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martes, 29 de diciembre de 2009

Memoria histórica

2009-12-27
El Ojo del Profeta
Memoria histórica

Resguardar la historia de la nación es una obligación de las autoridades y de la población, porque de esa forma podemos pasar de generación a generación los sucesos, la forma de vida, el conocimiento, los acontecimientos que alguna vez marcaron la vida de nuestro pueblo y nuestra sociedad. Mas que el simple cumplimiento de un protocolo o práctica común de los estados, la memoria histórica constituye la fuente del saber que nos habla de nuestro origen, de lo que hemos hecho, y de lo que nos identifica como nación.

En ese sentido, la promesa gubernamental de cuidar y potenciar el Archivo Nacional es bienvenida. La desidia de las autoridades y la indolencia de algunos historiadores y usuarios que lo depredaban y vandalizaban sin misericordia. Quiera Dios y esta promesa se cumpla y se extienda a otras instituciones que custodian la historia panameña, como las parroquias, los museos, las escuelas y bibliotecas públicas diseminadas por el país, y que también necesitan la ayuda y la asistencia de expertos en conservación de archivos y documentos antiguos e históricos. Es un patrimonio intangible y de una riqueza invaluable, difícil de recuperar si lo dejamos perder.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 7 de julio de 2009

Cooperativismo

2009-07-04
Editorial
Cooperativismo

La vida colectiva es propia del ser humano, por la naturaleza gregaria que le es intrínseca. Es en la colectividad que la persona humana se realiza. Familia, vecindario, ciudad o país, son elementos que componen la sociedad y le dan sentido, seguridad, y capacidad de progreso.

En un mundo que tiene como elemento organizativo a la economía, la necesidad de unirse para alcanzar el bienestar en ese campo es fundamental. Sin embargo, no toda la población tiene la oportunidad de generar riqueza y disfrutar, plenamente, de lo que produce su trabajo. Frente a limitaciones como esta, el cooperativismo es una vía legítima e idónea, para que el ser humano, en la ayuda mutua, pueda superar las barreras de la marginación económica.

Panamá tiene la característica de mostrar riqueza y opulencia en algunos sectores, y pobreza y pauperización en otros. Cuatro de cada diez panameños son pobres, y gran parte de ellos lo son en grado extremo. Nuestra sociedad tiene los recursos para superar esta situación, pero están mal distribuidos. Trabajo, educación, salud y vivienda, por mencionar algunos, son derechos que malamente llegan a nuestra población pobre, y, en algunos casos, ni siquiera la alcanzan. Razón de más para tomar decisiones urgentes.

Hemos inaugurado un nuevo periodo de gobierno, con promesas de cambio y expectativas grandes. Si se lo propone, el nuevo gobierno puede hacer del cooperativismo su carro de batalla contra la extrema pobreza. Es, quizá, la vía más apropiada, por la que se le reconoce a la población necesitada su ansía de progresar, su trabajo, y su deseo de superación, libre de la hipoteca que constituye la dádiva política, y que empeña eternamente, con gravosos intereses, la libertad de conciencia, la dignidad, y la voluntad de quien sucumbe ante la usura moral electorera, cuyas armas son el populismo y el paternalismo de estado.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 28 de enero de 2009

Narcotráfico

2009-01-25
El Ojo del Profeta
Narcotráfico

El afán de riqueza desmedida y la ambición por el poder y el dinero pierden al hombre. Esa es la raíz y la razón de ser del narcotráfico y su andamiaje criminal. Entre la censura de una parte de la humanidad y la tolerancia cobarde o absurda de otra, millones de jóvenes en el mundo sucumben ante un flagelo destructivo e inhumano. La droga, hoy por hoy, no distingue ni discrimina nacionalidad, edad, etnia o condición social. Hiere y mata por igual.

La reciente reunión en Panamá de los mandatarios de cuatro países hermanos, incluyendo el nuestro, es una muestra de la grave situación y consecuencias que experimentamos en cuanto al tráfico de drogas y sus organizaciones criminales. Es un asunto que atañe a todos los países del mundo; no sólo a los 4 que se han reunido en esta ocasión. Por eso, la cooperación entre unos y otros es indispensable para controlar la expansión de esa actividad delictiva.

Pero no todo debe quedar en manos de los gobiernos, sino, también, en nuestras manos. Cada hogar debe velar por los miembros de su familia, para evitar que caigan en el consumo o, en lo que es peor, la venta y posterior tráfico de tan maligno producto. Tenemos que convencernos que el éxito en la vida no se mide por la cantidad de dinero o poder que se tenga, sino en el trabajo honrado y en particulares valores que nos dan la satisfacción de ser personas de bien.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 20 de noviembre de 2007

Salud de cuerpo y alma

2007-11-18
Editorial
Salud de cuerpo y alma

Una sociedad saludable es aquella que goza de una buena calidad de vida moral y material, porque su desarrollo y progreso pueden medirse no solamente en el bienestar económico de su población, sino en la gobernabilidad, la paz social, y la resolución civilizada de los conflictos; y todo esto se comprueba en sus bajos niveles de corrupción, criminalidad, y marginación.

En Panamá hablamos, al mismo tiempo, de progreso y atraso; de riqueza y pobreza; de inclusión y marginación; y de mucho bienestar para unos, y poco o nada para otros. Esta disparidad, en un país que tiene suficientes recursos para los pocos habitantes que posee, obedece más a la fragilidad de sus valores que a la escasez de su riqueza material.

La coyuntura actual que pone sobre el tapete el tema del sistema público de servicios médicos que atiende la salud corporal de la población, también debe ser aprovechada para hacer un diagnóstico del estado de salud del alma de la sociedad panameña.

Necesitamos hombres y mujeres que tengan un profundo sentido de la moral, la honestidad, el civismo, la laboriosidad, la solidaridad, y el aprecio por los particulares valores que inspiraron a los constructores de nuestra nación. Necesitamos hombres y mujeres temerosos de Dios, que sepan hacer vida su palabra y transmitir sus enseñanzas a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Si nos esforzamos en esta empresa, tendremos una sociedad con alma saludable, que tendrá en alta estima la humanidad que ahora, en muchos aspectos, nos hace falta.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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