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martes, 22 de septiembre de 2009

La pandemia de la droga

2009-09-20
El Ojo del Profeta
La pandemia de la droga

El flagelo de la drogadicción azota a la humanidad con fuerza, especialmente a la juventud. Son pocos los países que se libran de los estragos que ocasiona el abuso de las drogas, cuya variedad abarca desde el alcohol y el cigarrillo hasta la cocaína y los estupefacientes. Millones de vidas se pierden anualmente por esa causa, tanto en la violencia y la sobredosis como en la merma de la capacidad emocional y productiva de los que son víctima de esa pandemia.

Quizá por la idea errada de la libertad, o por la permisividad social, el uso desmedido de las drogas es justificado por ciertos sectores, que superan en acceso a la influencia en la opinión, a la mayoría. El consumo y el tráfico de drogas es dañino para la humanidad, y cada día aumenta el peligro. Es preciso el rechazo de la sociedad, en todas las manifestaciones del producto, y el encauzamiento moral que fortalezca el control social en su contra. Tenemos que aprender a ser verdaderamente libres, si queremos vencer en esta batalla.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 10 de agosto de 2009

¿Aumento de las penas?

2009-08-09
La Voz del Pastor
¿Aumento de las penas?

En Panamá, como en muchos países, ante el aumento de la inseguridad ciudadana, se ha presentado con fuerza como un remedio, la propuesta de aumentar las penas a los menores. Es evidente que la violencia ha crecido y los jóvenes se visibilizan más en ella. Se cometen crímenes a edades tempranas y las víctimas por este efecto son cada vez más precoces. Urge contar con políticas que aborden las causas que llevan a esta escalada de violencia en que los jóvenes son tanto víctimas como protagonistas.

El caldo de cultivo y factor que más afecta a los jóvenes de ambos sexos es la pobreza, con todas sus implicaciones, que, en círculo vicioso, también les dificulta el acceso a empleos dignos. Se necesita combinar políticas y medidas preventivas con punitivas, lo que implica represión de los efectos pero atención a las causas; acciones educativas; programas que fortalezcan el primer empleo; y una adecuada reinserción social para los jóvenes rehabilitados.

En efecto, el deterioro social está ligado a múltiples factores. Uno de los más influyentes es el aumento de las desigualdades sociales. ¿Qué factores actúan sobre la criminalidad? Existe una correlación robusta entre ascenso de la delincuencia y desocupación juvenil.

Existe una relación directa entre deterioro del núcleo familiar y delincuencia. La familia es una institución decisiva en materia de prevención del delito. Si ésta funciona bien, impartirá valores y ejemplos de conducta en las edades tempranas que serán después fundamentales, pero la familia está siendo erosionada en nuestro entorno.

Tampoco olvidar que la denuncia de la violencia de género ha aumentado, junto con la persistencia de una grave desprotección para niños y jóvenes abusados. Además, están las conductas violentas autoinflingidas o dirigidas a otros vinculadas al consumo de alcohol y drogas.

Otra correlación es la observable entre educación y criminalidad. También hay que tomar en cuenta que para los pobres recibir una educación de baja calidad implica acceso a empleos con baja remuneración, disminuyendo su capacidad de mejoramiento de su calidad de vida.

En América Latina, la propuesta punitiva, pone el énfasis en aumentar el número de efectivos policiales, dar mayor discrecionalidad a la policía, bajar la edad de imputabilidad, modificar los códigos penales para reducir las garantías que se considera obstaculizan el trabajo policial, aumentar el gasto en seguridad en general. Por su parte, la propuesta preventiva considera que el método punitivo sólo logra efectos aparentes a corto plazo.

Ante el miedo y la incertidumbre, la vía punitiva tiene amplio terreno para prosperar. Sin embargo, es necesario mirar más allá. El debate es bueno para pensar, clarificar, antes de actuar. Con seguridad, empresas criminales organizadas como el narcotráfico, el secuestro y otros, requieren una respuesta contundente de la sociedad que tiene todo el derecho a defenderse de ellos, pero no olvidar que una parte importante del delito está ligado estrechamente al crecimiento de la pobreza y la desigualdad. Está en juego la calidad moral básica de nuestra sociedad.

Atacar los factores estratégicos requiere que las sociedades inviertan fuertemente en aumentar las oportunidades ocupacionales para los jóvenes, en desarrollar políticas sistemáticas de protección a la familia y en fortalecer la educación. Estado y sociedad civil deben sumar sus esfuerzos para llevar adelante un plan concertado de acción comunitaria orientado a crear oportunidades de trabajo y desarrollo para los desfavorecidos; de cambios en educación. Si se evade una discusión a fondo sobre las causas últimas del problema delictivo y, por el contrario, se concentra la acción en la mera punición, se corre el grave riesgo de deslizarnos hacia la criminalización de la pobreza, pasando los desfavorecidos a ser vistos como sospechosos en potencia, que deben ser confinados tras barreras protectoras; indagados o vistos con suspicacia sólo por su rostro y su aspecto, agrediendo de esta manera la dignidad de la persona humana.

Mons. Pablo Varela Server
Obispo Auxiliar

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viernes, 24 de abril de 2009

¿Por quién votar?

2009-04-26
La Voz del Pastor
¿Por quién votar?

