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viernes, 15 de mayo de 2009

Responsabilidad de todos

2009-05-17
El Ojo del Profeta
Responsabilidad de todos

Desde antiguo las plagas han golpeado a la humanidad, al extremo que algunas de ellas resultan en acontecimientos graves para poblaciones enteras. Pandemias como la viruela, el cólera y la influenza se cuentan, a lo largo de la historia, entre las más letales por su rápida propagación. Con la influenza porcina, que nos azota en la actualidad, se ponen a prueba el civismo y la solidaridad humana de cada uno de los panameños.

Es altamente necesario seguir las instrucciones de las autoridades de salud, incrementar las medidas de higiene en nuestro entorno cercano, y evitar el contagio, principalmente de la persona enferma a la sana. Esa es nuestra responsabilidad como hombres y mujeres responsables. Sería una falta grave si por desidia, o por indolencia, dejáramos de hacer lo que está a nuestro alcance, para evitar una mayor propagación de la influenza porcina que nos afecta.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 24 de junio de 2008

Irreverencia y sacrilegio

2008-06-22
Editorial
Irreverencia y sacrilegio

La libertad de expresión y la artística consisten en expresar la opinión y el sentir de toda persona, sin que sea molestada ni limitada en cuanto al ejercicio de ese derecho; pero ello no implica que, si la persona incurre en la violación del derecho ajeno, quede libre de responsabilidad y de acarrear con la consecuencia de sus actos.

Dos ejemplos de esa situación lo tenemos en la publicación de una caricatura y en un programa de chistes, en un diario y una televisora locales, que, por querer causar risa o ridiculizar a tres políticos, ofenden y caen, la una y el otro, en una acción irreverente y sacrílega; y, quizá, sin medir el alcance de sus acciones. Si es así, con ello nos demuestran, también, y, probablemente, sin tener conciencia plena de lo que hacen, el nivel de calidad profesional y el don de gentes que los adorna.

Quien reclama libertad y derechos para sí, debe, quiera o no, defender y respetar la libertad y el derecho ajeno. Recurrir a la injuria y la ofensa contra su prójimo denota, y con tristeza lo vemos, la degradación moral y la pobreza de valores que sufre el victimario o autor de lo que censuramos.

Si algo de nobleza queda en el corazón de quienes han incurrido en la conducta que aquí aludimos, la rectificación y la disculpa no se harán esperar. De proceder así, se engrandecerían ante el público y el resto de la sociedad; en caso contrario, ya quedaría demostrado de qué material está hecha su conciencia. No vamos a explicar nada.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 11 de abril de 2008

Violencia criminal

2008-04-13
Editorial
Violencia criminal

Continúa estremeciéndose el país con la violencia que desemboca en la muerte de personas, en la que destacan el asesinato por asalto y por supuesto ajuste de cuentas. Recientemente esa actitud criminal se cobró la vida de un reportero gráfico de un periódico local.

La cultura de la violencia es generada por un aparato complejo, que se alimenta de distintos factores, hábitos y costumbres. El desprecio hacia los valores tradicionales de la sociedad, la degradación de la disciplina personal y colectiva, la neutralización del control social, los modelos violentos ensalzados por los medios de comunicación y la música, el relajamiento del sistema coercitivo de las leyes y la complicidad por acción u omisión del entorno comunitario del delincuente son parte de los factores que alimentan la cultura de la violencia.

Si queremos contribuir a la disminución y el control de la violencia que nos golpea, debemos prestar atención a aquello que la estimula. Es una tarea colectiva que debe emprenderse con coraje y decisión, aunque ello implique poner límite al concepto de libertad ilimitada que algunos defienden con vehemencia. La libertad, quiérase o no, tiene una frontera demarcada por la responsabilidad y la conciencia de la consecuencia de nuestros actos.

El resultado positivo o negativo que obtengamos dependerá de lo que hagamos con respecto a este problema de la violencia. La solución estará en nuestras manos, siempre y cuando reconozcamos, sin tapujos, que el relajamiento moral es parte importante de toda esta situación.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 9 de julio de 2007

Responsabilidad en la carretera

2007-07-08
La Voz del Pastor
Responsabilidad en la carretera

En nuestros días, en ciertos ambientes, es frecuente oír hablar de responsabilidad social empresarial o de responsabilidad de los educadores. Muy bien. ¿Y nosotros todos? La noción de responsabilidad y la práctica de la responsabilidad es inherente a la condición misma de la vida humana. En la medida en que se renuncia a la responsabilidad, la persona degenera en mero objeto, “cosa”, o bien se vuelve masa, en rebaño anónimo. Podríamos decir que la mayoría de los males son casos de irresponsabilidad.

A la hora de opinar, hablar a la ligera y escribir sin pensar lo que se hace o sin informarse debidamente, por conveniencia, por pereza, por mero repetir lo que otros dicen, sin comprobar, hay una irresponsabilidad respecto a la verdad y respecto al prójimo, pues se puede ser fuente de muchos males al condicionar o dañar la visión de otros; irresponsabilidad moral.

El fanatismo es fuente de irresponsabilidad. Casi todas las grandes atrocidades de la historia han tenido ese origen, y no faltan en el presente. Al cabo de los años -o de algunos siglos-, lo que ha tenido plena aceptación y reconocimiento, ha sido defendido, respetado, legislado, parece después simplemente una monstruosidad. Así, la esclavitud o la tortura judicial. En nuestro tiempo, el ejemplo más claro y notorio es la aceptación social del aborto.

