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lunes, 7 de diciembre de 2009

Día del Maestro

2009-11-29
A tiro de piedra
Día del Maestro

Creo que todo ser humano que haya pasado por la escuela recordará con afecto la maestra de sus primeros grados. La maestra, al igual que la madre y la abuela, son de esas mujeres inolvidables en la vida nuestra.

Dentro de un par de días conmemoraremos el Día del Maestro, en el que escucharemos loas y críticas a esas figuras, algunas infundadas, otras no. En una fecha tal lo menos que quisiéramos escuchar son cuestionamientos y condenas, pero el mundo actual ya ni distingue, y menos respeta, los momentos que son para conmemorar y no para criticar y condenar. Lo mismo nos da armar el pereque o el jolgorio en un día solemne que en cualquier otro. Eso nos deshumaniza, sin darnos cuenta o tener conciencia plena del hecho.

Yo quiero, en esta ocasión que se nos viene por delante, recordar a mis maestras. La del primer grado, que me parecía la más bonita. Mayra Correa, era su nombre, y varias veces me regañó. Con razón, creo. Me copié, y me puso un cero. Era yo hablantín, y me mandaba a callar. Prohibió las idas al baño, hasta que tocara el recreo, y me oriné en el salón. No hice la tarea un día, y me preguntó por qué. Mi respuesta: mi lápiz no tiene punta. ¿Y usted no tiene sacapunta?, replicó. No tengo, contesté. Y ¿en su casa no hay cuchillos? Sí, dije, pero no me dejan tocarlos. Perdió la paciencia, y me dio un reglazo en la mano. Por lo demás, era un amor y regalaba sonrisas a todos. Nos dolió cuando se casó y dejó la escuela.

Mi maestra del segundo grado, Georgina Torres. Una chinita regañona, pero que nos quería mucho. Recuerdo que una vez me golpeó un grandote de quinto, repetidor y pendenciero. Me fui llorando al salón, y volví hecho una furia. Lo azoté con la hebilla de la correa, hasta que nos separaron. Llegó mi maestra a la dirección, y era como una leona feroz a la que le tocan su cachorro. Al final del año escolar me regaló el primer libro de mi vida, con una leyenda que decía: por su aplicación en segundo grado. Ese volumen de las “Fábulas de Esopo” me lo leí una y mil veces. Fue el premio por ser el alumno de mayor índice académico de toda la escuela.

La de tercero, Telsy de Cano. Un poco nerviosa, pero buena maestra. Me lanzó el cepillo de borrar el tablero, porque yo hablaba mucho. Lo vi venir y lo desquité. El resultado: golpeó a la niña que se sentaba detrás, y no sabía qué hacer. Y la de cuarto grado, Angélica Cornejo. Esa fue la que se enfermó. Al volver, le cantábamos y la abrazábamos sin cesar. Recuerdo que me dio un cinco de nota, por haber recogido lo que estaba tirado y arreglado las bancas. La de quinto, María Zamora de Córdoba. ¡Ay, cómo me hizo sufrir! Pero también sufrió, y no me alcanza el espacio para decirlo todo.

Y Kela, la de sexto, ¡qué maestra! Supo sacar todo mi potencial académico y artístico. Raquel de Serracín era su nombre. Nunca me regañó ni le hice travesuras. La lloramos al despedirnos, y cuanto me enseñó, lo llevó muy profundo en el corazón. Feliz Día del Maestro a todas aquellas mujeres (y hombres), que abrazan con amor tan noble vocación.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 16 de julio de 2008

Nuestro entorno escolar

2008-07-06
El Ojo del Profeta
Nuestro entorno escolar

El ambiente escolar debe ser propicio para el buen aprovechamiento de la educación. Un entorno sano, tanto en su espacio como en la relación social que en él se da, redunda en una mejor formación del alumnado y en un ejercicio de la docencia eficaz.

Por el contrario, un ambiente insano en lo físico y lo moral, perjudica en grado sumo el proceso de enseñanza aprendizaje que da la escuela. El clima de violencia y agresión, de tono amenazante, y de edificios enfermos, lesiona gravemente a una porción de nuestro sistema educativo. Es una práctica malsana que debe ser corregida, antes que se apodere del resto.

