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lunes, 7 de diciembre de 2009

Día del Maestro

2009-11-29
A tiro de piedra
Día del Maestro

Creo que todo ser humano que haya pasado por la escuela recordará con afecto la maestra de sus primeros grados. La maestra, al igual que la madre y la abuela, son de esas mujeres inolvidables en la vida nuestra.

Dentro de un par de días conmemoraremos el Día del Maestro, en el que escucharemos loas y críticas a esas figuras, algunas infundadas, otras no. En una fecha tal lo menos que quisiéramos escuchar son cuestionamientos y condenas, pero el mundo actual ya ni distingue, y menos respeta, los momentos que son para conmemorar y no para criticar y condenar. Lo mismo nos da armar el pereque o el jolgorio en un día solemne que en cualquier otro. Eso nos deshumaniza, sin darnos cuenta o tener conciencia plena del hecho.

Yo quiero, en esta ocasión que se nos viene por delante, recordar a mis maestras. La del primer grado, que me parecía la más bonita. Mayra Correa, era su nombre, y varias veces me regañó. Con razón, creo. Me copié, y me puso un cero. Era yo hablantín, y me mandaba a callar. Prohibió las idas al baño, hasta que tocara el recreo, y me oriné en el salón. No hice la tarea un día, y me preguntó por qué. Mi respuesta: mi lápiz no tiene punta. ¿Y usted no tiene sacapunta?, replicó. No tengo, contesté. Y ¿en su casa no hay cuchillos? Sí, dije, pero no me dejan tocarlos. Perdió la paciencia, y me dio un reglazo en la mano. Por lo demás, era un amor y regalaba sonrisas a todos. Nos dolió cuando se casó y dejó la escuela.

Mi maestra del segundo grado, Georgina Torres. Una chinita regañona, pero que nos quería mucho. Recuerdo que una vez me golpeó un grandote de quinto, repetidor y pendenciero. Me fui llorando al salón, y volví hecho una furia. Lo azoté con la hebilla de la correa, hasta que nos separaron. Llegó mi maestra a la dirección, y era como una leona feroz a la que le tocan su cachorro. Al final del año escolar me regaló el primer libro de mi vida, con una leyenda que decía: por su aplicación en segundo grado. Ese volumen de las “Fábulas de Esopo” me lo leí una y mil veces. Fue el premio por ser el alumno de mayor índice académico de toda la escuela.

La de tercero, Telsy de Cano. Un poco nerviosa, pero buena maestra. Me lanzó el cepillo de borrar el tablero, porque yo hablaba mucho. Lo vi venir y lo desquité. El resultado: golpeó a la niña que se sentaba detrás, y no sabía qué hacer. Y la de cuarto grado, Angélica Cornejo. Esa fue la que se enfermó. Al volver, le cantábamos y la abrazábamos sin cesar. Recuerdo que me dio un cinco de nota, por haber recogido lo que estaba tirado y arreglado las bancas. La de quinto, María Zamora de Córdoba. ¡Ay, cómo me hizo sufrir! Pero también sufrió, y no me alcanza el espacio para decirlo todo.

Y Kela, la de sexto, ¡qué maestra! Supo sacar todo mi potencial académico y artístico. Raquel de Serracín era su nombre. Nunca me regañó ni le hice travesuras. La lloramos al despedirnos, y cuanto me enseñó, lo llevó muy profundo en el corazón. Feliz Día del Maestro a todas aquellas mujeres (y hombres), que abrazan con amor tan noble vocación.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Deporte y pastoral juvenil

2009-11-15
La Voz del Pastor
Deporte y pastoral juvenil

Ofrecemos a continuación el mensaje del Papa Benedicto XVI al cardenal Stanisaw Ryako, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, con motivo del Seminario “Deporte, educación y fe: por una nueva etapa del movimiento deportivo católico” (Roma, 6 - 7 noviembre de 2009).

Con verdadero placer, le envío un cordial saludo a usted, al secretario, a los colaboradores del Consejo Pontificio para los Laicos, a los representantes de los organismos católicos que operan en el mundo del deporte, a los responsables de las asociaciones deportivas internacionales y nacionales y a todos aquellos que forman parte en el Seminario de estudio sobre el tema: “Deporte, educación y fe: por una nueva etapa del movimiento deportivo católico”, organizado por la Sección “Iglesia y deporte” de este Dicasterio.

El deporte posee un notable potencial educativo sobre todo en el ámbito juvenil y, por esto, tiene gran relevancia no sólo en el empleo del tiempo libre, sino también en la formación de la persona. El Concilio Vaticano II lo quiso nombrar entre los medios que pertenecen al patrimonio común de los hombres y que son adecuados para el perfeccionamiento moral y la formación humana (cfr Gravissimum Educationis, n. 4).

Si esto es verdad para la actividad deportiva en general, tanto más lo es para la que se desarrolla en los oratorios, en las escuelas y en las asociaciones deportivas, con el objetivo de asegurar una formación humana y cristiana a las nuevas generaciones. Como tuve forma de recordar recientemente, no debe olvidarse que “el deporte, practicado con pasión y vigilante sentido ético, especialmente para la juventud, se convierte en entrenamiento de la competitividad sana y de perfecciona-miento físico, escuela de formación en los valores humanos y espirituales, medio privilegiado de crecimiento personal y de contacto con la sociedad” (Discurso a los participantes de los Mundiales de Natación, 1 de agosto de 2009).

