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miércoles, 8 de abril de 2009

Derroche y desperdicio

2009-04-05
Editorial
Derroche y desperdicio

La enseñanza del divino maestro Jesús nos dice que quien tenga dos mantos, debe regalar el segundo al que no tiene. Esto quiere decir que ni acumulemos ociosamente, acaparemos, ni dejemos pasar necesidad al débil que está a nuestro lado. Esta solidaridad, esencial para la convivencia humana, nos puede ayudar a construir un mundo mejor, o a convertirlo en un infierno.

Dos acontecimientos llaman nuestra atención, en estos días: los más de mil millones de balboas derrochados en juegos de azar, y los miles de litros de leche desperdiciados en una protesta callejera de los productores. Con tanta pobreza y desnutrición en el país, duele tanto derroche y desperdicio. Los apostadores, bajo el pretexto de la libertad de hacer con su dinero lo que quieren, y algunos productores, invocando su derecho de reclamar la compra de su producto, nos demuestran que el sistema de valores de la sociedad está trastocado.

En plena Cuaresma, cuando la Iglesia nos llama a la oración, al ayuno, a la penitencia, y a dar limosna, ese cuadro golpea hasta lo más recóndito de nuestras conciencias. No se trata de negar el derecho del que tiene sus bienes y su libertad de disponer de ellos; se trata, mas bien, de abrir los ojos al individualismo que nos corroe, y que adultera nuestra propia humanidad.

Quiera Dios que estos hechos, en alguna medida, toquen nuestra razón y nuestro corazón, y nos ayuden a reflexionar en qué tipo de sociedad tenemos, para que podamos construir la sociedad justa y fraterna que queremos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 23 de diciembre de 2008

La Nochebuena del Ñato

2008-12-21
A tiro de piedra
La Nochebuena del Ñato

El barrio de Santa Ana siempre ha tenido una serie de personajes populares muy pintorescos. Algunos, por su fama, han trascendido las fronteras del arrabal santanero. Políticos, poetas, abogados e intelectuales se cuentan entre sus más conspicuos lugareños. Otros, con trayectoria más modesta, apenas son conocidos dentro de sus límites.

Tal es el caso del Ñato, un hombre que pintaba escenas por las paredes ruinosas del vecindario. Además de dibujante, también era músico; o al menos lo fue en su juventud. Ya envejecido, y entregado al alcoholismo, dependía de la caridad pública: tanto para comer como para beber.

Una Nochebuena me lo encontré por la calle, en soledad y abandono. En esos, mis tiempos mozos, solía yo visitar a esos personajes de barrio en vísperas de Navidad. Me ponía a cantar villancicos con ellos, a hablarles del acontecimiento de Belén, y a compartir algo de comer. Esa Nochebuena sólo encontré al Ñato; estaba hambriento y triste. Charlamos un rato sobre la Navidad y, luego, me lo llevé a comprarle algo para comer.

Por aquellos años era común vestir ropa nueva para las celebraciones importantes, como fiestas patrias, Navidad y Año Nuevo. Yo iba trajeado; el Ñato vestido como visten los mendigos. Entramos a un restaurante chino en la Calle 15 Oeste, y pedí una comida completa. Ya pagada, el dueño se negaba a despachármela, porque se enteró que era para el Ñato. Tuve que rogarle, pero al fin me la vendió, con la condición de comerla fuera del local.

Yo estaba preocupado por la soledad en que el Ñato pasaría la Nochebuena, pero él me dijo que tenía un lugar donde le permitían pernoctar. Por insistencia mía, y para demostrarme que era cierto, me invitó a visitarlo: era un sitio debajo de una escalera, en la casa contigua al edificio donde estaba el restaurante. Entramos por el zaguán y vi a los vecinos reunidos en el patio. Pregunté si conocían al Ñato y si era cierta su historia que lo dejaban vivir bajo la escalera, lo cual corroboraron. Allí nos sentamos a hablar de la Navidad; cantamos y comimos. Al despedirme, me aseguraron que el Ñato no pasaría en soledad la Nochebuena.

Muchas historias de esos hombres y mujeres de la calle conocí; muchos dramas; muchas alegrías y tristezas. Algunos hasta tenían jubilación, pero duraba poco al intentar aplacar la sed de alcohol de la pandilla. Sin necesidad de caminar en los zapatos del pueblo, ni de escuchar pasivamente mientras hablan, ni de estar solamente de corazón, pude ver el lado humano de esa gente. Sin pretender nada, Dios nos dio la oportunidad de conocernos, saludarnos y experimentar, por varios años, esa vivencia de la Navidad que, aunque hecha ahora recuerdo, no la cambiaría por nada en el mundo.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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jueves, 14 de febrero de 2008

Itinerario Cuaresmal

2008-02-10
La Voz del Pastor
Itinerario Cuaresmal

Ya en el umbral de la importante época de la cuaresma conviene que hagamos un alto en el camino para reflexionar sobre el significado y los programas que todos debemos cumplir a fin de cosechar abundantes frutos espirituales en esta nueva oportunidad que el Señor nos regala.