Una pregunta frecuente en estos tiempos es esta de ¿por quién votar? En la Carta Pastoral de la Conferencia Episcopal Panameña del pasado 9 de enero, ofrecíamos criterios para iluminar la decisión. Carta sencilla, no extensa, pero con el contenido necesario para el propósito del compromiso ciudadano ante las próximas elecciones. También, Pastoral Social Arquidiocesana publicó un excelente material guía de reflexión para la Cuaresma sobre la misma temática. Se tengan dudas o no sobre quién votar, no vendrá nada mal releer estos textos.

Para todavía abundar más, voy a recordar algunos textos del Magisterio de la Iglesia sobre la temática; en particular del muy recordado y apreciado en Panamá, el siervo de Dios Juan Pablo II, del cual inauguraremos una estatua pocos días después de las elecciones. Las estatuas pueden aparecer y desaparecer (esperemos que ésta no), pero el Magisterio permanece.

La Iglesia considera en gran estima las responsabilidades políticas: “La Iglesia tiene en gran consideración y estima la actividad de aquellos que se dedican al bien de la cosa pública y aceptan las cargas de este oficio”. Vaticano II, Gaudium et Spes no. 75-1

La Iglesia llama a los responsables políticos a comprometerse con un verdadero espíritu de servicio: “En el ejercicio del poder político es fundamental aquel espíritu de servicio, que, unido a la necesaria competencia y eficiencia, es el único capaz de hacer «transparente» o «limpia» la actividad de los hombres políticos, como justamente, además, la gente exige. Esto urge la lucha abierta y la decidida superación de algunas tentaciones, como el recurso a la deslealtad y a la mentira, el despilfarro de la hacienda pública para que redunde en provecho de unos pocos y con intención de crear una masa de gente dependiente, el uso de medios equívocos o ilícitos para conquistar, mantener y aumentar el poder a cualquier precio”. Juan Pablo II. Christifideles Laici no. 42

La Iglesia considera que los frecuentes desvíos dentro de la vida política no justificarán nunca una dimisión del rol ciudadano, principalmente de parte de los cristianos: “Las acusaciones de arribismo, de idolatría del poder, de egoísmo y corrupción que con frecuencia son dirigidas a los hombres del gobierno, del parlamento, de la clase dominante, del partido político, como también la difundida opinión de que la política sea un lugar de necesario peligro moral, no justifican lo más mínimo ni la ausencia ni el escepticismo de los cristianos en relación con la cosa pública”. Juan Pablo II, Christifideles Laici no. 42

La Iglesia llama a cada uno a asumir su parte en el juego democrático, principalmente en el ejercicio de su derecho al voto: “Recuerden, por tanto, todos los ciudadanos el derecho y, al mismo tiempo, el deber que tienen de votar con libertad para promover el bien común”. Vaticano II, Gaudium et Spes no. 75-1

Una democracia viviente debe tener valores: “Es necesario observar que, si no existe una verdad última, la cual guía y orienta la acción política, entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder. Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia”. Juan Pablo II, Centesimus Annus no. 46

En la base de todo el esfuerzo de construcción de la comunidad humana la Iglesia coloca el principio del Bien común: “La interdependencia, cada vez más estrecha, y su progresiva universalización hacen que el bien común -esto es, el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección se universalice cada vez más, e implique por ello derechos y obligaciones que miran a todo el género humano. Todo grupo social debe tener en cuenta las necesidades y las legítimas aspiraciones de los demás grupos; más aún, debe tener muy en cuenta el bien común de toda la familia humana”. Gaudium et Spes no. 26

Ante la violencia la Iglesia quiere recordar que la fuente primera de la paz social es la justicia social: “La paz como fruto de la justicia. Hoy se podría decir, con la misma exactitud y análoga fuerza de inspiración bíblica (cf. Is 32, 17; Sant 32, 17), la paz es fruto de la solidaridad. El objetivo de la paz, tan deseada por todos, sólo se alcanzará con la realización de la justicia social e internacional, y además con la práctica de las virtudes que favorecen la convivencia y nos enseñan a vivir unidos, para construir juntos, dando y recibiendo, una sociedad y un mundo mejor. Encíclica Sollicitudo Rei Socialis, Juan Pablo II, 1987, no. 39

La verdadera riqueza de una nación es su capacidad de compartir: “La riqueza económica de un pueblo no resulta solamente de la abundancia global de bienes, sino también y sobre todo de su distribución efectiva según la justicia, en vista de asegurar el desarrollo personal pleno de los miembros de la comunidad, pues este es el fin verdadero de la economía nacional”. Encíclica Mater et Magistra, Juan XXIII, 1961

Después de haber tenido una excesivamente larga, dispendiosa y en variados aspectos éticamente cuestionable, campaña política, que el Espíritu Santo nos ilumine en realizar la mejor elección posible en este momento de la historia panameña.

Mons. Pablo Varela Server
Obispo Auxiliar

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Que reine la paz

2009-04-26
Editorial
Que reine la paz

A una semana de distancia de las elecciones generales, el pueblo panameño se aboca a tomar la decisión más importante del próximo lustro: darle poder a un grupo de hombres y mujeres para gobernar el país. Presidente, alcaldes, diputados, representantes de corregimiento y concejales serán elegidos en un solo día, para un período de mandato y autoridad de cinco años.

