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lunes, 19 de octubre de 2009

Espacios públicos

2009-10-18
El Ojo del Profeta
Espacios públicos

El fenómeno más notable de la vida en sociedad es el surgimiento de las ciudades, porque ha provocado el desarrollo de la vida comunitaria. El hombre pasó de la caverna a los campos, y de los campos a la ciudad. Todo para su progreso y su bienestar. Pero cuando la autoridad permite el desorden y la impunidad de quien atenta contra el bien público, deviene en caos la convivencia que se supone debe hacerle bien a la comunidad.

Tal es el caso de quienes ocupan, para su uso y provecho propio, los espacios públicos, como es el caso de nuestra ciudad capital. Los automóviles, objetos de lata y hierro, parecieran anteponerse a la persona. Mientras hombres y mujeres de toda edad y condición física deben lanzarse a la calle, para transitar entre el peligro, los autos son estacionados sobre la servidumbre y las aceras. Ya es tiempo de devolverle a la población los espacios públicos, pero sin autoridad conciente y decidida, todo anhelo en ese sentido será utopía.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 19 de junio de 2009

…su cuerpo es santuario del Espíritu Santo…

2009-06-21
La Voz del Pastor
…su cuerpo es santuario del Espíritu Santo…

En el camino del discipulado de Jesús se nos revela en profundidad insospechada el valor y dignidad del cuerpo humano, el hecho de que somos seres corpóreos. Lo anunciamos con toda su fuerza en la Eucaristía y sacamos sus consecuencias para nuestro diario vivir como seres en relación.

En el seno de una mujer y en la familia es donde comienza nuestra corporeidad y donde se inicia nuestro aprendizaje de cómo vivirla, lo cual marcará toda nuestra vida. La ciencia nos da un conocimiento indiscutible sobre el comienzo de la vida de los individuos de cada especie y de lo peculiar de todo cuerpo humano. Desde el genoma heredado se construye su organismo y vive su propia trayectoria, con etapas (cigoto, embrión, neonato…); cada individuo con nombre propio, con su máxima expresión en el cuerpo humano, construido desde un ADN tan suyo que permite seguirle el rastro. Con la enorme peculiaridad de no quedar encerrados en lo meramente biológico, nacemos sin acabar; necesitados de un acabado propio en un entorno familiar.

La familia es el espacio donde el niño desarrolla la inteligencia emocional y las capacidades crítico-creativas; también forma hábitos de salud preventiva. Asimismo, la familia aparece como la principal estructura de prevención del delito. El papel que puede desempeñar en el campo moral es fundamental. Así, se enseña a los hijos reglas de cortesía, a saludar, a no tirar papeles en la calle; muchas pequeñas cosas que nos van educando al respeto, a cumplir los deberes ciudadanos, a sacrificarse por una buena causa. Comenzando con los pequeños deberes se aprende a cumplir los grandes; también la fidelidad (ver Lucas 16,10).

La familia es actualmente revalorizada a nivel internacional como derecho esencial, como un pilar de un tejido social sano, y una base estratégica para el desarrollo económico; como una unidad social que además de cumplir roles decisivos en lo afectivo y lo espiritual, lleva adelante con extrema eficiencia tareas fundamentales para la sociedad. Pero esto requiere apoyos como lo pueden ser firmes políticas públicas de protección a la familia y de su fortalecimiento, en particular el apoyo a los sectores desfavorecidos.

La pobreza golpea a las familias. Las carencias y dificultades que genera la pobreza, las grandes tensiones que ella produce, favorecen la posibilidad de violencia doméstica, con el enorme impacto que tiene para el futuro de los hijos. Atacar las causas estructurales del aumento de la pobreza y de la desigualdad a través de políticas que creen trabajos y disminuyan la inequidad; a través también de políticas sociales, articuladas con las anteriores, abren posibilidades de educación y salud para todos, y resultan de enorme ayuda al fortalecimiento familiar. A todo ello no puede estar ajena la sociedad civil.

