justificación legítima.

Queda al criterio de cada gobernante el gastarse la plata de los contribuyentes en esos juguetes caros; y, aunque utilicen el suyo propio, siempre quedará el sabor amargo de ver a un mandatario que no diferencia entre lo que es de él y lo que pertenece al estado, ya sea a través de un hecho material o uno intangible.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 22 de mayo de 2009

Nos dejaron sin plata

2009-05-24
A tiro de piedra
Nos dejaron sin plata

Desde que tengo uso de razón, en cada cambio de gobierno el entrante se queja que el saliente no le dejó plata. Parece ser una regla política, que no tiene “acabadero”. Por estos días volvemos a escuchar ese canto, lo que indica que poco cambio veremos en ese sentido.

Antes de continuar debo aclarar, o más bien recordar, porque lo escribí antes de las elecciones, que ni me declaré loco, ni cholo, ni chocho. A ninguno le di mi voto, porque ninguno era de mi preferencia para el cargo presidencial. Así que nada me une ni me mueve a odiar a quien ganó, o a quienes perdieron; ni tengo razón para defender ni justificar las acciones de ninguna de las partes.

Cuando Marco Robles terminó su presidencia, le dijeron que hasta las vajillas de Palacio se llevó. Yo era un niño de primaria, pero recuerdo algunas cosas y hechos, aunque no los haya comprendido del todo. Fueron las elecciones de 1968. Mucha convulsión, disparos, robo de urnas, disturbios. Mucha arenga en la radio y acusaciones de toda clase. Alegría desbordante cuando Arnulfo Arias se “sentó en la silla”. A los pocos días, ya no teníamos presidente. Muy pocos alumnos llegamos a la escuela aquel día del golpe; quizá porque antes, la escuela siempre quedaba cerca de la casa de uno. La Guardia Nacional en la calle, armada hasta los dientes. Se hablaba bajito, como para que no supieran que se estaba en contra de la “tumbada de Arnulfo”. Después, los largos años de dictadura, y la lucha juvenil desde la escuela secundaria, hasta la invasión de 1989. La metamorfosis de “hijo predilecto” a “sedicioso”.

Al subir Guillermo Endara, todos sabíamos que el país estaba sin plata. Mucho desempleo, empresas quebradas o descapitalizadas, exiliados, golpeados, perseguidos, arruinados. Los billetes apenas podían tocarse, porque se deshacían en las manos. Cuentas bancarias restringidas a un retiro de 25%. Nada comparable a lo de hoy. Pero Endara no se quejó; trabajó. Ese sí que no tenía plata, pero no se quejó. ¿Por qué se quejan los que suben ahora?

Otro que no escuché quejarse por plata fue Ernesto Pérez Balladares. El Toro le dio continuidad a muchos de los proyectos que dejó Endara, aunque sí culpó al gobierno de éste de otros males.

Mireya Moscoso se quejó que el Toro no le dejó plata, y que se la había gastado en obras públicas, que estaban mal hechas. Cuando subió Martín Torrijos, también éste se quejó que Mireya no le dejó dinero. Le recriminó que inauguró obras sin concluir. Ahora que se va, los ministros designados por Ricardo Martinelli, se quejan que no le dejan plata. También hay quejas sobre las obras que avanzan a tambor batiente, para inaugurarse rápido.

¿Qué ha cambiado de nuestra política? ¿De nuestra clase partidista? Repito, por ninguno voté para presidente, pero espero que el gobierno, como institución, se dedique a trabajar y no a quejarse. Al fin y al cabo fue elegido para cambiar las cosas; y, con plata o no, tiene que cumplir sus promesas. Está por empezar y poco podemos decir ahora; pero, en un par de años, cuando los locos recuperen la cordura, aplaudirán o empezarán a pasar factura. Entonces, posiblemente, los cuerdos volveremos a ser más.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 28 de enero de 2009

Cada país cuenta

2009-01-25
Editorial
Cada país cuenta

La atención mundial que acaparó la toma de posesión del nuevo presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, nos reta a reflexionar acerca del papel que debe jugar él y cada mandatario del mundo, en la discusión y solución de los problemas globales.

Si bien es cierto que los Estados Unidos tienen, al igual que otras potencias, una influencia grande dentro de la comunidad internacional, no lo es menos el hecho que cada país, pueblo o nación, por pequeña que sea, también cuenta y forma parte de los acontecimientos que ocurren en el mundo. Un mundo que, además de global, también es continental y regional, y en cada contexto de esos los estados tienen su representación y su influencia relativa.

Barack Obama es presidente de los Estados Unidos, no del mundo entero, por lo que resulta incorrecto, por decir lo menos, darle o reconocerle la responsabilidad, aunque sea desde la tribuna de opinión de los medios de comunicación, de decidir los destinos del planeta. Sólo veamos aquellas partes del mundo convulsionadas por la guerra, y nos daremos cuenta que la solución de esos conflictos implican, en mayor o menor grado, la participación de y la negociación con el resto de los actores.

Como creyentes y gente de fe le auguramos al nuevo presidente de los Estados Unidos una gestión de gobierno iluminada por Dios, para que dedique todo su esfuerzo e inteligencia en lograr un futuro de paz y humanidad para su país y, también, para el resto del mundo donde su patria tiene injerencia e influencia; pero, eso sí, sin renunciar a la firme convicción que cada país cuenta en aquello que afecta a nuestra casa común que es el planeta que habitamos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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