Es deber de todo ciudadano ejercer, con libertad y sin presiones, el sufragio universal. También es un deber cívico y moral elegir candidatos probos, de buena fama, comprometidos con particulares valores que den fe de su honestidad, defensa de la vida del ser humano y la naturaleza, vocación de servicio, y claro sentido de búsqueda del bien común. Todo en función de escoger a los mejores, para el progreso y la edificación de la nación panameña.

Dentro del largo camino por alcanzar el poder, algunos han dado muestras de su inclinación por la violencia y la corrupción; éstos no merecen del voto ciudadano, y es deber de cada elector, principalmente los cristianos, de negarle el sufragio y el apoyo, para evitar ser cómplices de ellos, ya sea por desidia o por omisión. Es una decisión que debe tomarse en conciencia, al momento de depositar el voto, en lo secreto de la caseta de votación.

Resta, ahora, hacer un nuevo llamado a la paz y a la concordia. Que reinen la fraternidad, la tolerancia y el respeto entre unos y otros. El pueblo es el soberano, y la decisión que tome deberá ser acatada y respetada por todos. Más que la ganancia o la pérdida de un partido o candidato, se trata de la institucionalidad democrática del país. Rogamos, pues, por que así sea

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 16 de marzo de 2009

La violencia la añade el demonio

2009-03-15
El Ojo del Profeta
La violencia la añade el demonio

Desde que Caín mató a su hermano Abel la humanidad no cesa de sufrir la violencia de hermano contra hermano. Se hiere y se asesina por causa de la ambición, la envidia y la venganza. Quien quiere dinero o algún bien de otro, mata. Quien siente odio contra su prójimo, llega al extremo de convertirse en asesino. Quien guarda rencor por alguna ofensa que le han hecho y no la soporta, se cobra con la muerte de su semejante. Así funciona todo ser humano cuando, alejándose de Dios, se deja arrastrar por sus instintos y por lo mundano, en detrimento de su ser espiritual. Paradójicamente, su espíritu es lo primero que mata, antes de matar a su congénere.

La soberbia, el enojo, la ira y la ambición son caldo de cultivo para la violencia. Lo que se añade, lo dicta el demonio. La violencia tiene su origen en lo antes dicho. No basta los policías, las armas y la represión; que resultan legítimas como parte de la vida en sociedad, pero que no son la solución exclusiva para el problema.

Estamos ante un reto que reclama el apoyo de la comunidad, libre de toda bandería política o interés sectario. La violencia nos amenaza a todos por igual, como puede comprobarse, y la solución al problema compete a todos, según lo que corresponde a cada quien.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 28 de enero de 2009

Sin respeto, no hay paz

2009-01-25
A tiro de piedra
Sin respeto, no hay paz

Hace pocos días acompañé a un amigo y su familia a sepultar a su hermano mayor, a quien también conocía, y coincidimos en el cementerio con otro entierro: el de un pandillero. Los trabajadores de camposanto nos aconsejaron esperar un rato, pero fue un momento de tensión y angustia.

Tanto mi amigo como yo, y otro amigo entrañable que nos acompañaba, vivimos largo tiempo en el ambiente de San Felipe, Santa Ana y El Chorrillo. Para nosotros hay situaciones que conocemos e intuimos muy bien. Sabemos, con sólo mirar alrededor, cuando hay peligro o existen intenciones de provocar daño. Pero una cosa es estar joven y sin compromiso o responsabilidad de esposa y familia, y, otra, es ver en lo que se ha convertido nuestra ciudad; una jungla violenta y sin el menor respeto hacia los demás. Prima, lamentablemente, la ley del más temible.

Es notoria la agresividad en casi todos los aspectos de la vida ciudadana. El manejo en las calles, la manera de abordar un autobús, la forma de protestar, el trato al atender a los clientes o a los usuarios de negocios y servicios públicos. Ahora, súmele la campaña política que está en plena efervescencia. Es un clima de agresión y violencia que crece sin control.

Así como vimos un sepelio rodeado de policías, por la amenaza de enfrentamiento entre bandas rivales de pandilleros, igual vemos las actitudes y el lenguaje común que se va imponiendo en las calles. Se pierde el respeto, porque hemos tirado al cesto de la basura nuestros valores como sociedad. Lo que antes era un acto que inspiraba respeto por el dolor ajeno, como un funeral, ahora es un hecho en que el miedo y la tensión o el temor de una balacera, superan el dolor y la tristeza por la pérdida de un ser querido. Mientras unos despedíamos al amigo o al vecino fallecido, otros volteaban constantemente sus cabezas fijando su mirada entre las tumbas y esperando el momento que sonara el primer tiro.

Ya le había advertido (yo) a mi esposa, cuando pasamos frente a una de las iglesias del Casco Antiguo, que se efectuaba el entierro de un pandillero. Ni lo leí ni lo sabía de antemano; pero me alertó la presencia de la policía, en número y actitud inusual. Es el instinto innato que se desarrolla cuando uno ha tenido la experiencia de vivir “el barrio”. Y digo: vivir el barrio; no vivir en el barrio. De mi antiguo vecindario a El Chorrillo, la distancia es de 15 calles. En aquellos días era trecho suficiente, para tener cierta tranquilidad. Hoy, no hay fronteras. Desde las Bóvedas hasta la playita de El Chorrillo y más allá, la única seguridad es Dios y la astucia de serpiente que, inexorablemente, tenemos que desarrollar en la actualidad, porque no basta con la mansedumbre de la paloma.