El premio Nobel de Economía Amartya Sen reflexiona que el problema con la agenda social no es tanto de recursos sino de prioridades. Con recursos muy limitados se pueden obtener excelentes resultados en los campos social y de familia si se priorizan estos problemas y se reorientan recursos hacia ellos y gestionándolos bien.

Damos gracias al Señor por el don de su Cuerpo y de su Sangre, alimento en el camino hacia el Padre. Alimento que adorantes recibimos y que debe en nosotros dar frutos de agentes a favor del efectivo respeto y dignidad de los cuerpos humanos, desde su comienzo hasta el encuentro definitivo.

Mons. Pablo Varela Server
Obispo Auxiliar

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viernes, 24 de abril de 2009

¿Por quién votar?

2009-04-26
La Voz del Pastor
¿Por quién votar?

Una pregunta frecuente en estos tiempos es esta de ¿por quién votar? En la Carta Pastoral de la Conferencia Episcopal Panameña del pasado 9 de enero, ofrecíamos criterios para iluminar la decisión. Carta sencilla, no extensa, pero con el contenido necesario para el propósito del compromiso ciudadano ante las próximas elecciones. También, Pastoral Social Arquidiocesana publicó un excelente material guía de reflexión para la Cuaresma sobre la misma temática. Se tengan dudas o no sobre quién votar, no vendrá nada mal releer estos textos.

Para todavía abundar más, voy a recordar algunos textos del Magisterio de la Iglesia sobre la temática; en particular del muy recordado y apreciado en Panamá, el siervo de Dios Juan Pablo II, del cual inauguraremos una estatua pocos días después de las elecciones. Las estatuas pueden aparecer y desaparecer (esperemos que ésta no), pero el Magisterio permanece.

La Iglesia considera en gran estima las responsabilidades políticas: “La Iglesia tiene en gran consideración y estima la actividad de aquellos que se dedican al bien de la cosa pública y aceptan las cargas de este oficio”. Vaticano II, Gaudium et Spes no. 75-1

La Iglesia llama a los responsables políticos a comprometerse con un verdadero espíritu de servicio: “En el ejercicio del poder político es fundamental aquel espíritu de servicio, que, unido a la necesaria competencia y eficiencia, es el único capaz de hacer «transparente» o «limpia» la actividad de los hombres políticos, como justamente, además, la gente exige. Esto urge la lucha abierta y la decidida superación de algunas tentaciones, como el recurso a la deslealtad y a la mentira, el despilfarro de la hacienda pública para que redunde en provecho de unos pocos y con intención de crear una masa de gente dependiente, el uso de medios equívocos o ilícitos para conquistar, mantener y aumentar el poder a cualquier precio”. Juan Pablo II. Christifideles Laici no. 42

La Iglesia considera que los frecuentes desvíos dentro de la vida política no justificarán nunca una dimisión del rol ciudadano, principalmente de parte de los cristianos: “Las acusaciones de arribismo, de idolatría del poder, de egoísmo y corrupción que con frecuencia son dirigidas a los hombres del gobierno, del parlamento, de la clase dominante, del partido político, como también la difundida opinión de que la política sea un lugar de necesario peligro moral, no justifican lo más mínimo ni la ausencia ni el escepticismo de los cristianos en relación con la cosa pública”. Juan Pablo II, Christifideles Laici no. 42

La Iglesia llama a cada uno a asumir su parte en el juego democrático, principalmente en el ejercicio de su derecho al voto: “Recuerden, por tanto, todos los ciudadanos el derecho y, al mismo tiempo, el deber que tienen de votar con libertad para promover el bien común”. Vaticano II, Gaudium et Spes no. 75-1

Una democracia viviente debe tener valores: “Es necesario observar que, si no existe una verdad última, la cual guía y orienta la acción política, entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder. Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia”. Juan Pablo II, Centesimus Annus no. 46