A través de las actividades deportivas, la comunidad eclesial contribuye a la formación de la juventud, proporcionando un ámbito adecuado a su crecimiento humano y espiritual. De hecho, cuando están dirigidas al desarrollo integral de la persona y las gestionan personal cualificado y competente, las iniciativas deportivas se revelan como ocasión propicia en la que sacerdotes, religiosos y laicos pueden convertirse en verdaderos y propios educadores y maestros de vida de los jóvenes. Por tanto es necesario que, en nuestra época – en la que se advierte la urgente exigencia de educar a las nuevas generaciones –, la Iglesia siga apoyando el deporte para los jóvenes, valorando plenamente también la actividad competitiva en sus aspectos positivos, como por ejemplo, en la capacidad para estimular la competitividad, el valor y la tenacidad en la persecución de los objetivos, evitando, sin embargo, toda tendencia que desnaturalice su misma naturaleza con el recurso a prácticas incluso dañosas al organismo, como sucede en el caso del doping. En una acción formativa coordinada, los dirigentes, los técnicos y los operadores católicos deben considerarse guías experimentados para los adolescentes, ayudándoles a desarrollar sus propias potencialidades competitivas sin descuidar las cualidades humanas y las virtudes cristianas que hacen a la persona completamente madura.

En esta perspectiva, encuentro muy útil que este tercer Seminario de la Sección “Iglesia y deporte” del Consejo Pontificio para los Laicos centre su atención sobre la misión específica y sobre la identidad católica de las asociaciones deportivas, de las escuelas y de los oratorios gestionados por la Iglesia. Auguro de corazón que éste ayude a aprovechar las muchas y preciosas oportunidades que el deporte puede ofrecer a la pastoral juvenil y, mientras auguro un encuentro fructífero, aseguro mi oración invocando sobre los participantes y sobre aquellos que están comprometidos en promover una sana actividad deportiva, de modo particular en las Instituciones católicas, la guía del Espíritu Santo y la protección materna de María. Con estos sentimientos, envío de corazón a todos mi Bendición Apostólica.

S. S. Benedicto XVI
Obispo de Roma


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martes, 15 de septiembre de 2009

Nivel académico

2009-09-13
A tiro de piedra
Nivel académico

Cada año nos conmueve la noticia que miles de aspirantes a la universidad fracasan en la prueba de admisión. Decenas de miles de jóvenes, mayormente egresados de las escuelas públicas, tendrán que quedarse sin educación universitaria. Es una desgracia nacional, que costará mucho remediar.

Las causas de tal situación son variadas, aunque desemboca en un solo lugar: la acción de la autoridad. Sin embargo, el asunto es mucho más complejo. La enfermedad tiene un cúmulo de cosas que la provocan. Lo primero, para mí, es la actitud de los docentes. No digo que son los culpables, pero sí que son parte del problema, así como de la solución. Deben, además de las autoridades, exigirse ellos mismos en cuanto a competencia, conocimiento, metodología, y respeto por la profesión. Un primer paso en este sentido, marcaría la diferencia.

Otros factores que inciden en el bajo nivel académico son: la falta de atención temprana a los que demuestran más habilidad, dedicación al estudio, y cuociente intelectual. La ausencia de un régimen de competitividad docente, para potenciar el recurso humano de los educadores, a través de concurso por los distintos niveles de las plazas, aunque se trate de la misma asignatura. El ambiente inadecuado para la instrucción y el estudio, a causa de planteles plagados de ambiente ruidoso, calor, y otros elementos que distraen al estudiante del aprovechamiento, tales como: el hacinamiento, interrupción del año lectivo por paros y huelgas, poco acceso a la bibliografía y la tecnología, horas de clase reducidas, y la jornada vespertina.

Es necesario tener aulas o escuelas especiales para los alumnos aventajados, porque en el sistema público este enfoque está ausente. Por querer asegurar la igualdad, lo que se ha hecho es igualar, de manera forzosa, al menos aplicado con el más desaplicado. Soy partidario de las escuelas de excelencia académica, porque motivan a otros alumnos a alcanzar ese premio. A pesar que las mencioné, las aulas dentro de la misma escuela no me parecen conveniente, porque allí sí podría darse cierta práctica discriminatoria entre “inteligentes” y “brutos”.

Por parte de los docentes es necesario reconocer que unos tienen más capacidad que otros, para la investigación y el estudio constante. Hay que crear los mecanismos para que desarrollen sus habilidades, y puedan ganarse un puesto en la escuela para la que resulten competentes. Se debe invertir en edificios escolares que sean aptos para el aprovechamiento, con ventilación e iluminación adecuadas, laboratorios, bibliotecas, equipos, y ambiente sano. Calidad de planes de estudio y ambiente para el aprendizaje, van de la mano.

Tanto docentes como estudiantes, pasando por la autoridad, deben convencerse que cada puesto ha de ganarse. La escuela no es sólo el edificio, sino sus maestros y sus alumnos; y estos dos últimos componentes son los que cuentan. El mejoramiento de la educación comienza, pues, con los docentes y los educandos. Los demás pasan rápido, apenas unos cinco años, pero aquellos están en el sistema educativo nueve, doce, dieciséis, o veinticinco años, según el caso, y son los que pueden lograr el cambio más profundo.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 17 de julio de 2009

Entusiasmo nacional

2009-07-19
El Ojo del Profeta
Entusiasmo nacional

Las emociones entusiastas que despierta la participación y el avance de la selección nacional de fútbol, en la tabla de posiciones del torneo Copa de Oro, pone de manifiesto el interés del pueblo, en aquello que lo hace identificarse y sentirse panameño. Hace un par de décadas, competir en balompié era un mero trámite, y ver jugar a la selección nos ponía en medio de la esperanza y la resignación.