Si queremos empezar a cambiar este ambiente violento y agresivo exijámonos y exijamos a quienes nos rodean y tratan con nosotros, el respeto recíproco que nos preserva de la violencia y la agresión. Hagámoslo con caridad y cortesía, pero con firmeza y determinación. Eso, lo aseguro, marcará la diferencia.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 9 de enero de 2009

Muertos a bala

2009-01-11
A tiro de piedra
Muertos a bala

El informe de la mayor causa de muerte violenta entre los panameños, el año pasado, da cuenta de la que ocupa el primer lugar: el asesinato con arma de fuego. Mucho más que los accidentes de tránsito. Mal augurio éste para la sociedad.

Somos una comunidad agresiva, porque hemos creado un ambiente agresivo. Es esa agresividad la que nos lleva a la violencia, dentro de la que estamos superando límites en todos los órdenes, tales como: aprecio por la vida humana y animal, respeto por los mayores y los menores, reglas de urbanidad, valores morales, civismo, virtudes. Todo se pisotea y se trae a menos, por una parte de la población cuya escala de valores es contraria a la del resto; una chusma que cuando se manifiesta en turbamulta, grande o pequeña, daña y destruye sin miramientos.

La televisión, en primer lugar, y el resto de los medios, después, avivan la agresividad y pasan a formar parte del mecanismo de la violencia. Escudándose en una libertad de información mal entendida, se niegan a reconocer que pueden ser parte del problema o de la solución. Recurren a argumentos extremos, en los que, normalmente, se contrapone la libertad de expresión frente a un supuesto coartador de ella. Frases trilladas como: por qué matar al mensajero; la sociedad es la violenta y no el medio; no quieren que hablemos de lo malo; frases como éstas son la excusa para dejar de hacer algo positivo y más provechoso.

Algunas medidas que se podrían tomar, a nivel de medios, sería darle menos prominencia a las noticias de muerte violenta. Es innecesario que la televisión, por ejemplo, nos pase 20 ó 30 minutos de esos hechos en sus noticieros estelares, cuando en 5 ó 7 se podría hacer. Lo misma vale para la radio y los impresos. Si le damos menos prominencia, el público podría dedicar más atención a otros temas. Igual podría hacerse con la condena hacia los gobiernos y las autoridades, variando el enfoque hacia la crítica y la censura más pensada y formativa. Algunos medios hasta parecen ser un partido político que toma parte, en vez de guardar su imparcialidad en el tratamiento noticioso de la información. Para tomar posición están los espacios de opinión.

Nos urge crear modelos a imitar, en todo el aparato cultural de la sociedad. Salvo una que otra figura deportiva o artística, cantante por lo general, el resto poco o nada se destaca. Menos aún en los barrios pobres y marginales, donde el respeto se confunde con el temor, y la admiración de los más pequeños se enfoca en el maleante o el pillo que está en boca de los vecinos y que, cual relevante personaje, los medios destacan con filmes y fotografías.

Vivimos, lamentablemente, en una sociedad que ve ensalzada la violencia en las películas, los programas de televisión, la letra de las canciones, y los hechos cotidianos. Puede más el más fuerte; se impone más quien tiene la mayor capacidad de hacer daño; se aspira a ser temido, para que nadie se meta con uno. Si el otro tiene un cuchillo, yo debo tener un machete; si el otro tiene un revólver, yo debo tener una pistola; si el otro tiene pistola, a mí me toca una ametralladora; y si viene uno con esta última, me consigo una granada. Esa es la mentalidad que impera en el mecanismo de la violencia, y la causa de tanta muerte por bala.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 5 de enero de 2009

Violencia Irracional

2009-01-04
El Ojo del Profeta
Violencia Irracional

El hombre en su naturaleza lleva el germen de la violencia que se manifestó en Caín contra su hermano Abel. Desde entonces, la humanidad experimenta el dolor y la muerte producto del odio que nace de la intolerancia y la animadversión hacia el prójimo. Lo que ocurre en la franja de Gaza no es más que la manifestación de ese odio, que parte y parte sienten mutuamente.

Peligroso y mortal resulta para la población indefensa el enfrentamiento entre la guerrilla terrorista islámica enquistada en Palestina y el ejército israelí. Ambos son cuerpos armados entrenados para hacer la guerra, independientemente de la legitimidad o no de su derecho a armarse. Los sufridos y las víctimas de ambos lados son, en su mayoría, personas civiles y, en muchos casos, indefensas ante la violencia arrolladora de los combatientes.

La violencia que protagonizan ambos lados es injustificada, aunque veamos las escenas idílicas de lucha, aparentemente, desigual o de defensa de la integridad de los habitantes de un estado. Tal atrocidad debe cesar y trasladarse al único escenario donde cada ser humano puede estar en igualdad con sus pares: la razón y el diálogo civilizado.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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jueves, 20 de noviembre de 2008

Tristeza, dolor y enojo

2008-11-16
A tiro de piedra
Tristeza, dolor y enojo

Con estas palabras el Señor Arzobispo José Dimas Cedeño Delgado expresó el sentir de quienes trabajamos en el Arzobispado, al presidir la misa de exequias de Alexis Rodríguez, hombre que laboraba como guardia de seguridad para la empresa que brinda ese servicio en el edificio de nuestras oficinas principales. Tenía alrededor de siete años de estar asignado aquí, y siempre se distinguió por su don de gentes y su actitud servicial.

