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lunes, 12 de octubre de 2009

Seguridad alimentaria

2009-10-11
El Ojo del Profeta
Seguridad alimentaria

La producción mundial de alimentos enfrenta el problema de calidad y distribución, que repercute en el estado de nutrición de los habitantes del planeta. Más que la escasez provocada por la cantidad insuficiente, son el acaparamiento, el control planificado, y el encarecimiento del precio, los que golpean a la población pobre del mundo.

De allí la importancia de la política estatal de seguridad alimentaria que asumamos, para fomentar la producción local y garantizar el abastecimiento externo en condiciones asequibles. Nuestra autosuficiencia alimentaria básica es vital, por lo que debe redoblarse el esfuerzo que se realiza en los planes nacionales dirigidos a esa meta. La alimentación, la nutrición y el bienestar moral y espiritual de la población son tan importantes, como la educación, la salud, o la vivienda. Corresponde al gobierno y a los particulares trabajar, denodadamente, en ese sentido, y afrontar el reto de la seguridad alimentaria con prontitud y decisión, en función de la colectividad y no de la ganancia o el interés sectario, que le da mucho a pocos y poco a muchos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 10 de agosto de 2009

¿Aumento de las penas?

2009-08-09
La Voz del Pastor
¿Aumento de las penas?

En Panamá, como en muchos países, ante el aumento de la inseguridad ciudadana, se ha presentado con fuerza como un remedio, la propuesta de aumentar las penas a los menores. Es evidente que la violencia ha crecido y los jóvenes se visibilizan más en ella. Se cometen crímenes a edades tempranas y las víctimas por este efecto son cada vez más precoces. Urge contar con políticas que aborden las causas que llevan a esta escalada de violencia en que los jóvenes son tanto víctimas como protagonistas.

El caldo de cultivo y factor que más afecta a los jóvenes de ambos sexos es la pobreza, con todas sus implicaciones, que, en círculo vicioso, también les dificulta el acceso a empleos dignos. Se necesita combinar políticas y medidas preventivas con punitivas, lo que implica represión de los efectos pero atención a las causas; acciones educativas; programas que fortalezcan el primer empleo; y una adecuada reinserción social para los jóvenes rehabilitados.

En efecto, el deterioro social está ligado a múltiples factores. Uno de los más influyentes es el aumento de las desigualdades sociales. ¿Qué factores actúan sobre la criminalidad? Existe una correlación robusta entre ascenso de la delincuencia y desocupación juvenil.

Existe una relación directa entre deterioro del núcleo familiar y delincuencia. La familia es una institución decisiva en materia de prevención del delito. Si ésta funciona bien, impartirá valores y ejemplos de conducta en las edades tempranas que serán después fundamentales, pero la familia está siendo erosionada en nuestro entorno.

Tampoco olvidar que la denuncia de la violencia de género ha aumentado, junto con la persistencia de una grave desprotección para niños y jóvenes abusados. Además, están las conductas violentas autoinflingidas o dirigidas a otros vinculadas al consumo de alcohol y drogas.

Otra correlación es la observable entre educación y criminalidad. También hay que tomar en cuenta que para los pobres recibir una educación de baja calidad implica acceso a empleos con baja remuneración, disminuyendo su capacidad de mejoramiento de su calidad de vida.

En América Latina, la propuesta punitiva, pone el énfasis en aumentar el número de efectivos policiales, dar mayor discrecionalidad a la policía, bajar la edad de imputabilidad, modificar los códigos penales para reducir las garantías que se considera obstaculizan el trabajo policial, aumentar el gasto en seguridad en general. Por su parte, la propuesta preventiva considera que el método punitivo sólo logra efectos aparentes a corto plazo.

Ante el miedo y la incertidumbre, la vía punitiva tiene amplio terreno para prosperar. Sin embargo, es necesario mirar más allá. El debate es bueno para pensar, clarificar, antes de actuar. Con seguridad, empresas criminales organizadas como el narcotráfico, el secuestro y otros, requieren una respuesta contundente de la sociedad que tiene todo el derecho a defenderse de ellos, pero no olvidar que una parte importante del delito está ligado estrechamente al crecimiento de la pobreza y la desigualdad. Está en juego la calidad moral básica de nuestra sociedad.