Hoy no es así, porque la posibilidad de triunfo es mayor. Sin embargo, ese entusiasmo nacional debe canalizarse, también, hacia otras metas. El mismo entusiasmo debería existir en el trabajo, la educación, el civismo, y la actitud de vida fundamentada en la moral, la ética y los valores y principios que nos hacen personas de bien. Y si no sólo de pan vive el hombre, la nación tampoco puede vivir sólo del entusiasmo nacional por el deporte.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 23 de julio de 2008

Sin respeto, perdemos

2008-07-20
Editorial
Sin respeto, perdemos

A menudo escuchamos la queja de la falta de educación en el hogar, para formar a la niñez y la juventud en el respeto y el deber hacia sí mismos y los demás. Sin embargo, poco reconocemos que el modelo y el ejemplo deben venir, también, de la misma sociedad.

El reciente caso de una alumna de primer grado, a quien le fue encontrado un alijo de marihuana en su mochila escolar, nos conmueve y nos indigna, porque es el más claro acto de la falta de respeto de los mayores hacia los menores. ¿Quién escondió el perverso cargamento en la bolsa de una niña de 7 años? Su aviesa intención es una acción deleznable y ruin.

Nuestra sociedad, tan propensa a caer en la trampa de la “superación de tabúes”, que le tiende una corriente que busca la descomposición moral, es incapaz de distinguir, a plenitud, que los va-lores y los principios morales no son tabúes, sino lo que garantiza su propia supervivencia. Si caen los valores y los principios, todo lo demás caerá.

La aspiración de toda persona es ser feliz, y la felicidad se encuentra en hacer la voluntad de Dios, que quiere que todos los hombres se salven. Volvamos la mirada hacia el camino de la fe y las buenas costumbres, para que nuestra vida sea respetuosa de nuestra propia vida y de la ajena, en todo los sentido.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 16 de julio de 2008

Nuestro entorno escolar

2008-07-06
El Ojo del Profeta
Nuestro entorno escolar

El ambiente escolar debe ser propicio para el buen aprovechamiento de la educación. Un entorno sano, tanto en su espacio como en la relación social que en él se da, redunda en una mejor formación del alumnado y en un ejercicio de la docencia eficaz.

Por el contrario, un ambiente insano en lo físico y lo moral, perjudica en grado sumo el proceso de enseñanza aprendizaje que da la escuela. El clima de violencia y agresión, de tono amenazante, y de edificios enfermos, lesiona gravemente a una porción de nuestro sistema educativo. Es una práctica malsana que debe ser corregida, antes que se apodere del resto.

Razón tienen los docentes al reclamar el respeto a su seguridad personal, e igual razón tienen los acudientes al exigir mayor eficiencia en la instrucción de sus acudidos. Lo que no es lícito para ninguna de las partes, ni merece justificación, es el acto artero de atentar contra la vida y la persona de quienes, en la escuela, buscan formar al ser humano del mañana y alimentarse de la savia del saber que los hará mejores personas en su adultez.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 21 de mayo de 2008

Fibra de vidrio

2008-05-18
Editorial
Fibra de vidrio

Las consecuencias que ha traído el trabajo de remoción de la fibra de vidrio en un número plural de centros educativos son graves. Por un lado está la pérdida de mucho tiempo de clases para los alumnos, y, por otro, el escándalo del mal manejo en la realización de los trabajos. Por si fuera poco, ya también se habla de malversación de fondos públicos.

De alivio apenas sirve la medida de reubicar a los estudiantes que han tenido esa dicha, pero aún hay una cantidad importante de la población estudiantil que espera por el inicio de labores lectivas. La situación, en lo inmediato, parece agravarse más que resolverse.

Es urgente una acción radical y eficaz, para evitar que los alumnos afectados por la falta de clases pierdan el año escolar. Sabido es que aunque se logre entregar guías y darle la promoción con tres bimestres, su aprovechamiento será limitado en comparación con el año lectivo normal. Más que completar la estadística de educación, se trata de darle la instrucción académica que necesitan para su progreso y realización en la vida.

A Dios rogamos para que se dé pronto una solución, y se eviten situaciones desagradables que, producto de la frustración y la impotencia que se siente en estos casos, poco contribuyen a la convivencia pacífica y al ideal de una sociedad que brinde educación y oportunidades a todos sus miembros por igual.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 14 de mayo de 2008

Comunicaciones sociales

2008-05-04
A tiro de piedra
Comunicaciones sociales

Cada año la Iglesia nos invita a reflexionar acerca de los medios de comunicación social y su incidencia en la vida colectiva, a través de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, invitando a los propietarios, directores, trabajadores y usuarios de aquellos a examinar la tarea que realizan y el aporte que se hace para el progreso y la edificación de la sociedad.

Hoy, más que nunca, los medios de comunicación marcan el rumbo de la comunidad humana en pensamiento, modelos, comportamiento y selección de la agenda temática. Son, pues, una institución que forma parte insustituible de la civilización contemporánea: sin ellos, el mundo devendría en caos. Por tal razón, el usuario necesita mantener un escrutinio permanente y una lectura crítica de los medios, para determinar si el mensaje recibido es provechoso o dañoso para sí mismo y los suyos.

En la actualidad la información sufre una transformación esencial; la noticia es reemplazada por el espectáculo, y lo trascendente por lo superficial. Ahora se exalta el morbo y la violencia, en detrimento de aquellos valores que la sociedad aún tiene por buenos. Se busca lo espectacular y lo llamativo, sin escatimar en recursos, esfuerzo y consecuencia. Estamos en la era en que muchas noticias son fabricadas; ya el hecho no surge espontáneamente, sino que se provoca y se induce.

