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martes, 29 de diciembre de 2009

Memoria histórica

2009-12-27
El Ojo del Profeta
Memoria histórica

Resguardar la historia de la nación es una obligación de las autoridades y de la población, porque de esa forma podemos pasar de generación a generación los sucesos, la forma de vida, el conocimiento, los acontecimientos que alguna vez marcaron la vida de nuestro pueblo y nuestra sociedad. Mas que el simple cumplimiento de un protocolo o práctica común de los estados, la memoria histórica constituye la fuente del saber que nos habla de nuestro origen, de lo que hemos hecho, y de lo que nos identifica como nación.

En ese sentido, la promesa gubernamental de cuidar y potenciar el Archivo Nacional es bienvenida. La desidia de las autoridades y la indolencia de algunos historiadores y usuarios que lo depredaban y vandalizaban sin misericordia. Quiera Dios y esta promesa se cumpla y se extienda a otras instituciones que custodian la historia panameña, como las parroquias, los museos, las escuelas y bibliotecas públicas diseminadas por el país, y que también necesitan la ayuda y la asistencia de expertos en conservación de archivos y documentos antiguos e históricos. Es un patrimonio intangible y de una riqueza invaluable, difícil de recuperar si lo dejamos perder.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 21 de diciembre de 2009

20 años después

2009-12-20
Editorial
20 años después

Hace 20 años Panamá tuvo la experiencia de la Invasión decretada por los Estados Unidos, que se cobró con cientos de muertos y daños materiales multimillonarios. Los recuerdos siguen frescos y aún quedan tareas pendientes por cumplir. Una deuda social que, en justicia, debe saldarse.

Mucho sufrió el pueblo antes, durante y después de aquel fatídico acontecimiento. Mezquinos intereses, soberbia política, apego al poder, y desprecio por la voluntad popular impidieron otra salida menos cruenta y sangrienta. El precio que se pagó por la recuperación de la democracia fue alto y no puede ser olvidado. La historia, también debe ser contada y enseñada libre de sesgos y acomodamientos ideológicos, que la trastocan y la desvirtúan, y que sólo sirven para satisfacer el ego de quien recurre a ellos. A cada quien hay que dar lo que le corresponda, tanto en justicia como en verdad.

Son dos décadas en las que hemos avanzado, nos hemos estancado, y hemos retrocedido en algunos aspectos. En mora estamos con algunos puntos plasmados en aquella Agenda de Reconstrucción Civilista, que fue el compromiso de los dirigentes que, de manera abrumadora, el pueblo apoyó y respaldó. Justicia, trabajo, salud. educación, vivienda, seguridad pública, y paz social, son promesas que aún faltan por cumplir plenamente.

Que la sangre derramada, antes y durante la Invasión, no haya sido en vano. Que tanto esfuerzo por reconstruir el país no se pierda. Y que la democracia recobrada, aún con todos sus desengaños y sueños fallidos, se mantenga firme en la mente, la voluntad y el corazón del pueblo panameño. La Invasión estuvo en manos de otros, en las nuestras está construir nuestra liberación como sociedad, pueblo y nación, con respeto y dignidad para todas las personas que compartimos esta tierra istmeña.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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jueves, 12 de noviembre de 2009

El fin del Terraplén

2009-11-08
A tiro de piedra
El fin del Terraplén

La cinta costera avanza cual gusano que corroe todo a su paso. Acabó con la Avenida Balboa, y ahora acabará con el Terraplén. Estoy a favor del progreso, pero de aquel que construye historia y la respeta.

Para quien ha vivido o tenido contacto con el Casco Viejo (o Casco Antiguo, como quieren que le digamos ahora), cada calle, avenida, callejón, plaza, o rincón, tiene una historia colectiva y personal. Esos que han venido sólo a destruirlo, o a instalarse por esnobismo, no saben ni aprecian el espíritu y el alma de un barrio que muere cada día. Hay, ciertamente, algunos inquilinos nuevos que lo aprecian e intentan defenderlo, ante la impunidad y la imposición de los que sólo ven negocio y capricho a través de sus ojos mezquinos.

El avance de la cinta costera, usurpadora del derecho del Bulevar Balboa, ahora hinca sus colmillos en la yugular el Terraplén. Se tragará el Muelle Fiscal, el embarcadero y su rampa, la muralla y la baranda terraplenera, las escaleras que bajan al mar, los puestos de compra y venta, y, por supuesto, el encanto costanero de un sitio invaluable.

Nada en detalle nos han dicho de la obra de marras. Es posible que ni los gallinazos, que todo lo otean con su potente visión, lo sepan. Sin información detallada y oportuna, el asunto deja un sabor a obra maligna, devoradora del alma de un barrio, que ve cómo lo acaban sus depredadores. Tal engendro es innecesario. Lo del túnel vehicular es válido y posible, pero la extensión de la cinta, para que más carros pueden allegarse al Casco Viejo, es un atentado histórico y paisajístico execrable.

A mi modo de entender, el relleno abarcará hasta la playa que está frente a la Presidencia. Se elevará el terreno, se destinarán áreas de estacionamientos, paso vehicular, y zonas verdes, todo parecido a lo ya existente en la cinta costera. El carácter costero del lugar desaparece, porque ya el mar no besará sus riberas. Será como un parque, que afectará la vista y la apreciación del aspecto arquitectónico colonial de las murallas, y el monumental del Casco Viejo. Promiscuidad de estilos, que da a luz a una aberración barrial. ¡Si al menos se dignaran en reconstruir la rampa y las escaleras de cara al mar, para librarnos de los bloques en forma de equis que usa la constructora! Ya que el alma no les dice nada, al menos que se lo diga la razón.

