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jueves, 29 de octubre de 2009

Pobreza

2009-10-25
Editorial
Pobreza

La reciente Encuesta de Niveles de Vida (ENV), que se realiza cada cinco años, revela que un tercio de la población panameña es pobre, y que la mitad de ese tercio vive en condiciones de pobreza extrema. Comparada con la encuesta anterior, algo hemos mejorado, pero nos hace falta un mayor esfuerzo para disminuir mucho más el nivel de pobreza en el país.

Vistos los indicadores de manera global, diríamos que avanzamos hacia mejores días, pero al analizar los datos, según región y sector de población, nos enfrentamos a una realidad más dura y cruel: la infancia, los campesinos, y los indígenas, llevan una existencia de miseria y pobreza inhumanas. Casi la mitad de los menores de 6 años se encuentra en condición de pobreza total, un poco más de la mitad de los campesinos vive en la pobreza, y 19 de cada 20 pobladores indígenas vive en la pauperización.

El gobierno que inicia su itinerario de cinco años tiene intenciones de disminuir la pobreza de manera patente, lo que hace soplar un aire esperanzador. Sin embargo, le recordamos que sus promesas deben hacerse realidad, bajo la perspectiva de la equidad y el deber de subsidiariedad del estado, para que sus planes cumplan con el principio de justicia social que le den la legitimidad que no da la ley, sino el propio pueblo a sus gobernantes.

Necesitamos una cultura solidaria, que nos mueva a aportar de lo nuestro al desvalido. Pagar los impuestos, abandonar el vicio del dinero ocioso, ayudar al desarrollo de las empresas familiares y artesanales, emitir bonos populares para que la población pueda ahorrar y recibir, aunque sea una porción, de los cientos de millones que el gobierno invierte y que le dan ganancias en interés a los más ricos. Tantas otras cosas pueden hacerse, y sólo esperan por la decisión política que las pongan en marcha. Así, sin más.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 23 de noviembre de 2007

El riesgo del progreso

2007-11-25
El Ojo del Profeta
El riesgo del progreso

Toda inversión que genere empleos y riqueza es apetecible, especialmente por el progreso que representa para el país. Pero, no todas las veces la inversión está a la par del riesgo que corremos de perder otros recursos, y de exponernos a un daño con magnitud de catástrofe.

El proyecto para construir un centro de acopio y trasiego de hidrocarburos, desde Colón hasta Panamá, con una plataforma entre la isla de Taboga y tierra firme, junto a la entrada del Canal de Panamá en el Pacífico, supone un riesgo ambiental y ecológico muy grande. No solo se verá afectado el paisaje, con la plataforma que se adentrará al mar, sino que trastocará la vida de cientos de pescadores artesanales, pondrá en peligro su subsistencia, y afectará en el presente y el futuro la actividad turística que se concentra y crece en la zona.

Frente a la situación, conviene que las autoridades piensen y calculen si vale la pena esa inversión, en modo y lugar, y si en el camino traerá bienestar o no en cuanto a su sustentabilidad y sostenibilidad. Eso indica la prudencia y ayudará a obrar con sabiduría.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 28 de septiembre de 2007

Ampliación del Canal

2007-09-02
Editorial
Ampliación del Canal

A pocas horas de inaugurarse de manera oficial los trabajos de ampliación del Canal de Panamá tenemos la obligación de reflexionar sobre este hecho trascendental. Más que una obra de infraestructura, el acontecimiento representa el futuro de la vía, el futuro económico del país, y el progreso social de la nación.

La multimillonaria ampliación no debe medirse en el montón de dinero que se invierte, ni en el éxito o el tino que ha tenido tal o cual gobierno para hacerla realidad; debemos medirla más bien en el aporte que dará al desarrollo del país, a la erradicación progresiva de la extrema pobreza, y a las posibilidades de nuevas actividades económicas que colateralmente puedan crear puestos de trabajo suficientes para el pleno empleo.

El Canal es el principal recurso que tenemos, después de nuestra población, y debemos cuidarlo, mejorarlo constantemente, y mantener sus ventajas competitivas y comparativas para que continúe siendo patrimonio inalienable de la presente generación y las venideras. Es un legado que pasa de una a otra, bajo el compromiso moral de servirle a la nación y al mundo.

Al inaugurarse esta obra de ampliación tengamos presente lo antes dicho, y sintámonos orgullosos de poder manifestar, ante la comunidad internacional, que los panameños somos y seremos capaces de darle uso a nuestro Canal para el noble propósito de engrandecer la nación y de compartirlo con el resto del mundo para la paz y el intercambio comercial que hace al planeta un espacio común.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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