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lunes, 14 de diciembre de 2009

Patrimonio cultural

2009-12-13
El Ojo del Profeta
Patrimonio cultural

A lo largo de la historia diferentes aspectos y situaciones de la humanidad han quedado plasmados en diversas obras de arte, que ayudan a conocer la vida de las naciones y los pueblos en determinado momento. Muchas de esas obras reposan en museos, al alcance de todo el que quiera verla o estudiarla, otras no, porque son “propiedad” de particulares, especialmente de personas con poder y dinero abundante.

Las principales obras y testimonios, como los manuscritos, deben pasar de las manos privadas a los museos, para que puedan ser apreciadas por el resto de los mortales. De manera especial las que se han obtenido de manera ilícita, producto del contrabando y el crimen. Poco aprovecha que estén en manos de un puñado de individuos, en vez de estar al alcance de la mayoría.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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jueves, 12 de noviembre de 2009

El fin del Terraplén

2009-11-08
A tiro de piedra
El fin del Terraplén

La cinta costera avanza cual gusano que corroe todo a su paso. Acabó con la Avenida Balboa, y ahora acabará con el Terraplén. Estoy a favor del progreso, pero de aquel que construye historia y la respeta.

Para quien ha vivido o tenido contacto con el Casco Viejo (o Casco Antiguo, como quieren que le digamos ahora), cada calle, avenida, callejón, plaza, o rincón, tiene una historia colectiva y personal. Esos que han venido sólo a destruirlo, o a instalarse por esnobismo, no saben ni aprecian el espíritu y el alma de un barrio que muere cada día. Hay, ciertamente, algunos inquilinos nuevos que lo aprecian e intentan defenderlo, ante la impunidad y la imposición de los que sólo ven negocio y capricho a través de sus ojos mezquinos.

El avance de la cinta costera, usurpadora del derecho del Bulevar Balboa, ahora hinca sus colmillos en la yugular el Terraplén. Se tragará el Muelle Fiscal, el embarcadero y su rampa, la muralla y la baranda terraplenera, las escaleras que bajan al mar, los puestos de compra y venta, y, por supuesto, el encanto costanero de un sitio invaluable.

Nada en detalle nos han dicho de la obra de marras. Es posible que ni los gallinazos, que todo lo otean con su potente visión, lo sepan. Sin información detallada y oportuna, el asunto deja un sabor a obra maligna, devoradora del alma de un barrio, que ve cómo lo acaban sus depredadores. Tal engendro es innecesario. Lo del túnel vehicular es válido y posible, pero la extensión de la cinta, para que más carros pueden allegarse al Casco Viejo, es un atentado histórico y paisajístico execrable.

A mi modo de entender, el relleno abarcará hasta la playa que está frente a la Presidencia. Se elevará el terreno, se destinarán áreas de estacionamientos, paso vehicular, y zonas verdes, todo parecido a lo ya existente en la cinta costera. El carácter costero del lugar desaparece, porque ya el mar no besará sus riberas. Será como un parque, que afectará la vista y la apreciación del aspecto arquitectónico colonial de las murallas, y el monumental del Casco Viejo. Promiscuidad de estilos, que da a luz a una aberración barrial. ¡Si al menos se dignaran en reconstruir la rampa y las escaleras de cara al mar, para librarnos de los bloques en forma de equis que usa la constructora! Ya que el alma no les dice nada, al menos que se lo diga la razón.

Cobraría más valor el sitio si se ordenara la presencia de los vendedores de mercancía de segunda mano, pescado, víveres, y comida. También si se erradica la batería de cantinas, el negocio de las meretrices, y el mercado ilegal de propiedad hurtada o robada. Me imagino los restaurantes, los cafés, los puestos de artesanía en el Muelle Fiscal, los paseos en las pangas de los pescadores, las giras docentes por las calles del lugar, la gente a pie o en coches tirados por caballos o mulas. Me imagino la ambientación histórica con personas vestidas a la vieja usanza, y los visitantes disfrutando de todo esto.

Que lástima que tengamos autoridades tan bajunas, que no logran ver el valor intrínseco de un Casco Viejo que promete quedar bonito, por las inversiones que se hacen, pero despojado de su alma y de su espíritu.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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jueves, 29 de octubre de 2009

Patrimonio nacional

2009-10-25
El Ojo del Profeta
Patrimonio nacional

Una nación necesita de su historia, símbolos y elementos culturales que le sean comunes y le den cohesión como colectividad. Sin ellos, la población se desarraiga y pierde todo valor y orgullo nacional, haciéndose dependiente de la cultura foránea.

En Panamá, nuestros símbolos y valores culturales resultan endebles, en algunos casos, y se van perdiendo poco a poco en el tiempo, por el poco aprecio que se llega a tener de ellos. Tal es el caso de la flor del Espíritu Santo, símbolo nacional, que es muy poco conocida por los panameños, a no ser las fotografías que en algún libro o revista ilustra alguna de sus páginas. De allí que la iniciativa gubernamental de preservarla, para evitar su extinción y para que la conozcan los nacionales, sea plausible y necesaria. Quiera Dios y así ocurra, para el bien de nuestra nacionalidad.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 5 de junio de 2009

Pueblos hermanos

2009-06-07
El Ojo del Profeta
Pueblos hermanos

La reciente decisión de la OEA (Organización de Estados Americanos) de levantar la suspensión impuesta a Cuba hace 47 años, que la mantenía fuera del organismo, es un paso más hacia la integración plena de la comunidad de las naciones de América. Más que los estados y sus gobiernos, la relación de hermandad e intercambio se da entre los pueblos. Los gobernantes son pasajeros, los pueblos permanecen.

