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lunes, 23 de noviembre de 2009

Un árbol y una vida

2009-11-22
El Ojo del Profeta
Un árbol y una vida

El árbol, como especie, representa la vida en muchas sociedades. Para recordar a alguna persona, sea que nazca, muera, visite o se considere alguien prominente para la nación, muchos países suelen plantar árboles en su honor. Por eso es paradójico el accidente donde la caída de un árbol, socavadas sus raíces, se cobró la vida de un joven profesional de la medicina.

Así como en el papel nos preocupamos por la vida de los árboles y la vegetación natural, debemos, de igual manera, velar por su condición sana y cuidado. So pretexto del progreso y de la comodidad, atentamos continuamente contra la naturaleza. Como administradores de la creación, cada uno de nosotros es responsable ante Dios de su conservación o destrucción. Si por desidia o ignorancia ocurren esas desgracias, nos toca enmendar esa situación y corregir el rumbo, para que los árboles, y el resto de la naturaleza, representen la vida y no la muerte.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Desarrollo

2009-11-15
El Ojo del Profeta
Desarrollo

Es común el encuentro de expertos y políticos para discutir, analizar y esbozar ideas y planes sobre el desarrollo de las distintas regiones del mundo. Muchos son los encuentros, pero pocos los resultados que llegan a concretarse, a causa de las actitudes y costumbres que se dan en el ejercicio de la política, principalmente, y de la falta de voluntad, en otras ocasiones. Poco es achacable a las poblaciones y los pueblos mismos.

Trazar la ruta para lograr un nivel de desarrollo aceptable para los países reclama, de las autoridades y los gestores de la política, que se convoque e implique a los sectores que son sujeto del desarrollo, porque la mecánica del desarrollo se fundamenta, precisamente, en la capacidad que tenemos de alcanzarlo, a fuerza de voluntad, conocimiento, y claridad en la dirección del progreso y la edificación que queremos darle a nuestra sociedad.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 19 de octubre de 2009

Espacios públicos

2009-10-18
El Ojo del Profeta
Espacios públicos

El fenómeno más notable de la vida en sociedad es el surgimiento de las ciudades, porque ha provocado el desarrollo de la vida comunitaria. El hombre pasó de la caverna a los campos, y de los campos a la ciudad. Todo para su progreso y su bienestar. Pero cuando la autoridad permite el desorden y la impunidad de quien atenta contra el bien público, deviene en caos la convivencia que se supone debe hacerle bien a la comunidad.

Tal es el caso de quienes ocupan, para su uso y provecho propio, los espacios públicos, como es el caso de nuestra ciudad capital. Los automóviles, objetos de lata y hierro, parecieran anteponerse a la persona. Mientras hombres y mujeres de toda edad y condición física deben lanzarse a la calle, para transitar entre el peligro, los autos son estacionados sobre la servidumbre y las aceras. Ya es tiempo de devolverle a la población los espacios públicos, pero sin autoridad conciente y decidida, todo anhelo en ese sentido será utopía.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 29 de mayo de 2009

Patrimonio histórico y natural

2009-05-31
A tiro de piedra
Patrimonio histórico y natural

Panamá tiene un patrimonio natural e histórico muy rico, que es muy poco apreciado por los nacionales. Quizá por eso, algunos capitalistas ávidos de más dinero, lo depredan y destruyen sin piedad, sólo con el avieso fin de enriquecerse.

Conjuntos monumentales, sitios históricos, edificios, selvas, ríos y playas, sucumben ante la avaricia de los desalmados. Que traen progreso, nos dicen; pero lo que vemos es ruina, después de que pasan. Son como aquel guerrero del lejano Oriente, a quien se le atribuye la siguiente frase: “por donde pisa mi caballo, no crece la hierba”. Pero, al menos, Atila el huno era bárbaro, en una época de bárbaros; pero estos nuevos vándalos, no tienen excusa, porque se supone que viven en un mundo ahora civilizado.