Atacar los factores estratégicos requiere que las sociedades inviertan fuertemente en aumentar las oportunidades ocupacionales para los jóvenes, en desarrollar políticas sistemáticas de protección a la familia y en fortalecer la educación. Estado y sociedad civil deben sumar sus esfuerzos para llevar adelante un plan concertado de acción comunitaria orientado a crear oportunidades de trabajo y desarrollo para los desfavorecidos; de cambios en educación. Si se evade una discusión a fondo sobre las causas últimas del problema delictivo y, por el contrario, se concentra la acción en la mera punición, se corre el grave riesgo de deslizarnos hacia la criminalización de la pobreza, pasando los desfavorecidos a ser vistos como sospechosos en potencia, que deben ser confinados tras barreras protectoras; indagados o vistos con suspicacia sólo por su rostro y su aspecto, agrediendo de esta manera la dignidad de la persona humana.

Mons. Pablo Varela Server
Obispo Auxiliar

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lunes, 16 de marzo de 2009

La violencia la añade el demonio

2009-03-15
El Ojo del Profeta
La violencia la añade el demonio

Desde que Caín mató a su hermano Abel la humanidad no cesa de sufrir la violencia de hermano contra hermano. Se hiere y se asesina por causa de la ambición, la envidia y la venganza. Quien quiere dinero o algún bien de otro, mata. Quien siente odio contra su prójimo, llega al extremo de convertirse en asesino. Quien guarda rencor por alguna ofensa que le han hecho y no la soporta, se cobra con la muerte de su semejante. Así funciona todo ser humano cuando, alejándose de Dios, se deja arrastrar por sus instintos y por lo mundano, en detrimento de su ser espiritual. Paradójicamente, su espíritu es lo primero que mata, antes de matar a su congénere.

La soberbia, el enojo, la ira y la ambición son caldo de cultivo para la violencia. Lo que se añade, lo dicta el demonio. La violencia tiene su origen en lo antes dicho. No basta los policías, las armas y la represión; que resultan legítimas como parte de la vida en sociedad, pero que no son la solución exclusiva para el problema.

Estamos ante un reto que reclama el apoyo de la comunidad, libre de toda bandería política o interés sectario. La violencia nos amenaza a todos por igual, como puede comprobarse, y la solución al problema compete a todos, según lo que corresponde a cada quien.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 9 de marzo de 2009

Dónde poner la vida

2009-03-01
El Ojo del Profeta
Dónde poner la vida

La existencia del hombre le plantea el reto de su seguridad personal, y por eso busca afanosamente sentirse seguro. Necesita la protección de una vivienda, la tranquilidad de un ingreso económico, la cura de sus enfermedades, y un ambiente en el que pueda habitar sin riesgos. Sin embargo, la seguridad del ser humano no depende totalmente de él, sino que es dependiente de la voluntad de Dios. Aún con toda su ciencia y su tecnología, el hombre es incapaz de prolongar sus días.

El dilema hombre, en cuanto a la seguridad que busca, es la aceptación de Dios en cada aspecto de su vida. Tiene poder limitado para dominar la tierra, crear e inventar, y dirigir los asuntos terrenos que competen a la obra humana; pero no le es dado contar los cabellos de su cabeza, o determinar cuántos será sus días y los de sus semejantes.

Si alguna decisión importante debemos tomar en nuestra vida, esta es decidir en qué manos la ponemos. Bien dijo el Señor al hombre que, donde está su tesoro estará su corazón. Pongamos, pues, nuestro corazón en las cosas de Dios, y no en cuestiones viles y mundanas que sólo avivan la ambición, el egoísmo y la soberbia que pierden al hombre. Quien quiera guardar su vida, la perderá; y quien la pierda por el Señor, la salvará.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 15 de diciembre de 2008

Visión turística

2008-12-14
El Ojo del Profeta
Visión turística

El desarrollo del turismo en el país abre grandes oportunidades a la población, porque es una actividad que alcanza a un gran número de personas en sus beneficios y su participación. La población pobre puede beneficiarse si los programas de capacitación llegan a ella, para mejorar su producción de alimentos, artesanías y los servicios que se adecúen a las necesidades y exigencias del sector turismo.

