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martes, 5 de enero de 2010

Los Reyes Magos

2010-01-03
El Ojo del Profeta
Los Reyes Magos

Una de las tradiciones que casi hemos perdido es la de los Reyes Magos, debido a la influencia de factores foráneos que descristianizan la Navidad. La jornada transcurre sin pena ni gloria para unos, porque no les dice nada, y a otros ya les pasó el espíritu navideño que dejaron escapar al caer la noche del 25 de diciembre. Sólo en algunos de nuestros pueblos, como Macaracas, la tradición permanece como fiesta litúrgica y de regocijo popular.

¿Por qué hemos dejado perder esta costumbre? Cualquiera que sea la respuesta, difícilmente explicará la razón de tal situación. Lo que sí sabemos es que comenzó con el desprecio de lo cristiano en la vida de la sociedad, para imponer el paganismo bajo el sofisma de que se trata de una fantasía religiosa. Es preciso que abramos los ojos ante esta realidad, y recuperemos el sentido de una celebración que nos acerca a Dios, en su Hijo hecho niño, y que nos puede servir como ejemplo de sal y de luz para un mundo que busca a Dios en cosas equivocadas.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 12 de octubre de 2009

Cristiano y demócrata

2009-10-04
El Ojo del Profeta
Cristiano y demócrata

El legado de hombre público dejado por el ex presidente Guillermo Endara Galimany, fallecido el lunes pasado, contiene dos aspectos que deben imitarse en el ambiente de la sociedad política criolla: su profunda convicción democrática, y sus arraigados principios cristianos. Como figura política tenía virtudes, aciertos, y errores, como cualquier hombre, pero no por eso, era más o era menos que otra persona con los mismos atributos.

La evaluación política de su gestión, más que a nosotros, corresponde a otros. Nos ocupa, eso sí, su conducta y su actuación ética y moral realizada en su vida pública. En este aspecto conocimos a un hombre modesto, sencillo, patriota, civilista, y persona de marcada franqueza. Sabía disculparse, reconciliarse con sus adversarios, y reconocer sus errores y limitaciones. En eso, es digno de ser imitado.

Guillermo Endara, como presidente, dio muestras de civismo, y comprobada humildad y tolerancia. Nada jactancioso ni opulente, mas bien austero y comedido. Su vocación cristiana la manifestaba sin ambages. Sin ocultarla. Sin avergonzarse. Era auténtico en ese sentido, sin escatimar en darle al estado lo que es del estado, y a Dios lo es de Dios.

Pasa a la casa del Padre un hombre creyente, que vivió su vida con sencillez, y que deja un testimonio loable de su actuar como hombre público. Pedimos a Dios misericordioso que lo acoja en su seno, y que no le tome en cuenta sus pecados humanos, sino su fe. Que descanse en paz, y que otros personajes políticos tengan el valor y el coraje de imitar su ejemplo, en cuanto a sus virtudes y valores como cristiano y demócrata.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 15 de septiembre de 2009

La cruz de cada día

2009-09-13
Editorial
La cruz de cada día

Nos dicen las Escrituras que para ir en pos del Señor es preciso cargar con nuestra cruz de cada día; sin este acto resulta vano llamarnos discípulos suyos. Esa cruz, ya sabemos, es el morir de cada jornada a nuestro propio yo, para que otros tengan vida. Es aceptar el sufrimiento, renunciando a las ambiciones, el orgullo, y el renegar por aquello que nos hiere y que no podemos cambiar, porque está fuera de nuestras fuerzas o alcance hacerlo.

En un mundo que nos enseña a aspirar al bienestar, sin pensar en el sufrimiento que, inexorablemente, encontraremos en el camino, resulta harto difícil que otros, mundanos por educación más que por convicción, comprendan el sufrimiento que, voluntariamente, el cristiano decide aceptar. Lo que unos tienen por aberración, los seguidores de Cristo lo tenemos por instrumento de salvación en la emulación del hombre de Galilea.

Gran misterio resulta, entonces, la aceptación de la carga diaria de la cruz, porque en este sublime acto se manifiesta la Resurrección del Hijo del Hombre, que entregó su vida por la salvación del mundo. Aceptar nuestra cruz de cada día implica amarla. No es un mero signo ritual ni, mucho menos, la resignación desesperanzada de quien no puede hacer nada ni espera en nada. Llevar la cruz cotidiana es mucho más que eso; es hacernos uno con Cristo, y Cristo hacerse uno en nosotros.

La locura de la cruz, si la comprendemos en la dimensión de la enseñanza de Jesús, es ganar la vida y hallar la felicidad en la voluntad de Dios Padre, que no es otra que conocerlo a Él y creer en su Enviado. Si aprendemos a vivir con la aceptación voluntaria y amorosa de nuestra cruz de cada día, el Señor la hará gloriosa, y nada ni nadie nos podrá separar nunca de su amor.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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sábado, 28 de febrero de 2009

Vida carnavalesca

2009-02-22
El Ojo del Profeta
Vida carnavalesca

La existencia del hombre tiene su expresión en su trabajo, su pensamiento y su actitud, en los que pone en juego sus sentimientos y emociones. Todo lo que haga conforme a eso, lo puede conducir a su realización como persona humana o a su desdicha, según el camino que elija. Su vivir, también, se manifiesta en sus alegrías y sus tristezas, y en lo que considera sus triunfos y sus fracasos. Es, en suma, un levantarse y un caer cotidiano, de acuerdo con sus convicciones, sus valores y sus principios.