El valor del levantamiento de la marginación de Cuba de la OEA está no en lo político, sino en algo mucho más trascendente: la búsqueda de la fraternidad. Como dijera el Papa Juan Pablo II en su visita a la isla, para llevar el mensaje de esperanza a millones de cubanos: "que el mundo se abra a Cuba, y que Cuba se abra al mundo". Lo que resta es esperar esa apertura, en todos los órdenes de la vida política, social y cultural de la sociedad cubana. Que el pueblo cubano encuentre la verdadera paz, y la auténtica libertad, dentro y fuera de sus fronteras.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 28 de noviembre de 2008

El 28 de Noviembre de 1821

2008-11-30
A tiro de piedra
El 28 de Noviembre de 1821

La fecha de nuestra independencia istmeña es el 28 de noviembre de 1821 y merece conmemorarse como tal. Con el Primer Grito en La Villa de Los Santos, el 10 de noviembre de ese año, respaldado en los días cercanos por las poblaciones de Natá, Penonomé, Ocú y Parita, se encendió la mecha independentista que estalló finalmente en la capital del Istmo.

Arduo y tortuoso fue el camino recorrido hasta la proclamación de la república el 3 de noviembre de 1903. Fueron 17 intentos de separación de una Colombia que había dejado de ser tal, tras la muerte de Simón Bolívar y la mutación de una Cundinamarca que pasa de ser una de las tres naciones que conformaban la Colombia original, junto a Venezuela y Quito, a Nueva Granada y, posteriormente, Colombia. A la primera Colombia nos unimos; a la segunda, nos mantuvieron unidos contra nuestra voluntad. Por las armas, algunas veces, y ofrecidos por Bogotá, cual matrimonio de conveniencia, a los Estados Unidos, por medio del Tratado Mallarino – Bidlack en 1846 y el Convenio Paredes – Stephens en 1855.

El 28 de Noviembre debe ser respetado por todos los panameños, y no traído a menos como un día de asueto, que se da como puente festivo, pero que aún no hace puente hacia el reencuentro con nuestra historia y nuestro patriotismo.

Es preciso recordar, en esta fecha, que aquel 28 de noviembre de 1821, la población de la capital, siguiendo el ejemplo de los pueblos interioranos, y a través de su Ayuntamiento, convocó a Cabildo Abierto y, en un acto solemne, ante las principales autoridades civiles, militares y eclesiásticas de la época, declaró rotos los lazos que nos ataban a España. Loar debemos a todos aquellos istmeños, entre los que sobresalen, por enseñanza y memoria de la historia, el Señor Obispo de Panamá Ilustrísimo Don José Higinio Durán y Martell, el doctor Carlos de Icaza, don Mariano Arosemena, Juan de Herrera, Narciso de Urriola, José de Alba, Gregorio Gómez, Manuel María Ayala, Antonio Planas, Juan Pío Victorias, Antonio Bermejo, Gaspar Arosemena y Casimiro del Bal.

Apremiados por el temor de que la Corona recuperara el Istmo, nuestros próceres sopesaron unirse a Centroamérica o a Perú; finalmente lo hicieron con la Colombia bolivariana. Nueve años después, el 26 de septiembre de 1830, con José Domingo Espinar, intentamos separarnos. El 9 de julio del mismo año, con Juan Eligio Alzuru, también, aunque acabó fusilado por pretender ser dictador y perder el apoyo de los istmeños. El 18 de noviembre de 1840, tras una junta popular, declaramos el Estado del Istmo con Tomás Herrera. El 29 de septiembre de 1850 José Domingo Espinar lidera un nuevo intento de separación. El 27 de febrero de 1855, bajo la conducción de Justo Arosemena, mediante acto legislativo, el Congreso bogotano reconoce, constitucionalmente, el Estado Federal del Istmo de Panamá.

Hubo otros intentos más, en los 82 años de unión a las dos Colombia (la de Bolívar y la actual), consolidándose nuestra independencia el 3 de noviembre de 1903. Después no quedaría el ejercicio pleno de nuestra soberanía territorial, que se da el 31 de diciembre de 1999, cuando formalmente termina el matrimonio de conveniencia que nos impuso Colombia con los Estados Unidos. El 28 de Noviembre tiene su valor, nos toca rescatarlo ahora que, dentro de 13 años, cumplamos los 200 años de nuestra Independencia.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 11 de noviembre de 2008

Promoción de Talentos

2008-11-02
El Ojo del Profeta
Promoción de Talentos

Las habilidades del ser humano no son más que el carisma que Dios le da para su realización y la edificación de sus semejantes. Ningún carisma tiene propósito individual, sino que está en función colectiva aunque se haya suscitado desde lo personal. El hombre, como especie y ser espiritual, sólo puede alcanzar su plenitud de cara a sus congéneres, porque nada le aprovecha ni puede hacer para sí y por sí mismo.

Por eso es indispensable, tanto en el núcleo familiar y vecinal como en el ámbito social y estatal, promover el talento que cada uno de sus miembros posea. Desarrollar la capacidad y la habilidad en el arte, la ciencia, la tecnología, el intelecto y la vocación en diferentes campos que explore el ser humano es indispensable para el progreso de la sociedad. Es una tarea que en lo personal y familiar corresponde a la superación, pero que en lo social es atinente al desarrollo cultural como pueblo y como nación.