Hay que cuidar con mucho celo la buena atención que se pueda prodigar a los turistas y, sobre todo, el ambiente de higiene y seguridad públicas que son pieza clave en la actividad turística.

La superación individual también es importante. Corresponde al Estado proveer los medios para facilitar la educación, el desarrollo de empresas familiares, y la gestión local para explotar los recursos y las ventajas que cada región puede ofrecer al turismo. Aprovechar esos medios y facilidades es responsabilidad de cada quien que desee mejorar su situación socio económica, con la base en el esfuerzo de un trabajo honrado y la superación personal.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 23 de julio de 2008

De vuelta al campo

2008-07-20
A tiro de piedra
De vuelta al campo

El abandono de la producción agrícola por más de una década, en distintas partes del mundo, obliga a los países a retomar el cultivo de la tierra dentro de sus fronteras de cara a alcanzar la llamada “seguridad alimentaria”. Una globalización mal entendida, en su concepción y su práctica, y el desordenado comercio de productos extranjeros en detrimento del productor local son los principales factores de la crisis mundial actual, en materia de autoabastecimiento alimentario de los países.

Aprendida la lección, algunas naciones comienzan a fomentar la vuelta al campo, para motivar al campesino y a los pequeños productores a cultivar la tierra para el aprovisionamiento interno. Pero esto, al igual que el resto de la actividad agropecuaria e industrial doméstica, debe hacerse con una clara visión de la meta a alcanzar. La improvisación y el desorden, de darse, igualmente traerán desazón y fracaso.

Los primeros años de la globalización trajeron caos, como toda alteración de un sistema ya existente, para pasar a otro. Había que probar el sistema global para conocer sus consecuencias. Ahora sabemos que no todo es exportación ni importación para suplantar el producto local; se trata, más bien, de orientar la producción de bienes y servicios hacia ambas direcciones. Las empresas deben tener la capacidad de trabajar en un sistema dual, combinando el acceso al mercado internacional con su participación en el mercado local, según la actividad que desempeñan.

De esa realidad no está exento el sector agrícola. Si vuelve al sistema anterior, se le hará difícil sobrevivir y competir, tanto dentro como fuera. El punto en donde se vio forzado a abandonar la actividad productiva, en nada se parece al momento actual en que debe retomarla. Es preciso hacer una actualización en el método, la tecnología y la manera de acceder al mercado. La nueva realidad le presenta retos como: los costos de producción y la calidad del producto, el uso racional de la tierra, y el desarrollo de una actividad sustentable y sostenible.

Veo con simpatía la iniciativa de ayudar al productor agrícola; pero siento aprensión con respecto a la formación que puedan recibir para afrontar la nueva realidad. Se hace énfasis en el crédito, la provisión de semillas y un poco en el mercadeo; pero poco he oído de trasladar el conocimiento de forma institucionalizada. Es todo un desafío, y enfrentarlo reclama un esfuerzo mayor que integre todos esos componentes para obtener resultados aceptables.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 14 de mayo de 2008

La Policía como Institución

2008-05-11
El Ojo del Profeta
La Policía como Institución

La sociedad humana necesita de instituciones para permitir que se desarrolle la convivencia y el desarrollo de la vida en ella, y la policía es una de esas instituciones. Contrario a la creencia común, la policía es mucho más que el cuerpo o fuerza que vela por el cumplimiento de las normas de orden público. La policía, antes que el cuerpo uniformado, es la organización y normas internas para mantener el orden en la colectividad.

Con la renuncia del hasta ahora director de la Policía Nacional, se abre el debate acerca de si corresponde a un civil o a un uniformado ocupar ese cargo. La ley vigente señala lo que debe hacerse, y así debe cumplirse. Reformarla para facilitar que con el cambio se pueda, legalmente, hacer otra cosa, no es correcto ni conveniente para el país.