Otro fenómeno informativo que experimentamos es el desarrollo de la Internet como medio de comunicación, a la que se suma la telefonía celular, y que introduce formas de comunicación y de expresión que transforman la cultura e influencian el comportamiento humano. Un mundo interconectado está, en teoría, más informado; pero, también, es un mundo vulnerable porque no hay límite en el contenido de los mensajes, lo que plantea un problema ético en cuanto a la veracidad, la fiabilidad y la finalidad que persigue cada hecho o situación que es difundido por esos canales.

La sociedad tendrá que actuar de manera propositiva frente a la realidad mediática actual. La educación es pieza importante dentro del reto que representan las comunicaciones sociales de este siglo; el estudio de la materia y su comprensión debe extenderse a toda la población a través de la escuela, para crear una mayor conciencia en cuanto a su alcance, influencia y el control social que puede ejercer el usuario. El desafío está ahí, y tarde o temprano tenemos que asumirlo.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 7 de abril de 2008

Alumnos sin clases

2008-04-06
Editorial
Alumnos sin clases

Pronto se cumplirá el mes de haber comenzado el año lectivo y aún hay estudiantes que están sin recibir clases, por causa de los planteles que no reúnen las condiciones de salubridad para que puedan ser ocupados.

Cuidar la salud de los alumnos es importante, pero también lo es su educación. Mientras se acondicionan las instalaciones escolares, las autoridades competentes deben ofrecer opciones para que no se dilate más la enseñanza que debe recibir esa parte de la población estudiantil.

La escuela, más que el edificio, es el conjunto de docentes y estudiantes. Es más provechoso sufrir algo de incomodidad por un rato, que dejar de recibir la instrucción que les ayude a aprender y a desarrollar destrezas que les sirvan para hacerse de una profesión u oficio.

Es obligatorio darle solución al problema, especialmente cuando el interés por el estudio se ve afectado por factores ambientales y sociales que tientan a dejar la escuela. Conviene, de igual forma, establecer un programa de mantenimiento y reparación de los centros educativos que garantice las condiciones de habitabilidad propicias al comenzar el año escolar. Todo va en prestar la atención debida y administrar, con más rigor, el aspecto de la escolaridad que tiene que ver con esa cuestión.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 3 de marzo de 2008

Mandarín

2008-03-02
A tiro de piedra
Mandarín

El año pasado se presentó la propuesta legislativa de enseñar el idioma mandarín en todas las escuelas del país, so pretexto del crecimiento de China y de las oportunidades que supuestamente podemos tener con el dominio de ese idioma y el intercambio comercial con la potencia asiática. La idea no es mala; lo errado es intentar que todos los panameños, de aquí en adelante, hablemos mandarín y que el uso de ese idioma nos llenará de dinero.

Si los chinos están aprendiendo inglés y español, para comunicarse con el resto del mundo, ¿para qué pretender que todos hablemos mandarín? Sería mejor, y más sensato, crear un instituto de lenguas extranjeras como opción educativa posbachillerato e incorporar en menos tiempo al mercado de trabajo a nuestra juventud. Con los fondos que nos gastaríamos aprendiendo mandarín en todas las escuelas y el esfuerzo logístico que ello implica, abrimos extensiones del instituto en las principales ciudades del país y aprendemos inglés, francés, mandarín, ruso, indio y portugués, entre otros.

La lógica de la legislación propuesta es la de ampliar el horizonte económico de Panamá, fuera de las otras bondades que invoca. Por eso se dirige a lo que en la actualidad se llama “economías emergentes”; entre las que destacan países como el líder China, India, Rusia y Brasil. Cerrarse en el mandarín es un error; seguir con la lógica de un idioma cada vez que hay una oportunidad económica, también nos llevaría a incluir otras lenguas y, al final, abarcaremos mucho y apretaremos poco.

Otro obstáculo con el proyecto mandarín, y con la práctica de un idioma extra, es la cantidad de docentes calificados que necesitaríamos y que, al menos, sería de 9 por cada escuela básica y de tres por cada secundaria, multiplicada por las miles de escuelas del país. Es un proyecto costoso y, en el aspecto logístico, extremadamente difícil de llevarse a la realidad: Ni siquiera con los maestros chinos que, supuestamente, ha ofrecido China; los que, por supuesto, tendrían que dominar el idioma español.

A Panamá, como país de servicios, le conviene tener una fuerza laboral altamente calificada; una población que pueda comunicarse en varias lenguas; y crear oportunidades de trabajo para su gente, con el fin de lograr el pleno empleo. Eso se consigue con decisiones sabias e inteligentes y no solo con el deseo y la buena voluntad de hacerlo. Olvidémonos del mandarín en todas las escuelas y de otras lenguas extranjeras, fuera del inglés, como curso obligatorio. Conviene un instituto superior para ese fin y el reforzamiento, actualización y aprovechamiento de la educación y los recursos humanos. El resto sobra.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 16 de octubre de 2007

Buscar el conocimiento

2007-10-07
El Ojo del Profeta
Buscar el conocimiento

La búsqueda del saber y del conocimiento es algo innato en el hombre. Así fue creado por Dios, y durante su existencia emprende esa pesquisa, muchas veces sin saberlo. El hombre creó la ciencia, y de esa manera busca respuestas del origen de su mundo, y hasta del suyo propio. También quiere respuestas en cuanto a Dios, aunque no siempre acepta a su Creador.

En el orden temporal, la educación es la vía común para alcanzar el conocimiento. Instrucción elemental, media y superior constituyen los estrados para ascender en la consecución del saber y la escala social. Sin embargo, una formación científica o técnica carente de humanidad es incompleta, porque ignora la doble dimensión del hombre: cuerpo y espíritu.