Atroz es el daño que se inflige al Casco Antiguo, porque más de un bellaco quiere hacer millones, sin importarle un comino la historia ni la ley. Lo que supuestamente es el atractivo de su “negocio”, lo destruye indolentemente. ¡Vaya empresario! Lo mismo ocurre con los manglares adyacentes al Corredor Sur, refugio de aves y otros animales silvestres, que se destruye para levantar mansiones y construir un campo en el que algunos dispendiadores de fortuna, matarán el tiempo metiendo una pelotita en un hoyo.

Ni los adefesios que se erigen en Bella Vista, barrio asesinado arquitectónicamente, ni los palacetes que se construyen en el Casco Viejo disfrazados de estilo colonial, ni los campos de golf diseñados por famosos golfistas, son más bellos que las edificaciones originales o la naturaleza viva en el manglar. ¿Por qué destruir, cuando se puede conservar? ¿Acaso no les da el ingenio para armonizar lo histórico y lo natural, con el desarrollo de un negocio? Quizá haya que reenfocar la forma en que se llenará la caja registradora, con la plusvalía que puede generar la valorización futura y la conservación, pero ese intento bien puede redimir, con creces, el sacrificio inicial.

Frente a tanto abuso y aparente impunidad, la comunidad despierta; las voces se levantan; y las acciones civiles se multiplican. Autoridades y capitalistas depredadores están en la mira, y sus bellaquerías poco a poco son puestas al descubierto. Así como en un tiempo surgió la Asociación Panameña de Crédito, para detectar a los malapagas y proteger al empresario de los avivatos, también surgirá, y espero que muy pronto, una asociación que lleve un registro de los depredadores de nuestro patrimonio histórico y natural, para protegernos de ellos. Que se sepa quiénes son, y que esta información se comparta con el resto del mundo, dentro y fuera de nuestras fronteras.

La conservación y la protección de nuestros patrimonios natural, histórico y cultural es asunto de todos. Si asumimos esta tarea como un deber cívico, contribuiremos a salvaguardar la creación que Dios, con su poder, y el hombre, con su talento, han hecho para hacer la vida humana más agradable y bella.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 9 de marzo de 2009

Más allá de la ampliación

2009-03-08
El Ojo del Profeta
Más allá de la ampliación

La magnífica obra de la ampliación del Canal de Panamá trae oportunidades de aprendizaje y empleo que deben ser aprovechadas más allá del tiempo que dure esa empresa. Mucha será la experiencia, al igual que los conocimientos, que dejará la construcción de las nuevas esclusas y el ensanche del cauce, que deben ser puestos al alcance de la población del país.

Precisamos que los recursos y las utilidades del Canal, para que lleguen a la mayoría, se incorporen al ámbito educativo, científico, tecnológico y laboral, para transformar el ejercicio de las actividades productivas y la capacitación de la mano de obra calificada. De esa manera se podrá acceder a un empleo mejor remunerado y competitivo, en vez de quedarse únicamente en inversiones que, aunque justificadas y necesarias, algunas, sólo cumplen un cometido temporal.

Tenemos un tiempo favorable, que debe ser aprovechado en favor del progreso y el desarrollo nacional. Un país lo construye la gente; lo disfruta la gente; lo sufre la gente. Es el recurso humano lo más importante, y en la medida que la población crezca en conciencia y en conocimiento, sin olvidar el espíritu, en esa misma dimensión avanzaremos o nos estancaremos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 10 de diciembre de 2007

Progreso

2007-12-09
A tiro de piedra
Progreso

En los últimos meses leo noticias que nos hablan del repunte económico de Panamá y de las grandes obras que se construyen o están próximas a construirse. Es evidente que la actividad económica se ha incrementado, que más personas tienen empleo, y que el país genera una riqueza mayor que en otros tiempos. Pero, también es cierto que un importante sector de la población está marginada del progreso que vive la república.