En la base de todo el esfuerzo de construcción de la comunidad humana la Iglesia coloca el principio del Bien común: “La interdependencia, cada vez más estrecha, y su progresiva universalización hacen que el bien común -esto es, el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección se universalice cada vez más, e implique por ello derechos y obligaciones que miran a todo el género humano. Todo grupo social debe tener en cuenta las necesidades y las legítimas aspiraciones de los demás grupos; más aún, debe tener muy en cuenta el bien común de toda la familia humana”. Gaudium et Spes no. 26

Ante la violencia la Iglesia quiere recordar que la fuente primera de la paz social es la justicia social: “La paz como fruto de la justicia. Hoy se podría decir, con la misma exactitud y análoga fuerza de inspiración bíblica (cf. Is 32, 17; Sant 32, 17), la paz es fruto de la solidaridad. El objetivo de la paz, tan deseada por todos, sólo se alcanzará con la realización de la justicia social e internacional, y además con la práctica de las virtudes que favorecen la convivencia y nos enseñan a vivir unidos, para construir juntos, dando y recibiendo, una sociedad y un mundo mejor. Encíclica Sollicitudo Rei Socialis, Juan Pablo II, 1987, no. 39

La verdadera riqueza de una nación es su capacidad de compartir: “La riqueza económica de un pueblo no resulta solamente de la abundancia global de bienes, sino también y sobre todo de su distribución efectiva según la justicia, en vista de asegurar el desarrollo personal pleno de los miembros de la comunidad, pues este es el fin verdadero de la economía nacional”. Encíclica Mater et Magistra, Juan XXIII, 1961

Después de haber tenido una excesivamente larga, dispendiosa y en variados aspectos éticamente cuestionable, campaña política, que el Espíritu Santo nos ilumine en realizar la mejor elección posible en este momento de la historia panameña.

Mons. Pablo Varela Server
Obispo Auxiliar

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martes, 3 de febrero de 2009

El respeto al derecho ajeno

2009-02-01
El Ojo del Profeta
El respeto al derecho ajeno

El principio de igualdad entre los seres humanos es el sustento de los derechos y las libertades para cada hombre y mujer del planeta. Su respeto y defensa es inherente a la justicia y la paz, que constituyen el pilar de la sociedad humana. Cuando el trato de igualdad hacia el otro, que los cristianos profesamos en el amor al prójimo como a uno mismo, es violentado, se afecta gravemente la convivencia pacífica y se hiere, en lo más profundo, la esencia de humanidad que tenemos como hijos de Dios y persona humana.

La actual alianza de grupos de oposición debe, al menos, atenuar el ataque y la injuria que, en esa parte de los aspirantes al poder, se ha dado hasta la fecha. Sin embargo, tal unión está lejos de garantizar que el tratamiento entre bandos contrarios, como oficialismo y oposición, pueda darse bajo un clima de respeto e intercambio de ideas libres de todo gesto amenazante o actitud agresiva. Al fin y al cabo, el antagonismo principal en la lucha por el poder, continúa como realidad en la que unos quieren mantenerse en el poder y otros quieren acceder a él.

Quien aspire a la paz, debe practicar el respeto hacia los demás. Allí, en ese campo, nos hacemos iguales los unos con los otros, sin que medie condición social o preferencia partidaria. Que ese respeto sea dado en estricta reciprocidad, para el bien de los candidatos, de sus seguidores, y del resto de la sociedad panameña.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 28 de enero de 2009

Sin respeto, no hay paz

2009-01-25
A tiro de piedra
Sin respeto, no hay paz

Hace pocos días acompañé a un amigo y su familia a sepultar a su hermano mayor, a quien también conocía, y coincidimos en el cementerio con otro entierro: el de un pandillero. Los trabajadores de camposanto nos aconsejaron esperar un rato, pero fue un momento de tensión y angustia.