En estos días de Carnaval, todo el ser de la persona se pone a prueba. Jóvenes y adultos acarrearán con la consecuencia de sus actos, según obren y actúen. Quien conserve la sensatez y la mentalidad sana, verá los frutos de su buen juicio; y el que decida transitar por caminos tortuosos, cosechará el fruto amargo de lo sembrado. La vida carnavalesca, que incita al placer y al desenfreno, es el sendero de la perdición, vedado para aquel que aspira a las cosas de arriba. Las sendas del Señor son rectas; la del impío es ancha y se pierde.

Vivir este tiempo es un reto para el cristiano, en cuanto a ser sal y luz para los demás. El Carnaval, como fiesta mundana, debe ser sacado del paganismo que arrastra en su equipaje el desborde de sexo y placeres profanos, para enfocarlo en el realce cultural de la nación. Al menos, así, tendrá sentido como fiesta que ocupa tiempo y consume recursos y que aún permanece en la dimensión de lo sin sentido.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 16 de julio de 2007

Panamá es cristiana

2007-07-15
Editorial
Panamá es cristiana

El deseo de saber cuántos habitantes profesan algún credo es un cuestionamiento perfectamente válido. El ser humano, dotado de razón, siempre se pregunta sobre el origen, el propósito, y el sentido de sí mismo y de lo que le rodea. Por tal razón, no es de extrañar que recientemente surja la inquietud acerca del porcentaje de la población que profesa el cristianismo, tanto en el catolicismo como en el resto del cristianismo.

Los datos que conocemos, hasta ahora, se fundamentan en encuestas y sondeos de opinión, de los cuales se concluye que la población panameña es abrumadoramente cristiana en más del 95 por ciento, con una proporción predominante de la fe católica entre 8 a 9 de cada 10 personas.

Aunque en el campo de la estadística las cifras tienen vital importancia, vale anotar que en el campo misionero de la Iglesia, lo más importante es el conocimiento de Dios y la conversión de la persona, porque su objetivo es anunciar el Evangelio a toda la humanidad para que cada hombre y mujer en el mundo pueda amar a Dios y al prójimo como a sí mismo.

Más que enorgullecernos o decepcionarnos por el mayor o menor porcentaje de católicos, en un momento dado, debemos valorar el hecho de que el cristianismo está firme en Panamá, y encaminar nuestros esfuerzos misioneros y pastorales hacia la reafirmación y profesión decidida de la fe cristiana, en los que, como católicos, cumplamos con la tarea de ser luz y sal para toda la sociedad panameña.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 25 de mayo de 2007

Encuentro de culturas

2007-05-27
Editorial
Encuentro de culturas

La evangelización de América ocurre dentro de un contexto de conquista y colonización, pero al final diferenciada de los posteriores objetivos políticos y económicos de la corona española y del resto de las potencias europeas que llegaron después del imperio español. Por tanto, es irresponsable e injusto juzgar la misión evangelizadora con la misma visión que se juzga toda la acción de conquista y colonización del reino español.

Con las recientes palabras del Papa Benedicto XVI, en las que enaltece la riqueza de la cultura cristiana americana, expresada en el arte, la música, la literatura, y las tradiciones religiosas, ahora quieren venir algunos a distorsionar y atacar a la Iglesia Católica con argumentos falaces y sofismas que nacen de su animadversión hacia el catolicismo.

Ninguno niega que hubo casos en que coincidieron conquistadores y misioneros, cuando tenían su propia interpretación del papel que ejercían; pero ninguna persona sensata y estudiosa de la historia cristiana de América niega, ni mucho menos desconoce, que donde hubo esas fallas misioneras sobreabundó la defensa y el respeto por la dignidad de los indígenas que eran mancillados, esclavizados y maltratados. Fue la Iglesia la primera que se rebeló contra esas prácticas, aún a riesgo de la vida de muchos misioneros.

Aquellos que ahora se erigen en jueces de la evangelización de América cometen el grave error de juzgar, con la visión actual, lo que debe juzgarse a la luz del contexto histórico de la humanidad de aquel tiempo. Su juicio es injusto y amañado; y en no pocos casos carente de autoridad moral. Hubo colonización y conquista, ciertamente; pero también hubo encuentro de culturas, con todas sus luces y sombras, tal como el que se diera, en su momento, en el mundo antiguo. Si sólo se funda el juicio en prejuicios y estereotipos, el juzgador nada más verá lo que le conviene; y eso, exactamente, es lo que acontece en esta oportunidad.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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