Nuestro desarrollo depende, además de los planes e inversiones públicas, de la participación del resto de la sociedad y sus diversos sectores. Necesitamos definir metas y planificar la forma en que las lograremos. La empresa privada debe diseñar su plan de desarrollo, involucrando a las distintas actividades empresariales que la conforman. Las universidades y las escuelas también deben tener su plan, para fijarse metas en cuanto a carreras, excelencia académica, y calidad de la instrucción. Los gremios profesionales y sindicales deben hacer otro tanto, para elevar la calidad de la mano de obra. Y, así, otras organizaciones y estamentos de la sociedad panameña deben hacer lo propio.

Para progresar como nación, necesitamos de un proyecto común, en donde cada sector social aporte y desarrolle la parte que le corresponde para alcanzar la meta común. Ya se han hecho varios ejercicios al respecto; entre ellos los foros de Bambito, Coronado, y la reciente Concertación. Sólo nos falta echar a andar la rueda, olvidando mezquindades y deponiendo actitudes que obstaculizan la realización de lo acordado.

Si queremos que la riqueza del país alcance a todos, tenemos que aunar esfuerzos y asumir con responsabilidad el papel que corresponde a cada uno. Que el gobierno utilice bien los recursos fiscales para crear las obras de infraestructura, hacer más eficiente la administración, y desmantelar el sistema de influencias y favoritismo que por décadas ha imperado en el sector gubernamental. Que la sociedad política busque realmente el bien común, y no los intereses sectarios. Que la sociedad civil ayude a la población a darse respuestas y a asumir sus deberes y no sólo reclamar sus derechos. Que el empresario cree puestos de trabajo justamente remunerados. Que el trabajador realice sus tareas a carta cabal. Que la educación esté dirigida a la plena realización de la persona humana, y no solamente a proveer de conocimientos técnicos o científicos que le asegurarán un "buen éxito profesional".

El progreso de Panamá depende de nuestro progreso como personas, como padres, como hermanos, como hijos, como políticos, como empresarios, como funcionarios, como trabajadores, como lo que nos ha tocado ser y vivir. Que cada uno haga lo suyo pensando en que lo hace también por su prójimo y por su nación. Ese es el secreto del progreso. No hay otro.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 23 de noviembre de 2007

El riesgo del progreso

2007-11-25
El Ojo del Profeta
El riesgo del progreso

Toda inversión que genere empleos y riqueza es apetecible, especialmente por el progreso que representa para el país. Pero, no todas las veces la inversión está a la par del riesgo que corremos de perder otros recursos, y de exponernos a un daño con magnitud de catástrofe.

El proyecto para construir un centro de acopio y trasiego de hidrocarburos, desde Colón hasta Panamá, con una plataforma entre la isla de Taboga y tierra firme, junto a la entrada del Canal de Panamá en el Pacífico, supone un riesgo ambiental y ecológico muy grande. No solo se verá afectado el paisaje, con la plataforma que se adentrará al mar, sino que trastocará la vida de cientos de pescadores artesanales, pondrá en peligro su subsistencia, y afectará en el presente y el futuro la actividad turística que se concentra y crece en la zona.

Frente a la situación, conviene que las autoridades piensen y calculen si vale la pena esa inversión, en modo y lugar, y si en el camino traerá bienestar o no en cuanto a su sustentabilidad y sostenibilidad. Eso indica la prudencia y ayudará a obrar con sabiduría.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 20 de noviembre de 2007

Salud de cuerpo y alma

2007-11-18
Editorial
Salud de cuerpo y alma

Una sociedad saludable es aquella que goza de una buena calidad de vida moral y material, porque su desarrollo y progreso pueden medirse no solamente en el bienestar económico de su población, sino en la gobernabilidad, la paz social, y la resolución civilizada de los conflictos; y todo esto se comprueba en sus bajos niveles de corrupción, criminalidad, y marginación.

