Mostrando entradas con la etiqueta administrar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta administrar. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de agosto de 2009

Buscar la justicia

2009-08-02
El Ojo del Profeta
Buscar la justicia

El gobierno es una institución que tiene la función de administrar el estado y garantizar la libertad de los ciudadanos, así como salvaguardar la vida, la honra y los bienes de los asociados. Corresponde a los gobernantes, salidos del mar de la política, llevar la gestión gubernamental con probidad, honestidad, transparencia y profundo sentido de servicio.

Nuestro país estrena autoridades nuevas, que procuran administrar con buena intención, pero que no son inmunes a la corrupción que el poder provoca, incluida la persecución contra sus adversarios, aunque ésta sea arropada con el manto de la legalidad. Lo que haya que hacer, que sea hecho buscando primero la justicia. Algunas medidas serán impopulares, sin duda, pero si se actúa justamente, podrán ser comprendidas siempre y cuando el ciudadano se interese por la suerte del estado, y se resista a permanecer indiferente ante los acontecimientos. Prueba de fuego será, en ese sentido, lo que acontezca con la carrera administrativa. El tiempo y los hechos dirán la última palabra.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

Ir a Panorama Católico Edición Digital

martes, 14 de julio de 2009

Ampliación

2009-07-12
El Ojo del Profeta
Ampliación

La gran obra de ampliar el Canal de Panamá representa un gran reto para el país, por las repercusiones que tiene durante y después de su culminación. Es una actividad que está en marcha, y que debe ajustarse a los planes y programas que se han trazado, pero, sobre todo, al espíritu de la misión y el objetivo que permitió su aprobación, vía reférendum, por parte del pueblo panameño.

El manejo correcto de los fondos, la transparencia en la administración, y la ejecución a carta cabal de los trabajos, son elementos importantes para el clima de confianza que tal empresa reclama, y la justificación de su existencia. Corresponde al pueblo y a las autoridades vigilar con especial celo, y de forma mancomunada, que cada paso y cada inversión cumpla con el cometido que se la ha fijado, y con los postulados de progreso y beneficio nacional que se ciernen sobre esta empresa de todos llamada Canal de Panamá.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

Ir a Panorama Católico Edición Digital

lunes, 15 de diciembre de 2008

Administrar bien

2008-12-14
Editorial
Administrar bien

La costumbre de comprar y gastar que se ha impuesto en el mes de diciembre, aupada por la publicidad, empuja a muchas personas a actuar como compradores compulsivos. El sistema económico provee de bonificaciones, ingresos extraordinarios y ahorros de ocasión incitados con el fin de gastarlos al final del año.

Ante el mencionado hábito se impone el discernimiento de las personas, para evitar el despilfarro del ingreso extra que se recibe, o del esfuerzo de todo un año para ahorrar una cantidad de dinero que bien podría resolver necesidades familiares que son más importantes que los regalos o los artículos suntuarios que suelen comprarse con esa plata.

Saber administrar el ingreso personal y familiar es de sabios; malgastarlo, de necios. Si se desea hacer buen uso del dinero adicional que se recibe por estos días, lo primero que debe hacerse es una lista de aquello en que se piensa gastar o invertir, separando una parte para las necesidades y otra, para las compras de ocasión. Después de calcular bien, entonces se procede a usar el dinero como conviene y sin excederse de la capacidad que se tiene realmente.

Navidad no es gastar alocadamente, sino una actitud de vida y un escrutinio espiritual que nos ayuda a ser mejores y a enderezar lo que en nosotros está torcido. No es el regalo más costoso el que da muestra de mayor amor, ni el derroche de suntuosidad en el arreglo de la casa lo que dice más de nosotros. Lo que en realidad perdura es el don de gentes, el trato afable y fraterno hacia el prójimo, y la práctica de valores y virtudes que nos hacen más humanos y nos acercan a Dios. Sepamos, pues, administrar bien: no sólo el dinero, sino nuestra propia manera de ser y vivir.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

Ir a Panorama Católico Edición Digital

lunes, 28 de abril de 2008

Administración energética

2008-04-27
A tiro de piedra
Administración energética

El aprovechamiento, uso y la administración de la energía que consumimos reclama que se tomen acciones a corto y largo plazo. En ese sentido, hay dos aspectos ligados al campo energético que nos merecen prioridad: el aprovisionamiento y el efecto ambiental. Sobre estos dos pilares se sostienen la política y planificación energética de todo estado.