Razón tienen los docentes al reclamar el respeto a su seguridad personal, e igual razón tienen los acudientes al exigir mayor eficiencia en la instrucción de sus acudidos. Lo que no es lícito para ninguna de las partes, ni merece justificación, es el acto artero de atentar contra la vida y la persona de quienes, en la escuela, buscan formar al ser humano del mañana y alimentarse de la savia del saber que los hará mejores personas en su adultez.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 21 de mayo de 2008

Fibra de vidrio

2008-05-18
Editorial
Fibra de vidrio

Las consecuencias que ha traído el trabajo de remoción de la fibra de vidrio en un número plural de centros educativos son graves. Por un lado está la pérdida de mucho tiempo de clases para los alumnos, y, por otro, el escándalo del mal manejo en la realización de los trabajos. Por si fuera poco, ya también se habla de malversación de fondos públicos.

De alivio apenas sirve la medida de reubicar a los estudiantes que han tenido esa dicha, pero aún hay una cantidad importante de la población estudiantil que espera por el inicio de labores lectivas. La situación, en lo inmediato, parece agravarse más que resolverse.

Es urgente una acción radical y eficaz, para evitar que los alumnos afectados por la falta de clases pierdan el año escolar. Sabido es que aunque se logre entregar guías y darle la promoción con tres bimestres, su aprovechamiento será limitado en comparación con el año lectivo normal. Más que completar la estadística de educación, se trata de darle la instrucción académica que necesitan para su progreso y realización en la vida.

A Dios rogamos para que se dé pronto una solución, y se eviten situaciones desagradables que, producto de la frustración y la impotencia que se siente en estos casos, poco contribuyen a la convivencia pacífica y al ideal de una sociedad que brinde educación y oportunidades a todos sus miembros por igual.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 3 de diciembre de 2007

Análisis de contenido

2007-12-02
A tiro de piedra
Análisis de contenido

Uno de los ejercicios que se aprende en la carrera periodística es el análisis de contenido, para determinar la tendencia editorial de un periódico, su ideología, y el propósito que busca con el tratamiento de los temas. El mismo análisis puede hacerse con un determinado escrito, o con las fuentes o autores del material publicado.

El martes pasado (27 de noviembre), en la sección de opinión de La Prensa, aparecen dos escritos que se oponen a las personas que están en contra de la forma en que se quiere instaurar la educación sexual en Panamá, en parte de su contenido, y contra la redacción y el fondo de algunos artículos de un proyecto de ley que atañe a la infancia y la patria potestad sobre los hijos.

Ambos escritos utilizan términos y palabras que buscan ofender o descalificar a quienes piensan diferente a sus autores. Algunos son: “fundamentalistas, cruzados, en una mano la cruz y en la otra la espada, pecan de doble moral e hipocresía, proponen la política del avestruz, se oponen de manera irresponsable, les trae sin cuidado la propagación de enfermedades venéreas”. También otros como: “Mojigatos, enemigos públicos de la infancia, ayatolás de los valores, y autores de tanto artículo cargado de demencia”. ¿Quién necesita expresarse así cuando tiene la razón, o cuando es tolerante frente a la opinión contraria a la suya?

Fuera del insulto y el desprecio, los escritos del martes en La Prensa, endilgan actitudes y hechos a sus adversarios, haciéndolas a su propia medida para atacarlos mejor; o al menos eso creen. Uno, por ejemplo, dice que, los que él llama cruzados, se oponen a que se hable de sexo en las escuelas, y que la abstinencia conduce a prácticas aberrantes como el abuso infantil y el fetichismo. Probado está, en este último punto, al menos, que el abuso infantil y el fetichismo tienen entre sus mayores practicantes a personas de vida sexual activa y alejadas de toda práctica religiosa. El otro autor, por su parte, dice que quienes se oponen al nuevo proyecto de código de la infancia son todos del Opus Dei, o al menos así lo da a entender, y que los que el llama integristas de la familia ven a los niños y niñas como una especie de idiotas a los que no hay que darles derechos porque quizá se los tomen.