En Panamá hablamos, al mismo tiempo, de progreso y atraso; de riqueza y pobreza; de inclusión y marginación; y de mucho bienestar para unos, y poco o nada para otros. Esta disparidad, en un país que tiene suficientes recursos para los pocos habitantes que posee, obedece más a la fragilidad de sus valores que a la escasez de su riqueza material.

La coyuntura actual que pone sobre el tapete el tema del sistema público de servicios médicos que atiende la salud corporal de la población, también debe ser aprovechada para hacer un diagnóstico del estado de salud del alma de la sociedad panameña.

Necesitamos hombres y mujeres que tengan un profundo sentido de la moral, la honestidad, el civismo, la laboriosidad, la solidaridad, y el aprecio por los particulares valores que inspiraron a los constructores de nuestra nación. Necesitamos hombres y mujeres temerosos de Dios, que sepan hacer vida su palabra y transmitir sus enseñanzas a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Si nos esforzamos en esta empresa, tendremos una sociedad con alma saludable, que tendrá en alta estima la humanidad que ahora, en muchos aspectos, nos hace falta.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 28 de septiembre de 2007

Ampliación del Canal

2007-09-02
Editorial
Ampliación del Canal

A pocas horas de inaugurarse de manera oficial los trabajos de ampliación del Canal de Panamá tenemos la obligación de reflexionar sobre este hecho trascendental. Más que una obra de infraestructura, el acontecimiento representa el futuro de la vía, el futuro económico del país, y el progreso social de la nación.

La multimillonaria ampliación no debe medirse en el montón de dinero que se invierte, ni en el éxito o el tino que ha tenido tal o cual gobierno para hacerla realidad; debemos medirla más bien en el aporte que dará al desarrollo del país, a la erradicación progresiva de la extrema pobreza, y a las posibilidades de nuevas actividades económicas que colateralmente puedan crear puestos de trabajo suficientes para el pleno empleo.

El Canal es el principal recurso que tenemos, después de nuestra población, y debemos cuidarlo, mejorarlo constantemente, y mantener sus ventajas competitivas y comparativas para que continúe siendo patrimonio inalienable de la presente generación y las venideras. Es un legado que pasa de una a otra, bajo el compromiso moral de servirle a la nación y al mundo.

Al inaugurarse esta obra de ampliación tengamos presente lo antes dicho, y sintámonos orgullosos de poder manifestar, ante la comunidad internacional, que los panameños somos y seremos capaces de darle uso a nuestro Canal para el noble propósito de engrandecer la nación y de compartirlo con el resto del mundo para la paz y el intercambio comercial que hace al planeta un espacio común.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 24 de agosto de 2007

Se necesita un progreso social y económico armonioso y de

2007-08-19
La Voz del Pastor
Se necesita un progreso social y económico armonioso y de dimensión realmente humana

Extracto del Discurso del Santo Padre Benedicto XVI en el congreso Internacional organizado por la Fundación "Centesimus annus, Pro Pontifice", el 19 de mayo del 2007, en la Sala Clementina.

Durante vuestra reunión de este año habéis reflexionado sobre el compromiso fundamental que caracteriza a la Fundación Centesimus annus, pro Pontifice, es decir, profundizar los aspectos más actuales de la doctrina social de la Iglesia con referencia a los problemas y los desafíos más urgentes del mundo actual. En segundo lugar, habéis venido a presentar al Papa el fruto de vuestra generosidad, a fin de que disponga de él para responder a las numerosas peticiones de ayuda que le llegan de todas las partes del mundo. Y, os aseguro que verdaderamente son muchas. Así pues, gracias por vuestra contribución, gracias por lo que hacéis y por el empeño con que os dedicáis a las actividades de vuestra asociación, querida por mi venerado predecesor Juan Pablo II.

