Mostrando entradas con la etiqueta muertos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta muertos. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de diciembre de 2009

20 años después

2009-12-20
Editorial
20 años después

Hace 20 años Panamá tuvo la experiencia de la Invasión decretada por los Estados Unidos, que se cobró con cientos de muertos y daños materiales multimillonarios. Los recuerdos siguen frescos y aún quedan tareas pendientes por cumplir. Una deuda social que, en justicia, debe saldarse.

Mucho sufrió el pueblo antes, durante y después de aquel fatídico acontecimiento. Mezquinos intereses, soberbia política, apego al poder, y desprecio por la voluntad popular impidieron otra salida menos cruenta y sangrienta. El precio que se pagó por la recuperación de la democracia fue alto y no puede ser olvidado. La historia, también debe ser contada y enseñada libre de sesgos y acomodamientos ideológicos, que la trastocan y la desvirtúan, y que sólo sirven para satisfacer el ego de quien recurre a ellos. A cada quien hay que dar lo que le corresponda, tanto en justicia como en verdad.

Son dos décadas en las que hemos avanzado, nos hemos estancado, y hemos retrocedido en algunos aspectos. En mora estamos con algunos puntos plasmados en aquella Agenda de Reconstrucción Civilista, que fue el compromiso de los dirigentes que, de manera abrumadora, el pueblo apoyó y respaldó. Justicia, trabajo, salud. educación, vivienda, seguridad pública, y paz social, son promesas que aún faltan por cumplir plenamente.

Que la sangre derramada, antes y durante la Invasión, no haya sido en vano. Que tanto esfuerzo por reconstruir el país no se pierda. Y que la democracia recobrada, aún con todos sus desengaños y sueños fallidos, se mantenga firme en la mente, la voluntad y el corazón del pueblo panameño. La Invasión estuvo en manos de otros, en las nuestras está construir nuestra liberación como sociedad, pueblo y nación, con respeto y dignidad para todas las personas que compartimos esta tierra istmeña.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

Ir a Panorama Católico Edición Digital

viernes, 9 de enero de 2009

Muertos a bala

2009-01-11
A tiro de piedra
Muertos a bala

El informe de la mayor causa de muerte violenta entre los panameños, el año pasado, da cuenta de la que ocupa el primer lugar: el asesinato con arma de fuego. Mucho más que los accidentes de tránsito. Mal augurio éste para la sociedad.

Somos una comunidad agresiva, porque hemos creado un ambiente agresivo. Es esa agresividad la que nos lleva a la violencia, dentro de la que estamos superando límites en todos los órdenes, tales como: aprecio por la vida humana y animal, respeto por los mayores y los menores, reglas de urbanidad, valores morales, civismo, virtudes. Todo se pisotea y se trae a menos, por una parte de la población cuya escala de valores es contraria a la del resto; una chusma que cuando se manifiesta en turbamulta, grande o pequeña, daña y destruye sin miramientos.

La televisión, en primer lugar, y el resto de los medios, después, avivan la agresividad y pasan a formar parte del mecanismo de la violencia. Escudándose en una libertad de información mal entendida, se niegan a reconocer que pueden ser parte del problema o de la solución. Recurren a argumentos extremos, en los que, normalmente, se contrapone la libertad de expresión frente a un supuesto coartador de ella. Frases trilladas como: por qué matar al mensajero; la sociedad es la violenta y no el medio; no quieren que hablemos de lo malo; frases como éstas son la excusa para dejar de hacer algo positivo y más provechoso.

Algunas medidas que se podrían tomar, a nivel de medios, sería darle menos prominencia a las noticias de muerte violenta. Es innecesario que la televisión, por ejemplo, nos pase 20 ó 30 minutos de esos hechos en sus noticieros estelares, cuando en 5 ó 7 se podría hacer. Lo misma vale para la radio y los impresos. Si le damos menos prominencia, el público podría dedicar más atención a otros temas. Igual podría hacerse con la condena hacia los gobiernos y las autoridades, variando el enfoque hacia la crítica y la censura más pensada y formativa. Algunos medios hasta parecen ser un partido político que toma parte, en vez de guardar su imparcialidad en el tratamiento noticioso de la información. Para tomar posición están los espacios de opinión.

Nos urge crear modelos a imitar, en todo el aparato cultural de la sociedad. Salvo una que otra figura deportiva o artística, cantante por lo general, el resto poco o nada se destaca. Menos aún en los barrios pobres y marginales, donde el respeto se confunde con el temor, y la admiración de los más pequeños se enfoca en el maleante o el pillo que está en boca de los vecinos y que, cual relevante personaje, los medios destacan con filmes y fotografías.

Vivimos, lamentablemente, en una sociedad que ve ensalzada la violencia en las películas, los programas de televisión, la letra de las canciones, y los hechos cotidianos. Puede más el más fuerte; se impone más quien tiene la mayor capacidad de hacer daño; se aspira a ser temido, para que nadie se meta con uno. Si el otro tiene un cuchillo, yo debo tener un machete; si el otro tiene un revólver, yo debo tener una pistola; si el otro tiene pistola, a mí me toca una ametralladora; y si viene uno con esta última, me consigo una granada. Esa es la mentalidad que impera en el mecanismo de la violencia, y la causa de tanta muerte por bala.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

Ir a Panorama Católico Edición Digital

viernes, 15 de febrero de 2008

Los frutos de la violencia

2008-02-17
Editorial
Los frutos de la violencia

Los recientes disturbios ocurridos en la capital y varias ciudades del país, cuyos principales protagonistas han sido los obreros del sindicato de trabajadores de la construcción y la policía nacional, ponen de manifiesto que el diálogo y la negociación son superados, en este caso, por lo que se considera el derecho de protestar cerrando calles e impidiendo el paso, y por lo que se entiende como legitimidad del uso de la fuerza.

Ambas actitudes desembocan en violencia, independientemente del concepto o la justificación que se argumente. Y esa violencia no soluciona ni aprovecha; más bien divide y alimenta rencores. Esa violencia se salda, como en este caso, con la sangre de los muertos y heridos que ha dejado. Sangre que es del mismo color para uno y otro bando, derramada por la convicción de defender un derecho y por la obligación de preservar el orden público.

El conjunto de palos, bloques, llantas incendiadas, trozos de muro, perdigones, gases lacrimógenos, balazos, y varillas utilizados como arma, ¿de qué han servido? Esos instrumentos en manos de sus usuarios ¿qué fruto han dado? Ni unos ni otros son culpables, desde el punto de vista de su razón. Pero tampoco son del todo inocentes. Ya sea por defender un derecho, o por preservar el orden público, ningún acto de violencia está plenamente justificado.

Hacemos, desde aquí, un llamado a la cordura y a la concordia. Que hagamos del diálogo y la negociación, la vía usual de resolver las diferencias y todo conflicto. Al final eso es lo único que quedará por hacer, y es mejor abocarse a ello primero, que hacerlo después con la carga de los frutos que produce la violencia.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

Ir a Panorama Católico Edición Digital