Que no nos perdamos, por razón del manejo torcido y oportunista de la política, por caminos tortuosos que a mal destino llevarán. En la nación hay un sentir y un espíritu que inspira la razón y el sentido de lo que debe ser la institución de policía dentro de un régimen democrático; hacerla más profesional y eficaz es lícito en lo moral y en lo jurídico; desvirtuar su papel, en manera alguna jamás será permitido.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 12 de marzo de 2008

Ética y política

2008-03-09
La Voz del Pastor
Ética y política

Las ciencias sociales suelen considerar que el punto de partida más adecuado para acercarse a lo que es la política es el hecho de que la sociedad no es homogénea. Su heterogeneidad se manifiesta a muchos niveles: existen diferencias raciales y culturales; otras tienen su origen en factores socioeconómicos, y son también dignas de mención las diferencias de mentalidad o ideológicas que expresan en formas distintas de entender el mundo o indiferentes sistemas de valores que pueden tener una connotación religiosa o carecer de ella.

Pues bien, la política consiste en el esfuerzo por encauzar la solución de todos esos conflictos. Más en concreto, lo que se pretende es evitar que los mismos se resuelvan por la fuerza y la violencia: es decir, que en esas luchas sociales, que son inevitables, no termine imponiéndose la ley del más fuerte. La política no aspira, por consiguiente, a negar el conflicto, sino a encauzarlo. A conducirlo a una salida donde impere alguna forma de racionalidad para que no tenga que imponerse simplemente la fuerza.

En concreto, la política podría definirse come el conjunto de actividades encaminada a la creación, modificación o mantenimiento de un orden global de convivencia mediante el uso o la conquista del poder.

La necesidad del poder político ha sido reconocida desde antiguo, porque el ser humano ha vivido bajo la amenaza de sus semejantes. La autoridad del gobernante se convertía en la garantía de paz y seguridad, por eso, la ética política se construía esencialmente en torno a las relaciones de la autoridad y el deber de obediencia hacia ella. Era frecuentemente incluso que se equiparara al gobernante con el padre de familia y se tomara a la familia como modelo de la sociedad.

Pero hoy el tema del poder se enfoca de forma diferente, y este enfoque nuevo es una consecuencia de esa experiencia frecuente en la historia: la facilidad con que el poder político pierde el sentido de su función y se convierte en un poder despótico que abusa de los ciudadanos. De ahí que se plantee la necesidad que tiene el ciudadano de defenderse del poder, defensa que únicamente puede proporcionarla por medio de una efectiva ética política.

Toda institución política tiene una fundamentación ética en la medida en que pretende salvaguardar el valor de garantizar un orden global de convivencia y permita, al mismo tiempo, que el sujeto humano viva en libertad.

Pero también podemos hablar de una ética civil, una ética que es perfectamente coherente con la sociedad democrática, si entendemos ésta no sólo como una forma de organización social. sino como el modelo que mejor responde a las condiciones del pluralismo moderno y a las aspiraciones del hombre de nuestro tiempo. Por eso algunos la consideran como el compendio de las reglas de juego que necesita la sociedad democrática para hacer viable la convivencia y la participación. Dichas reglas pretenden, en primer término, sacar al sujeto de su egoísmo consumista y de su desinterés por lo que afecta a la sociedad como un todo y, en una palabra, hacerlo auténtico ciudadano. Suelen citarse como virtudes características de la ética civil así concebida, la tolerancia. la responsabilidad, los buenos modales, la profesionalidad.

Sin duda, la más acabada formulación de la ética civil es la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Su alcance es verdaderamente universal. Desborda, por tanto, las fronteras nacionales y raciales, y aspira a convertirse en espíritu común de todos los pueblos de la tierra.

Por lo que se refiere a la Iglesia, ¿qué aporta la fe a esta tarea, en qué sentido puede contribuir a enriquecer esta ética sin pretender restringirla de forma exclusiva a nuestros planteamientos de fe? En realidad, esta contribución no ha estado nunca ausente del discurso moral de la Iglesia. En concreto, el magisterio eclesial siempre ha querido que su doctrina moral tuviera una racionalidad que la hiciera aceptable a todo entendimiento humano. Y esto no es más que una exigencia de nuestra fe que no renuncia a ser razonable y por eso quiere mantenerse en diálogo constante con la razón humana. Esto pertenece a lo más íntimo de la tradición teológica cristiana.

