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lunes, 19 de enero de 2009

Balboa y la cinta costera

2009-01-18
A tiro de piedra
Balboa y la cinta costera

La construcción de la llamada cinta costera avanza y toma forma poco a poco, para cambiar el paisaje de la bahía que baña su malecón con sus aguas. Es una obra envuelta en el vaivén político, cuyo valor y sentido son difíciles de apreciar ahora.

Acerca de los pormenores de su costo o diseño, casi nada tengo que decir, porque en este momento ni lo mucho ni lo poco se ha terminado de hablar. En lo que sí me arriesgo a alzar mi voz es en el nombre que debe llevar la obra, una vez terminada. Debe llamarse Vasco Núñez de Balboa, porque tenemos más de una razón para pedir que así sea. Al menos doy dos: Conservar el nombre de Balboa, porque de lo contrario se acabaría con la avenida costanera que ha identificado a la ciudad de Panamá por más de tres cuartos de siglo. Mantener el nombre de Balboa, porque estamos a 4 años de conmemorar los 500 años del descubrimiento del Mar del Sur por el personaje que lleva su nombre, y porque en 10 años más la Ciudad de Panamá celebrará su quinto centenario de fundación.

Que no nos perdamos en otros nombres o en regatearnos el de Balboa con arengas o frases de barricada, tales como: Balboa no descubrió nada, era un saqueador o ladrón, o cualquier otra parecida. Nuestra historia debe apreciarse, con lo bueno, lo malo y lo feo. Vasco Núñez de Balboa tiene, aún con sus errores, sus aciertos y méritos. Somos una nación que, al menos en lo étnico, no tiene una pureza de raza al cien por ciento. Somos mezcla de amerindios, europeos y negros. Eso somos, y ninguno puede excluirse, por más aborigen, blanco o negro que se crea.

Esa cinta costera que tanto nos hace polemizar es, a ojos vista, un ensanchamiento de la actual Avenida Balboa. No es algo nuevo o independiente. Y, así, como a ningún habanero o carioca se le ocurriría cambiar el nombre al Malecón de La Habana o al pase de Copacabana, así tampoco nosotros debemos privarnos de llamar a la vía costanera de la ciudad capital por su nombre: Avenida Balboa o Bulevar Balboa.

Ojalá que las autoridades nacionales y municipales presten atención a este detalle. Que nuestros urbanistas, que tanta preocupación y valioso aporte han demostrado ante la cinta costera, aunque en algunos aspectos los hayan ignorado, acojan y defiendan la idea de conservar el nombre de Balboa para esa obra. Bastante algunos le han robado a la ciudad en espacios y lugares públicos, sin contar con su conjunto arquitectónico, para que acaben de destruir una denominación que nos identifica como urbe costera.

Falta poco para que la obra concluya. Apenas unos meses más y se podrá ver. Cómo se llamará; aún no se sabe. Pero eso de nueva vialidad o cinta costera no cuenta con mi voto, porque el nombre es inapropiado y porque nos recordará, mientras usurpe el nombre de Balboa, todos los matices que le dan colorido a sus secretismos y sus escándalos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 11 de abril de 2008

Pico y placa

2008-04-13
A tiro de piedra
Pico y placa

Recientemente leí un reportaje que informa de un posible plan para disminuir el tráfico por las calles de la ciudad capital, que restringirá la circulación de los vehículos, según el número de matrícula, en las llamadas "horas pico" de la mañana y de la tarde; medida que podría extenderse a todo el día.

En principio la acción tiene sabor amargo, pero es comprensible por la situación que vivimos a consecuencia de los tranques. Pensándolo mejor, vemos que su probabilidad de éxito es poca, porque el congestionamiento vehicular obedece más al caos urbano que al tráfico en sí. Dicho en otras palabras: el abuso en la construcción de edificios de alta densidad de ocupantes, en zonas con el mismo número y dimensión de calles y avenidas, ejerce fuerte presión sobre una red vial construida para menor población y actividad que la actual. La solución, por tanto, debe enfocarse desde la perspectiva urbanística más que desde el enfoque de tránsito vehicular.

La operación de "pico y placa" propuesta podría ser útil por un tiempo determinado; pero si continúa el caos urbano, como estamos viéndolo, su utilidad tiene plazo perentorio.

Hace dos décadas supe que en Caracas se adoptó un plan similar, que fue burlado con la compra de un segundo vehículo por muchos venezolanos de la capital del país. En ese tiempo el petróleo les hacía vivir una bonanza económica, que empujaba al consumismo. Aquí no tenemos petróleo, pero hay bonanza económica para un sector de la población que, ya, posee más de un automóvil por hogar. Como veo las cosas, aquí la mayoría de la gente aspira a tener un carro; se financian y venden por montón; y la oferta de autos usados ya muestra vehículos más nuevos y a precios accesibles, que se pueden comprar con matrícula puesta, como para que usted escoja si la quiere con terminación par o non. ¿Será esta la conducta para burlar la medida de "pico y placa"?

Cuando se construyó el metro de Caracas, años después, volví a visitar esa ciudad y me encontré con una situación distinta: muchos dejaban su automóvil en casa, porque era más rápido y económico viajar en el Metro y cambiar, donde no había línea, al metrobus. Ahora también está a prueba Santo Domingo, capital de la República Dominicana, con su nuevo metro. Ya veremos los resultados.