Necesitamos en primer lugar comprender que estamos preparándonos para celebrar (no sólo recordar o conmemorar) el misterio pascual, es decir, la muerte y resurrección de nuestro Salvador Jesucristo. Por él hemos sido regenerados y hemos pasado de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz.

En este tiempo litúrgico de Cuaresma dedicaremos cuarenta días a vivir un programa muy especial que nos ayudará a redescubrir y valorar el sentido del cristianismo, viendo en él no sólo un conjunto de verdades reveladas, normas éticas o unos cuantos ritos o ceremonias externas que nos recuerdan el pasado. Se trata de un nuevo modo de pensar y de vivir según el modelo de Jesucristo.

Necesitamos urgentemente una "metanoia", es decir una verdadera y sincera conversión.

Al contemplar el misterio de la cruz en el que todo un Dios hecho hombre sufre, se inmola para la salvación del género humano, descubrimos el eterno amor de nuestro Padre Dios y sobre todo su infinita misericordia. Esta consideración nos tiene que llevar a responder al amor divino con nuestro propio amor y a manifestar a nuestros hermanos el amor y la misericordia que de Dios recibimos.

El Santo Padre Benedicto XVI nos ha presentado un mensaje claro y conciso como medio de vivir fructuosamente este Sagrado tiempo de Cuaresma. Nos ha recordado tres grandes áreas para nuestra actividad cristiana, las cuales si las tomamos en serio nos llevarán a la conversión y a la profunda y verdadera renovación de la mente y del corazón; es decir, la oración, el ayuno y la limosna.

El Papa en su mensaje cuaresmal, se concentra en este último punto: la limosna. Tenemos que recuperar y purificar el concepto de LIMOSNA. No debemos entenderla como tradicionalmente lo hemos hecho, en sentido peyorativo, entendiéndola como dar lo que nos sobra. No se trata de dar lo que ya no nos sirve y de lo cual tenemos que deshacernos poniéndolo en manos de los demás. En este sentido, estaríamos utilizando a los más necesitados como un cesto de basura degradando así su condición y su dignidad de hijos de Dios y de hermanos nuestros.

Nos recuerda el Papa que dar limosna es ante todo "compartir con los demás lo que poseemos por bondad divina". Esto lo hacemos en forma concreta en la colecta cuaresmal en favor de los programas de la Pastoral Social de cada Diócesis cuyo objeto es ayudar de muchas maneras a los más desprotegidos. No debemos ayudar a los más pobres para tranquilizar nuestra conciencia humillándolos y despreciando su valor humano y cristiano. Los ayudamos y tratamos de promover su dignidad y su condición de hijo de Dios.

Nos recuerda el Santo Padre, y ésto es fundamental: "no somos propietarios de los bienes que poseemos, sino ADMINISTRADORES, por tanto no debemos considerarlos una propiedad exclusiva, sino medios a través de los cuales el Señor nos llama a cada uno de nosotros a ser medio de su providencia hacia el prójimo". "Los bienes materiales tienen un valor social, según el principio de su destino universal" (cat. de la Ig. Cat.No.2404).

Al compartir con los demás algo de lo mucho que Dios nos ha dado gratuitamente hagámoslo sin buscar gloria humana o recompensa terrenal. "Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha" (Mateo 6, 3-4). "La preocupación del discípulo es que todo vaya a la Gloria de Dios". Si cuando ayudamos nos buscamos a nosotros mismos perderemos la recompensa en el reino de los cielos. ("Brille así vuestra luz para que vean nuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los Cielos" (Mateo 5, 16).

Compartir con alegría nuestros bienes con los más necesitados es la verdadera limosna evangélica, no es simple filantropía sino expresión de la caridad y esto exige conversión. "Sirve de bien poco", añade el Santo Padre, "dar los propios bienes a los demás si el corazón se hincha de vanagloria por ello".

El Apóstol Pablo nos recuerda unas palabras de Jesús, las que hay que tener siempre ante nuestros ojos: "hay mayor felicidad en dar que en recibir (Hechos 20, 35). San Pedro también nos dice que la caridad cubre multitud de pecados" (1 Pedro 4, 18).

Finalmente nos dice el Santo Padre que "la limosna acercándonos a los demás nos acerca a Dios y puede convertirse en un instrumento de auténtica conversión y reconciliación con él y con los demás".

Aprovechamos esta cuaresma para reiniciar nuestra conversión y participar con mayor eficacia del misterio pascual.

Mons. José Dimas Cedeño Delgado
Arzobispo Metropolitano

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martes, 26 de junio de 2007

Hay Juan, hay Juan

2007-06-24
La Voz del Pastor
Hay Juan, hay Juan

Hay Juan, hay Juan.

Con este grito se comunicaron casa a casa la llegada del Santo Patrono en 1840, ya "hay Juan", ya "hay Juan", ha llegado Juan.