Cobraría más valor el sitio si se ordenara la presencia de los vendedores de mercancía de segunda mano, pescado, víveres, y comida. También si se erradica la batería de cantinas, el negocio de las meretrices, y el mercado ilegal de propiedad hurtada o robada. Me imagino los restaurantes, los cafés, los puestos de artesanía en el Muelle Fiscal, los paseos en las pangas de los pescadores, las giras docentes por las calles del lugar, la gente a pie o en coches tirados por caballos o mulas. Me imagino la ambientación histórica con personas vestidas a la vieja usanza, y los visitantes disfrutando de todo esto.

Que lástima que tengamos autoridades tan bajunas, que no logran ver el valor intrínseco de un Casco Viejo que promete quedar bonito, por las inversiones que se hacen, pero despojado de su alma y de su espíritu.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 2 de noviembre de 2009

Tres fiestas importantes

2009-11-01
Editorial
Tres fiestas importantes

El ser humano tiene tres cosas que marcan su existencia, y a las que están conectadas todas las acciones de su vida. Ellas son Dios, la muerte, y la nación a la que pertenece. La fe y la existencia de Dios siempre le traerá conflicto interno, la muerte le preocupará y le causará temor, y por su pueblo y su nación dedicará pensamiento, esfuerzo y afecto.

Los panameños celebramos en estos tres días, un trío de fechas importantes: La Solemnidad de Todos los Santos, la conmemoración de los Fieles Difuntos, y el 3 de Noviembre. Cada una nos une a Dios, a la memoria de los seres queridos fallecidos, y a la Patria. En esencia, es el trípode que sostiene nuestra vida humana y nuestra condición de hombre, en tanto especie.

Sin embargo, el mundo actual intenta desarraigarnos del sentido de Dios y de la Nación. Se ataca a la Santa Madre Iglesia, para obligarnos a negar a Dios, y se ataca a la madre Patria, para arrancarnos el civismo y lo autóctono, reemplazándolo por una cultura masificante que nos deja sin raíces ni razón de ser como pueblo y nación.

Ante tal atentado, los creyentes y patriotas debemos afrontar el reto que se nos plantea en lo existencial, tanto en nuestra dimensión de hijos de Dios como en el plano de nuestra vocación histórica como nación. Y son estos días, precisamente, el escenario propicio para recordar y enseñar a los más jóvenes el sentido profundo que tiene nuestra pertenencia al Pueblo de Dios, la memoria de los mayores que nos transmitieron la fe y construyeron la patria, y la necesidad de un patriotismo auténtico, en su perspectiva cívica y su ejercicio práctico.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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jueves, 29 de octubre de 2009

Patrimonio nacional

2009-10-25
El Ojo del Profeta
Patrimonio nacional

Una nación necesita de su historia, símbolos y elementos culturales que le sean comunes y le den cohesión como colectividad. Sin ellos, la población se desarraiga y pierde todo valor y orgullo nacional, haciéndose dependiente de la cultura foránea.

En Panamá, nuestros símbolos y valores culturales resultan endebles, en algunos casos, y se van perdiendo poco a poco en el tiempo, por el poco aprecio que se llega a tener de ellos. Tal es el caso de la flor del Espíritu Santo, símbolo nacional, que es muy poco conocida por los panameños, a no ser las fotografías que en algún libro o revista ilustra alguna de sus páginas. De allí que la iniciativa gubernamental de preservarla, para evitar su extinción y para que la conozcan los nacionales, sea plausible y necesaria. Quiera Dios y así ocurra, para el bien de nuestra nacionalidad.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 10 de agosto de 2009

A quién iremos

2009-08-02
Editorial
A quién iremos

La naturaleza del hombre es preguntarse de dónde viene y hacia dónde va. Todas sus empresas reflejan este cuestionamiento. Hace planes, se traza metas, busca en el universo respuestas a sus inquietudes, en fin, tiene ansias de conocer y saber el origen y el destino de las cosas.

Sin embargo, buena parte de esa búsqueda la hace fuera de sí, en vez de voltear, también, la mirada hacia su interior. Si todo lo que hace el hombre nace primero de su pensamiento, ¿por qué no mirar, entonces, hacia dentro de sí mismo? Para algunos es un absurdo o necedad, pero tal convicción no significa que ello sea la verdad absoluta. No: sólo es la verdad que le permite su ciencia.

Pero hay otra ciencia mucho más alta, que el hombre no entiende. Es la sabiduría de Dios, que está muy lejos del alcance del ser humano, porque a ella no se llega por esfuerzo propio. Le es imposible al hombre escapar de la ciencia de Dios, porque ella alcanza y trasciende el cielo y el abismo de la muerte.

Más que preguntarnos hacia dónde vamos, debemos preguntarnos a quién iremos. Si sabemos a quién iremos, sabremos adónde vamos. Dios construye una historia con cada persona y cada pueblo; entenderla y aceptarla depende más de la fe y la confianza en Dios, que en las fuerzas del hombre.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 28 de noviembre de 2008

El 28 de Noviembre de 1821

2008-11-30
A tiro de piedra
El 28 de Noviembre de 1821

La fecha de nuestra independencia istmeña es el 28 de noviembre de 1821 y merece conmemorarse como tal. Con el Primer Grito en La Villa de Los Santos, el 10 de noviembre de ese año, respaldado en los días cercanos por las poblaciones de Natá, Penonomé, Ocú y Parita, se encendió la mecha independentista que estalló finalmente en la capital del Istmo.

Arduo y tortuoso fue el camino recorrido hasta la proclamación de la república el 3 de noviembre de 1903. Fueron 17 intentos de separación de una Colombia que había dejado de ser tal, tras la muerte de Simón Bolívar y la mutación de una Cundinamarca que pasa de ser una de las tres naciones que conformaban la Colombia original, junto a Venezuela y Quito, a Nueva Granada y, posteriormente, Colombia. A la primera Colombia nos unimos; a la segunda, nos mantuvieron unidos contra nuestra voluntad. Por las armas, algunas veces, y ofrecidos por Bogotá, cual matrimonio de conveniencia, a los Estados Unidos, por medio del Tratado Mallarino – Bidlack en 1846 y el Convenio Paredes – Stephens en 1855.

