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miércoles, 8 de abril de 2009

Derroche y desperdicio

2009-04-05
Editorial
Derroche y desperdicio

La enseñanza del divino maestro Jesús nos dice que quien tenga dos mantos, debe regalar el segundo al que no tiene. Esto quiere decir que ni acumulemos ociosamente, acaparemos, ni dejemos pasar necesidad al débil que está a nuestro lado. Esta solidaridad, esencial para la convivencia humana, nos puede ayudar a construir un mundo mejor, o a convertirlo en un infierno.

Dos acontecimientos llaman nuestra atención, en estos días: los más de mil millones de balboas derrochados en juegos de azar, y los miles de litros de leche desperdiciados en una protesta callejera de los productores. Con tanta pobreza y desnutrición en el país, duele tanto derroche y desperdicio. Los apostadores, bajo el pretexto de la libertad de hacer con su dinero lo que quieren, y algunos productores, invocando su derecho de reclamar la compra de su producto, nos demuestran que el sistema de valores de la sociedad está trastocado.

En plena Cuaresma, cuando la Iglesia nos llama a la oración, al ayuno, a la penitencia, y a dar limosna, ese cuadro golpea hasta lo más recóndito de nuestras conciencias. No se trata de negar el derecho del que tiene sus bienes y su libertad de disponer de ellos; se trata, mas bien, de abrir los ojos al individualismo que nos corroe, y que adultera nuestra propia humanidad.

Quiera Dios que estos hechos, en alguna medida, toquen nuestra razón y nuestro corazón, y nos ayuden a reflexionar en qué tipo de sociedad tenemos, para que podamos construir la sociedad justa y fraterna que queremos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 15 de febrero de 2008

Protestas

2008-02-17
A tiro de piedra
Protestas

Desde mi época escolar y universitaria he insistido en la forma pacífica de protesta, y me he opuesto a las manifestaciones violentas, porque considero que eso desvirtúa el reclamo que hacemos. La única ocasión en que recuerdo haber lanzado una piedra, fue en 1976, cuando el entonces ministro de Hacienda, Ernesto Pérez Balladares, encabezaba el establecimiento del impuesto de transferencia de bienes muebles conocido como el 5 por ciento. En la euforia juvenil, lanzamos ladrillos a un pelotón de policías que querían llevarse presos a uno de los nuestros que había resbalado y caído a la calle.

Fuera de aquella experiencia, participé en muchas marchas y protestas, siempre y cuando no se tornaran violentas. No comparto esa forma de reclamar. Tampoco estoy de acuerdo con el cierre de calles. Esta posición me buscaba problemas en la universidad, porque no era compartida por los grupos que tradicionalmente dirigen las protestas en la Universidad de Panamá.

El largo camino recorrido en protestas, desde la escuela, la universidad, la lucha contra la dictadura, y la militancia gremial, me han permitido ver algunas cosas como, por ejemplo: los agitadores que provocan la violencia, la conexión entre grupos que aparentan ser independientes unos de otros, la ejecución de tácticas del pequeño grupo que comanda, y la intención oculta que algunos llevan a las manifestaciones. Por eso, tanto la represión de la policía como la violencia de los agitadores profesionales, son cosa casi segura en aquellas protestas que convocan ciertos sectores en particular.

Los ciudadanos debemos exigir que toda protesta o manifestación se realice de manera pacífica. Nada de violencia. Nada de agitadores. Nada de represión innecesaria. No nos dejemos conmover por sentimentalismos ni afectivismo; procuremos discernir. Ningún reclamo ni ninguna defensa del estado de derecho justifica una muerte; ni ninguna muerte justifica más violencia y más muertes. Tan responsable es el que sacrifica la vaca, como el que le amarra la pata.

Razón tienen los obreros del Suntracs en reclamar el reglamento de seguridad que ayude a prevenir accidentes. También estaría justificada una huelga o paralización de labores en los sitios de construcción. Pero salir a la calle a afectar a otros que no tienen que ver con el asunto ni pueden solucionarlo, es un acto censurable e injustificado. Si escogieran el camino correcto, de seguro otros los apoyaríamos. Si eligen el rumbo equivocado, entonces tenemos que censurarlos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 24 de agosto de 2007

Protestas

2007-08-26
El ojo del profeta
Protestas

Las diversas protestas que se han dado en el país en los últimos días, difieren en cuanto a su motivación y su método. Unas resultan pacíficas y respetan el derecho del resto de la población a transitar libremente; otras, aunque pacíficas, conculcan el derecho de libre circulación; y el resto, las menos, no da muestra de pacifismo ni de respeto al derecho ajeno.

Todos los ciudadanos tenemos el derecho de protestar y de expresar nuestras ideas, pero siempre bajo la obligación moral y legal del respeto hacia el resto de la comunidad. Una protesta violenta y que violente el derecho ajeno, aunque tenga razón de ser, se desvirtúa y provoca el rechazo a causa de esa violencia y esa violación del derecho que le asiste a los demás.

Nada justifica la violencia ni la afectación a otros; mucho menos cuando esa violencia es irracional y la conculcación del derecho ajeno afecta al inocente. Convenzámonos que la violencia sólo trae más violencia, y que sólo será respetado nuestro derecho cuando actuemos en reciprocidad con los demás.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 15 de junio de 2007

Hay tiempo para todo

2007-06-10
El Ojo del Profeta
Hay tiempo para todo

Nos dice el Eclesiastés (cap. 3) que todo tiene su tiempo, y bien vale recordarlo cuando, por alguna razón, tenemos que protestar o manifestarnos en favor o en contra de algo. A ello agregaríamos que fuera del momento, también cada cosa tiene su lugar.

Aunque no fueron los únicos que salieron a la calle a manifestarse, los estudiantes del más conspicuo plantel secundario del país decidieron destruir la propiedad pública, y lanzarle pedradas a cuanto blanco se les ocurrió. Mucha energía derrochada, que bien pudo canalizarse de manera más edificante y provechosa.

La inquietud juvenil es natural y necesaria, para que pueda desarrollarse su sentido crítico, y expresar su parecer sobre lo que le afecta y le preocupa. Pero, también, la juventud precisa descubrir que hay más opciones que las piedras, las barricadas, y la candela, para hacerse sentir y practicar la libertad de expresión.

Corresponde a los dirigentes, especialmente a los que están fuera de los planteles, guiar y orientar a sus militantes, para alcanzar los nobles ideales que la juventud alberga en su corazón, que le permitan honrar la tradición y el dominio de la palabra que dieron origen y fama a la mole del templo del saber que se yergue tranquila a las faldas paternas del Ancón.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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