Por último, hay dos cosas que llaman la atención: uno dice que “los cruzados” quieren que no se hable de sexo en las escuelas, “como si de esa manera se conjurará la realidad de que la juventud sabe de sexo y un alto porcentaje lo practica”. Más adelante hace alusión a “los miles de embarazos precoces cada año”. En qué quedamos: la juventud sabe de sexo, como afirmó antes, o no. Contradicción total. El otro columnista dice que “no tengo hijos ni deseo tenerlos”, porque “no soy tan maduro ni responsable para educar ni ser educado por estos seres complejos y bajitos”, y por “puro egoísmo, ya que mi vida es la que me gusta, el amor ya lo tengo invertido en una persona y no quiero dividir mis apuestas”; pero que no tener hijos le “confiere una gran autoridad moral” para juzgar a quienes no piensan como él. ¿Quién que se confiesa cerrado a tener hijos, inmaduro, irresponsable, y egoísta tiene “autoridad moral” para hablar de la infancia y de la patria potestad de los que son padres y madres? Eso ni lo entiendo, ni le hallo lógica. Pero, en fin, siempre habrá quien dice lo que piensa, aunque no siempre piensa lo que dice.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 28 de septiembre de 2007

Escuela para vivir en paz

2007-09-09
El ojo del profeta
Escuela para vivir en paz

Cada padre y madre debe enseñar a sus hijos el valor de la educación, para abrirle horizontes que les permitan ser excelentes hombres y mujeres en el resto de sus vidas. La educación es, pues, para alcanzar aquellas metas que propongan y aquellas que, en el fondo, cada progenitor desea ver realizada en sus hijos e hijas, y que ellos no tuvieron oportunidad de obtener.

Pero la educación debe fomentar la cultura de paz, y no sólo procurarle al estudiante los conocimientos científicos y tecnológicos que le capacitarán como profesionales. Esa otra parte, que le ayudará a vivir en paz consigo mismo y con los demás, es una responsabilidad compartida entre el hogar y la escuela. Por tanto, su instrucción debe fundamentarse en la acción participativa de unos y otros actores.

Y nada mejor que el ejemplo para enseñarle a los niños pequeños. Que vean en sus padres el amor de uno hacia el otro, el cuidado de sus hijos, y el respeto hacia quienes le rodean. Que vean en sus maestros la responsabilidad de cumplir cabalmente con sus deberes, de resolver los conflictos con el diálogo, y de cultivar las buenas costumbres. Y a los cristianos, en particular, nos corresponde hacer todo esto e impartirle las enseñanzas de Dios, para que a su vez ellos lo hagan con sus hijos, y con los hijos de sus hijos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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jueves, 5 de julio de 2007

Embarazo y discapacidad escolar

2007-07-01
Editorial
Embarazo y discapacidad escolar

Desde hace algunos años se ha incorporado a las estudiantes embarazadas al sistema regular de instrucción, con el fin de eliminar la discriminación hacia ellas en el ámbito escolar. Pueden las niñas, de esta manera, continuar con sus estudios y, al mismo tiempo, llevar una vida a la par del resto de sus compañeros y compañeras adolescentes. Loable esta acción, que compartimos en su esencia, mas no en su practicidad.

Nuestro sistema escolar aún es deficiente en ese campo, porque un número importante de escuelas carece de los medios y los recursos que le garanticen a las alumnas embarazadas un aprovechamiento pleno de los estudios, lo que deviene en una instrucción pobre. El resultado: tenemos una integración en cuanto a la forma, pero un problema irresoluto en el fondo.

Lo mismo está por ocurrir entre los niños y niñas con discapacidad, que serán incorporados al sistema escolar común, cuando sabemos que en la mayoría de las escuelas enfrentarán dificultades con su aprendizaje, a causa de la poca o nula existencia del recurso humano y la tecnología adecuados.

Si realmente queremos darle respuesta real a las alumnas embarazadas y a los estudiantes con discapacidad, empecemos por incrementar el número de escuelas con docentes y aulas que atiendan eficazmente esas situaciones, mientras, poco a poco y según nuestras posibilidades como país, alcancemos su incorporación plena en todos los planteles educativos del territorio nacional.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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