Aprovecho esta ocasión para ofrecer a vuestra consideración algunas breves reflexiones sobre el tema social, amplio y estimulante, que os ha ocupado durante vuestros trabajos. En efecto, habéis analizado desde el punto de vista económico y social el cambio que se está produciendo en los países "emergentes", con sus repercusiones de carácter cultural y religioso. En particular, habéis fijado vuestra atención en las naciones de Asia, caracterizadas por fuertes dinámicas de crecimiento económico, pero que no siempre implican un desarrollo social real, y las de África, donde, por desgracia, el crecimiento económico y el desarrollo social encuentran muchos obstáculos y desafíos.

Lo que estos pueblos necesitan, como por lo demás los de todas las partes de la tierra, es sin duda alguna un progreso social y económico armonioso y de dimensión realmente humana. A este propósito, me complace citar un incisivo pasaje de la encíclica Centesimus annus del amado Juan Pablo II, donde afirma que «el desarrollo no debe ser entendido de manera exclusivamente económica, sino bajo una dimensión humana integral». Y añade que «no se trata solamente de elevar a todos los pueblos al nivel del que gozan hoy los países más ricos, sino de fundar sobre el trabajo solidario una vida más digna, hacer crecer efectivamente la dignidad y la creatividad de toda persona, su capacidad de responder a la propia vocación y, por tanto, a la llamada de Dios» (n. 29).

Encontramos aquí una enseñanza constante de la doctrina social de la Iglesia, reafirmada en numerosas ocasiones por mis predecesores durante estos últimos decenios. Precisamente este año se celebra el 40° aniversario de la publicación de una gran encíclica social del siervo de Dios Pablo VI, la Populorum progressio. En ese texto, citado muchas veces en los documentos sucesivos, aquel gran Pontífice ya afirmaba con fuerza que «el desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico», pues, «para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre» (n. 14).

La atención a las verdaderas exigencias del ser humano, el respeto a la dignidad de toda persona y la búsqueda sincera del bien común son los principios inspiradores que se han de tener presentes cuando se proyecta el desarrollo de una nación. Pero, por desgracia, esto no siempre sucede. En la sociedad actual globalizada se registran a menudo desequilibrios paradójicos y dramáticos. En efecto, cuando se considera el incremento sostenido de los índices de crecimiento económico, cuando se analizan las problemáticas relacionadas con el progreso moderno, sin excluir la elevada contaminación y el consumo irresponsable de los recursos naturales y ambientales, resulta evidente que sólo un proceso de globalización atento a las exigencias de la solidaridad puede garantizar a la humanidad un futuro de auténtico bienestar y de paz estable para todos.

Queridos amigos, sé que vosotros, profesionales y fieles laicos activamente comprometidos en el mundo, queréis contribuir a resolver estas problemáticas a la luz de la doctrina social de la Iglesia. Otro de vuestros objetivos es promover la cultura de la solidaridad y favorecer un desarrollo económico atento a las expectativas reales de las personas y de los pueblos. A la vez que os animo a proseguir vuestro compromiso, quisiera reafirmar que sólo de la unión ordenada de los tres niveles irrenunciables del desarrollo -económico, social y humano- puede nacer una sociedad libre y solidaria.

Comparto de buen grado, en esta circunstancia, lo que el Papa Montini expresó con claridad apasionada en su ya citada encíclica Populorum progressio: «Si para llevar a cabo el desarrollo se necesitan técnicos, cada vez en mayor número, para este mismo desarrollo se exige más todavía pensadores de reflexión profunda que busquen un humanismo nuevo, el cual permita al hombre moderno hallarse a sí mismo, asumiendo los valores superiores del amor, de la amistad, de la oración y de la contemplación» (n. 20).

Esta es vuestra misión; esta es la tarea que el Señor os encomienda al servicio de la Iglesia y de la sociedad, y sé que la estáis realizando con celo y generosidad. Al respecto, he sabido con placer que vuestra Fundación está extendiendo su presencia en diversos países de Europa y América. Me alegra verdaderamente. Sobre vosotros y sobre vuestras iniciativas, así como sobre vuestras familias, invoco la abundante bendición de Dios.

S. S. Benedicto XVI
Vicario de Cristo

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