El pasado 10 de noviembre, en la madrugada, lo asesinaron a tiros. Le sobreviven su viuda, tres hijas, un niño en gestación, sus padres y hermanos. Nada le llevaron, excepto el arma, que aparentemente deseaban sus asesinos. Todos los que le conocimos y tratamos, como un compañero más, a pesar de trabajar para otra empresa que no es la Arquidiócesis, quedamos consternados con la fatídica noticia.

A pesar de estar ubicado en un barrio peligroso, el Arzobispado no había tenido la experiencia de un guardia de seguridad asesinado. Antes de mudarnos a Carrasquilla, un vigilante resultó herido, también para robarle el arma, cuando estábamos en El Marañón hace más de 15 años. Por lo demás, los sustos no habían pasado de unos cuantos hurtos y balaceras allende a nuestros predios.

Truncar una vida de un hombre joven, honrado y trabajador es un crimen doblemente cruel. Primero, el crimen en sí mismo, que es detestable contra cualquier vida humana; segundo, porque Alexis era un hombre amable que, difícilmente, sacaría su arma para amenazar a otra persona. Por lo que pudimos ver, sus asesinos le negaron hasta la oportunidad de someterse a sus amenazas o siquiera defenderse. Lo sorprendieron a tiros, así sin más.

Sentimos tristeza, como dijo el Arzobispo, por el asesinato de un hijo de Dios que considerábamos como de nuestra propia familia arzobispal. Sentimos dolor, por la manera tan vil en que fue occiso. Sentimos enojo, por la impotencia y la constante violencia a la que estamos sometidos los habitantes del país, por parte de la delincuencia que parece actuar en la más completa impunidad.

Unos días después de su muerte, la inmobiliaria donde tramitaba la compra de una vivienda nos llamó, para contactar a sus familiares cercanos y devolverle el dinero de enganche que había entregado, ya que una de nuestras compañeras le había servido como persona de referencia. Otros miembros del personal del Arzobispado han ofrecido su ayuda, para orientar a su viuda y a la familia en algunos aspectos legales.

No nos cabe duda que Alexis Rodríguez se ganó el aprecio de muchos, tanto en el Arzobispado como en el vecindario. Acompañamos a sus familiares en el servicio funerario. El rito de exequias fue concelebrado por los dos obispos auxiliares, los vicarios de la Arquidiócesis, y presidida por el Arzobispo Metropolitano. Vecinos del lugar también acudieron al sepelio, y hablaban bien de él; yo, personalmente, nunca le escuché una palabra inadecuada ni una expresión de enojo. Alexis era un buen hombre y, de seguro, se ha ganado el cielo y la Vida Eterna.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Alto a la violencia

2008-11-16
Editorial
Alto a la violencia

Los últimos días se han caracterizado por hechos violentos, con saldo de más o menos una docena de personas muertas a tiros. Nosotros mismos, aquí en el Arzobispado, hemos vivido de cerca esta experiencia. Pareciera que no hay freno ni quien pueda ponerlo.

Grande es el clamor por la sensación de inseguridad, por tanta muerte sin mayor motivo ni razón, y por el poco castigo que reciben los culpables de la sangre derramada en aras de nada que la justifique. Aparentemente es el síndrome de Caín que se desata contra un Abel representado en los muertos, muchos de ellos en la persona de infantes, ancianos, y hombres y mujeres inocentes que se cruzan en el camino de las balas asesinas.

Hace muchos años advertimos de las consecuencias que traería el negocio de la venta de armas, de la violencia ensalzada por los medios de comunicación, y de la cultura de la muerte que se propagaba a través de cierta modalidad y lenguaje social. De poco sirvieron las advertencias de entonces, pero que ahora hacen otros que, en su momento, nos tildaban de conservadores, anticuados y beatos.

Nuestra realidad, actualmente, es de inseguridad y hasta de caos, en cierto modo. Tenemos que retomar, con fuerza, la inculcación de principios y valores que tengan por bien preciado el respeto, la honestidad, la tolerancia, el civismo y la fe. Tenemos que recuperar el amor como sentimiento y lazo fuerte entre la familia y la comunidad, para construir un mundo mejor. En fin, nos hace falta practicar, enseñar y defender la cultura de la vida, para cambiar y superar este ambiente de violencia. Esperamos que, ahora, se abran los oídos y, finalmente, que este llamado sea escuchado.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 16 de julio de 2008

Nuestro entorno escolar

2008-07-06
El Ojo del Profeta
Nuestro entorno escolar

El ambiente escolar debe ser propicio para el buen aprovechamiento de la educación. Un entorno sano, tanto en su espacio como en la relación social que en él se da, redunda en una mejor formación del alumnado y en un ejercicio de la docencia eficaz.

Por el contrario, un ambiente insano en lo físico y lo moral, perjudica en grado sumo el proceso de enseñanza aprendizaje que da la escuela. El clima de violencia y agresión, de tono amenazante, y de edificios enfermos, lesiona gravemente a una porción de nuestro sistema educativo. Es una práctica malsana que debe ser corregida, antes que se apodere del resto.

