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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Desarrollo

2009-11-15
El Ojo del Profeta
Desarrollo

Es común el encuentro de expertos y políticos para discutir, analizar y esbozar ideas y planes sobre el desarrollo de las distintas regiones del mundo. Muchos son los encuentros, pero pocos los resultados que llegan a concretarse, a causa de las actitudes y costumbres que se dan en el ejercicio de la política, principalmente, y de la falta de voluntad, en otras ocasiones. Poco es achacable a las poblaciones y los pueblos mismos.

Trazar la ruta para lograr un nivel de desarrollo aceptable para los países reclama, de las autoridades y los gestores de la política, que se convoque e implique a los sectores que son sujeto del desarrollo, porque la mecánica del desarrollo se fundamenta, precisamente, en la capacidad que tenemos de alcanzarlo, a fuerza de voluntad, conocimiento, y claridad en la dirección del progreso y la edificación que queremos darle a nuestra sociedad.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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jueves, 1 de octubre de 2009

¿Necesitas divorciarte?

2009-09-27
El Ojo del Profeta
¿Necesitas divorciarte?

La palabra divorcio significa, fundamentalmente, separación o disolución jurídica, pero aplicable, por regla general, al matrimonio. Las secuelas que deja el rompimiento del vínculo matrimonial son profundas, no sólo entre los cónyuges que se separan, sino también en los menores de edad, que resultan ser los más afectados.

Por eso extraña que en una gigantesca valla publicitaria, se anuncie el servicio jurídico de ese acto que, legalmente, es un hecho común en la sociedad, pero que poco beneficio produce, a no ser el económico. Peor aún es que, contrariando las normas éticas del ejercicio de la profesión, un buró de abogados se anuncie con un servicio tal. Quizá, en el fondo, lo que necesitamos es divorciarnos de ciertas prácticas malsanas, que poco aprovechan para la edificación de las almas.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

miércoles, 16 de julio de 2008

Patrimonio ético

2008-07-06
Editorial
Patrimonio ético

La humanidad tiene un patrimonio ético, que a pesar de ser intangible, constituye una riqueza invaluable para el funcionamiento de la sociedad planetaria. Es en el aspecto ético donde se fundamenta la relación entre las personas y entre las naciones. Cuando falla lo ético, el resto también se resquebraja.

Ese patrimonio ético mantiene su vigencia a través del llamado control social, que lo ejerce la comunidad, las instituciones sociales y la sociedad civil organizada. La Iglesia, como institución, participa activamente en la protección del patrimonio ético, por su propia naturaleza institucional y por la misión que el corresponde por mandato divino, de anunciar la salvación a todos los hombres.

Por eso, el reciente comunicado de los Señores Obispos, reunidos en Conferencia Episcopal, más que un llamado de la jerarquía eclesiástica, es el cumplimiento de su deber pastoral de iluminar la vida de la sociedad desde el Evangelio. Esa palabra iluminadora de nuestros pastores busca, en todo momento, el bien espiritual, y a partir de allí el bienestar social, de todos los hombres y mujeres que compartimos este terruño.

Nuestra sociedad panameña, como parte de la comunidad global, no escapa a los riesgos y amenazas del deterioro moral y ético. De allí que cada palabra que pueda dar luces para su conservación, se convierte en piedra fundamental para el sostenimiento de la columna que sostiene los valores y principios más preciados que nos hacen, en todo momento, vivir en la dignidad y la libertad que corresponde a los hijos de Dios.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 20 de noviembre de 2007

Salud de cuerpo y alma

2007-11-18
Editorial
Salud de cuerpo y alma

Una sociedad saludable es aquella que goza de una buena calidad de vida moral y material, porque su desarrollo y progreso pueden medirse no solamente en el bienestar económico de su población, sino en la gobernabilidad, la paz social, y la resolución civilizada de los conflictos; y todo esto se comprueba en sus bajos niveles de corrupción, criminalidad, y marginación.

En Panamá hablamos, al mismo tiempo, de progreso y atraso; de riqueza y pobreza; de inclusión y marginación; y de mucho bienestar para unos, y poco o nada para otros. Esta disparidad, en un país que tiene suficientes recursos para los pocos habitantes que posee, obedece más a la fragilidad de sus valores que a la escasez de su riqueza material.

La coyuntura actual que pone sobre el tapete el tema del sistema público de servicios médicos que atiende la salud corporal de la población, también debe ser aprovechada para hacer un diagnóstico del estado de salud del alma de la sociedad panameña.

Necesitamos hombres y mujeres que tengan un profundo sentido de la moral, la honestidad, el civismo, la laboriosidad, la solidaridad, y el aprecio por los particulares valores que inspiraron a los constructores de nuestra nación. Necesitamos hombres y mujeres temerosos de Dios, que sepan hacer vida su palabra y transmitir sus enseñanzas a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Si nos esforzamos en esta empresa, tendremos una sociedad con alma saludable, que tendrá en alta estima la humanidad que ahora, en muchos aspectos, nos hace falta.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 28 de septiembre de 2007

Cárceles

2007-09-23
Editorial
Cárceles

La cárcel es un sitio donde se purga condena o se encierra al detenido que, por el delito imputado, necesita estar recluido en prisión. Es un lugar privado de la comodidad y la libertad de las que se goza en la vida cotidiana.

El hecho de estar encarcelado quita a la persona su libertad, no su humanidad; le priva del ejercicio de sus derechos ciudadanos, pero no le disminuye en su dignidad. Por tanto, el recinto carcelario debe garantizar, además del encierro para cumplir la condena o evitar la fuga, el trato digno al privado de libertad, tanto en las condiciones físicas e higiénicas del lugar de reclusión, como en la atención espiritual, mental y corporal del recluso.

Nuestro sistema penitenciario, según la Constitución y las Leyes de la República, está dirigido a la rehabilitación del reo y a su reinserción en la sociedad. Mantener condiciones y permitir situaciones que atentan contra esos principios es desdecirnos como estado y sociedad, y, en el caso los funcionarios y de las autoridades penitenciarias, es faltar a su misión y su deber como servidores públicos.

Panamá necesita humanizar sus cárceles, para hacer valer su condición de país civilizado. Debe preocuparse por hacer de los centros penitenciarios un sitio de alojamiento digno para el detenido y el reo, sin que ello implique exagerar en el concepto de habitabilidad y facilidad de servicios, ni para el regenta ni para quien crítica. Basta con hacerlo de una manera que respete la dignidad humana. Ni más, ni menos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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