Llevar adelante esta labor como país reclama, por parte del sistema educativo, primordialmente, un serio y firme compromiso de transformar la sociedad panameña sobre la base de particulares valores, que la conduzcan hacia la formación integral de mejores ciudadanos y ciudadanas, porque sólo con personas nuevas, en su espíritu y su conciencia, podremos construir una nueva sociedad.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 24 de junio de 2008

Cultura de barrio

2008-06-15
A tiro de piedra
Cultura de barrio

Con la práctica del nuevo urbanismo recuperamos al concepto de barrio, en donde los espacios de vivienda, negocios, esparcimiento y lugares públicos abiertos facilitan la integración de la comunidad y la realización de sus actividades. Una ciudad con barrios, es una ciudad mejor planificada y con más probabilidades de ofrecer mejor calidad de vida a sus habitantes.

El barrio es más humano que un asentamiento disperso o distribuido en viviendas individuales, en los que se está muy lejos del vecino o en un estado de privacidad que no es tal. El barrio integra; la barriada o urbanización, como también la conocemos, individualiza y desafecta.

La vivienda del barrio es adosada, con áreas comunes y características de iluminación y ventilación apropiadas. En una urbanización también esto puede lograrse, al menos desde el punto de vista arquitectónico, pero no es la norma entre nosotros. Las nuevas barriadas, comparadas con otras más antiguas como Betania o San Francisco, muestran diferencias notables y elementos urbanísticos que las ponen en desventajas con respecto a las más viejas.

Un barrio, además, crea una cultura que pasa de una generación a otra. Los muchachos mayores le enseñan a los chicos costumbres que, a su vez, heredaron de sus padres y abuelos. Una marca en la calle, la acera o la pared que servía de referencia para el juego de fútbol, béisbol, frontenis, o cualquier otro, pasan de uno a otro grupo de pobladores. Igual ocurre con las historias que se van tejiendo, al punto que quienes no las vivieron las conocen por referencia describiendo hechos, situaciones y sitios con la misma precisión que sus protagonistas.

Vivir en un barrio es una experiencia rica en historia, costumbres y amistades. Grandes y chicos se conocen con mayor facilidad y los establecimientos que hacen parte de la vida cotidiana están allí, al alcance de la mano. La panadería, la peluquería o el salón de belleza, la abarrotería, el artesano, la lavandería y la tienda de videos son parte del entorno. Hay más calor humano que en un centro comercial distante y sin arraigo. El barrio es más solidario y acogedor que la barriada.

Tenemos en el nuevo urbanismo la ilusión de recuperar la cultura barrial. Tenemos la oportunidad de darle a la ciudad un sentido más auténtico de lo citadino. Tenemos la esperanza de darnos un mejor ambiente y un mejor nivel de calidad de vida. El nuevo urbanismo nos reta a asumirlo libremente, antes que se nos imponga como necesidad. Depende de nosotros cómo y cuándo lo adoptaremos para nuestras ciudades.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 7 de abril de 2008

Un país multicultural

2008-04-06
El Ojo del Profeta
Un país multicultural

Panamá acoge en su territorio una diversidad de etnias, tanto nativas como foráneas, lo que hace de nuestra patria un país multicultural. La cultura, costumbre y folclor de las diferentes comunidades étnicas que habitan entre nosotros constituyen una amalgama social que le da sentido a la nación panameña.

Somos una mezcla de razas y culturas, que hacen del ser panameño un pueblo abierto y hospitalario. Un pueblo en el que ninguno se siente extraño por razón de su etnia, porque el país lo acepta y acoge sin reparos. Aquí se camina por las calles y se visita cualquier población, sin que ninguno se admire o extrañe sobremanera. Quien venga a Panamá con buena voluntad hallará, en la mayoría de sus habitantes, un anfitrión y un amigo sincero.

Ese ejemplo de convivencia pacífica y fraterna debe preservarse, para evitar que lo desvirtúe el mal que asoma entre los aventureros que se dedican al tráfico de drogas, el lavado de dinero, la estafa internacional y otros crímenes que nos dan mala fama y nos traen desgracias y violencia. Trabajemos tesoneramente para que prevalezca el hombre y la mujer afable que nace o encuentra en esta tierra el hogar y la patria afable y tranquila que por centurias ha sido nuestra querida y amada Panamá.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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jueves, 14 de febrero de 2008

Detrás del solaz y el esparcimiento

2008-02-03
El Ojo del Profeta
Detrás del solaz y el esparcimiento

La iniciativa de ofrecer conciertos al aire libre es un gesto plausible, porque llena una necesidad dentro de nuestra población, huérfana, en muchos casos, de actividades sanas que cultiven el aprecio por la cultura y el arte del buen ver y oír.

Sin embargo, detrás de estos actos se esconde una realidad que pocos perciben. La falta de espacios públicos adecuados, la pobre formación intelectual y cultural para apreciar el arte que se presenta, y el abandono de una práctica urbanística que ofrezca a los habitantes un conjunto arquitectónico agradable, acogedor, integracionista, y habitablemente funcional, es lo que se evidencia cuando, ante un concierto o acto cultural público y masivo, se hace presión sobre los pocos y reducidos espacios abiertos con que cuenta la ciudad.