El 28 de Noviembre debe ser respetado por todos los panameños, y no traído a menos como un día de asueto, que se da como puente festivo, pero que aún no hace puente hacia el reencuentro con nuestra historia y nuestro patriotismo.

Es preciso recordar, en esta fecha, que aquel 28 de noviembre de 1821, la población de la capital, siguiendo el ejemplo de los pueblos interioranos, y a través de su Ayuntamiento, convocó a Cabildo Abierto y, en un acto solemne, ante las principales autoridades civiles, militares y eclesiásticas de la época, declaró rotos los lazos que nos ataban a España. Loar debemos a todos aquellos istmeños, entre los que sobresalen, por enseñanza y memoria de la historia, el Señor Obispo de Panamá Ilustrísimo Don José Higinio Durán y Martell, el doctor Carlos de Icaza, don Mariano Arosemena, Juan de Herrera, Narciso de Urriola, José de Alba, Gregorio Gómez, Manuel María Ayala, Antonio Planas, Juan Pío Victorias, Antonio Bermejo, Gaspar Arosemena y Casimiro del Bal.

Apremiados por el temor de que la Corona recuperara el Istmo, nuestros próceres sopesaron unirse a Centroamérica o a Perú; finalmente lo hicieron con la Colombia bolivariana. Nueve años después, el 26 de septiembre de 1830, con José Domingo Espinar, intentamos separarnos. El 9 de julio del mismo año, con Juan Eligio Alzuru, también, aunque acabó fusilado por pretender ser dictador y perder el apoyo de los istmeños. El 18 de noviembre de 1840, tras una junta popular, declaramos el Estado del Istmo con Tomás Herrera. El 29 de septiembre de 1850 José Domingo Espinar lidera un nuevo intento de separación. El 27 de febrero de 1855, bajo la conducción de Justo Arosemena, mediante acto legislativo, el Congreso bogotano reconoce, constitucionalmente, el Estado Federal del Istmo de Panamá.

Hubo otros intentos más, en los 82 años de unión a las dos Colombia (la de Bolívar y la actual), consolidándose nuestra independencia el 3 de noviembre de 1903. Después no quedaría el ejercicio pleno de nuestra soberanía territorial, que se da el 31 de diciembre de 1999, cuando formalmente termina el matrimonio de conveniencia que nos impuso Colombia con los Estados Unidos. El 28 de Noviembre tiene su valor, nos toca rescatarlo ahora que, dentro de 13 años, cumplamos los 200 años de nuestra Independencia.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 11 de noviembre de 2008

Rufina Alfaro

2008-11-09
A tiro de piedra
Rufina Alfaro

La gesta ocurrida en la heroica Villa de Los Santos el 10 de noviembre de 1821 es un hecho real e irrefutable, al igual que la participación de personajes y figuras del pueblo, cuyos nombres no todos aparecen en los documentos y testimonios escritos de la historia. Eso no quiere decir que algún hombre o mujer del lugar haya dejado de existir, por no haber sido mencionado en un papel.

Tal es el caso de la heroína Rufina Alfaro, que algunos ahora intentan desconocer. Que no aparezcan sus documentos en los Archivos Nacionales no es prueba contundente. Hace poco leí que hurtaron de los propios Archivos el documento original del incidente de la Tajada de Sandía; ¿podríamos aceptar que dentro de 30 ó 50 años alguien nos diga que el asunto fue inventado, porque no hay un documento que lo respalde? Sería absurdo desconocer esa parte de la historia, como absurdo considero que es tratar de desconocer a Rufina Alfaro.

A Rufina se le menciona en escritos del mismo siglo XIX. No es cosa de ahora ni invento. Personas que participaron de la gesta del 10 de Noviembre nunca desmintieron ni refutaron su existencia. Bien pudieron haberlo hecho, pero no fue así. Si se piden documentos, ¿por qué no muestran alguno que diga que no existió? Esas cosas no se inventan, y menos en un pueblo chico. Es un asunto muy grave, y reciente, por añadidura, para que se lo inventen los moradores de La Villa.

Hay muchas razones por las cuales desaparecían los registros oficiales, entre ellos la desidia de autoridades y pobladores, que no registraban los nacimientos. Cuando se cumplía la mayoría de edad, entonces aparecían los problemas. Si Rufina era una muchacha, posiblemente menor de edad, porque la mayoría se adquiría a los 21 años, no podía firmar documento alguno. Por su condición de mujer, también era poco probable que le tomara en cuenta para participar oficialmente como firmante de nuestra emancipación de España. En aquel tiempo, tampoco la mujer ejercía derechos plenos de ciudadanía. Ni siquiera votaban en los cabildos, porque la política era “cosa de hombres”.

Otra situación común, y que vivieron nuestros abuelos y bisabuelos, cuánto más Rufina, era que muchos padres, sobre todo en el campo, le daban, cuando lo hacía, el apellido a los hijos en su mayoría de edad. ¿Y si Rufina fue inscrita con otro apellido en los registros? Es una situación muy probable, que crea una duda razonable en cuanto a aceptar el argumento taxativo de su inexistencia.

Como bien dijo un lugareño de La Villa, cuando un periodista le preguntó, para meterlo en aprietos, ¿Usted sabe que Rufina Alfaro no existió? El campesino, con la sabiduría y la respuesta pronta de los habitantes de la región, contestó al fuereño: ¿Cómo que no? Vaya al parque y véala. Y esa respuesta, que remite a la plaza del pueblo, es contundente: ¿Qué pueblo le haría un homenaje tal a una hija, con base en una historia inexistente, y lo respaldaría unánimemente? La falta de un papel no es suficiente, para decir y aceptar que no existió. Rufina Alfaro es tan real como el incidente de la Tajada de Sandía, y como las esculturas que se perdieron en el Parque Omar, aunque falten papeles y documentos. ¡Viva Rufina Alfaro! ¡Viva La Villa de Los Santos! ¡Viva el 10 de Noviembre! Y, punto.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 24 de junio de 2008

Cultura de barrio

2008-06-15
A tiro de piedra
Cultura de barrio

Con la práctica del nuevo urbanismo recuperamos al concepto de barrio, en donde los espacios de vivienda, negocios, esparcimiento y lugares públicos abiertos facilitan la integración de la comunidad y la realización de sus actividades. Una ciudad con barrios, es una ciudad mejor planificada y con más probabilidades de ofrecer mejor calidad de vida a sus habitantes.