Ya desde antes de 1569 se inicia la vida de la Iglesia en Azuero. Desde La Villa de Los Santos se difunde la Buena Nueva a toda la región circundante.

A mediados del siglo XVII, en "la otra banda del Río", empieza a dibujarse el entorno de lo que luego sería Chitré.

El Patriarca Matías Rodríguez, terrateniente, constructor de carretas, liberador de esclavos y catequista, después de un primer fallido intento hacia 1839, trae la primera Imagen del Patrono: "San Juan Bautista" – de origen francés y de gran calidad y que aún veneramos en la Catedral, junto con una campana que ahora reposa en el museo de Herrera. Era el 22 de junio de 1840.

Sólo los hombres a caballo y en carreta fueron a recibir la imagen al puerto de "piñolarito" – hoy desaparecido- , ya que aquel trayecto era peligroso para las mujeres por el ganado bravo y los lagartos que abundaban en los pantanos. La imagen que al final de aquel recorrido fue llevada en hombros por las mujeres, a la primera y la rústica Capilla construida por artesanos de Los Santos, se entroniza en ella como estímulo a la vida cristiana de sus primeros moradores y testimonio de sus valores.

Chitré fue luego erigida como Parroquia en el año de 1844, 4 años después de la llegada de la imagen de San Juan, por Mons. Juan José Cabarcas, quien le declaró oficialmente como el Patrono del nuevo pueblo y de la nueva Parroquia. El primer Cura Párroco de Chitré fue el Padre Esteban Guirior quien regentó la Parroquia entre 1845 y 1851.

La creación de la Parroquia de Chitré fue ratificada por el Obispo Juan Francisco del Rosario Manfredo y Ballestas, sucesor de Mons. Cabarcas el 19 de octubre de 1848, cuando se erigía el Distrito Parroquial de Chitré.

Chitré nace como familia, y con vocación de familia. Allí, cuentan los mayores, se compartía cuanto se tenía y en fiestas como éstas, todos se preocupaban y se renovaba la consigna de los fundadores de que en Chitré "nadie debía pasar hambre".

En este pueblo nuevo, bueno y sencillo, sin otro orgullo que el de ser buenos cristianos y su preocupación por los demás, nace un nuevo concepto de pueblo interiorano, con visión de futuro y sin miedo a su vocación histórica.

En este nuevo pueblo acogedor y de puertas abiertas, el Beato Juan XXIII constituye en 1962 la Sede de una nueva Diócesis, baluarte de la Nueva Evangelización en toda la península : "nueva en su ardor, nueva en sus métodos y nueva en su expresión".

Orgullo de los Chitreanos es su Iglesia Catedral iniciada por el Pbro. Melitón Martín a fines del siglo XIX y obra del Maestro Belarmino Urriola.

Hoy, como ayer, podemos decir: Chitré es Juan y Juan es Chitré.

Las alegres cabalgatas y festejos de nuestro pueblo, el recorrido que hiciéramos hace dos días con su imagen en carreta desde el puerto del "agallito", la lluvia que nos hacía pensar en el naufragio del Patriarca Matías Rodríguez, los pelícanos que se entrecruzaban y acompañaban con su vuelo los cantos y las oraciones, los gritos de "hay Juan", "hay Juan", que rememoraban los de antaño cuando se anunciaba a las casas lejanas que había llegado la imagen del Patrono, se constituyen no sólo en un recuento histórico de la vocación a la fe y caridad del pueblo chitreano orgulloso de sus ancestros, sino en la toma de conciencia de la misión y promisoria trayectoria de futuro a que está llamado.

Que San Juan Bautista interceda por nosotros.

Mons. Fernando Torres Durán
Obispo de la Diócesis de Chitré

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viernes, 15 de junio de 2007

Del Pan Bendito un poquito

2007-06-17
El Ojo del Profeta
Del Pan Bendito un poquito

La celebración de la novena en honor a san Antonio de Padua, en diferentes lugares del país, nos hace reflexionar acerca de la abundancia de pan en unas mesas, y la carencia en otras, que se dan a lo largo del territorio nacional.

Muchos son los hambrientos que rara vez ven una dieta balanceada frente a ellos, y muchos son también quienes pocas veces comen las tres raciones diarias. De acuerdo con las cifras oficiales, más del 40% de nuestra población es pobre, y casi un tercio vive en condiciones de pobreza extrema. En un país con riqueza probada, donde en algunas partes se hace alarde de ella de manera visible, es un pecado grave que haya hambre en demasía.

El pan que vemos compartir al final de la liturgia de san Antonio, debe movernos a compartir el pan y los recursos que poseemos. En vez de amasar dinero en las cuentas bancarias, que se invierta para crear puestos de trabajo remunerados justamente. En vez del culto superfluo al dinero, que haya más generosidad en donar y asistir al pobre. Pidamos al Señor que nos dé el amor y la fortaleza de espíritu, para poder hacerlo.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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