Nuestro país muestra una tendencia a consumir mayor energía, y con ello, un mayor riesgo de daños ambientales que ocasionan perjuicios, algunos irreparables, a la naturaleza. Para mantener el necesario equilibrio entre el progreso y el ambiente, es imprescindible adoptar algunas medidas que al principio resultarán impopulares, pero que ayudarán a garantizar el abastecimiento energético y la preservación de un ambiente sano.

Comencemos por la energía: Esta debe ser abundante y barata. La electricidad, el petróleo y sus derivados y las formas tradicionales de producirla como la leña y el carbón, son recursos finitos que deben usarse racionalmente, porque provocan la fuga de divisas, como el caso del petróleo, o estimulan la destrucción constante de la naturaleza, como la leña y el carbón.

La generación de electricidad en Panamá debe orientarse hacia los dos campos donde tenemos los mayores recursos: el hídrico y el solar. En el corto plazo, el hídrico es la respuesta; a largo plazo, la energía solar. También está la fuerza eólica, pero no todos los lugares del país reúnen las condiciones para desarrollarla, por lo que debe verse como una opción a lejano plazo. En cuanto al uso del petróleo, debemos planificar el desmantelamiento de las plantas petrotérmicas, de manera que en cuatro o cinco lustros ya no exista ninguna.

El uso de combustible para automóviles debe regularse, hasta que la tecnología popularice el transporte eléctrico o con energía diferente al petróleo. Una medida inmediata sería crear un impuesto para los autos cuyos motores tengan una capacidad superior a los 2,000 centímetros cúbicos. Algo similar puede hacerse con los vehículos a diesel, por razón de la contaminación ambiental. En el caso de los automotores comerciales, la capacidad del motor variaría, según el uso que tengan. Respecto al consumo eléctrico, fijar una cantidad de quilovatios de consumo mínimo, a precio reducido; lo que exceda esa cifra, pagaría una tarifa más alta.

Muchas otras acciones pueden realizarse, pero dependerá de nuestra conciencia y nuestra voluntad como país. Dedicamos ahora importantes recursos al subsidio de la electricidad y el transporte, por causa del encarecimiento del precio del petróleo; recursos que le restamos a otras áreas de nuestra calidad de vida. Hay un problema energético mundial; si no actuamos ahora por previsión, tendremos que actuar más adelante por obligación.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

Ir a Panorama Católico Edición Digital

martes, 16 de octubre de 2007

Altas autoridades

2007-10-14
Editorial
Altas autoridades

La misión de la autoridad dentro del estado es administrar el gobierno, procurar el bien común, impartir justicia, y velar por el respeto a la vida, honra y bienes de la población. Estas, al menos, son las funciones que deben ejercer con diligencia y honradez todas la autoridades que, en los distintos estamentos de la sociedad estatal, tienen mando y jurisdicción, o se les ha confiado esa tarea.

En nuestro país, sin embargo, la respuesta de la autoridad la sentimos distante, en tiempo y espacio, y en ocasiones sin real poder para ejercer el cargo que ocupa. Es una autoridad sin conexión directa con la comunidad, y mientras más abajo de la pirámide política está, el poder que le confiere la ley resulta, en la práctica, más nominal que verdadero.

A falta de ese poder real de las autoridades locales, la población debe recurrir a las llamadas “altas autoridades”. Tan altas están, que a cierta población le resulta inalcanzables, por lo que recurre a medidas de protesta, que por lo común afectan el libre tránsito y el derecho de terceros.

Necesitamos descentralizar el poder, y confiar a las autoridades, de manera plena y efectiva, la parte que le corresponda. Intentos se han hecho para lograrlo, pero aún no vemos ni palpamos sus efectos. Tiene que hacerse patente esta acción, para que el país cuente con autoridades que, altas o bajas, cumplan cabalmente la misión para la cual han sido instituidas.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

Ir a Panorama Católico Edición Digital