Aquello que debiera ser solaz y esparcimiento general, para algunos es una tortura. Ver el entorno de tu lugar de residencia o de trabajo invadidos, destruido y ensuciado, contaminado con el ruido excesivo, la droga y el licor, o plagado de vulgaridad por una parte de los asistentes, es repugnante. Ojalá y entre los tantos planes de desarrollo urbanístico, se pueda ampliar la cantidad de espacios públicos abiertos, y se eduque a nuestra gente para contribuir a elevar el nivel cultural y la calidad de los actos que se presentan y, sobre todo, de sus asistentes.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 25 de enero de 2008

Duelo y asueto

2008-01-13
El Ojo del Profeta
Duelo y asueto

Es la primera vez en 44 años que el país conmemora el 9 de enero de 1964 dividido entre asueto festivo y día de duelo nacional. Hace unos años se había intentado, pero la protesta pública obligó a reconsiderar ese intento. Hoy, simplemente, se ha aceptado sin mayor rechazo.

Los que murieron aquel día, defendiendo unos el honor patrio y, otros, aprovechándose de la situación para sus fines particulares, merecen el respeto y el recuerdo de la nación. En la sociedad panameña, que desde hace años se deshace de su historia a fuerza de día libre, hace falta arraigo por su historia, por su cultura, y por sus tradiciones. Agonizamos como nación, mientras que algunos, con el canto del dinero y la riqueza, pretenden llevarnos hacia lo que ellos llaman “primer mundo”, reemplazando lo autóctono por un modo de vida que no tiene ni tierra ni bandera.

Panamá puede progresar sin renunciar a su historia y a su cultura. Puede ser el crisol étnico y pluricultural que es, sin que ello implique convertir al panameño en un ser amorfo y sin identidad cultural. Retomemos el rumbo, y rindamos loor a cada hecho, figura e institución que nos hace ser panameños auténticos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 12 de noviembre de 2007

En nuestra Independencia

2007-11-11
La Voz del Pastor
En nuestra Independencia

El 10 de noviembre celebramos nuestra independencia. El gesto heroico de Rufina Alfaro y de quienes basados en su fe no temieron asumir riesgos. Aún el de su propia vida. El Santo Padre nos enseña en la Exhortación Apostólica Iglesia en América que, desde nuestras realidades, hemos de salir al Encuentro de Jesucristo vivo y así, convertidos, vivir como el pueblo redimido y rescatado, vivir como Iglesia en comunión y solidaridad.

En esta aventura de hacer historia y construir algo nuevo, hemos de sentirnos solidarios. Este esfuerzo –nos recuerda el Papa Juan Pablo II– debe ir acompañado del amor a la Patria, amor hacia su cultura y su historia, amor hacia los valores autóctonos.... amor sin fin hacia todos los que somos responsables de esa causa común que se llama Patria (Juan Pablo II a los Peregrinos de Baja Silesia, 5 de junio de 1979)

El apóstol San Pablo en la primera Carta a Timoteo “nos exhorta a ofrecer oraciones y acciones de gracias por... por todos los que ejercen la autoridad, "para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad" (1 Tm 2, 2).

Recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica (2239) Que es “deber de los ciudadanos es cooperar… al bien de la sociedad en espíritu de verdad, justicia, solidaridad y libertad”. “El amor y el servicio de la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad. Y … el servicio del bien común exige de los ciudadanos que cumplan con su responsabilidad en la vida de la comunidad política. “La Iglesia, a su vez, ha de "respetar y promover también la libertad y la responsabilidad política de los ciudadanos" (OS 76, 3).” (2245) Como parte de su misión.

No podemos olvidar que Pertenece, también “a la misión de la Iglesia "emitir un juicio moral incluso sobre cosas que afectan al orden político cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas, aplicando todos y sólo aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de todos según la diversidad de tiempos y condiciones" (OS 76, 5). (2246)

Patria no es sólo el territorio en el que se ha nacido. Abarca también un entramado de ideas, historia, tradiciones, costumbres... que identifican la personalidad de un pueblo. Todos debemos esforzarnos por el engrandecimiento de la Patria con nuestro servicio, con nuestra colaboración, con nuestro trabajo y hasta con el sacrificio de la vida, si esto es necesario para defenderla, cuando está en peligro. Nuestros deberes para con la Patria son: amarla, defenderla, cumplir sus leyes y contribuir al bien común. Debemos estar orgullosos de nuestra Patria. De sus cualidades y de sus virtudes. Pero también debemos darnos cuenta de nuestros defectos y trabajar para corregirlos; contribuyendo así a su engrandecimiento.

Hoy! Damos gracias a Dios por nuestros orígenes. Damos gracias a Dios por nuestra identidad. Damos gracias a Dios por nuestro caminar de fe. Damos gracias a Dios por nuestra cultura. Damos gracias a Dios por nuestro presente.Damos gracias a Dios por la protección de Nuestra Señora de la Antigua y Hoy, también en el nombre de Dios asumimos el reto del futuro que Él mismo ha puesto en nuestras manos.

Mons. Fernando Torres Durán
Obispo de Chitré

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martes, 6 de noviembre de 2007

La Iglesia y la Patria

2007-11-04
La Voz del Pastor
La Iglesia y la Patria

Publicamos la Homilía en el Te Deum Catedral Metropolitana 3 de noviembre 2007, oficiado por Monseñor José Domingo Ulloa, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Panamá.

En un mundo que parece hostil a la tradición reactualizamos hoy, los panameños, una que es muy bella y muy nuestra: darle gracias a Dios por Panamá.