El barrio es más humano que un asentamiento disperso o distribuido en viviendas individuales, en los que se está muy lejos del vecino o en un estado de privacidad que no es tal. El barrio integra; la barriada o urbanización, como también la conocemos, individualiza y desafecta.

La vivienda del barrio es adosada, con áreas comunes y características de iluminación y ventilación apropiadas. En una urbanización también esto puede lograrse, al menos desde el punto de vista arquitectónico, pero no es la norma entre nosotros. Las nuevas barriadas, comparadas con otras más antiguas como Betania o San Francisco, muestran diferencias notables y elementos urbanísticos que las ponen en desventajas con respecto a las más viejas.

Un barrio, además, crea una cultura que pasa de una generación a otra. Los muchachos mayores le enseñan a los chicos costumbres que, a su vez, heredaron de sus padres y abuelos. Una marca en la calle, la acera o la pared que servía de referencia para el juego de fútbol, béisbol, frontenis, o cualquier otro, pasan de uno a otro grupo de pobladores. Igual ocurre con las historias que se van tejiendo, al punto que quienes no las vivieron las conocen por referencia describiendo hechos, situaciones y sitios con la misma precisión que sus protagonistas.

Vivir en un barrio es una experiencia rica en historia, costumbres y amistades. Grandes y chicos se conocen con mayor facilidad y los establecimientos que hacen parte de la vida cotidiana están allí, al alcance de la mano. La panadería, la peluquería o el salón de belleza, la abarrotería, el artesano, la lavandería y la tienda de videos son parte del entorno. Hay más calor humano que en un centro comercial distante y sin arraigo. El barrio es más solidario y acogedor que la barriada.

Tenemos en el nuevo urbanismo la ilusión de recuperar la cultura barrial. Tenemos la oportunidad de darle a la ciudad un sentido más auténtico de lo citadino. Tenemos la esperanza de darnos un mejor ambiente y un mejor nivel de calidad de vida. El nuevo urbanismo nos reta a asumirlo libremente, antes que se nos imponga como necesidad. Depende de nosotros cómo y cuándo lo adoptaremos para nuestras ciudades.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 21 de mayo de 2008

En memoria de un amigo

2008-05-18
A tiro de piedra
En memoria de un amigo

Hace 15 años, un 18 de mayo, partió a la casa del Padre Dios el amigo Carlos Pérez Herrera, hombre caritativo, intelectual y de gran fortaleza espiritual. Nacido en Veraguas, fue sacerdote y diplomático, después, al obtener la dispensa de la Santa Sede que le permitió, posteriormente, vivir como seglar y además contraer matrimonio y formar una familia, se distinguió como escritor, poeta, filósofo y periodista.

Recuerdo que nos hicimos amigos al morir monseñor Tomás Clavel Méndez. Monseñor Marcos Gregorio McGrath me lo presentó, con el encargo de consultarlo para escribir sobre monseñor Clavel. Tras una larga conversación, empezamos la amistad que duró hasta su muerte.

El doctor Pérez Herrera (yo lo llamaba Carlos, a secas), irradiaba sencillez y gran sensibilidad social. Escribía con frecuencia artículos para nuestro periódico Panorama Católico. Cuando teníamos que defender a la Iglesia, por aquellos últimos años del régimen militar, lo hicimos sin dudar. Daba gusto conversar con él de diferentes temas, y a veces aprovechaba para hablar en otro idioma con él, ya que dominaba varias lenguas como el inglés, francés, italiano, portugués, latín, griego, árabe y otros.

Carlos fue el iniciador de la Comisión de la Historia Eclesiástica, hoy elevada al rango de Academia, y se le asignó un pequeño cuarto en la parte posterior del templo de Santa Teresita, junto al antiguo arzobispado. Allí colaboré con él en algunos asuntos relacionados con ése trabajo. Antes de morir entregó su compilación a la Curia, y otros ilustres historiadores y venerables sacerdotes continuaron con la tarea.

Ocho meses antes de su muerte viajamos a Brasil, para un congreso de prensa católica. Se mostraba algo desmejorado, pero de buen ánimo. Al segundo día de estar en Sao Paolo se sintió mal, y lo llevamos al hospital universitario de la USP. A pesar de la alta fiebre que obligaba a bañarlo aún en la madrugada, y los pinchazos de la solución intravenosa, bromeaba y charlaba. Se robó el corazón de los médicos y enfermeras, que se desvivieron en atenciones hacia él. Volvimos a Panamá cuando lo autorizaron a viajar, y venía más repuesto. Su familia cercana se asombró del cambio.

Su larga trayectoria permanece guardada, como signo de su humildad, digo yo. Esas escenas de despedida, al entregar el cáliz que recibió en su ordenación sacerdotal para una parroquia pobre, y la renovación de su cédula, sabedor de que tenía los días contados, han quedado grabadas en mí. Fue un gran amigo, y lo recuerdo con mucho aprecio y simpatía. Ya quedan pocos como él.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 25 de enero de 2008

Patrimonio Histórico

2008-01-20
El Ojo del Profeta
Patrimonio Histórico

El trabajo que realiza el Patronato de Panamá Viejo es encomiable y, a través de los años, ha dado un gran aporte en la recuperación del conjunto monumental del área, y parte de la historia precolombina y colonial que guarda el sitio.