A la persona humana hay que enseñarle que el saber se completa con la sabiduría; que el conocimiento de su mundo llega a su plenitud en el conocimiento de Dios; y que su plena realización la alcanza en la dimensión del amor a Dios, a sus semejantes, y a sí misma. Buscar el conocimiento de manera sabia está, pues, en buscar primero las cosas de arriba; el resto se nos dará por añadidura.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 28 de septiembre de 2007

Escuela para vivir en paz

2007-09-09
El ojo del profeta
Escuela para vivir en paz

Cada padre y madre debe enseñar a sus hijos el valor de la educación, para abrirle horizontes que les permitan ser excelentes hombres y mujeres en el resto de sus vidas. La educación es, pues, para alcanzar aquellas metas que propongan y aquellas que, en el fondo, cada progenitor desea ver realizada en sus hijos e hijas, y que ellos no tuvieron oportunidad de obtener.

Pero la educación debe fomentar la cultura de paz, y no sólo procurarle al estudiante los conocimientos científicos y tecnológicos que le capacitarán como profesionales. Esa otra parte, que le ayudará a vivir en paz consigo mismo y con los demás, es una responsabilidad compartida entre el hogar y la escuela. Por tanto, su instrucción debe fundamentarse en la acción participativa de unos y otros actores.

Y nada mejor que el ejemplo para enseñarle a los niños pequeños. Que vean en sus padres el amor de uno hacia el otro, el cuidado de sus hijos, y el respeto hacia quienes le rodean. Que vean en sus maestros la responsabilidad de cumplir cabalmente con sus deberes, de resolver los conflictos con el diálogo, y de cultivar las buenas costumbres. Y a los cristianos, en particular, nos corresponde hacer todo esto e impartirle las enseñanzas de Dios, para que a su vez ellos lo hagan con sus hijos, y con los hijos de sus hijos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 24 de agosto de 2007

La otra educación sexual

2007-08-12
A tiro de piedra
La otra educación sexual

El tema de actualidad en diversos círculos sociales es la educación sexual, especialmente la que se desea impartir en la escuela. Personalmente estoy de acuerdo con su inclusión dentro del programa escolar, aunque difiero con algunos contenidos. Pero en esta ocasión no me referiré a la instrucción formal en el sistema educativo, sino a la otra educación sexual; la que se aprende y se enseña en los sectores populares y el campo; la educación que heredamos de las abuelas y los mayores.

Nuestros barrios y barriadas populares tienen un rasgo común: la promiscuidad en el hogar y en la vecindad. Los cuartos en donde cohabitan revueltos adultos e infantes; hombres y mujeres. Casas de vecindad en donde los baños y los sanitarios son de uso comunal; donde falta privacidad. Lugares en los que el vecino sabe qué comemos, qué hablamos, y cuándo entramos y salimos. Sitios en los que la querida y el querido, las andanzas del muchacho y la muchacha, y la escasez o abundancia de dinero y bienes son “vox populi”.

Allá, en esos lugares, la malicia impera; malicia que lleva a la lujuria, al destape de la curiosidad, y que obliga a la estricta supervisión de los hijos. Hay oportunidad para todo, pero no es para todos que hay oportunidad. Allá, en esos sitios, el que quiere criar bien a sus chiquillos debe luchar contra el acoso de los pervertidos, que están al acecho para ser los primeros en tener sexo con las niñas, o para atraer a su círculo de drogadictos y maleantes a los niños. También están la mujeres, veinte o treintañeras, que se desviven por sentir el placer sexual con los muchachos adolescentes, y que poseen un gran repertorio de artimañas para conquistar a unos jóvenes cuyas neuronas y hormonas andan locas y a velocidades que superan las de un cohete espacial.

Nuestros campos tampoco escapan a esta realidad. Camino de la quebrada o del río; detrás de las grandes rocas o bajo un árbol frondoso, también se tejen historias similares. Sólo cambia el escenario, y la condición de hacinamiento vecinal, aunque sí persiste la promiscuidad hogareña.

Dentro de un ambiente como aquellos, ¿quién puede esperar a la enseñanza de la escuela? ¿quién puede confiar en otra persona que no sea uno mismo? ¿quién puede exigirle a las madres y a las abuelas que no le enseñen a sus hijos y nietos que dejarse tocar los genitales es malo? Sé el valor de la educación, de su ciencia y de su tecnología; pero también sé que la otra educación sexual, la del pueblo, es válida y útil en un entorno plagado de riesgos. No traigamos a menos ni condenemos esos valores populares. Bastante desgracia hay ya, en esos sitios, para despojarlos de una fórmula que ha pasado de generación en generación, y que ha salvado a muchos de la criminalidad, la droga, la prostitución, y todas aquellas consecuencias que se derivan de los placeres y los goces del sexo y el vicio.

La educación formal debe complementarse con la formación real de la sociedad. Si no en todo, al menos hagámoslo en el campo de la sexualidad.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 23 de julio de 2007

La «emergencia educativa»

2007-07-22
La Voz del Pastor
La «emergencia educativa»

Publicamos un extracto del discurso que Benedicto XVI pronunció al inaugurar la asamblea diocesana de Roma sobre el tema «Jesús es el Señor. Educar en la fe, en el seguimiento y en el testimonio», el 11 de junio, en la basílica de San Juan de Letrán.

Queridos hermanos y hermanas:

El tema de la asamblea es "Jesús es el Señor. Educar en la fe, en el seguimiento y en el testimonio". Se trata de un tema que nos atañe a todos, porque cada discípulo confiesa que Jesús es el Señor y está llamado a crecer en la adhesión a él, dando y recibiendo ayuda de la gran compañía de los hermanos en la fe. Ahora bien, el verbo "educar", puesto en el título de la asamblea, implica una atención especial a los niños, a los muchachos y a los jóvenes, y pone de relieve la tarea que corresponde ante todo a la familia.