Razón tienen los docentes al reclamar el respeto a su seguridad personal, e igual razón tienen los acudientes al exigir mayor eficiencia en la instrucción de sus acudidos. Lo que no es lícito para ninguna de las partes, ni merece justificación, es el acto artero de atentar contra la vida y la persona de quienes, en la escuela, buscan formar al ser humano del mañana y alimentarse de la savia del saber que los hará mejores personas en su adultez.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 24 de junio de 2008

La violencia atenta contra la razón

2008-06-22
El Ojo del Profeta
La violencia atenta contra la razón

La conducta de algunos quejosos que participaron en la protesta de hace unos pocos días, en rechazo del proyecto "Transmóvil" propuesto por el gobierno para la modernización del transporte colectivo en la capital, devino en violencia y en actos poco edificantes.

Un autobús incendiado, llantas pinchadas, golpes, ultrajes a los pasajeros, amenazas y atentados contra la integridad física de las personas, daños materiales y perjuicios incalculables es el triste fruto de tan insensata e indolente acción.

Quien tiene la razón no necesita recurrir a la violencia para reclamar un derecho; pero quien no la tiene y, además, recurre a la violencia como medio, deberá, más temprano que tarde, recurrir a la mentira como regla. Cuídense, pues, aquellos que ahora, por la pasión y la emoción han escogido el camino de la violencia, no vaya a ser que luego tengan que tomar el de la mentira; y mentira y violencia son pasaje seguro a la perdición.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 6 de junio de 2008

Dejemos a los niños un futuro de esperanza

2008-06-08
La Voz del Pastor
Dejemos a los niños un futuro de esperanza

"El trabajo es un derecho fundamental y un bien para el hombre" enseña el catecismo de la Iglesia Católica. Y añade el papa León XIII: Un bien útil, porque es idóneo para expresar y acrecentar la dignidad humana.

El trabajo es necesario para formar y mantener una familia, adquirir el derecho a la propiedad y contribuir al bien común de la familia humana. La consideración de las implicaciones morales que la cuestión del trabajo comporta en la vida social, lleva a la Iglesia a indicar la desocupación como una verdadera calamidad social.

El trabajo es un bien que debe estar disponible para todos aquellos capaces de él. La "plena ocupación" es, por lo tanto, un objetivo obligado para todo ordenamiento económico orientado a la justicia y al bien común.

El genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida social, por ello se ha de garantizar la presencia de las mujeres también en el ámbito laboral. El reconocimiento y la tutela de los derechos de las mujeres dependen de la organización del trabajo que debe tener en cuenta la dignidad y la vocación de la mujer "Cuya promoción, enseña León XIII, exige que el trabajo se estructure de manera que no debe pagar su promoción con el abandono y perjuicio de la familia, en la que como madre tiene un papel insustituible".

Y también los niños deben tener su trabajo específico como todo ser humano; pero con todos los acondicionamientos que exige su tierna edad. Así por ejemplo, los mandatos de los papás, los recados de las personas mayores, las pequeñas faenas de la casa como el cuidado del jardín, la limpieza de algunas áreas domésticas, el cuidado de los animalitos domésticos, etc. Pero el trabajo específico de los niños está primordialmente en la escuela: desde los primeros escarceos en el kinder, pasando por la primaria, hasta las últimas facetas de la secundaria. Así, mientras el papá y la mamá se afanan en el trabajo, o tal vez en el trajín del hogar, los niños desarrollan sus deberes, su trabajo, en la escuela. Es necesario que todo ser humano, desde su más tierna edad, vaya tomando conciencia de su deber fundamental: "trabajarás la tierra con el sudor de tu frente". Y desde la más tierna edad hay que sensibilizar, en el corazón de los niños, sus deberes y sus derechos.

Desafortunadamente, el trabajo infantil y de menores en sus formas intolerables, constituye un tipo de violencia menos visible, pero no por ello menos intolerable. Una violencia que, más allá de todas las implicaciones políticas, económicas y jurídicas, sigue siendo esencialmente un problema moral. Ya el Papa León XIII advertía en famosa encíclica Rerum Novarum: "En cuanto a los niños se ha de evitar cuidadosamente y sobre todo, que entren en talleres antes de que la edad haya dado el suficiente desarrollo a su cuerpo a su inteligencia y a su alma. Puesto que la actividad precoz agota, como a las hierbas tiernas, las fuerzas que brotan de la infancia, con lo que la constitución de la niñez vendría a destruirse por completo".

La plaga del trabajo infantil, a más de cien años de distancia, todavía no ha sido eliminada.

Su Santidad Juan Pablo II, de feliz memoria, en su mensaje de paz del primero de enero de 1996, refiriéndose a los niños, decía: "he querido poner claramente de relieve las condiciones con frecuencia dramáticas en que viven muchos niños de hoy. Lo considero un deber: ellos serán los adultos del Tercer Milenio. Sin embargo no pretendo ceder al pesimismo, ni ignorar los elementos que invitan a la esperanza. Es sobre todo en casa donde, antes incluso de cualquier palabra, los pequeños deben experimentar, en el amor que los rodea, el amor de Dios por ellos, y aprender que El quiere paz y comprensión recíproca entre todos los seres humanos llamados a formar una única y gran familia".

Y concluía el Papa: ¡Unámonos todos para acabar con cualquier forma de violencia! ¡Creemos las condiciones para que los pequeños puedan recibir como herencia de nuestra generación un mundo más unido y solidario!