Nuestro país, con un patrimonio histórico poco conocido para su propia población, poco ha aprovechado ese legado y, en muchos casos, se pierde por el saqueo, el tráfico, y el descuido. Es una tarea inconclusa, que necesitamos completar con urgencia.

Iniciativas como la del Patronato de Panamá Viejo hacen falta en el resto de las provincias y sitios históricos. Conservar la memoria histórica es vital para nuestra nación, porque eso nos ayuda a mantener nuestra identidad y a compartirla con el resto de la comunidad internacional.

Ojalá que pronto veámos florecer otras iniciativas similares, para el engrandecimiento de nuestro bagaje histórico y nuestra identidad como pueblo y nación.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Duelo y asueto

2008-01-13
El Ojo del Profeta
Duelo y asueto

Es la primera vez en 44 años que el país conmemora el 9 de enero de 1964 dividido entre asueto festivo y día de duelo nacional. Hace unos años se había intentado, pero la protesta pública obligó a reconsiderar ese intento. Hoy, simplemente, se ha aceptado sin mayor rechazo.

Los que murieron aquel día, defendiendo unos el honor patrio y, otros, aprovechándose de la situación para sus fines particulares, merecen el respeto y el recuerdo de la nación. En la sociedad panameña, que desde hace años se deshace de su historia a fuerza de día libre, hace falta arraigo por su historia, por su cultura, y por sus tradiciones. Agonizamos como nación, mientras que algunos, con el canto del dinero y la riqueza, pretenden llevarnos hacia lo que ellos llaman “primer mundo”, reemplazando lo autóctono por un modo de vida que no tiene ni tierra ni bandera.

Panamá puede progresar sin renunciar a su historia y a su cultura. Puede ser el crisol étnico y pluricultural que es, sin que ello implique convertir al panameño en un ser amorfo y sin identidad cultural. Retomemos el rumbo, y rindamos loor a cada hecho, figura e institución que nos hace ser panameños auténticos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 12 de noviembre de 2007

En nuestra Independencia

2007-11-11
La Voz del Pastor
En nuestra Independencia

El 10 de noviembre celebramos nuestra independencia. El gesto heroico de Rufina Alfaro y de quienes basados en su fe no temieron asumir riesgos. Aún el de su propia vida. El Santo Padre nos enseña en la Exhortación Apostólica Iglesia en América que, desde nuestras realidades, hemos de salir al Encuentro de Jesucristo vivo y así, convertidos, vivir como el pueblo redimido y rescatado, vivir como Iglesia en comunión y solidaridad.

En esta aventura de hacer historia y construir algo nuevo, hemos de sentirnos solidarios. Este esfuerzo –nos recuerda el Papa Juan Pablo II– debe ir acompañado del amor a la Patria, amor hacia su cultura y su historia, amor hacia los valores autóctonos.... amor sin fin hacia todos los que somos responsables de esa causa común que se llama Patria (Juan Pablo II a los Peregrinos de Baja Silesia, 5 de junio de 1979)

El apóstol San Pablo en la primera Carta a Timoteo “nos exhorta a ofrecer oraciones y acciones de gracias por... por todos los que ejercen la autoridad, "para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad" (1 Tm 2, 2).

Recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica (2239) Que es “deber de los ciudadanos es cooperar… al bien de la sociedad en espíritu de verdad, justicia, solidaridad y libertad”. “El amor y el servicio de la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad. Y … el servicio del bien común exige de los ciudadanos que cumplan con su responsabilidad en la vida de la comunidad política. “La Iglesia, a su vez, ha de "respetar y promover también la libertad y la responsabilidad política de los ciudadanos" (OS 76, 3).” (2245) Como parte de su misión.

No podemos olvidar que Pertenece, también “a la misión de la Iglesia "emitir un juicio moral incluso sobre cosas que afectan al orden político cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas, aplicando todos y sólo aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de todos según la diversidad de tiempos y condiciones" (OS 76, 5). (2246)

Patria no es sólo el territorio en el que se ha nacido. Abarca también un entramado de ideas, historia, tradiciones, costumbres... que identifican la personalidad de un pueblo. Todos debemos esforzarnos por el engrandecimiento de la Patria con nuestro servicio, con nuestra colaboración, con nuestro trabajo y hasta con el sacrificio de la vida, si esto es necesario para defenderla, cuando está en peligro. Nuestros deberes para con la Patria son: amarla, defenderla, cumplir sus leyes y contribuir al bien común. Debemos estar orgullosos de nuestra Patria. De sus cualidades y de sus virtudes. Pero también debemos darnos cuenta de nuestros defectos y trabajar para corregirlos; contribuyendo así a su engrandecimiento.

Hoy! Damos gracias a Dios por nuestros orígenes. Damos gracias a Dios por nuestra identidad. Damos gracias a Dios por nuestro caminar de fe. Damos gracias a Dios por nuestra cultura. Damos gracias a Dios por nuestro presente.Damos gracias a Dios por la protección de Nuestra Señora de la Antigua y Hoy, también en el nombre de Dios asumimos el reto del futuro que Él mismo ha puesto en nuestras manos.

Mons. Fernando Torres Durán
Obispo de Chitré

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martes, 6 de noviembre de 2007

Mi patria, Panamá

2007-11-04
A tiro de piedra
Mi patria, Panamá

Llegó noviembre y me siento orgulloso de ser panameño. Soy de aquellos que recibió de sus mayores la enseñanza que hay dos cosas importantes en la vida: Dios y la Patria, y en cada una el propio ser y la familia. Soy uno de esos que vestían con ropa nueva para ver el desfile del 3 de Noviembre, y para la Navidad, porque eran acontecimientos importantes y el sacrificio que se hiciera, bien lo valía.

