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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Oración y valores éticos

2009-11-15
Editorial
Oración y valores éticos

Dos jornadas de trascendental importancia tendrán lugar durante esta semana en el país: la Oración por la Patria, y el Día Nacional de los Valores Éticos y Morales. La primera, que se realiza desde finales del siglo pasado, auspiciada por la Comisión Arquidiocesana de Oración, y el segundo, declarado así por Decreto Ejecutivo de 17 de noviembre de 2008, que promueve la Fundación Panameña de Ética y Civismo.

Quizá haya algunos que consideren poco importante orar, porque desconocen que la oración expresa lo que hay dentro del corazón de cada hombre, entendido como el ser humano creado a imagen y semejanza de Dios. Es en el corazón de la persona donde radica su capacidad de obrar bien o mal, porque de allí puede salir lo que le contamina, o el amor que le hace actuar y vivir a imagen de su Creador.

Igual ocurre con los valores éticos y morales que la persona humana asuma como tales. La persona obrará y conducirá su vida por los senderos que esos valores y principios le inspiren. Un ser humano temeroso de Dios, seguidor de sus enseñanzas, y convencido de los valores éticos y morales que edifican su humanidad, será mejor hombre o mujer, en todos los ambientes que desenvuelva, y en su dimensión dual, terrena y celeste, que lo hace sentirse hijo de Dios.

Aunque hablamos de cosas intangibles, fe, valores y ética, es innegable la consecuencia concreta que produce su práctica y aprecio, para unos, y su ignorancia y desprecio, para otros. Que estas dos jornadas, a las que aludimos, no pasen inadvertidas ni traídas a menos, por los hijos e hijas de esta tierra istmeña.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 2 de noviembre de 2009

¿Qué significa hacer Patria?

2009-11-01
La Voz del Pastor
¿Qué significa hacer Patria?

Noviembre, es para los panameños un mes entrañable. Tiene resonancia de fiestas populares, de bandas escolares, de un ritual colectivo y recurrente en el que todos, sin distinción de clases o condición social, celebran con orgullo el ser panameño.

Cuando ya hemos cumplido el centenario de la República (1903-2003), seguimos acentuando el aspecto celebrativo, sin ahondar en lo que significa el amor a la Patria y al suelo que nos vio nacer.

A escasos meses de la instalación de un nuevo gobierno, en el que una vez más se puso de relieve la madurez política del electorado, esta nueva etapa se inicia llena de promesas por cumplir y de esperanzas en que un mañana mejor alumbre para todos, especialmente para ese porcentaje alto de panameños integrado por afrodescendientes, indígenas, campesinos, clases populares de los cinturones de miseria de nuestras áreas urbanas.

Pareciera que en la mente del ciudadano de a pie y de Juan Pueblo, el mañana vendría por obra y gracia de la gestión del nuevo gobierno, olvidándonos de que la Patria la hacemos todos.

Cada ciudadano está llamado a dar lo mejor de sí. El bien común, puede ser el término que exprese el accionar del Estado en la gestión de la cosa pública. Pero también, este término expresa el compromiso y la responsabilidad de todo ciudadano que aporta lo mejor de sí: el estudiante en la escuela, el empresario en la gestión eficiente y responsable de su empresa; el asalariado que cumple honradamente con las tareas y el horario establecido; el servidor público que hace uso honesto, transparente y responsable de los recursos del Estado que pagan todos los ciudadanos…y así una larga lista de actores sociales y de sectores organizados del país.

Estamos como nación, embarcados en la tarea de la ampliación del Canal, de la consolidación del Estado de Derecho, del perfeccionamiento del sistema democrático. Pero también esta hora de la historia nos pide, por el orgullo de ser panameños, el combate sin tregua a la pobreza y la exclusión social.

Pidamos a Dios, por intercesión de Santa María La Antigua, Patrona de la República de Panamá, que con el concurso de todos, gobernantes y gobernados nos sumemos a la tarea colectiva y verdadera de hacer Patria.

Mons. Aníbal Saldaña Santamaría
Obispo Prelado de Bocas del Toro

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El patriotismo que se nos muere

2009-11-01
A tiro de piedra
El patriotismo que se nos muere

Cada año resulta evidente la falta de sentido de lo panameño entre nosotros. Nos llenamos la boca de nacionalismo, ante un éxito deportivo o musical, pero hasta allí. Para el resto de las cosas, nuestro patriotismo colectivo es hueco y plagado de indolencia.

Atrás hemos dejado el tiempo en que el 3 de Noviembre era una fecha significativa para el panameño. Los niños eran vestidos con ropa nueva, abundaban las banderas en las vitrinas de los almacenes y los edificios públicos, los escolares y buena parte de la población sabían hablar con propiedad de los hechos y acontecimientos que dieron a luz a la República. Ahora vemos brujas y calabazas, delegaciones estudiantiles que marchan a ritmo de regué, y respuestas atorrantes cuando se pregunta por la razón de las fechas que suponemos nacionales.

Pareciera que estamos condenados a vivir este ciclo de apatía e indolencia hacia lo patrio, cuando el pueblo es corroído por lo foráneo y lo superfluo, como plasmó Gaspar Octavio Hernández, autor del Canto a la Bandera, en el editorial que redactaba cuando murió frente a su máquina de escribir, fecha que está dedicada como el Día del Periodista panameño.

Me repugna ver a tantos jóvenes que se arropan con la bandera durante un partido de fútbol, cual si ella fuera cualquier manto, y que según ellos eso los hace más panameños. Me indigna ver cuando se iza o arría la enseña patria, y se pasa al lado como si se tratara de un acto insignificante, y más aún cuando quien la baja del asta se la echa al hombro cual una prenda que se descuelga del tendedero. Poco me falta para escupirles la cara un día de estos.

Es preciso hacer docencia y reprender a los transgresores, descubrirles lo que realmente significa ser patriota, y despertarles el amor a la patria y a los símbolos que la representan. Somos un pueblo que camina aceleradamente hacia la incultura, lo chabacano, y el ensalzamiento de la chusma, y, para colmo, hacia la desconexión total del vínculo que nos une al ser panameño.

¡Basta ya! El ejemplo debe llegarnos de las autoridades, los gobernantes, los políticos, los hombres y mujeres públicos, los empresarios, y los que tienen la responsabilidad de guiar una familia. Sin ejemplos ni modelos que imitar, cualquier otro esfuerzo será en vano. ¿De qué nos vale el progreso que queremos mostrar a los foráneos, si en el corazón de nuestra sociedad está ausente aquello que nos identifica como panameños?

Ojalá y en esta ocasión, cada hombre y mujer que se siente movido por el patriotismo sincero, tenga el valor de clavar la bandera panameña en la puerta de su casa, y de decirle a todo el que está a su alrededor que somos mucho más que el pueblo bullanguero y populachero que toma estos días para la juerga, sin saber siquiera el origen y el porqué de nuestra identidad nacional.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 7 de julio de 2009

Relevo de mando

2009-06-28
Editorial
Relevo de mando

Un nuevo equipo de personas está a punto de tomar las riendas del gobierno, por los próximos cinco años. