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martes, 7 de julio de 2009

Cooperativismo

2009-07-04
Editorial
Cooperativismo

La vida colectiva es propia del ser humano, por la naturaleza gregaria que le es intrínseca. Es en la colectividad que la persona humana se realiza. Familia, vecindario, ciudad o país, son elementos que componen la sociedad y le dan sentido, seguridad, y capacidad de progreso.

En un mundo que tiene como elemento organizativo a la economía, la necesidad de unirse para alcanzar el bienestar en ese campo es fundamental. Sin embargo, no toda la población tiene la oportunidad de generar riqueza y disfrutar, plenamente, de lo que produce su trabajo. Frente a limitaciones como esta, el cooperativismo es una vía legítima e idónea, para que el ser humano, en la ayuda mutua, pueda superar las barreras de la marginación económica.

Panamá tiene la característica de mostrar riqueza y opulencia en algunos sectores, y pobreza y pauperización en otros. Cuatro de cada diez panameños son pobres, y gran parte de ellos lo son en grado extremo. Nuestra sociedad tiene los recursos para superar esta situación, pero están mal distribuidos. Trabajo, educación, salud y vivienda, por mencionar algunos, son derechos que malamente llegan a nuestra población pobre, y, en algunos casos, ni siquiera la alcanzan. Razón de más para tomar decisiones urgentes.

Hemos inaugurado un nuevo periodo de gobierno, con promesas de cambio y expectativas grandes. Si se lo propone, el nuevo gobierno puede hacer del cooperativismo su carro de batalla contra la extrema pobreza. Es, quizá, la vía más apropiada, por la que se le reconoce a la población necesitada su ansía de progresar, su trabajo, y su deseo de superación, libre de la hipoteca que constituye la dádiva política, y que empeña eternamente, con gravosos intereses, la libertad de conciencia, la dignidad, y la voluntad de quien sucumbe ante la usura moral electorera, cuyas armas son el populismo y el paternalismo de estado.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 5 de enero de 2009

¿Dónde está el dinero?

2009-01-04
A tiro de piedra
¿Dónde está el dinero?

La economía mundial está hecha un caos, producto de la especulación que, durante años, fue la práctica de los inversionistas en las bolsas mundiales. Casi la mayoría de los que confiaron su dinero a esos gurúes han salido trasquilados.

Para el humano común resulta incomprensible darle dinero a otro que promete multiplicarlo y, de la noche a la mañana, se entera que el dinero ya no existe. Ya ninguno es confiable, porque bancos de inversión con tradición y prestigio, corredores de bolsa, y agentes de colocación de fondos, se fueron a pique. Ni hablar de los más peligrosos: los creadores de pirámides, que arruinan en todo momento y toda época a miles de personas, aprovechándose de la ingenuidad de éstas y de su ambición por la promesa de dinero fácil.

Todos sufrimos las consecuencias del desastre; hasta el que no puso dinero en juego, pero que ahora resiente las consecuencias del alza de intereses, la mayor exigencia de garantía colateral para los préstamos, el aumento del pago mínimo de las tarjetas de crédito, el alza de precios de los bienes y servicios, y la caída real del poder adquisitivo y la merma de ingresos. Como en un atolladero, a todos nos toca nuestra ración de lodo.

El dinero perdido jamás será recuperado. No porque se perdió, sino porque pasó primero por otras manos que lo aprovecharon antes que nosotros. Por ejemplo: el que compró acciones de alguna empresa, le pagó a su tenedor original. Ese ya ganó. Usted está a la espera que la empresa sea rentable y le pague los dividendos. La empresa cayó en la mala o quebró; en el primer caso usted tiene acciones, pero no dinero. Si intenta venderlas, ya valen menos que el precio pagado por usted. La pérdida es suya. En el segundo caso, simplemente, quedó arruinado. Lo mismo sucede con los bonos que pierden valor de reventa en el mercado, a pesar que le estén pagando los intereses tal cual fueron pactados. Igual sucede con las propiedades o cualquier otro activo que pierda valor: convertirlo en efectivo, al momento, acarrea una pérdida. Cuanto más dependa usted del efectivo, más dramática será su situación.

Si usted es un simple mortal, de esos que están en la cola del sistema, empiece a idear un plan financiero personal. Saque cuentas y determine cuál es la relación entre su ingreso y sus deudas, incluida la obligación de pago de cada una de ellas. Una vez que tenga en claro su situación financiera, deshágase de aquella parte de deuda que pueda. Contrario a lo que recomiendan los economistas, yo prefiero salir primero de las deudas pequeñas, porque es más fácil y permiten mejorar la liquidez personal. Además, nuestras deudas mayores suelen ser las hipotecas y los prestamos bancarios, que ya están pactados y con mensualidades fijas. Las otras deudas, si las tiene, son las tarjetas de crédito, que son un verdadero dolor de cabeza cuando uno se excede. Busque, si aún puede, una compra de saldo favorable; si no, suspenda su uso y concéntrese en pagar y cancelar la que tenga mayor probabilidad de ser cerrada en menor plazo.

Vivimos una transición económica, que no sabemos cuanto tiempo durará. Y, en esta transición, contar con liquidez (efectivo) jugará un papel fundamental en las finanzas personales.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 15 de diciembre de 2008

Administrar bien

2008-12-14
Editorial
Administrar bien

La costumbre de comprar y gastar que se ha impuesto en el mes de diciembre, aupada por la publicidad, empuja a muchas personas a actuar como compradores compulsivos. El sistema económico provee de bonificaciones, ingresos extraordinarios y ahorros de ocasión incitados con el fin de gastarlos al final del año.

Ante el mencionado hábito se impone el discernimiento de las personas, para evitar el despilfarro del ingreso extra que se recibe, o del esfuerzo de todo un año para ahorrar una cantidad de dinero que bien podría resolver necesidades familiares que son más importantes que los regalos o los artículos suntuarios que suelen comprarse con esa plata.

Saber administrar el ingreso personal y familiar es de sabios; malgastarlo, de necios. Si se desea hacer buen uso del dinero adicional que se recibe por estos días, lo primero que debe hacerse es una lista de aquello en que se piensa gastar o invertir, separando una parte para las necesidades y otra, para las compras de ocasión. Después de calcular bien, entonces se procede a usar el dinero como conviene y sin excederse de la capacidad que se tiene realmente.

Navidad no es gastar alocadamente, sino una actitud de vida y un escrutinio espiritual que nos ayuda a ser mejores y a enderezar lo que en nosotros está torcido. No es el regalo más costoso el que da muestra de mayor amor, ni el derroche de suntuosidad en el arreglo de la casa lo que dice más de nosotros. Lo que en realidad perdura es el don de gentes, el trato afable y fraterno hacia el prójimo, y la práctica de valores y virtudes que nos hacen más humanos y nos acercan a Dios. Sepamos, pues, administrar bien: no sólo el dinero, sino nuestra propia manera de ser y vivir.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Visión turística

2008-12-14
El Ojo del Profeta
Visión turística

El desarrollo del turismo en el país abre grandes oportunidades a la población, porque es una actividad que alcanza a un gran número de personas en sus beneficios y su participación. La población pobre puede beneficiarse si los programas de capacitación llegan a ella, para mejorar su producción de alimentos, artesanías y los servicios que se adecúen a las necesidades y exigencias del sector turismo.

Hay que cuidar con mucho celo la buena atención que se pueda prodigar a los turistas y, sobre todo, el ambiente de higiene y seguridad públicas que son pieza clave en la actividad turística.

La superación individual también es importante. Corresponde al Estado proveer los medios para facilitar la educación, el desarrollo de empresas familiares, y la gestión local para explotar los recursos y las ventajas que cada región puede ofrecer al turismo. Aprovechar esos medios y facilidades es responsabilidad de cada quien que desee mejorar su situación socio económica, con la base en el esfuerzo de un trabajo honrado y la superación personal.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 25 de enero de 2008

Crecimiento económico y poder real de compra de los panameños

2008-01-27
La Voz del Pastor
Crecimiento económico y poder real de compra de los panameños

“Los bienes terrenales fueron creados por Dios para todos los hombres, y no sólo para quienes estuvieran empleados o tuvieran posibilidades de serlo”. (LXVIII Congreso Internacional San Miguel, 25 de agosto al 4 de septiembre de 2007).

Podemos constatar que el trabajo asalariado ya no es una garantía de integración social y económica para los trabajadores pobres y mucho menos para el hombre del campo.

A los pobres los bienes y servicios no les llega, no tienen acceso y por ende no pueden satisfacer sus necesidades, lo que los excluye de este derecho que tienen todos los ciudadanos.

El poder adquisitivo, es decir el poder real de comprar, ha ido disminuyéndose cada día más, pues los precios suben y los sueldos y salarios de los consumidores no les alcanza para comprar los bienes y servicios básicos para una vida digna.

Se constata un recorte económico del poder de compra, situación demostrada por el Ingeniero escocés Clifford Hugn Douglas.

Es que el sistema imperante contiene en su estructura las razones que mantienen este déficit entre los precios y el poder de compra. Esto engendra en sí un conflicto. Se puede percibir también la relación existente entre el pago de los préstamos a corto plazo, y los sistemas fiscales que hacen mayor la brecha entre los precios y el poder de compra.

Es curioso ver cómo el sistema se mantiene. Por un lado, debería haber una acumulación de bienes producidos sin poder ser vendidos. Pero lo que constatamos es todo lo contrario; estos bienes son vendidos produciendo una montada de deudas por los nuevos créditos adquiridos.

Por esos sólo hay que ver el balance comercial desfavorable de nuestros países.

Hoy cada día más la máquina reemplaza al hombre en su trabajo, pues el progreso reemplaza la fuerza humana. No hay que olvidar que en el sistema presente de producción el poder de compra sólo llega a cubrir a quienes están asalariados.

El crecimiento económico que goza nuestro país no puede ser guardado por el sistema financiero en vista de la producción sino debe tener en cuenta la forma con que se deben distribuir los beneficios.

Es propicio recordar lo señalado por el Papa Pío XII, el 1 de junio de 1941, Fiesta de Pentecostés: "Los bienes materiales han sido creados por Dios para cubrir las necesidades de todos los hombres y deben estar a la disposición de todos ellos, como lo requiere la justicia y la caridad".

También recordó en esa oportunidad el Papa Pío XII que depende de las propias personas, a través de sus leyes y regulaciones, el escoger los métodos capaces de permitirle a cada hombre ejercer su derecho a una porción en los bienes terrenales. El dividendo del Crédito Social a todos lograría esto. Ningún otro sistema propuesto ha sido, hasta el momento, tan eficaz, no incluso nuestras leyes presentes del seguro social.

Que bien y claramente lo señala nuestro himno nacional, al recordar que el progresa ha de acariciar los lares de todos los panameños.

Mons. Uriah Ashley
Obispo de la Diócesis de Penonomé

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Crecimiento económico

2008-01-20
Editorial
Crecimiento económico

Hace poco se anunció con gran optimismo que el país tendrá un crecimiento de 8% para este año 2008. Crecimiento que, en teoría, debe mejorar la vida de la población y estrechar la brecha entre ricos y pobres. En la realidad, tal crecimiento se queda en algunos sectores, pero poco o nada alcanza a casi dos quintas partes de nuestros habitantes.

Como sociedad tenemos el gran reto de revisar las estructuras del sistema social, para garantizar que el crecimiento económico beneficie a más de las tres cuartas partes de la población, y reducir, así, el nivel de pobreza extrema en el país. No es tarea fácil, lo sabemos; pero en la dificultad está, precisamente, el desafío de lograr la justicia social y la equidad que tanto anhelamos.

El mecanismo de distribución del ingreso y la riqueza tiene, en los salarios y la actividad emprendedora, dos pilares que, cuando son fuertes, son capaces de soportar el peso del aumento del costo de vida y la carencia de necesidades básicas que nos golpea. Hacia esa meta debemos dirigirnos.

Necesitamos que los planes nacionales de desarrollo, tanto del sector público como del sector privado, funcionen y sean acogidos como verdadero compromiso de ambos. El tiempo transcurre, y quizá el optimismo por el crecimiento económico se desvanezca antes que logremos acortar la distancia entre los que mucho tienen y los que muy poco o nada poseen.

Actuemos sin dilación, que para luego es tarde.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 28 de septiembre de 2007

“Dame cuenta de tu administración”

2007-09-30
La Voz del Pastor
“Dame cuenta de tu administración”

En el loable empeño por promover una democracia participativa, va ganando terreno la costumbre de pedirles a los políticos transparencia en su gestión pública y rendición de cuentas. Pero, si de veras se aspira a construir una sociedad más justa, equitativa y fraterna, no podemos conformarnos con emplazar sólo a los políticos. Todo ciudadano debe asumir esta obligación, desde el ámbito de su propia actividad, donde disfruta de una cuota mínima de poder, que siempre ha de ejercer con responsabilidad, anteponiendo el bien común y duradero a las ventajas personales y pasajeras, en la familia, los oficios y profesiones, el mundo laboral, la política, en fin, en todo el rico mundo heterogéneo de la actividad cultural.

Esto es especialmente pertinente para los que nos preciamos de ser cristianos. Puesto que hemos sido ungidos con el Crisma del Espíritu de Jesús, somos otros “Cristos”, el pueblo de Dios.

Todo ello brota del hontanar del misterio pascual del Señor –su pasión, muerte, resurrección y glorificación. Participamos en él, por mediación de la Iglesia, a través de los sacramentos de iniciación cristiana: el bautismo, la confirmación y la eucaristía.

La Sagrada Escritura nos recuerda que el Espíritu nos hace hijos de Dios, llamados a ser testigos de Jesucristo en el mundo, que pasan por la vida, como Cristo, liberando a los oprimidos por el diablo, evangelizando a los pobres, devolviendo la vista a los ciegos, y anunciando universalmente el año de remisión de todas las deudas, sobre todo, la más radical, la del pecado.

Con el Espíritu, se nos comunica el Reino de Dios. En efecto, Dios viene a nosotros, como Padre y Soberano, por el Hijo, en el Espíritu.

La Iglesia es signo del Reino e instrumento para construirlo. Misterio de comunión con la Santísima Trinidad, hace posible la comunión entre los hombres, y tiene la misión de llamarlos a ella. El Espíritu es el gran protagonista de la misión de la Iglesia, que se extiende desde la ascensión o glorificación del Señor hasta su segunda venida o parusía.

Herederos y administradores del don de lo alto, el Espíritu Santo, debemos estar preparados en cada momento para dar cuenta de nuestra intendencia, como nos recuerda la parábola del administrador injusto (cf Lc 16). No es poco lo que Dios nos ha confiado: Nos ha entregado la creación entera para que la guardemos y la cultivemos en su nombre. Y no conforme con esto, nos ha entregado su propia vida, se ha autocomunicado , en el misterio de la redención, para que vivamos con la sagacidad de los hijos de Dios, entregando la vida por amor. Así ama el Padre, así ama Jesús, el primogénito entre muchos hermanos, llamados a alcanzar paulatinamente la madurez de Cristo.

Esta sagacidad exige obedecer con valentía al Espíritu, y resistir las insinuaciones del maligno y las seducciones de los ídolos. Uno de ellos es el afán desmedido de lucro, que llevó a los israelitas del siglo VIII a.C. a oprimir y vejar al pobre, comprarlo por un par de sandalias, soportar con impaciencia los días santos, aumentar los precios, disminuir las medidas y alterar las balanzas (cf Amos 8:5-8): Los ricos y poderosos demostraron manifiesta incapacidad para administrar la prosperidad que Dios les había confiado, explotando y atropellando a sus hermanos, por eso, Dios será para ello juez severísimo.

En nuestro siglo XXI, d.C., y en nuestro medio ambiente panameño, también estamos disfrutando de una prosperidad sin precedentes: una economía robusta, en pleno crecimiento, una vigorosa actividad inmobiliaria, un canal en crecimiento, en fin, un pais rico, con muchos pobres (40%) y una clase media menguante. En él mueren niños por desnutrición y falta de atención médica. A los cristianos se nos pedirá cuenta de lo que hemos hecho con el poder del Espíritu que todo lo renueva, para transformar radicalmente esta situación. Evidentemente, los ubicados en posiciones más encumbradas en la política, la economía, los oficios y profesiones tendremos que actuar con mayor transparencia y rendir cuenta de nuestra administración con mayor rigor que el resto, pero a todos se nos pedirá cuenta de nuestros hermanos más desafortunados.

Mons. Oscar Mario Brown
Obispo de Santiago

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Un sector en riesgo

2007-09-16
El Ojo del Profeta
Un sector en riesgo

La economía informal alcanza una porción significativa de la población económicamente activa del país. Algunos cálculos indican que casi dos tercios de esa población trabaja de manera independiente, pero no conocemos de datos precisos acerca del sector informal, aunque se sabe que es numeroso.

Con los cambios mundiales y locales el sector que subsiste en la informalidad económica está en riesgo. El alza en el precio de los productos, que se traduce en costo de insumos para los trabajadores de ese sector, que reciben ingresos por salario informal o por gestión propia, presagia un problema social que debe atenderse con urgencia. El urbanismo desenfrenado, que se apodera de zonas en las que la economía informal tiene mayor auge, también apunta hacia la exclusión y la desaparición de muchos pequeños empresarios y trabajadores por cuenta propia.

Dentro de la estrategia y los programas de desarrollo nacional que emprendamos de aquí en adelante, la incorporación de los trabajadores informales al empleo y la gestión empresarial es tarea fundamental. Todo obrero es digno de merecer su salario, y todo aquel que trabaja tiene derecho a comer y a vivir dignamente. Tengamos esto presente, y aboquémonos a darle solución propicia al problema que tenemos por delante.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 9 de julio de 2007

Libre comercio con los Estados Unidos

2007-07-08
El Ojo del Profeta
Libre comercio con los Estados Unidos

La firma de un acuerdo de libre comercio entre nuestro país y los Estados Unidos de América es un hecho importante para nuestra economía, por el impacto que tendrá en la actividad económica interna y la relación comercial entre ambos países.

Un tratado de esa índole, especialmente con un país que tiene mayor capacidad productiva y de consumo, puede resultar beneficioso o perjudicial para nuestro pequeño país, en la medida en que podamos aprovechar sus ventajas o dejarnos vencer por las desventajas.

El mundo globalizado nos impone, a pesar nuestro, hacer este tipo de trato comercial, porque, de otra manera, nuestros productos de exportación estarían en una posición desventajosa frente a sus similares de los países que sí tienen acuerdos de libre comercio, y la importación de aquello que no producimos se encarecería a causa de aranceles más altos y de la ausencia del trato preferencial que suele otorgarse en condiciones de reciprocidad.

Nos corresponde, ahora, fiscalizar el desenvolvimiento de este Acuerdo de Libre Comercio con los Estados Unidos, para saber aprovechar las ventajas que ofrece y reducir la brecha de las desventajas que podamos tener al momento.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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