Soy, también, de esos panameños que se sienten orgullosos cuando su bandera ondea, que se enoja hasta los tuétanos cuando la irrespetan, y que no olvida al abuelo que marchaba con los Soldados de Coto y el Cuerpo de Bomberos. Soy de los panameños que siente orgullo cuando canta el himno a voz en cuello, cuando viste una camisilla típica y un sombrero “pintao”, cuando baila un tamborito, o cuando recita la poesía Patria o escucha las marchas Panamá y Canto a la Bandera. Me siento panameño en todo: en la fe en Dios, en la historia, en los triunfos, y en la lucha por hacer mejor nuestra vida y nuestra tierra.

Ese sentimiento y esa emoción me hicieron escribir unos versos, hace algunos años, que ahora quiero compartir con quienes me leen. Dicen así:

Al mes de Noviembre.

No soy yo quien te ha elegido/ para celebrar en ti/ la Patria, el Niño, los muertos/ y la tierra en que nací.

Te eligió desde lo alto/ aquel que reina en los cielos/ Mes de Noviembre que llevas/ de la Patria los recuerdos.

En la bandera cobijas/ de sus hijos los anhelos/ al igual que el Primer Grito/ que desde Los Santos dieron.

Noviembre, Mes de la Patria/ hoy te quiero saludar/ desde el fondo de mi alma/ con un verso y un cantar.


Como es noviembre, le daré una tregua a los buseros con ansias de diputados.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 16 de octubre de 2007

La aventura de Colón

2007-10-07
A tiro de piedra
La aventura de Colón

Hace medio milenio y un poco más el almirante Cristóbal Colón emprendió un viaje heroico para su tiempo: se adentró en el mar a bordo de una nao y dos carabelas, para arribar, dos meses después, a nuevas y desconocidas tierras para él. Fue un viaje que abrió el intercambio de riquezas, como era su propósito, y desencadenó la conquista y la colonización del actual continente americano.

La aventura de Colón debe juzgarse con los criterios de la época; no los de hoy, como hacen algunos. Esos criterios incluyen al menos dos aspectos: era una época de exploraciones marinas desde Europa hacia el resto del mundo; y el poder político de las potencias mundiales también estaba en el continente europeo, y se imponía por la fuerza militar. Era el mundo de ese tiempo, y como realidad histórica no es apropiado juzgarlo de otra manera.

El primer encuentro de Colón con nuestros aborígenes fue pacífico, lo que reafirma el carácter comercial de su viaje. Una vez ido, los que dejó hicieron de las suyas, y, al volver en su segundo viaje, se encontró con un espectáculo no muy agradable. Después se desató una rapiña, que desencadenó el apresamiento de Colón, su posterior indulto, y su muerte sin que le fueran reconocidos en la práctica los derechos que le prometieron.

Nos dicen algunos historiadores que Cristóbal Colón murió sin saber que había descubierto para los europeos un nuevo mundo. Tengo mis dudas. En su pasaporte se puede leer que lo nombrarían Adelantado y Gobernador de los territorios que descubriera. Quizá, en lo profundo, su viaje también pretendía el descubrimiento de nuevas tierras, alentado por las historias y tradiciones de los marinos que aseguraban que había otros territorios más allá del horizonte conocido, en donde las embarcaciones eran tragadas por un abismo. ¿Serían los huracanes? Es posible.

Otro elemento llamativo está en la supuesta nueva ruta hacia Cipango y Catay, lugares y habitantes ya conocidos. Lo que encontró en América era diferente, cosa que obligatoriamente, para un hombre experimentado en el comercio y las expediciones, tuvo que ponerlo a pensar. Probablemente, el que se afirme la supuesta ignorancia de Colón, acerca de las nuevas tierras, tenga más que ver con el regateo de sus derechos adquiridos que con la realidad.

Actualmente, y tras la enorme campaña que se desató con motivo del quinto centenario del viaje de Colón, la fecha nos divide, y dudo que vuelva a unirnos. Unos condenan y achacan nuestros males a Colón y España; otros buscamos reflexionar de manera racional sobre esa aventura; y otros más, simplemente, no dicen nada. Dentro de todo hay una realidad irrefutable: este es un continente de mestizos, de mezcla de blancos, amerindios y negros; plagado de González, Pérez, Rodríguez, Díaz, y cuanto apellido ibérico, galo, inglés, holandés, italiano se encuentre en él. Somos América, y esto sí es achacable al Almirante de la Mar Océana, don Cristóbal Colón.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 28 de septiembre de 2007

El 9 de Septiembre

2007-09-09
La Voz del Pastor
El 9 de Septiembre

Así como todas las personas naturales, gremios, pueblos y naciones tienen fechas gloriosas que se pueden llamar jubilares, también nuestra Iglesia católica Panameña celebra con alegría y gratitud fechas que representan no sólo el paso del Señor sino también la acción eficaz y continua de su Espíritu.

Para nadie es indiferente la fecha de su nacimiento y por eso se celebran los cumpleaños. De allí que así como para la República de Panamá el 3 de noviembre es una fecha inolvidable y se da la mayor solemnidad a su celebración, así también para nosotros los católicos panameños el 9 de septiembre es una fecha digna de recordación y en la cual debemos dar gracias a Dios por nuestra Iglesia y tomar mayor conciencia de nuestra pertenencia a ella.

Hoy 9 de septiembre se cumplen 494 años que la Suprema autoridad de la Iglesia Católica en la persona de S. S. el Papa León X firmó el documento conocido con el nombre de Bula Pontificia creando la Diócesis de Santa María la Antigua del Darién, el cual empieza con las palabras latinas "PASTORALIS OFFICII DEBITUM", es decir "PARA CUMPLIR CON NUESTRO DEBER PASTORAL"...

Para comprender mejor la importancia de este acto eclesial y jurídico es necesario trasladarnos mentalmente a aquellos tiempos en que se acababa de descubrir para los europeos y para la Iglesia un nuevo continente.