Tanto mi amigo como yo, y otro amigo entrañable que nos acompañaba, vivimos largo tiempo en el ambiente de San Felipe, Santa Ana y El Chorrillo. Para nosotros hay situaciones que conocemos e intuimos muy bien. Sabemos, con sólo mirar alrededor, cuando hay peligro o existen intenciones de provocar daño. Pero una cosa es estar joven y sin compromiso o responsabilidad de esposa y familia, y, otra, es ver en lo que se ha convertido nuestra ciudad; una jungla violenta y sin el menor respeto hacia los demás. Prima, lamentablemente, la ley del más temible.

Es notoria la agresividad en casi todos los aspectos de la vida ciudadana. El manejo en las calles, la manera de abordar un autobús, la forma de protestar, el trato al atender a los clientes o a los usuarios de negocios y servicios públicos. Ahora, súmele la campaña política que está en plena efervescencia. Es un clima de agresión y violencia que crece sin control.

Así como vimos un sepelio rodeado de policías, por la amenaza de enfrentamiento entre bandas rivales de pandilleros, igual vemos las actitudes y el lenguaje común que se va imponiendo en las calles. Se pierde el respeto, porque hemos tirado al cesto de la basura nuestros valores como sociedad. Lo que antes era un acto que inspiraba respeto por el dolor ajeno, como un funeral, ahora es un hecho en que el miedo y la tensión o el temor de una balacera, superan el dolor y la tristeza por la pérdida de un ser querido. Mientras unos despedíamos al amigo o al vecino fallecido, otros volteaban constantemente sus cabezas fijando su mirada entre las tumbas y esperando el momento que sonara el primer tiro.

Ya le había advertido (yo) a mi esposa, cuando pasamos frente a una de las iglesias del Casco Antiguo, que se efectuaba el entierro de un pandillero. Ni lo leí ni lo sabía de antemano; pero me alertó la presencia de la policía, en número y actitud inusual. Es el instinto innato que se desarrolla cuando uno ha tenido la experiencia de vivir “el barrio”. Y digo: vivir el barrio; no vivir en el barrio. De mi antiguo vecindario a El Chorrillo, la distancia es de 15 calles. En aquellos días era trecho suficiente, para tener cierta tranquilidad. Hoy, no hay fronteras. Desde las Bóvedas hasta la playita de El Chorrillo y más allá, la única seguridad es Dios y la astucia de serpiente que, inexorablemente, tenemos que desarrollar en la actualidad, porque no basta con la mansedumbre de la paloma.

Si queremos empezar a cambiar este ambiente violento y agresivo exijámonos y exijamos a quienes nos rodean y tratan con nosotros, el respeto recíproco que nos preserva de la violencia y la agresión. Hagámoslo con caridad y cortesía, pero con firmeza y determinación. Eso, lo aseguro, marcará la diferencia.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 9 de enero de 2009

Proceso electoral

2009-01-11
Editorial
Proceso electoral

Estamos inmersos en el proceso electoral que busca reemplazar a las autoridades administrativas y legislativas del país. Desde los cargos de presidente y vicepresidente, pasando por los alcaldes y los representantes de corregimiento, hasta los diputados y los concejales, son pretendidos por miles de candidatos postulados por los partidos o por iniciativa personal.

La vorágine electoral, que empezó hace más de un año, acapara la atención de la población, sin discriminar si se le presta de manera voluntaria o no. Es una propaganda saturante que contamina el campo visual de los espacios públicos, las pantallas de televisión, el tiempo de la radio, las páginas de los periódicos, y los mensajes de la Internet y la telefonía móvil y fija. No existe espacio ni privacidad que no sean invadidos.