Es importante considerar ante todo la afirmación inicial, que da el tono y el sentido de nuestra asamblea: "Jesús es el Señor". Ya la encontramos en la solemne declaración con la que concluye el discurso de san Pedro en Pentecostés, donde el primero de los Apóstoles dijo: "Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado" (Hch 2, 36). Es análoga la conclusión del gran himno a Cristo contenido en la carta de san Pablo a los Filipenses: "Toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre" (Flp 2, 11).

Desde el inicio, los discípulos reconocieron que Jesús resucitado es nuestro hermano en la humanidad y que es totalmente uno con Dios; que con su venida al mundo, con toda su vida, con su muerte y su resurrección, nos trajo a Dios, hizo presente a Dios en el mundo de modo nuevo y único; y que, por tanto, da sentido y esperanza a nuestra vida: en él encontramos el verdadero rostro de Dios, que realmente necesitamos para vivir.

Como nos enseña la experiencia diaria -lo sabemos todos-, educar en la fe hoy no es una empresa fácil. En realidad, hoy cualquier labor de educación parece cada vez más ardua y precaria. Por eso, se habla de una gran "emergencia educativa", de la creciente dificultad que se encuentra para transmitir a las nuevas generaciones los valores fundamentales de la existencia y de un correcto comportamiento, dificultad que existe tanto en la escuela como en la familia, y se puede decir que en todos los demás organismos que tienen finalidades educativas.

Podemos añadir que se trata de una emergencia inevitable: en una sociedad y en una cultura que con demasiada frecuencia tienen el relativismo como su propio credo -el relativismo se ha convertido en una especie de dogma-, falta la luz de la verdad, más aún, se considera peligroso hablar de verdad, se considera "autoritario", y se acaba por dudar de la bondad de la vida -¿es un bien ser hombre?, ¿es un bien vivir?- y de la validez de las relaciones y de los compromisos que constituyen la vida.

El compromiso de la Iglesia de educar en la fe, en el seguimiento y en el testimonio del Señor Jesús asume, más que nunca, también el valor de una contribución para hacer que la sociedad en que vivimos salga de la crisis educativa que la aflige, poniendo un dique a la desconfianza y al extraño "odio de sí misma" que parece haberse convertido en una característica de nuestra civilización.

Ahora bien, todo esto no disminuye la dificultad que encontramos para llevar a los niños, a los adolescentes y a los jóvenes a encontrarse con Cristo y a entablar con él una relación duradera y profunda. Sin embargo, precisamente este es el desafío decisivo para el futuro de la fe, de la Iglesia y del cristianismo, y por tanto es una prioridad esencial de nuestro trabajo pastoral: acercar a Cristo y al Padre a la nueva generación, que vive en un mundo en gran parte alejado de Dios.

A medida que los muchachos crecen, aumenta naturalmente en ellos el deseo de autonomía personal, que fácilmente, sobre todo en la adolescencia, se transforma en un alejamiento crítico de la propia familia. Entonces resulta especialmente importante la cercanía que pueden garantizar el sacerdote, la religiosa, el catequista u otros educadores capaces de hacer concreto para el joven el rostro amigo de la Iglesia y el amor de Cristo.

Para que produzca efectos positivos duraderos, nuestra cercanía debe ser consciente de que la relación educativa es un encuentro de libertades y que la misma educación cristiana es formación en la auténtica libertad. De hecho, no hay verdadera propuesta educativa que no conduzca, de modo respetuoso y amoroso, a una decisión, y precisamente la propuesta cristiana interpela a fondo la libertad, invitándola a la fe y a la conversión.

[Traducción distribuida por la Santa Sede).

S.S. Benedicto XVI
Vicario de Cristo

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jueves, 5 de julio de 2007

El aborto

2007-07-01
A tiro de piedra
El aborto

Recientemente se dio a conocer una cifra que revela la cantidad de abortos registrados en el último año en el país. Son 9,000 criaturas que no han podido nacer, por diversas razones, que las estadísticas, o al menos la noticia, no aclaran. Deja, por tanto, a la imaginación del lector, las causas de esos partos malogrados.

El peligro de una cifra tal está en ese “dejar a la imaginación”. Ante tal situación, es preciso hacer una reflexión acerca de lo que puede estar oculto tras esa información. A falta de datos que nos indiquen la causa de las muertes fetales, analizaremos las posibilidades y sacaremos nuestras conclusiones.

Lo primero que nos salta a la vista es la fuente de la información: la Contraloría General de la República. Luego, son datos oficiales que provienen de un registro, que sólo pueden proveer los hospitales, y, en grado menor, otras autoridades donde el hecho haya sido denunciado.

Si los datos provienen de los centros de salud, principalmente del estado, es poco probable que los abortos hayan sido objeto de los llamados “embarazos no deseados”; frase infeliz esta, porque implica que no se quiere ver nacer a un bebé: yo prefiero decir “embarazo no planificado”. Los 9,000 abortos registrados no son, posiblemente, ni totalmente ni en su mayoría producto de un método anticonceptivo. Ni siquiera consecuencia de violación, o de una acción terapéutica, porque la cifra de casos de violación, o de atención médica para decidir entre el bebé en gestación y la madre, no alcanza ese nivel de miles.

Tampoco podemos asegurar que todos los 9,000 abortos sean espontáneos, pero sí es probable que la mayoría lo sea. Aquí llegaríamos a otra interrogante: ¿qué provoca esos abortos?. Las posibles causas podrían estar en el grado de nutrición de la madre; la edad; y la falta de cuidado médico que le dé seguimiento al embarazo. Dos de ellas, al menos, son situaciones sociales que tienen su sostén en la pobre o nula educación al respecto.