Toda la doctrina social de la Iglesia, sin ir más lejos, ha tenido desde el principio una preocupación evidente por fundamentar sus grandes afirmaciones, no precisamente a partir de principios cristianos, sino de la ley natural. Pensemos, por ejemplo, en la doctrina de la propiedad privada, una caso paradigmático por la importancia que tiene, sobre todo en toda la primera etapa de la Doctrina Social: es llamativo el esfuerzo que hace León XIII en la carta encíclica Rerum Novarum (1891) por mostrar cómo el derecho a la propiedad privada deriva de la naturaleza especifica del hombre.

En definitiva, "La Iglesia cumple su misión de anunciar el Evangelio, enseña al hombre, en nombre de Cristo, su dignidad propia y su vocación a la comunión de las personas, y le descubre las exigencias de la justicia y de la paz, conformes a la sabiduría divina".

Mons. Carlos María Ariz
Obisp Emérito de la Diócesis de Colón -- Kuna Yala

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viernes, 15 de febrero de 2008

Protestas

2008-02-17
A tiro de piedra
Protestas

Desde mi época escolar y universitaria he insistido en la forma pacífica de protesta, y me he opuesto a las manifestaciones violentas, porque considero que eso desvirtúa el reclamo que hacemos. La única ocasión en que recuerdo haber lanzado una piedra, fue en 1976, cuando el entonces ministro de Hacienda, Ernesto Pérez Balladares, encabezaba el establecimiento del impuesto de transferencia de bienes muebles conocido como el 5 por ciento. En la euforia juvenil, lanzamos ladrillos a un pelotón de policías que querían llevarse presos a uno de los nuestros que había resbalado y caído a la calle.

Fuera de aquella experiencia, participé en muchas marchas y protestas, siempre y cuando no se tornaran violentas. No comparto esa forma de reclamar. Tampoco estoy de acuerdo con el cierre de calles. Esta posición me buscaba problemas en la universidad, porque no era compartida por los grupos que tradicionalmente dirigen las protestas en la Universidad de Panamá.

El largo camino recorrido en protestas, desde la escuela, la universidad, la lucha contra la dictadura, y la militancia gremial, me han permitido ver algunas cosas como, por ejemplo: los agitadores que provocan la violencia, la conexión entre grupos que aparentan ser independientes unos de otros, la ejecución de tácticas del pequeño grupo que comanda, y la intención oculta que algunos llevan a las manifestaciones. Por eso, tanto la represión de la policía como la violencia de los agitadores profesionales, son cosa casi segura en aquellas protestas que convocan ciertos sectores en particular.

Los ciudadanos debemos exigir que toda protesta o manifestación se realice de manera pacífica. Nada de violencia. Nada de agitadores. Nada de represión innecesaria. No nos dejemos conmover por sentimentalismos ni afectivismo; procuremos discernir. Ningún reclamo ni ninguna defensa del estado de derecho justifica una muerte; ni ninguna muerte justifica más violencia y más muertes. Tan responsable es el que sacrifica la vaca, como el que le amarra la pata.

Razón tienen los obreros del Suntracs en reclamar el reglamento de seguridad que ayude a prevenir accidentes. También estaría justificada una huelga o paralización de labores en los sitios de construcción. Pero salir a la calle a afectar a otros que no tienen que ver con el asunto ni pueden solucionarlo, es un acto censurable e injustificado. Si escogieran el camino correcto, de seguro otros los apoyaríamos. Si eligen el rumbo equivocado, entonces tenemos que censurarlos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Seguridad en la construcción

2008-02-17
El Ojo del Profeta
Seguridad en la construcción

El auge de la construcción en Panamá es alabado por algunos sectores y considerado como un signo del progreso del país. Mucho es el bien que hace esta actividad ofreciendo empleo, generando trabajo indirecto, y dándole un aspecto renovado al ambiente urbano de la ciudad capital y otras ciudades del interior. También provoca daño ambiental, destroza calles, contribuye a congestionar el tráfico durante y después de terminar los edificios, y es escenario de accidentes por descuidos y por desatender las reglas de seguridad.