La mentalidad contemporánea suele mirar con sospecha todo lo que es tradición, haciéndola sinónimo de arqueología inútil.

Y sin embargo aquí estamos hoy, como en cada 3 de noviembre; la Iglesia y la Patria, para sancionar solemnemente su fidelidad a una tradición que les pertenece y las hermana a las dos.

La Iglesia y la Patria: dos magnitudes, dos almas que sólo pueden subsistir y fructificar en la medida en que son fieles, cada una a su tradición.

La Iglesia, fundada en la Palabra, el Dolor y el Espíritu de Cristo, sabe que no puede enseñar sino lo que Cristo le confió, ni dar vida sino abrazándose a su Cruz, ni gobernar sino sirviendo como El sirvió.

Ella es experta en humanidad, y vive siempre inmersa en su tiempo, siempre renovada y joven, precisamente porque no deja nunca de mirar hacia su origen para reencontrar, en su historia primera, los cimientos perennes de su fe, los motivos de su esperanza y las razones de su amor.

También la Patria ha de leer constantemente su itinerario histórico en sus actas de fundación. La Patria –ninguna patria y Panamá menos que ninguna-, la Patria no nace del vacío o del acaso.

La Patria se constituye en el momento en que un grupo de hombres que habitan físicamente un determinado territorio, reconocen como suyo un mismo patrimonio de sangre y cultura, entran en comunión de tarea y destino. La Patria no nace por un accidente geográfico o por un operativo bélico.

La Patria nace en la comunión, profundamente humana, en valores que exigen deponer innatos egoísmos y merecen el sacrificio de la vida. El territorio será sólo el ámbito físico de esta comunión en el espíritu, y la gesta militar el instrumento, alguna vez necesario, para resguardar eficazmente este patrimonio de sangre y cultura.

Por eso es que una patria no puede echarse a andar indiferentemente por cualquier camino. La patria no se inventa, sólo se redescubre y revitaliza, y siempre en la fidelidad a su patrimonio de origen.

Cuando una nación que es patria busca su sendero fuera de su tradición, su apostasía deriva fatalmente en anarquía y disolución.

La patria no se inventa ni se trasplanta, porque es fundamentalmente alma, alma colectiva, alma de un pueblo, consenso y comunión de espíritus que no se puede violentar ni torcer, ni tampoco crear por voluntad de unos pocos.

De aquí fluye, con imperativa claridad, nuestra más urgente tarea: reencontrar el consenso; más que eso, consolidar la comunión en aquellos valores espirituales que crearon la patria en su origen.

La historia demuestra –y seguirá demostrando- que sólo en esta fidelidad es fecunda la esperanza.

Los pueblos que enajenan su tradición y por manía imitativa, violencia impositiva o imperdonable negligencia o apatía toleran que se les arrebate el alma, pierden, junto con su fisonomía espiritual, su consistencia moral y finalmente su independencia ideológica, económica y política.

Pero Panamá tiene su alma. Por eso estamos en esta hora de acción de gracias por una herencia que nos enaltece, y nos estremece también la esperanza. Panamá quiere seguir siendo Panamá.

En este día no podemos eludir la interrogante: ¿cuáles son los valores que constituyen nuestra patria?

Por eso muy acertado fue los que escribió el psicólogo Gerardo Antonio Guerrel, en noviembre de 2005, la frase una de las canciones del panameño Rubén Blades (hoy Ministro de Turismo). Patria son tantas cosas…

"Con orgullo escuchamos frases como: "soy de la tierra del sombrero pintado...", "100% chiricano, meto!, "soy oriundo de la heroica Villa de Los Santos...", "soy de la tierra del manito ocueño...", soy de Chitré la ciudad que crece sola ..o "la tierra del chicheme y el bollo preña'o"; en resumidas cuentas, "somos panameños".

Está claro que existen características que identifican a las personas de acuerdo, a la tierra dónde nacieron. Sin embargo, además de los elementos que caracterizan a una región, sus costumbres, cultura y tradiciones; existen las influencias que intervienen en la conformación de un comportamiento individual y de grupo.

Por eso al celebrar las fiestas patrias, hemos de preguntarnos ¿qué significa celebrar estas fiestas?, ¿desfiles?, ¿días libres?, entre otras cosas.

Qué gran oportunidad nos ofrecen estas fiestas para que todos consideremos esta tierra como nuestra; y que participemos, en cualquier acción personal o de grupo que intente mejorar nuestra situación actual para que cuando caminemos por las calles de nuestras comunidades, podamos decir: "hay cosas que han cambiado...", "hay cosas que no han cambiado", pero lo más importante es que podamos decir: "hay cosas que he ayudado a cambiar para mejorar..."; es decir, que dimos nuestro aporte, que cumplimos con aportar algo de lo que hemos aprendido, sin olvidar quiénes y de dónde venimos, hemos cumplido con nuestra patria.

Queridos hermanos: Hay tantas cosas buenas en este pequeño "gran" país. En definitiva, estamos viviendo una etapas difíciles de nuestra vida republicana, pero recordemos cuántas épocas buenas también hemos vivido a lo largo de nuestra historia. No obstante, si la actitud, conductas y comportamientos son negativos, las cosas aún se pueden ver mucho más difíciles... A veces somos especialistas en ver las cosas negativas y las magnificamos, y por el contrario las cosas buenas las minimizamos que casi las hacemos imperceptibles...