Mons. Carlos María Ariz, cmf.
Obispo Emérito de la Diócesis de Colón - Kuna Yala

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viernes, 11 de abril de 2008

Violencia criminal

2008-04-13
Editorial
Violencia criminal

Continúa estremeciéndose el país con la violencia que desemboca en la muerte de personas, en la que destacan el asesinato por asalto y por supuesto ajuste de cuentas. Recientemente esa actitud criminal se cobró la vida de un reportero gráfico de un periódico local.

La cultura de la violencia es generada por un aparato complejo, que se alimenta de distintos factores, hábitos y costumbres. El desprecio hacia los valores tradicionales de la sociedad, la degradación de la disciplina personal y colectiva, la neutralización del control social, los modelos violentos ensalzados por los medios de comunicación y la música, el relajamiento del sistema coercitivo de las leyes y la complicidad por acción u omisión del entorno comunitario del delincuente son parte de los factores que alimentan la cultura de la violencia.

Si queremos contribuir a la disminución y el control de la violencia que nos golpea, debemos prestar atención a aquello que la estimula. Es una tarea colectiva que debe emprenderse con coraje y decisión, aunque ello implique poner límite al concepto de libertad ilimitada que algunos defienden con vehemencia. La libertad, quiérase o no, tiene una frontera demarcada por la responsabilidad y la conciencia de la consecuencia de nuestros actos.

El resultado positivo o negativo que obtengamos dependerá de lo que hagamos con respecto a este problema de la violencia. La solución estará en nuestras manos, siempre y cuando reconozcamos, sin tapujos, que el relajamiento moral es parte importante de toda esta situación.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 15 de febrero de 2008

Protestas

2008-02-17
A tiro de piedra
Protestas

Desde mi época escolar y universitaria he insistido en la forma pacífica de protesta, y me he opuesto a las manifestaciones violentas, porque considero que eso desvirtúa el reclamo que hacemos. La única ocasión en que recuerdo haber lanzado una piedra, fue en 1976, cuando el entonces ministro de Hacienda, Ernesto Pérez Balladares, encabezaba el establecimiento del impuesto de transferencia de bienes muebles conocido como el 5 por ciento. En la euforia juvenil, lanzamos ladrillos a un pelotón de policías que querían llevarse presos a uno de los nuestros que había resbalado y caído a la calle.

Fuera de aquella experiencia, participé en muchas marchas y protestas, siempre y cuando no se tornaran violentas. No comparto esa forma de reclamar. Tampoco estoy de acuerdo con el cierre de calles. Esta posición me buscaba problemas en la universidad, porque no era compartida por los grupos que tradicionalmente dirigen las protestas en la Universidad de Panamá.

El largo camino recorrido en protestas, desde la escuela, la universidad, la lucha contra la dictadura, y la militancia gremial, me han permitido ver algunas cosas como, por ejemplo: los agitadores que provocan la violencia, la conexión entre grupos que aparentan ser independientes unos de otros, la ejecución de tácticas del pequeño grupo que comanda, y la intención oculta que algunos llevan a las manifestaciones. Por eso, tanto la represión de la policía como la violencia de los agitadores profesionales, son cosa casi segura en aquellas protestas que convocan ciertos sectores en particular.

Los ciudadanos debemos exigir que toda protesta o manifestación se realice de manera pacífica. Nada de violencia. Nada de agitadores. Nada de represión innecesaria. No nos dejemos conmover por sentimentalismos ni afectivismo; procuremos discernir. Ningún reclamo ni ninguna defensa del estado de derecho justifica una muerte; ni ninguna muerte justifica más violencia y más muertes. Tan responsable es el que sacrifica la vaca, como el que le amarra la pata.

Razón tienen los obreros del Suntracs en reclamar el reglamento de seguridad que ayude a prevenir accidentes. También estaría justificada una huelga o paralización de labores en los sitios de construcción. Pero salir a la calle a afectar a otros que no tienen que ver con el asunto ni pueden solucionarlo, es un acto censurable e injustificado. Si escogieran el camino correcto, de seguro otros los apoyaríamos. Si eligen el rumbo equivocado, entonces tenemos que censurarlos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Los frutos de la violencia

2008-02-17
Editorial
Los frutos de la violencia

Los recientes disturbios ocurridos en la capital y varias ciudades del país, cuyos principales protagonistas han sido los obreros del sindicato de trabajadores de la construcción y la policía nacional, ponen de manifiesto que el diálogo y la negociación son superados, en este caso, por lo que se considera el derecho de protestar cerrando calles e impidiendo el paso, y por lo que se entiende como legitimidad del uso de la fuerza.

Ambas actitudes desembocan en violencia, independientemente del concepto o la justificación que se argumente. Y esa violencia no soluciona ni aprovecha; más bien divide y alimenta rencores. Esa violencia se salda, como en este caso, con la sangre de los muertos y heridos que ha dejado. Sangre que es del mismo color para uno y otro bando, derramada por la convicción de defender un derecho y por la obligación de preservar el orden público.

El conjunto de palos, bloques, llantas incendiadas, trozos de muro, perdigones, gases lacrimógenos, balazos, y varillas utilizados como arma, ¿de qué han servido? Esos instrumentos en manos de sus usuarios ¿qué fruto han dado? Ni unos ni otros son culpables, desde el punto de vista de su razón. Pero tampoco son del todo inocentes. Ya sea por defender un derecho, o por preservar el orden público, ningún acto de violencia está plenamente justificado.