Vivir en democracia supone el respeto a la libertad de la persona humana, según se consagra en diferentes instrumentos de derechos humanos, que muchos coinciden con la doctrina cristiana y se inspiraron en ella. Pero, también, la democracia es participación con responsabilidad, edificación de la sociedad, y progreso en los diversos campos de la actividad humana. Por eso es menester, en un análisis crítico, que revisemos la forma en que ejercemos la política.

Resulta imperativa la revisión del sistema electoral, de la frecuencia con la que se eligen las autoridades, de la alternancia en el poder a todos los niveles, y de la calidad y solvencia moral de toda persona que aspire a ser candidato a un puesto de elección popular. Si no lo hacemos, el modelo electoral y la política misma dejarán de llenar la función y el objetivo que deben cumplir en la sociedad democrática.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 23 de julio de 2008

Sin respeto, perdemos

2008-07-20
Editorial
Sin respeto, perdemos

A menudo escuchamos la queja de la falta de educación en el hogar, para formar a la niñez y la juventud en el respeto y el deber hacia sí mismos y los demás. Sin embargo, poco reconocemos que el modelo y el ejemplo deben venir, también, de la misma sociedad.

El reciente caso de una alumna de primer grado, a quien le fue encontrado un alijo de marihuana en su mochila escolar, nos conmueve y nos indigna, porque es el más claro acto de la falta de respeto de los mayores hacia los menores. ¿Quién escondió el perverso cargamento en la bolsa de una niña de 7 años? Su aviesa intención es una acción deleznable y ruin.

Nuestra sociedad, tan propensa a caer en la trampa de la “superación de tabúes”, que le tiende una corriente que busca la descomposición moral, es incapaz de distinguir, a plenitud, que los va-lores y los principios morales no son tabúes, sino lo que garantiza su propia supervivencia. Si caen los valores y los principios, todo lo demás caerá.

La aspiración de toda persona es ser feliz, y la felicidad se encuentra en hacer la voluntad de Dios, que quiere que todos los hombres se salven. Volvamos la mirada hacia el camino de la fe y las buenas costumbres, para que nuestra vida sea respetuosa de nuestra propia vida y de la ajena, en todo los sentido.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 21 de mayo de 2008

El Respeto y la Obediencia a Nuestros Padres

2008-05-18
La Voz del Pastor
El Respeto y la Obediencia a Nuestros Padres

No faltará quien tilde de obsoleto este concepto del respeto y la obediencia que debemos los hijos hacia nuestros padres.

Cada día salen a relucir ideas acomodaticias y distorsionadas sobre la libertad y los derechos humanos con la nefasta conclusión de negar en la práctica el amor, la reverencia y la obediencia de los hijos hacia aquellos que los engendraron.

Corrientes de pensamiento seudo modernos llegan hasta desconocer en la práctica, aunque no niegan en teoría, la llamada patria potestad. Las relaciones de amor y reverencia entre padres e hijos es recíproca.

El respeto y la obediencia a nuestros padres tienen su principio en la ley natural ya que todos venimos al mundo procedentes de aquellos que nos engendraron. Sí no siempre los seres humanos son concebidos por un acto de amor en la mutua donación de sus padres, ontológicamente proceden de ellos por el acto generador - ya por este título el padre y la madre merecen la gratitud y el respeto por ser el origen material e inmediato de la vida de sus hijos. Además, la ley divina nos pide taxativamente que amemos , respetemos y obedezcamos a nuestros padres.

Cuando Dios entregó el decálogo a Moisés en el monte Sinaí le recordó primero el deber fundamental de amarle por encima de todas las cosas. Vemos que los tres primeros mandamientos nos relacionan directamente con Dios. Pero cuando nos presenta la segunda parte de los mandamientos que es el amor a nuestro prójimo nos presenta también el orden en que debemos amar a nuestros semejantes. De allí que no hay ser humano más cercano a nosotros que nuestros padres.