En verdad, hay tantas cosas buenas y tantas personas que hacen su mejor esfuerzo cada día que amanece... Quiénes no hemos tenido la experiencia cada vez que llegamos a nuestras comunidades campesinas, hay algo que hace que nuestras "baterías" se recarguen y es que ese campesino humilde, que a pesar de sus problemas (pobreza ), te saluda y no sólo con un simple "Buenas...", sino con un "Buenas Tardes...", con un apretón de manos, esas manos rústicas que trabajan la tierra y además te pregunta: "...¿Cómo le ha ido?, ¡Qué's de la familia?. Sé que en muchas partes de nuestro país hay gente buena y trabajadora, que no tiene "agendas ocultas", que cree en la vida y en que las cosas pueden ser mejores, si todos y todas aportamos nuestra parte..., eso es hacer patria.

Ojalá que en estos días recordemos con agrado las cosas buenas, lindas y maravillosas de nuestra patria, que cada uno de los panameños recordemos nuestra tierra que nos vio nacer, no para ser regionalistas sino para que con base en nuestras raíces sumemos nuestro interés, sin importar si soy coclesano, santeño, herrerano o chiricano, colonense, bocatoreño, darienita - en procurar el bienestar, desarrollo y progreso de nuestro país.

Hoy por hoy, el encontrar las cosas que tenemos en común y que nos hacen ser mejores, tiene un valor fundamental frente a tantas situaciones y hechos impactantes que han sucedido en nuestro país y el mundo.

Ojalá que las encuestas y los medios que las publican, a parte de informarnos de la percepción que tenemos de ciertos temas económicos, políticos, culturales; también nos permitiesen conocer cuánto sabemos de nuestra identidad, de porqué nos comportamos como panameños de cierta manera, de nuestra historia que marca pautas generacionales.

Sé que las opciones y canales a veces para hacer mejor las cosas son complejas y a veces parecen inaccesibles, pero qué bueno sería que las autoridades y habitantes de nuestras comunidades hicieran una encuesta, casa por casa, no preguntando quién ganaría de "ser hoy las elecciones", sino ¿qué está haciendo o hará ud. para mejorar la comunidad donde vivimos?

Nosotros, los panameños y panameñas, que celebramos las fiestas patrias, ¡Felicitaciones!, porque las páginas de la historia siguen escribiéndose, pues tenemos un país que a pesar de las dificultades y problemas, a los cuales todos y todas estamos llamados a solucionar; también tenemos grandes oportunidades. Ojalá que explotemos al máximo dichas oportunidades y podamos ser más comprometidos en hacer mejor las cosas, cada día que pasa, pues: "Patria, son tantas cosas bellas...".

Que con la ayuda de Santa María la Antigua, que ha acompañado el caminar de nuestro pueblo, podamos ser dóciles a la acción del Espíritu y así unidos en la verdad, hagamos realidad, una patria libre de divisiones, y de intereses sectarios; y que podamos entonar siempre en paz y armonía el canto de alabanza que nos recuerda el coro de nuestro himno nacional: "Alcanzamos por fin la victoria/En el campo feliz de la unión;/Con ardientes fulgores de gloria/Se ilumina la nueva nación".

Mons. José Domingo Ulloa, o.s.a.
Obispo Auxiliar

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viernes, 26 de octubre de 2007

Las casas del Casco Viejo

2007-10-28
A tiro de piedra
Las casas del Casco Viejo

Es un entorno de singular belleza y bordeado por las aguas del Pacífico, en el que se conjugan los estilos colonial y modernista, con algunas formas arquitectónicas de las escuelas italiana, americana, y del siglo veinte. Balcones llamativos y hermosas fachadas deslucidas por el deterioro y el descuido, forman parte del paisaje que exige del observador el ejercicio escrutador de la mirada.

Con el intento de aumentar su valor, declarado hace unos años como patrimonio histórico y cultural de la humanidad, el barrio ha experimentado la compra de propiedades, tanto para la especulación como para la restauración. El intento fallido de algunos por comerciar con sus edificios, mantiene en ruinas lo que un día adquirieron para ganar dinero, al no poder transformar las fachadas a su antojo. Otras edificaciones se derrumban, por quedar sus estructuras a la intemperie, o por el debilitamiento de ellas a causa de las vibraciones que se producen al instalar las fundaciones de las contiguas.

Las casas del Casco Viejo corren peligro por la erosión y la falta de experiencia al reconstruir su interior con técnicas de construcción distintas o incompatibles con las originales. Mucho tiempo han estado sin recibir el cuidado y el mantenimiento adecuado, como consecuencia de la política de vivienda oficial, que en la práctica impedía el aumento del canon de arrendamiento, y facilitaba a los inquilinos que permanecieran ocupándolas con una morosidad alta que a la postre provocaba su deterioro y condena por parte de las autoridades. A pesar de declarárseles inhabitables, las casas eran reparadas con materiales de baja calidad, se alteraba su diseño y distribución interior, y se permitía su ocupación bajo un régimen comunal que poco hacía por su conservación y cuidado.

Ahora el barrio es forzado a ser restaurado bajo el concepto de desalojo y remodelación, que reclama una fuerte inversión de dinero por parte del propietario, y hace inalcanzable la adquisición de los nuevos apartamentos para los antiguos inquilinos o la población de nivel socioeconómico medio bajo que solía habitar el barrio. De haber seguido su proceso natural de revaloración como bienes raíces, las propiedades habrían evolucionado de una manera ordenada hacia distintos tipos de edificio, que podrían albergar, como era antes, a personas de diversos estratos socioeconómicos. De haber sido así, la zona sería rica en diversidad y conservaría su identidad multicultural, libre de la característica excluyente y monosectorial que ya se anticipa.