No en vano los vecinos de las construcciones, los activistas civiles, y los trabajadores de la construcción se quejan por el incumplimiento de las normas de seguridad. Los trabajadores, en particular, han realizado protestas en estos días, porque aún está por ponerse en práctica el reglamento de seguridad en las construcciones.

Si queremos vivir en paz, especialmente en una ciudad plagada de construcciones, debemos volver al principio de respetar al otro, y no hacerle aquello que no me gusta que me hicieran a mí. Que la seguridad sea más que arneses, mallas, y equipo seguro, sino la calidad en los materiales, la vivienda ventilada y con buena iluminación, el espacio para el esparcimiento y el peatón; pero, sobre todo, el evitar lograr los propios fines por encima de cualquier cosa y de cualquiera de mis semejantes.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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jueves, 14 de febrero de 2008

Seguridad pública

2008-02-03
Editorial
Seguridad pública

Las autoridades están instituidas para defender la vida, honra y bienes de los asociados. Al menos ese es el enunciado constitucional, y sobre el cual debe inspirarse toda acción y toda ley que emane de los poderes públicos y de quienes ocupan cargos con mando y jurisdicción en el país.

El tema de la seguridad pública vuelve a caldear el ambiente, por los delitos y actos criminales, entre los que sobresale el asesinato, que se suceden con frecuencia últimamente. La situación provoca que se levanten voces de protesta y reclamo; algunas de la comunidad que se siente amenazada en su vida e integridad física y material, y otras, en función de su papel político de gobierno u oposición, según sea el caso.

Instaurar un estado de paz y seguridad pública implica, entre otras cosas, la acción efectiva de las autoridades y la cooperación ciudadana. Mientras escuchamos condenas y justificaciones, muy poco se avanza en aquel sentido. Sanciones más duras podrían disuadir o infundir temor, pero son cosa muerta si no se actúa. Tenemos que atender el asunto de manera integral: prevención, coerción, persecución, y administración de justicia expedita y ejemplar.

Sabido es que para resolver el problema necesitamos, al menos, de dos elementos: voluntad y confianza. Voluntad para ejecutar un plan preventivo de educación ciudadana, de promoción de valores, y de erradicación del ocio que incita a hacer el mal; y confianza en la actuación diligente y eficaz de las autoridades administrativas, policiales, y judiciales. Y en estas últimas, particularmente, para que eviten toda dilación, tecnicismo, formalismo, y actos de corrupción, que traen la ley a menos y la convierten en un medio inútil para impartir la justicia que la sociedad reclama.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 25 de enero de 2008

Electricidad y agua

2008-01-06
A tiro de piedra
Electricidad y agua

La generación de electricidad y la provisión de agua potable son dos actividades estratégicas que debe controlar el estado. Cuando digo controlar no me refiero, necesariamente, a la administración total y caprichosa de las empresas o entidades encargadas de hacer esa labor; me refiero, expresamente, a la producción, la distribución, y la fijación del precio que deben pagar la población y los usuarios por la electricidad y el agua que consumen.

Si algo hemos hecho mal es la privatización de la generación, distribución, y facturación de la energía eléctrica, tal como la conocemos. Es una experiencia que nos resulta costosa e inconveniente. En mi opinión, el estado panameño debe recuperar el manejo de la generación y la distribución de la electricidad, y dejar la facturación en manos privadas. De esa forma se garantiza el carácter pleno de servicio público que debe tener la provisión de electricidad. También nos facilitaría que, si no nos gusta el servicio de la empresa que factura, nos podemos cambiar a otra sin necesidad de mudarnos a otro lugar, como ocurre hoy y que hace imposible que disfrutemos del beneficio de la competencia que, se supone, debe existir en un mercado de libre oferta y demanda.

Desde este momento debemos, como país, adoptar la estrategia para recuperar el control de la generación eléctrica, a través de una empresa estatal que pueda manejarse libre de la influencia política dañina. Ya lo hemos demostrado con el Canal, y bien podemos hacerlo con la electricidad y el agua.

El futuro inmediato para los países del mundo revela que el aprovisionamiento de energía y el manejo de los recursos hídricos son situaciones de vida o muerte para sus sociedades. Si no realizamos que ellas son prioridad estratégica para nosotros, estaremos comprometiendo la existencia de nuestra población, principalmente la urbana, que ya es mayoría entre nosotros.