Para poca gente es un secreto que son los pobres quienes más sufren esa tragedia del aborto. A ellos también se dirige el dedo de los que desean con vehemencia que se controle la natalidad y se legalice el aborto en todas sus formas. ¿De qué valdría, si el hambre y la pobreza continúan?. Lo propio es promover la familia fundada en el matrimonio, la responsabilidad de los cónyuges entre sí, la fidelidad, la paternidad y maternidad responsables, y la educación en estos y otros valores entre toda la población. Nos corresponde a los cristianos insistir en este tema, aunque nuestros adversarios nos critiquen y condenen por nuestras ideas y principios.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Embarazo y discapacidad escolar

2007-07-01
Editorial
Embarazo y discapacidad escolar

Desde hace algunos años se ha incorporado a las estudiantes embarazadas al sistema regular de instrucción, con el fin de eliminar la discriminación hacia ellas en el ámbito escolar. Pueden las niñas, de esta manera, continuar con sus estudios y, al mismo tiempo, llevar una vida a la par del resto de sus compañeros y compañeras adolescentes. Loable esta acción, que compartimos en su esencia, mas no en su practicidad.

Nuestro sistema escolar aún es deficiente en ese campo, porque un número importante de escuelas carece de los medios y los recursos que le garanticen a las alumnas embarazadas un aprovechamiento pleno de los estudios, lo que deviene en una instrucción pobre. El resultado: tenemos una integración en cuanto a la forma, pero un problema irresoluto en el fondo.

Lo mismo está por ocurrir entre los niños y niñas con discapacidad, que serán incorporados al sistema escolar común, cuando sabemos que en la mayoría de las escuelas enfrentarán dificultades con su aprendizaje, a causa de la poca o nula existencia del recurso humano y la tecnología adecuados.

Si realmente queremos darle respuesta real a las alumnas embarazadas y a los estudiantes con discapacidad, empecemos por incrementar el número de escuelas con docentes y aulas que atiendan eficazmente esas situaciones, mientras, poco a poco y según nuestras posibilidades como país, alcancemos su incorporación plena en todos los planteles educativos del territorio nacional.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 15 de junio de 2007

Hay tiempo para todo

2007-06-10
El Ojo del Profeta
Hay tiempo para todo

Nos dice el Eclesiastés (cap. 3) que todo tiene su tiempo, y bien vale recordarlo cuando, por alguna razón, tenemos que protestar o manifestarnos en favor o en contra de algo. A ello agregaríamos que fuera del momento, también cada cosa tiene su lugar.

Aunque no fueron los únicos que salieron a la calle a manifestarse, los estudiantes del más conspicuo plantel secundario del país decidieron destruir la propiedad pública, y lanzarle pedradas a cuanto blanco se les ocurrió. Mucha energía derrochada, que bien pudo canalizarse de manera más edificante y provechosa.

La inquietud juvenil es natural y necesaria, para que pueda desarrollarse su sentido crítico, y expresar su parecer sobre lo que le afecta y le preocupa. Pero, también, la juventud precisa descubrir que hay más opciones que las piedras, las barricadas, y la candela, para hacerse sentir y practicar la libertad de expresión.

Corresponde a los dirigentes, especialmente a los que están fuera de los planteles, guiar y orientar a sus militantes, para alcanzar los nobles ideales que la juventud alberga en su corazón, que le permitan honrar la tradición y el dominio de la palabra que dieron origen y fama a la mole del templo del saber que se yergue tranquila a las faldas paternas del Ancón.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 1 de junio de 2007

El menor, la violencia y la familia

2007-06-03
La Voz del Pastor
El menor, la violencia y la familia

En fechas recientes, hechos de violencia protagonizados por menores de edad han convertido de nuevo en actualidad el problema. Los medios de comunicación se han ocupado grandemente de él, la opinión pública se ha manifestado en diversos debates y el conjunto de la sociedad se ha escandalizado. A la hora de atribuir responsabilidades, sería un error atenuar la responsabilidad moral e incluso penal por ser "menores de edad". No voy ahora a hacer la tarea de valorar los aciertos y errores de la legislación penal sobre el menor, pero sí de contribuir a llamar la atención sobre la forma ingenua y romántica con la que hoy se habla de los "menores", como si además de no tener edad penal no tuvieran capacidad para distinguir entre el bien y el mal. Cuánto más si se trata de homicidios.

Las reacciones de nuestra sociedad tendrían que ser más moderadas, menos alarmistas, no "criminalizar" a los adolescentes y sobre todo, no caer en la tentación de la hipocresía. Ante la tentación de buscar chivos expiatorios en la violencia de los videojuegos y películas, el culto a la agresividad de programas de televisión, o incluso las situaciones de marginación y exclusión que se dan en zonas de la ciudad de Panamá y otras ciudades, sería mucho más eficaz que no nos engañáramos y llamáramos a las cosas por su nombre. Aumentar la vigilancia o suprimir los videojuegos son soluciones tan simples como la de controlar externamente las agresiones que aparecen en las programaciones que emiten las televisiones en horarios infantiles.

Tendríamos que empezar distinguiendo entre ciertos niveles de violencia tolerable que siempre hay que gestionar por y como padres y educadores los que lo son, y ciertos niveles de agresividad juvenil intolerable que nunca puede quedar impune y que, en contextos socio-educativos, recibe el nombre de "acoso escolar" u otros nombres según el área de expresión de la agresividad.