San Felipe, y las áreas de El Chorrillo y Santa Ana que se encuentran dentro de los límites del Casco Viejo, sufrirá su transformación con el tiempo. La mayoría de sus casas conservará su fachada, pero el barrio perderá la riqueza cultural forjada durante siglos. Será, pero en un nuevo contexto, la división de los de afuera y los de adentro. ¡Qué lástima!

Y recuerde: Ni un busero más como diputado.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 24 de agosto de 2007

El Muelle Fiscal

2007-08-26
A tiro de piedra
El Muelle Fiscal

El ejercicio de recuperar el valor del Casco Antiguo incluye la restauración o traslado del Muelle Fiscal, para que continúe prestando el servicio de atraque a las naves de cabotaje. Aún está por decidir si la estructura se queda en el sitio actual o si se traslada hacia el antiguo Muelle Inglés, aunque se nota una inclinación hacia el cambio de lugar.

Soy de opinión que el muelle puede trasladarse hacia las cercanías del Mercado del Marisco, pero que debe conservarse la estructura actual y someterla a un proceso de restauración, para albergar en ella a artesanos, artistas populares, e instalar algunos cafés y un balcón al extremo que sirva de mirador para los visitantes. De hacerse así, el muelle sería un complemento para la plaza que se construirá en el lote que ocupaba el Mercado Público.

La zona del Casco Antiguo está llena de historias y sus edificios, calles y rincones son piezas que dan testimonio de los acontecimientos ocurridos en ella. Por eso es importante conservar las estructuras y espacios del área, como el Muelle Fiscal. No hay razón para destruirlo. El uso del muelle puede cambiar, pero jamás debe permitirse su destrucción. Eso sería un atentado contra nuestra historia y nuestro patrimonio cultural.

Panamá y su bahía pueden ser un sitio de ensueño, una vez saneada de la contaminación y concluidas las obras de la Cinta Costera y la construcción del nuevo Muelle Fiscal. Conservar y restaurar la actual estructura del muelle es obligante, si queremos preservar el conjunto arquitectónico de lo que ha sido y es nuestra ciudad capital. El Casco Antiguo sin su muelle centenario, sería como París sin la Torre Eiffel, o México sin su Angel, o Quito sin su Panecillo. Quedaríamos como Nueva York sin las Torres Gemelas, destruidas por unos terroristas en 2001. ¿Quiénes serían los terroristas que destruirían nuestro Muelle Fiscal?

Ojalá el emprendedor Alcalde que tenemos en este momento, y la pujante Alianza Pro Ciudad, que se ha constituido en estandarte conservacionista de nuestra urbe, aúnen esfuerzos para que nuestro Muelle Fiscal se conserve y continúe siendo un monumento emblemático de nuestro Casco Antiguo y de nuestra encantadora bahía.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 26 de junio de 2007

La cultura interiorana

2007-06-24
A tiro de piedra
La cultura interiorana

Viajar al interior del país siempre es una experiencia grata, porque podemos apreciar esa otra parte de nuestra cultura panameña que conserva la población de tierra adentro. Gente, campos, pueblos; juntos hacen una amalgama de panameñidad incomparable.

Cuando reparo en los cambios que se producen, sobre todo en el conjunto arquitectónico de los poblados, me entristece ver como perdemos ese patrimonio nacional. El estilo, las tejas, los huertos, las calles; todo muere para dar paso a lo moderno; a aquello que nos conecta con la cultura actual, pero que nos corta los lazos que nos unen a nuestra historia y a nuestras raíces.

Desde hace varios años abogo por una ley que cree un estatuto de conservación de las tradiciones populares, para que haya coherencia en ese sentido. Esfuerzos particulares, como en la ciudad de Penonomé, y los poblados de las provincias de Herrera, y Los Santos, todavía defienden la herencia cultural de esas regiones. Sin embargo, si el estado no lo asume, corremos el riesgo de perderla a causa de cualquier corriente modernizadora que sucumba ante el poder del dinero.

Urge fomentar el cuidado y la conservación del casco antiguo de cada pueblo interiorano, principalmente los que tienen historia y tradición colonial. Eso le hablará de nuestro pasado a las generaciones futuras, y a los turistas extranjeros que, se supone, alguna vez vendrán en oleada a nuestro suelo. Si tenemos algo que mostrar, será más lo positivo y lo ventajoso; si, por desidia, lo echamos a perder, todo será ruina, llanto, y crujir de dientes.

Qué bonito sería si conserváramos el estilo arquitectónico de los edificios públicos y las viviendas del interior, que se construyen en el centro de los poblados. ¡Qué lindo sería!. Lo moderno, aún siéndolo, también puede guardar los elementos básicos de lo antiguo. Lo he visto en Roma, Jerusalén, París, y otros sitios; si allá se puede, por qué aquí no.