Es cierto que la ciudad terrena (el imperio español) tenía sus propios intereses (conquista, oro, riqueza, poder, etc.) pero también es cierto que la ciudad de Dios (La Iglesia) tenía, como era su deber, el interés supremo de evangelizar y conquistar para Cristo esos pueblos tan numerosos en los que también se encontraban en mayor o menor proporción las "Semillas del Verbo".

En 1511 se habían creado las tres primeras Diócesis del continente (Santo Domingo, La Vega y San Juan) pero éstas se encuentran en las islas del mar caribe. Una vez fundado el primer asiento de los españoles en la tierra firme del continente en los territorios del cacique Cémaco, el Rey Fernando II el Católico pidió al Papa León X que creara allí un obispado no sólo para evangelizar a los moradores de esa comarca sino sobre todo, para iniciar desde allí una gran tarea: anunciar a Jesucristo al resto de las poblaciones de ese gran continente cuya forma, extensión y población se ignoraban.

Por eso cuando el primer Obispo, Fray Juan de Quevedo ofm, llegó al pequeño poblado llamado Santa María la Antigua en honor a la Santísima Virgen venerada en Sevilla, España, bajo esa advocación, es recibido con alegría y esperanza por el grupo de moradores, indígenas y españoles, encabezados por el Alcalde mayor Vasco Núñez de Balboa. Se canta el TEDEUM en el rancho – capilla dedicado a Santa María la Antigua, ya convertida en la primera Catedral de tierra firme. Se abría una nueva página para la historia civil y eclesiástica del Continente recién descubierto.

La sede de esa primera Iglesia de tierra firme de América es trasladada a la ciudad de Panamá a mediados de 1524 por órdenes del gobernador Pedro Arias Dávila y con el consentimiento de la autoridad eclesiástica siendo segundo obispo de Santa María Fray Vicente Peraza, o.p.. Todavía nuestra diócesis de Santa María con sede en Panamá tenía la jurisdicción y la misión de evangelizar sobre todo el continente.

Esta Iglesia particular de Santa María La Antigua que comprendía un Continente desconocido empezó a multiplicarse cuando se crearon otras Diócesis las cuales vinieron en el siguiente orden:

El 2 de septiembre de 1530 el Papa Clemente VII creó la Diócesis de México.

El 21 de junio de 1531 el mismo papa creó la Diócesis de Coro – Venezuela.

El 13 de noviembre de 1534 la de León – Nicaragua.

El 18 de diciembre del mismo año, el Papa Paulo III creó la Diócesis de Guatemala. Así sucesivamente fueron naciendo las casi dos mil Iglesias que se encuentran hoy en el Continente Americano.

Los panameños tenemos la dicha y el honor inmerecido de pertenecer a esta Iglesia madre que nació bajo la protección de Santa María la Antigua un 9 de septiembre de 1513.

Celebremos con júbilo la fiesta de nuestra Iglesia Católica en Panamá y la de la madre que nos dio al Salvador y en cuyo regazo vino a nuestras tierras el mensaje de Cristo.

Mons. José Dimas Cedeño Delgado
Arzobispo de Panamá

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Santa María La Antigua

2007-09-09
A tiro de piedra
Santa María La Antigua

Hace 5 siglos aproximadamente se erigió la primera Iglesia Católica de tierra firme en el continente americano, localizada en la población de Santa María La Antigua del Darién, advocación y nombre que también tomó la diócesis primada del territorio continental, y que hoy conocemos como la Arquidiócesis de Panamá, de la que ha nacido el resto de las circunscripciones eclesiásticas de nuestro suelo patrio.

Aquel 9 de septiembre de 1513 marcó el inicio de la evangelización desde el primero de los pueblos de la América que se colonizó más allá del Caribe insular. Van ya 494 años de cristianismo y de historia eclesiástica en Panamá, que debemos apreciar y honrar en sus esperanzas y desesperanzas, con lo bueno que viene de Dios y los yerros humanos que, en el arrepentimiento, la conversión, y el propósito de enmienda, nos hacen reevaluar el pasado con coraje para pensar con fe en el futuro que queremos construir.

La Iglesia panameña es parte de la historia de nuestra nación, a la que ha acompañado en los momentos decisivos, y acuerpado en el día a día en el vivir cotidiano de su población. Nuestra Iglesia ha dado su cuota de esfuerzo en el pensamiento, la formación, la asistencia caritativa, la educación, el arte, la ciencia, y mucho más, en la construcción de la patria y el país; y la sigue dando en el diario quehacer del presente panameño. Por eso, estos 494 años de existencia como Iglesia local alcanzan más allá de la mera conmemoración eclesial; son pieza integral de la nación y el país mismo.

Cada orden y congregación religiosa, cada cristiano, cada ministro y seglar comprometido ha contribuido, aún con su propia vida en ocasiones, a forjar la sociedad panameña a lo largo de estos casi 500 años. Detenerse solamente a ver los logros, sin ver los fracasos, es desconocer esa otra parte nuestra. Concentrarse sólo en ver las fallas y los abusos, sin ver los aciertos y el bien hecho, también es ignorar y traer a menos esa otra parte de la realidad. Asumamos lo que somos, sin ocultar nada. Es en el balance de una y otra parte donde podremos encontrar, sin duda alguna, el ser panameño cuya herencia está marcada por aquello de aborígen, europeo conquistador, y negro esclavo, que llevamos dentro, ya sea en la piel, en la sangre, o en la cultura.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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494 años

2007-09-09
Editorial
494 años

Con un nuevo aniversario de la fundación de nuestra Arquidiócesis, nos acercamos a los 500 años de existencia como Iglesia. Desde el rancho del cacique que Vasco Núñez de Balboa tomara como templo, hasta los cientos de capillas y templos parroquiales que existen actualmente, el cristianismo se ha ido propagando en el Istmo con dos metas perennes: el conocimiento de Dios, y la realización de la persona humana y la sociedad.