Esta distinción no nos debe llevar a engaño y pensar que la agresividad o violencia intolerable puede solucionarse de manera técnica, aséptica o mecánica, conteniendo físicamente a los adolescentes más agresivos, aumentando el número de centros de internamiento, promoviendo penas educativas ejemplares o aumentando el número de represores por metro cuadrado. Ninguno de los países que se ha enfrentado a estas situaciones ha encontrado la varita mágica con la que transformar los casos de acoso o violencia intolerable en casos de violencia tolerable. Todos se han visto obligados a situar las coordenadas del problema dentro de los patrones educativos de la moral cívica de sus comunidades. No son agresiones privadas que tengan que resolverse entre particulares, son problemas que ponen a prueba las convicciones morales que están presentes en los espacios públicos educativos y en los espacios familiares.

Aunque la situación de violencia fuera alarmante, más preocupante es el deterioro de las convicciones morales que están presentes en los espacios públicos educativos. Un deterioro al que sólo prestamos atención cuando la opinión pública convierte en noticia la violencia juvenil, cuando se tiene el problema dentro de casa porque se había dado descuido de los hijos, o cuando se nos ofrece la posibilidad de intervenir directamente en la organización de los espacios educativos a través de las asociaciones de padres, las reuniones escolares o los debates que generan los cambios educativos.

Para evitar este deterioro, además de prestar más atención a los patrones educativos que se transmiten a los hijos, se debería afrontar la violencia juvenil con más valentía moral. Una valentía que requiere trabajar en tres campos que, a su vez, interactúen entre sí. En primer lugar, luchando contra el analfabetismo emocional de las nuevas generaciones que no saben lo que son las virtudes del autodominio, la templanza y la obediencia. Cada vez es mayor el número de adolescentes que se están aprovechando de estilos educativos negligentes donde no hay sentido de la norma, donde la inmediatez del placer, del tener y del aparentar han desterrado el sentido de la responsabilidad y de la laboriosidad.

En segundo lugar, hablando en serio de la autoridad de los maestros y peofesores. En los cambios en cuanto al papel del docente, se habla mucho y, con razón, con giros semánticos como "facilitador" o "función tutorial", pero qué hay de la autoridad que precisa el oficio de educador. Puede que en las discusiones sobre la acción ante la violencia adolescente sobren palabras e intereses particulares y falten maestros capaces de generar confianza en valores comunes.

A todo lo anterior añadamos algo capital: nuestra sociedad panameña debería prestar más atención a las pautas educativas de la vida familiar. Es lamentable que los hijos se comuniquen cada vez mejor con las máquinas electrónicas y cada vez peor con las personas, es lamentable que sean tan bajos sus umbrales de frustración y los padres estén o ausentes o dispuestos a adelantarse a sus deseos y exigencias. No son mejores padres quienes menos disciplina y autoridad tienen, sino quienes se toman más en serio la difícil tarea de establecer límites razonables a los deseos de sus hijos, pero, sobre todo, los que, sin sermones, ofrecen en su popia persona un modelo de conducta ética para sus hijas e hijos.

Mons. Pablo Varela Server
Obispo Auxiliar

viernes, 18 de mayo de 2007

Educación sexual

2007-05-20
A Tiro de Piedra
Educación sexual

El tema de la sexualidad y en especial la formación que se imparte, o se pretende impartir, en las escuelas provoca polémica y debate que no en todos los casos se corresponden con una sana intención de argumentar con bases sólidas los puntos de vista que se expresan.

Una de las actitudes que notamos en algunos defensores de la sexualidad sin límites es endilgarle a la Iglesia y a los cristianos la oposición a educar acerca del tema. Con esta falacia inician su argumentación, la que enriquecen con ataques personalizados y ejemplos particulares que pretenden restarle autoridad a la posición de los católicos.

La Iglesia no se opone a la educación sexual, sino que cuestiona el contenido y los métodos de esa educación, cuando pretenden presentar la sexualidad desde un enfoque utilitarista y hedonista del sexo y sus diversas manifestaciones. Si bien el sexo produce placer, como parte del estímulo natural del género humano, no es menos cierto que la persona está llamada a ir más allá del placer mismo, para encaminarse hacia la realización plena como persona misma, tanto en su dignidad como en su aspecto espiritual. El ser humano que sólo se da al placer, acaba por perderse a sí mismo en aquella otra dimensión humana que completa su parte corporal o física.

Ninguno puede negar que para la ciencia, al menos, existe la doble dimensión del hombre, en tanto ser humano, que está compuesta de su cuerpo y su raciocinio; para los creyentes está, además, el alma y el espíritu. A todas ellas se agrega la fe y la moral, que rigen las creencias, el pensamiento, el comportamiento y la actuación de la persona humana. No somos una masa de carne y de hueso, a la que debemos alimentar con la comida y los placeres. Somos más que eso, y allí radica la diferencia en el enfoque de la sexualidad que unos y otros tenemos.

Cuando recibamos alguna información relacionada con la educación sexual, por lo menos debemos tomar en consideración dos cosas: si lo que se dice es acorde con nuestras creencias y nuestros principios morales; y si se plantea bajo el argumento que la Iglesia se opone y por ello está en una época atrasada. Si en el primer caso es contrario, entonces la rechazaremos. Si el segundo caso expone este argumento, debemos desecharlo por falta de seriedad.

Toda educación sexual debe procurar la comprensión de diversos fenómenos biológicos, psicológicos, y sociológicos; y no sólo buscar instruir sobre el placer sexual. El sexo es parte de la vida del ser humano, y tiene un propósito más sublime que mero placer, cuya duración efímera obliga a repetirlo una y otra vez sin llenar el vacío que se produce en la dimensión intangible de la persona humana. Y esta última parte es de la que menos hablan los acérrimos defensores de la sexualidad que buscan el placer, y no la vida integral del ser humano.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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