Panamá no puede permitirse que electricidad y agua encarezcan o escaseen. No podemos comprometer nuestro futuro y nuestra propia vida, por dejar de prestar atención a este tema. Si dejamos la generación y distribución de la electricidad en manos del comercio, llegará el día en que aún produciéndola la veremos traspasar al mejor postor del extranjero. Si cometemos la equivocación de privatizar la producción de agua potable, mucha de nuestra gente beberá agua que no será apta para el consumo humano y que provocará enfermedades y malestares a nuestros habitantes por no poder pagar por aquella.

Quiera Dios y no perdamos más tiempo, antes de tomar una decisión al respecto. Electricidad y agua son vitales, y su control estratégico. Este es un principio irrenunciable, sobre el que nuestra conciencia y convicción nunca debe transigir, porque están en juego nuestras propias seguridad y vida nacional y personal.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Prevenir es mejor

2007-12-23
El Ojo del Profeta
Prevenir es mejor

Reza un adagio que prevenir es mejor que lamentar, y las Escrituras nos alertan de saber construir nuestra casa sobre la roca firme y saber hacer bien nuestros cálculos en cada empresa. La sabiduría del mundo y la divina, coinciden en medir bien las consecuencias de nuestras acciones.

Con el reciente incendio en un centro comercial de la ciudad, se ha denunciado la ausencia de medidas de seguridad para el público frente a un evento o desastre fortuito. Ni es la primera vez, ni es el único lugar que se juega la integridad física de las personas, ya sea por desconocimiento o por desidia. Pareciera que no hemos tenido suficiente con el bus incendiado el año pasado, o el grave accidente de hace varios años con los fuegos artificiales en el estadio de béisbol.

Personas sensatas ayudan a construir comunidades sensatas, las que, a su vez, conformarán una sociedad sensata. Y la sensatez, por estos días, parece estar ausente en muchos campos de nuestra vida nacional. Quiera Dios y adquiramos un corazón sensato, para que podamos crecer en gracia y sabiduría.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 19 de diciembre de 2007

Prevenir es mejor

2007-12-16
El Ojo del Profeta
Prevenir es mejor

Reza un adagio que prevenir es mejor que lamentar, y las Escrituras nos alertan de saber construir nuestra casa sobre la roca firme y saber hacer bien nuestros cálculos en cada empresa. La sabiduría del mundo y la divina, coinciden en medir bien las consecuencias de nuestras acciones.

Con el reciente incendio en un centro comercial de la ciudad, se ha denunciado la ausencia de medidas de seguridad para el público frente a un evento o desastre fortuito. Ni es la primera vez, ni es el único lugar que se juega la integridad física de las personas, ya sea por desconocimiento o por desidia. Pareciera que no hemos tenido suficiente con el bus incendiado el año pasado, o el grave accidente de hace varios años con los fuegos artificiales en el estadio de béisbol.

Personas sensatas ayudan a construir comunidades sensatas, las que, a su vez, conformarán una sociedad sensata. Y la sensatez, por estos días, parece estar ausente en muchos campos de nuestra vida nacional. Quiera Dios y adquiramos un corazón sensato, para que podamos crecer en gracia y sabiduría.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 15 de agosto de 2007

Seguridad Laboral

2007-08-05
El Ojo del Profeta
Seguridad Laboral

Lamentable y dolorosa resulta la muerte de cuatro trabajadores de una obra en construcción, que quedaron sepultados tras un deslizamiento de tierra en el lugar donde laboraban. Ellos se suman a otros once fallecidos durante este año, en diversos accidentes de trabajo en tareas similares.

Desde hace algún tiempo persiste la queja por la inadecuada seguridad laboral en las obras que se construyen, especialmente en las de gran altura. A pesar de las reuniones y las medidas adoptadas, aún ocurren accidentes fatales que bien pueden evitarse.