Méjico, Caracas, Madrid, Barcelona, Roma y otras capitales y ciudades que tuvieron el mismo problema que hoy tiene Panamá, lo aliviaron y solucionaron, según el caso, con un sistema de transporte urbano moderno y eficiente, y con medidas urbanísticas adecuadas. ¿Haremos algo parecido? El tiempo nos lo dirá.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 15 de febrero de 2008

Seguridad en la construcción

2008-02-17
El Ojo del Profeta
Seguridad en la construcción

El auge de la construcción en Panamá es alabado por algunos sectores y considerado como un signo del progreso del país. Mucho es el bien que hace esta actividad ofreciendo empleo, generando trabajo indirecto, y dándole un aspecto renovado al ambiente urbano de la ciudad capital y otras ciudades del interior. También provoca daño ambiental, destroza calles, contribuye a congestionar el tráfico durante y después de terminar los edificios, y es escenario de accidentes por descuidos y por desatender las reglas de seguridad.

No en vano los vecinos de las construcciones, los activistas civiles, y los trabajadores de la construcción se quejan por el incumplimiento de las normas de seguridad. Los trabajadores, en particular, han realizado protestas en estos días, porque aún está por ponerse en práctica el reglamento de seguridad en las construcciones.

Si queremos vivir en paz, especialmente en una ciudad plagada de construcciones, debemos volver al principio de respetar al otro, y no hacerle aquello que no me gusta que me hicieran a mí. Que la seguridad sea más que arneses, mallas, y equipo seguro, sino la calidad en los materiales, la vivienda ventilada y con buena iluminación, el espacio para el esparcimiento y el peatón; pero, sobre todo, el evitar lograr los propios fines por encima de cualquier cosa y de cualquiera de mis semejantes.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 24 de agosto de 2007

La muerte como medio

2007-08-19
Editorial
La muerte como medio

Una vez más la muerte se impone sobre el diálogo y la ley, durante la reciente disputa entre dos grupos sindicales de la construcción. La fuerza y la violencia han dado los únicos premios que son capaces: el dolor y la muerte. Una vida se ha perdido; la de un padre, hijo y compañero. ¿Quién la reemplazará?

En este caso resalta la ausencia de autoridad legal y moral, según la condición de las partes. Se acusa a la autoridad, de parte y parte, y se desconfía de ella. Se recurre a la violencia, so pretexto de reclamar derechos y defenderlos, según el cristal con que se mira, y se deja de lado la búsqueda de la justicia y de la ley, porque no hay confianza y credibilidad en ellas, o porque se confía más en las propias fuerzas para prevalecer y hacerse valer de esa manera.

Sin duda hay una crisis, tanto en valores como en lo institucional; crisis que se ahonda y hace metástasis en el tejido social. Ahora se culpará de la muerte al otro, pero no se asumirá la responsabilidad propia, a causa de principios ideológicos y de manejo político que no permiten claudicar ni reconocer la propia responsabilidad, o irresponsabilidad, en el hecho sangriento.

Que la muerte del obrero asesinado no sea en vano. Que ayude a reflexionar a sus compañeros, a sus adversarios, y a las autoridades competentes en materia de sindicalización y de orden público. En un régimen democrático y libre, al menos debe funcionar un par de cosas: la libertad de todos a asociarse, y el estado de derecho. Conculcar la primera y desconocer el segundo, ya sea de obra u omisión, es un acto inadmisible y peligroso para la sociedad; acto que ya no tiene cabida en la humanidad actual.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Contraste centenario

2007-08-19
El ojo del profeta
Contraste centenario

Mientras la Ciudad de Panamá conmemoraba sus 488 años dos bandos sindicales protagonizaban una disputa, que se saldó con la muerte uno de sus militantes. Notorio contraste entre las espada y el arcabuz que afianzaba la conquista, y el palo, la varilla y el revólver que pretende defender la hegemonía sindical.

Además del dolor y el luto que trae la muerte, vemos con estupor el acto vergonzoso e irracional que representa la pelea entre obreros de la construcción. Si ese es el ejemplo que dan a sus compañeros y al resto de la comunidad, ¿qué esperanza tenemos de ver algún día un movimiento obrero capaz de dialogar y coadyuvar en el mejoramiento integral de la actividad laboral del país?

La anhelada unidad de los trabajadores que tanto hemos soñado debe darse, no en el centralismo de las organizaciones sino en la diversidad de ellas. Es vital el respeto mutuo, la acción libre de las diversas corrientes, y el firme convencimiento de que los ideales y aspiraciones comunes pueden alcanzarse a través de la colaboración el entendimiento de las diversas corrientes que, cual la suma de diferentes miembros, al final sean capaces de integrar un mismo cuerpo.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 15 de agosto de 2007

Seguridad Laboral

2007-08-05
El Ojo del Profeta
Seguridad Laboral

Lamentable y dolorosa resulta la muerte de cuatro trabajadores de una obra en construcción, que quedaron sepultados tras un deslizamiento de tierra en el lugar donde laboraban. Ellos se suman a otros once fallecidos durante este año, en diversos accidentes de trabajo en tareas similares.

Desde hace algún tiempo persiste la queja por la inadecuada seguridad laboral en las obras que se construyen, especialmente en las de gran altura. A pesar de las reuniones y las medidas adoptadas, aún ocurren accidentes fatales que bien pueden evitarse.

Es urgente una real y efectiva inspección en los sitios de trabajo, y que todas las partes, autoridades, empresarios y trabajadores, cumplan con las medidas de seguridad que están pensadas para crear un ambiente laboral seguro y salvaguardar la vida de quienes trabajan en las obras. Ya es tiempo de deponer, también, las actitudes que llevan a hacerse los de la vista gorda, o que intentan imponer, a palo, varilla, y soborno, el criterio y el poder de los que quieren prevalecer sobre los demás.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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