Dios Padre nos ha ido guiando en esta obra, en la cual, también, coadyuvamos poniendo lo que nos corresponde como sus hijos y criaturas dotadas de libre albedrío. El Señor, indiscutiblemente, ha hecho su parte; la nuestra está por ser juzgada, y no nos corresponde a nosotros hacerlo de manera final, aunque Dios mismo nos ha dicho, a través de su Hijo, que los hombres, nuestros hermanos, nos pedirán cuentas.

La misión humana que tenemos de anunciar el Reino de Dios, y colaborar con el Creador a construirlo aquí en la tierra, nos obliga a tener siempre presente el temor a Dios, y la responsabilidad con el prójimo. No podemos servir a Dios, sin servir al prójimo; no podemos amar a nuestro prójimo, sin amar a Dios.

Que estos 494 años que conmemoramos en nuestro caminar como Iglesia primada de tierra firme de América, nos permita ver el pasado con gratitud, vivir el presente con pasión, y mirar al futuro con la esperanza de someternos a la voluntad de Dios, para instaurar su reino entre nosotros.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 24 de agosto de 2007

El Muelle Fiscal

2007-08-26
A tiro de piedra
El Muelle Fiscal

El ejercicio de recuperar el valor del Casco Antiguo incluye la restauración o traslado del Muelle Fiscal, para que continúe prestando el servicio de atraque a las naves de cabotaje. Aún está por decidir si la estructura se queda en el sitio actual o si se traslada hacia el antiguo Muelle Inglés, aunque se nota una inclinación hacia el cambio de lugar.

Soy de opinión que el muelle puede trasladarse hacia las cercanías del Mercado del Marisco, pero que debe conservarse la estructura actual y someterla a un proceso de restauración, para albergar en ella a artesanos, artistas populares, e instalar algunos cafés y un balcón al extremo que sirva de mirador para los visitantes. De hacerse así, el muelle sería un complemento para la plaza que se construirá en el lote que ocupaba el Mercado Público.

La zona del Casco Antiguo está llena de historias y sus edificios, calles y rincones son piezas que dan testimonio de los acontecimientos ocurridos en ella. Por eso es importante conservar las estructuras y espacios del área, como el Muelle Fiscal. No hay razón para destruirlo. El uso del muelle puede cambiar, pero jamás debe permitirse su destrucción. Eso sería un atentado contra nuestra historia y nuestro patrimonio cultural.

Panamá y su bahía pueden ser un sitio de ensueño, una vez saneada de la contaminación y concluidas las obras de la Cinta Costera y la construcción del nuevo Muelle Fiscal. Conservar y restaurar la actual estructura del muelle es obligante, si queremos preservar el conjunto arquitectónico de lo que ha sido y es nuestra ciudad capital. El Casco Antiguo sin su muelle centenario, sería como París sin la Torre Eiffel, o México sin su Angel, o Quito sin su Panecillo. Quedaríamos como Nueva York sin las Torres Gemelas, destruidas por unos terroristas en 2001. ¿Quiénes serían los terroristas que destruirían nuestro Muelle Fiscal?

Ojalá el emprendedor Alcalde que tenemos en este momento, y la pujante Alianza Pro Ciudad, que se ha constituido en estandarte conservacionista de nuestra urbe, aúnen esfuerzos para que nuestro Muelle Fiscal se conserve y continúe siendo un monumento emblemático de nuestro Casco Antiguo y de nuestra encantadora bahía.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 23 de julio de 2007

Oleoducto tabogano

2007-07-22
A tiro de piedra
Oleoducto tabogano

Taboga es una isla plagada de historia y leyendas que poco hemos sabido aprovechar en esta época. Desde las eras precolombina, la colonial con el periodo de la conquista, del ferrocarril ligado a las minas de oro de California, la construcción del Canal francés y el estadounidense, y la sociedad panameña de la primera mitad del siglo XX existen hechos y situaciones que han dejado profunda huella en la Isla de las Flores.

Me siento atraído por Taboga, tanto por su historia como por los lazos sentimentales que me ligan a ella por la línea materna de mi madre, cuyos antepasados, a mediados del siglo XIX, forjaron lazos familiares entre inmigrantes venezolanos y nativos de la isla. También, entrañables amigos del barrio, cuya familia era oriunda de allá, me hicieron disfrutarla y apreciarla aún más entre constantes viajes de aventuras juveniles de los que guardo gratos y hermosos recuerdos.

Hace poco leí sobre un proyecto de oleoducto que parte desde el Atlántico, en Portobelo, donde, paradójicamente, está mi otra parte del linaje maternal, que se remonta al final del periodo colonial panameño. El proyectado oleoducto saldría desde María Chiquita hacia el Pacífico, adentrándose en el mar y terminando su ruta en Taboga, sobre cuyo sector noroeste se plantaría una granja de tanques de almacenamiento que servirían para el trasiego de petróleo.

Soy partidario del progreso, pero primero de la naturaleza. Toda obra humana que afecte el ambiente debe procurar hacer el menor daño posible y aumentar al máximo las medidas para mitigarlo. Un oleoducto como el Portobelo - Taboga trae mucho riesgo en ambas zonas. El valor turístico de esas áreas disminuiría dramáticamente, y el beneficio per cápita de sus habitantes sería mucho menor que si el desarrollo de ambos pueblos se fundamentara en el turismo; todo como consecuencia de un tipo de actividad contaminante, y que emplea mano de obra calificada que excluye a personas por razón de formación, edad, y oficio ancestral.

Los promotores del oleoducto y las autoridades competentes deben abocarse a encontrar otra ruta u otra opción que no sean Portobelo y Taboga. Si es obra humana, todo es posible. Más que las utilidades de la empresa, los puestos de trabajo que pueda dar, y el progreso de Panamá como centro de aprovisionamiento y trasiego de combustible, está el destino de nuestro patrimonio natural. Ambas regiones tienen un futuro más halagador, sustentable y sostenible con el turismo. Sopesemos ambas actividades, y decidamos lo mejor para la naturaleza y para nuestra nación.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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