Hacemos, desde aquí, un llamado a la cordura y a la concordia. Que hagamos del diálogo y la negociación, la vía usual de resolver las diferencias y todo conflicto. Al final eso es lo único que quedará por hacer, y es mejor abocarse a ello primero, que hacerlo después con la carga de los frutos que produce la violencia.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 28 de septiembre de 2007

Acción contra el terrorismo

2007-09-30
El Ojo del Profeta
Acción contra el terrorismo

El incidente suscitado a bordo de un avión de una aerolínea panameña responde a la acción contra el terrorismo que realizan los países del orbe, para prevenir situaciones que se cobren con la vida de inocentes y ocasionen graves daños a la población.

Vivimos una era en que la pérdida de valores ha traído como consecuencia la desconfianza, la violencia, y la creencia de algunos de imponerse sobre el resto a través del terror y la fuerza. Tenemos un mundo inseguro, en parte, en el que deben multiplicarse los esfuerzos para devolver el respeto por la vida, y la práctica de los valores fundamentales de la sociedad.

Ninguno tiene derecho a tomar la vida ajena, porque de Dios es la vida del hombre. No hay derecho, tampoco, al prejuicio y el estereotipo por razón de raza, religión, o condición social. Preservar la paz mundial depende de la claridad que tengamos frente a la fe y las ideas que nos separan y nos hacen diferentes en algunos aspectos, pero que nos unen en la diversidad y en nuestra humanidad. Sólo aprendiendo a tratar al prójimo como a nosotros mismos, empezaremos a derribar las barreras que, en no pocos casos, incentivan al terrorismo y a la violencia social.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 24 de agosto de 2007

Protestas

2007-08-26
El ojo del profeta
Protestas

Las diversas protestas que se han dado en el país en los últimos días, difieren en cuanto a su motivación y su método. Unas resultan pacíficas y respetan el derecho del resto de la población a transitar libremente; otras, aunque pacíficas, conculcan el derecho de libre circulación; y el resto, las menos, no da muestra de pacifismo ni de respeto al derecho ajeno.

Todos los ciudadanos tenemos el derecho de protestar y de expresar nuestras ideas, pero siempre bajo la obligación moral y legal del respeto hacia el resto de la comunidad. Una protesta violenta y que violente el derecho ajeno, aunque tenga razón de ser, se desvirtúa y provoca el rechazo a causa de esa violencia y esa violación del derecho que le asiste a los demás.

Nada justifica la violencia ni la afectación a otros; mucho menos cuando esa violencia es irracional y la conculcación del derecho ajeno afecta al inocente. Convenzámonos que la violencia sólo trae más violencia, y que sólo será respetado nuestro derecho cuando actuemos en reciprocidad con los demás.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Muerte al inocente

2007-08-12
Editorial
Muerte al inocente

Hace unos días un niño de 10 años fue muerto a tiros por un jovencito que se mantiene prófugo. No hubo motivo ni riña ni alguna otra cosa que, en apariencia, justificara ese acto inhumano o criminal. Sólo fue la acción de matar a un infante temeroso, que se acurrucó en un rincón cuando la pandilla entró disparando al patio en el que jugaba junto a otros pequeños.

La violencia armada que campea en ciertas zonas de la capital y otras ciudades del interior, se cobra con cientos de vidas al año. Unos de la misma calaña de los delincuentes; otros que resultan víctima de sus asesinos, sólo por el hecho de encontrarse en su camino.

Desde hace mucho advertimos, en este mismo espacio, del peligro que representa la proliferación de armas, tanto legales como ilegales. Caso omiso se hizo, y al pasar los años, las consecuencias que predecíamos, lastimosamente, se han producido.

Es necesario un mayor control sobre la posesión de armas, y sanciones ejemplares por su mal uso o pertenencia ilegal, sea quien sea el que incurra en tal falta o delito. La consigna de muerte al inocente que dictan algunos debe erradicarse, y solamente es posible hacerlo con leyes y autoridades capaces de frenar tan inhumana práctica.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 15 de agosto de 2007

Ausencia de amor

2007-08-05
Editorial
Ausencia de amor

Los miles de casos por violencia doméstica que reposan en los despachos judiciales son, entre otras cosas, el reflejo de dos situaciones: la falta de amor entre las parejas, y la valentía de las mujeres panameñas para denunciar el maltrato de que son víctimas, dejando atrás el tiempo del silencio ante tal atrocidad y pecado.

Esa ausencia de amor que aludimos, también tiene sus consecuencias en la violencia intrafamiliar que afecta a la niñez y a las personas ancianas, en muchos casos la población más vulnerable por el estado extremo de indefensión que por su realidad padecen.

Quien golpea y maltrata no ama; si amara, jamás haría daño a su prójimo, y mucho menos a los seres que le son cercanos. Panamá necesita urgentemente educar para el amor, y hacerlo a todos los niveles de la sociedad. La erradicación de la violencia, especialmente la intrafamiliar, es un objetivo que debemos esforzarnos por alcanzar.

Urge la realización de campañas contra la violencia en las escuelas, las oficinas, y los vecindarios, para coadyuvar en la transformación de nuestra sociedad. El amor y la paz son parte de la cultura de la vida que nos corresponde asumir y promover si queremos un país en el que la fraternidad y la concordia imperen. ¿Sabremos asumir este desafío?

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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