En el campo de la política se falta a la responsabilidad cuando se da por supuesto que en este dominio la mentira es lícita o, lo que es peor, inevitable; cuando se hacen reproches o descalificaciones globales, que se atribuyen al partidismo. Lo eficaz sería el análisis veraz de lo que los políticos dicen, de sus declaraciones, discursos o propuestas, para mostrar en concreto y con la mayor precisión posible que algo es falso y se puede comprobar así.

Podríamos seguir sumando campos y ejemplos, pero ¿tenemos la misma conciencia de responsabilidad humana y de responsabilidad moral cuando se trata de conducir un vehículo por nuestras carreteras? Así como en otros campos exigimos o vamos tomando conciencia de que debemos exigir, ¿exigimos y nos exigimos cuando, como decimos familiarmente, manejamos un carro? Si confesamos como Señor a Cristo Jesús, que quiere que tengamos vida y vida en abundancia, esta ausencia de responsabilidad o de conciencia de ella, se vuelve particularmente grave.

Carretera Panamá-Colón. Larga y procesional fila. Línea continua indicando no pasar muy presente a lo largo del trayecto, por razones que saltan a la vista dado el estado y ancho actual de la vía. La tentación de no respetar la línea es muy fuerte. A veces se ven casos de caer en la tentación que hacen pensar si el conductor buscaba suicidarse, con el agravante del daño a otros que sí quisieran vivir. Es un ejemplo de los tantos que se dan en el sistema vial del país. Sin embargo, mucho más grave resulta la intoxicada autoconfianza de quien ha ingerido bebidas alcohólicas y piensa que esto no afecta su dominio del volante.

Amarás al Señor tu Dios y al prójimo como a ti mismo es pedido para toda circunstancia de la vida. Ámense como yo les he amado, manda Jesús. Al tomar un volante e iniciar la marcha de un vehículo esto también está en juego. No basta con tener una medalla de San Cristóbal o una estampa o un verso de la Escritura; sea en transporte público o en vehículo particular. La responsabilidad personal, el respeto a los derechos humanos, el rendir cuentas de lo que hacemos en los demás, entran en juego. Y en la fe católica, si somos discípulos y misioneros del Señor.

Recientemente el organismo vaticano que promueve la pastoral de la movilidad humana ha publicado un orientador documento sobre la responsabilidad en la carretera. Meditemos su decálogo.

Mons. Pablo Varela Server
Obispo Auxiliar de Panamá

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jueves, 5 de julio de 2007

El aborto

2007-07-01
A tiro de piedra
El aborto

Recientemente se dio a conocer una cifra que revela la cantidad de abortos registrados en el último año en el país. Son 9,000 criaturas que no han podido nacer, por diversas razones, que las estadísticas, o al menos la noticia, no aclaran. Deja, por tanto, a la imaginación del lector, las causas de esos partos malogrados.

El peligro de una cifra tal está en ese “dejar a la imaginación”. Ante tal situación, es preciso hacer una reflexión acerca de lo que puede estar oculto tras esa información. A falta de datos que nos indiquen la causa de las muertes fetales, analizaremos las posibilidades y sacaremos nuestras conclusiones.

Lo primero que nos salta a la vista es la fuente de la información: la Contraloría General de la República. Luego, son datos oficiales que provienen de un registro, que sólo pueden proveer los hospitales, y, en grado menor, otras autoridades donde el hecho haya sido denunciado.

Si los datos provienen de los centros de salud, principalmente del estado, es poco probable que los abortos hayan sido objeto de los llamados “embarazos no deseados”; frase infeliz esta, porque implica que no se quiere ver nacer a un bebé: yo prefiero decir “embarazo no planificado”. Los 9,000 abortos registrados no son, posiblemente, ni totalmente ni en su mayoría producto de un método anticonceptivo. Ni siquiera consecuencia de violación, o de una acción terapéutica, porque la cifra de casos de violación, o de atención médica para decidir entre el bebé en gestación y la madre, no alcanza ese nivel de miles.

Tampoco podemos asegurar que todos los 9,000 abortos sean espontáneos, pero sí es probable que la mayoría lo sea. Aquí llegaríamos a otra interrogante: ¿qué provoca esos abortos?. Las posibles causas podrían estar en el grado de nutrición de la madre; la edad; y la falta de cuidado médico que le dé seguimiento al embarazo. Dos de ellas, al menos, son situaciones sociales que tienen su sostén en la pobre o nula educación al respecto.

Para poca gente es un secreto que son los pobres quienes más sufren esa tragedia del aborto. A ellos también se dirige el dedo de los que desean con vehemencia que se controle la natalidad y se legalice el aborto en todas sus formas. ¿De qué valdría, si el hambre y la pobreza continúan?. Lo propio es promover la familia fundada en el matrimonio, la responsabilidad de los cónyuges entre sí, la fidelidad, la paternidad y maternidad responsables, y la educación en estos y otros valores entre toda la población. Nos corresponde a los cristianos insistir en este tema, aunque nuestros adversarios nos critiquen y condenen por nuestras ideas y principios.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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