Es urgente una real y efectiva inspección en los sitios de trabajo, y que todas las partes, autoridades, empresarios y trabajadores, cumplan con las medidas de seguridad que están pensadas para crear un ambiente laboral seguro y salvaguardar la vida de quienes trabajan en las obras. Ya es tiempo de deponer, también, las actitudes que llevan a hacerse los de la vista gorda, o que intentan imponer, a palo, varilla, y soborno, el criterio y el poder de los que quieren prevalecer sobre los demás.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 9 de julio de 2007

La Peatonal de la Central

2007-07-08
A tiro de piedra
La Peatonal de la Central

Cuando se convirtió el tramo de la Avenida Central desde las plazas 5 de Mayo hasta la de Santa Ana, de paso vehicular a peatonal, la intención primordial era la de crear un espacio abierto que sirviera los propósitos comercial, turístico, y recreativo. Tras más de una década, la pérdida del valor comercial y el poco interés que despierta la vía, hacen crisis y amenazan con ponerle fin a su carácter peatonal.

La presión de algunos comerciantes de la zona ha llevado a la actual autoridad alcaldicia a evaluar la posibilidad de devolver la avenida a su anterior condición de paso vehicular; medida que en poco o casi nada contribuirá a elevar las ventas de los establecimientos comerciales aledaños.

Para tener un indicio más certero de las causas que provocan el desinterés de la población en ir de compras a la peatonal, o utilizarla como sitio de esparcimiento, se impone preguntarle a los propios citadinos el porqué no la ven como un sitio atractivo para esos asuntos.

Desde que escuché la noticia de su probable eliminación como vía peatonal, le he preguntado a algunas personas su opinión acerca de la Avenida Central como sitio de compras y de paseo. La respuesta mayoritaria es la inseguridad que sienten de ir allá. También mencionan la falta de estacionamiento, para los que tienen automóvil; y los que no tienen, las dificultades para conseguir un taxi o la demora del viaje en autobús. Otras razones que dan, aunque en menor grado, es la calidad de la mercancía, y los precios similares a los centros comerciales. En este último punto salieron a relucir como fuertes competidores los locales de Los Pueblos de Juan Díaz y Albrook. Al preguntarles si irían a la Central si le devuelven el tránsito de vehículos, la respuesta casi unánime fue un rotundo no. Dicho en sus palabras: es una locura, porque agravará los tranques.

Mi ejercicio de consulta no es científico, pero es un indicador de la percepción que tiene actualmente el público sobre la Peatonal. Quién sabe el resultado que puede revelar una encuesta en propiedad, pero las respuestas que recibí de seguro que aparecerían en ella.

En mi opinión, la autoridad alcaldicia debe pensárselo muy bien antes de complacer a los que piden, sin un estudio previo, la eliminación de la Avenida Central como vía peatonal. Si el asunto es comercial, así no se resolverá; y si es político, entonces sería otra cosa que aquí no comentaré. El asunto a resolver es la seguridad en el área, los espacios para estacionar, el transporte eficiente, y la calidad de la mercancía y sus precios competitivos. Salvo los dos últimos, el resto compete a la autoridad. Que cada quien haga lo que le corresponda.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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jueves, 5 de julio de 2007

Control de tráfico de drogas

2007-07-01
El Ojo del Profeta
Control de tráfico de drogas

Nuestro país es un paso apetecido para el trasiego de drogas y todo tipo de mercancía ilícita, porque presenta condiciones que están ligadas con su posición geográfica, sus puertos, sus comunicaciones, transporte, y movimiento de millones de pasajeros. Son, pues, actividades criminales con las que tenemos que lidiar muy a pesar nuestro.

A sabiendas de aquello, como parte de nuestra agenda estatal tenemos que invertir grandes recursos, tanto humanos como tecnológicos, para perseguir los delitos de narcotráfico y de contrabando; especialmente las sustancias prohibidas y las armas, que tanto daño le hacen a la humanidad a la imagen del país.

Sólo con organismos de investigación judicial y de policía fuertes, profesionales, y extremadamente honestos podremos ejercer control eficaz sobre ese ilegal tráfico, y mantener en alto el buen nombre de Panamá. Es una lucha permanente, en la que es irrenunciable toda acción represiva y coercitiva que legitimamente nos corresponda como estado libre y soberano.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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