Aún estamos a tiempo de salvaguardar buena parte de nuestro patrimonio cultural, si nos lo proponemos. Podemos empezar con apoyar los esfuerzos particulares existentes, y continuar con la concienciación y el fomento de la conservación del patrimonio cultural; tanto el tangible, como el intangible. Es grato viajar al interior, al menos ahora; pero no dejo de preguntarme si en algunos años seguirá siéndolo. El patrimonio cultural interiorano está en peligro de desaparecer; quién reparará el daño si lo perdemos. Hay panameños, y no pocos, que lo aprecian y quieren conservarlo; abramos un espacio para recoger sus ideas, y, tras una convocatoria, hagamos una legión de voluntarios que, bajo los ideales del civismo y el patriotismo, contribuyamos a mantener ese legado.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 25 de mayo de 2007

Encuentro de culturas

2007-05-27
Editorial
Encuentro de culturas

La evangelización de América ocurre dentro de un contexto de conquista y colonización, pero al final diferenciada de los posteriores objetivos políticos y económicos de la corona española y del resto de las potencias europeas que llegaron después del imperio español. Por tanto, es irresponsable e injusto juzgar la misión evangelizadora con la misma visión que se juzga toda la acción de conquista y colonización del reino español.

Con las recientes palabras del Papa Benedicto XVI, en las que enaltece la riqueza de la cultura cristiana americana, expresada en el arte, la música, la literatura, y las tradiciones religiosas, ahora quieren venir algunos a distorsionar y atacar a la Iglesia Católica con argumentos falaces y sofismas que nacen de su animadversión hacia el catolicismo.

Ninguno niega que hubo casos en que coincidieron conquistadores y misioneros, cuando tenían su propia interpretación del papel que ejercían; pero ninguna persona sensata y estudiosa de la historia cristiana de América niega, ni mucho menos desconoce, que donde hubo esas fallas misioneras sobreabundó la defensa y el respeto por la dignidad de los indígenas que eran mancillados, esclavizados y maltratados. Fue la Iglesia la primera que se rebeló contra esas prácticas, aún a riesgo de la vida de muchos misioneros.

Aquellos que ahora se erigen en jueces de la evangelización de América cometen el grave error de juzgar, con la visión actual, lo que debe juzgarse a la luz del contexto histórico de la humanidad de aquel tiempo. Su juicio es injusto y amañado; y en no pocos casos carente de autoridad moral. Hubo colonización y conquista, ciertamente; pero también hubo encuentro de culturas, con todas sus luces y sombras, tal como el que se diera, en su momento, en el mundo antiguo. Si sólo se funda el juicio en prejuicios y estereotipos, el juzgador nada más verá lo que le conviene; y eso, exactamente, es lo que acontece en esta oportunidad.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 8 de mayo de 2007

Las Bóvedas

2007-05-06
A Tiro de Piedra
Las Bóvedas

El complejo amurallado al extremo del viejo barrio de San Felipe aún conserva esa magia cautivadora para propios y extraños. En uno de mis acostumbrados paseos por el Casco Antiguo de la ciudad, ya no tan frecuentes como antes, veo los vientos de cambio. Artesanos, buhoneros, cantantes populares, un muchacho indígena con un mono tití al hombro, y un vendedor de pinturas que habla resueltamente en inglés con los turistas. Apacible en ratos, concurrido en otros momentos, el monumento guarda los recuerdos de nuestra historia colonial y republicana, y la memoria de quienes vivimos nuestra niñez en el viejo barrio.

Me asomo por una de sus barandas, que antiguamente arrullaban los cañones que defendían la ciudad, y veo la formación rocosa sobre la cual se asienta la fortaleza. Rocas color ocre que quedan al descubierto con la marea seca. Son las mismas por las que caminó mi padre y mis tíos en su niñez, al igual que mis hermanos y yo. Bajo ellas encontrábamos cangrejos, caracoles, y otras criaturas marinas. Hacia mi derecha, la "pocita chiricana", donde tantos muchachos practicamos las primeras brazadas aprovechando la bajamar. A lo lejos, Amador, con su nuevos edificios; verdaderos esperpentos que afean el paisaje. Hubiera sido mejor construir con el estilo canalero, y preservar el paisaje arquitectónico del lugar. La calzada cambia, y ya no es aquella que veía desde el último piso de mi escuela Nicolás Pacheco, y que miraba con el deseo de recorrerla un día, porque en aquellos tiempos se impedía el paso por causa de la base militar estadounidense que allí operaba.

Las Bóvedas, o Plaza de Francia, es un rincón de la ciudad encantador. Las viejas celdas de cuando era la Cárcel de Chiriquí, albergan ahora un restaurante y tiendas de curiosidades. El gallo sobre el obelisco nos recuerda el esfuerzo francés por construir el Canal de Panamá. En el arco techado, y labrado en piedra, la historia de la vía acuática. La estatua de Pablo Arosemena preside, por tamaño, el resto de los bustos de los personajes que el sitio rememora. El antiguo edificio de la Corte Suprema, y que sirvió de Asamblea Nacional, alberga ahora al Instituto de Cultura, cuya entrada está custodiada por dos antiguos cañones coloniales. Al frente, la embajada francesa, a cuyo costado hay una galería o salón cultural que no pude visitar en esta ocasión.

Por los alrededores de Las Bóvedas, pequeños restaurantes le dan hospitalidad a los visitantes. Las casas y los edificios restaurados contrastan con los que todavía necesitan ese auxilio. Y lo más importante, el resto de nuestro pueblo que aún permanece en el área, entre la incertidumbre y la nostalgia de la inminente partida de un pedazo de ciudad que de lo popular se transmuta en zona de habitantes ricos, que le traerá el aburrimiento de los zaguanes cerrados y el silencio de aquellos que, por su "buena" educación, reprimen el grito y el bullicio de una panameñidad populachera poco instruida, pero llena de vida y alegría desbordante.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org