"Honra a tu padre y a tu madre para que vivas una larga vida en la tierra que te dio el Señor tu Dios" (Éxodo 20, 12). Más adelante nos dice Dios en el Deuteronomio: "honra a tu padre y a tu madre tal como el Señor tu Dios te lo ha ordenado para que vivas una larga vida y te vaya bien en la tierra" ( Deuteronomio 5,16). y para convencernos más sobre el deber de amar, respetar y obedecer a nuestros padres el mismo Dios se complace en prometer algunas recompensas terrenales que no son más que signos de los bienes que nos dará en el cielo a los que cumplimos estos deberes.

Nos dice el libro del Eclesiástico (Ecle. 3, 2-16) "El Señor quiere que el padre sea honrado por sus hijos y que la autoridad de la madre sea respetada por ellos"... y a continuación señala algunos premios: "alcanza el perdón de sus pecados... "reúne una gran riqueza... "recibirá alegría de sus propios hijos"... "cuando ore el Señor lo escuchará"... "tendrá larga vida"... "será premiado por el Señor" "recibirá toda clase de bendiciones.

Este amor y obediencia a nuestro padre se hace mucho más obligante al llegar ellos a la vejez porque es cuando más nos necesitan. "Aunque su inteligencia se debilite, sé comprensivo con él... no lo avergüences mientras viva" "socorre al padre, es algo que no se olvidará. Así como Dios señala algunas recompensas por la obediencia y el amor a nuestros padres también profiere amenazas. "El que abandone a su padre ofende al Señor y el que hace enojar a su madre es maldecido por Dios". Todos tenemos un ejemplo en el mismo Jesucristo el cual "siendo Dios no se aferró a su condición divina... se hizo hombre... tomó la condición de siervo y se hizo obediente a la muerte y muerte en la cruz" (Filipenses 2, 6-8).

Con mucha elocuencia nos relata San Lucas el hallazgo del niño Jesús en el templo y después de describirnos las sabias respuestas dadas a sus padres para calmar su preocupación añade el evangelista: "Volvió con ellos a Nazaret obedeciéndolos en todo" (Lucas 2,51). Además Jesús afirmo categóricamente: "mi alimento es cumplir la voluntad de mi padre. (Juan 4, 34)

Nuestra formación y madurez cristiana nos tienen que ayudar a obedecer, amar y reverenciar a nuestros padres mientras ellos vivan y cualquier legislación o normas legales que se promulguen para proteger a los hijos deben contribuir a resaltar tanto el deber de los padres para proteger y educar a sus hijos (la patria potestad) como la de éstos de venerar y respetar a aquellos con amor filial.

Mons. José Dimas Cedeño Delgado
Arzobispo Metropolitano de Panamá

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viernes, 28 de septiembre de 2007

Acción contra el terrorismo

2007-09-30
El Ojo del Profeta
Acción contra el terrorismo

El incidente suscitado a bordo de un avión de una aerolínea panameña responde a la acción contra el terrorismo que realizan los países del orbe, para prevenir situaciones que se cobren con la vida de inocentes y ocasionen graves daños a la población.

Vivimos una era en que la pérdida de valores ha traído como consecuencia la desconfianza, la violencia, y la creencia de algunos de imponerse sobre el resto a través del terror y la fuerza. Tenemos un mundo inseguro, en parte, en el que deben multiplicarse los esfuerzos para devolver el respeto por la vida, y la práctica de los valores fundamentales de la sociedad.

Ninguno tiene derecho a tomar la vida ajena, porque de Dios es la vida del hombre. No hay derecho, tampoco, al prejuicio y el estereotipo por razón de raza, religión, o condición social. Preservar la paz mundial depende de la claridad que tengamos frente a la fe y las ideas que nos separan y nos hacen diferentes en algunos aspectos, pero que nos unen en la diversidad y en nuestra humanidad. Sólo aprendiendo a tratar al prójimo como a nosotros mismos, empezaremos a derribar las barreras que, en no pocos casos, incentivan al terrorismo y a la violencia social.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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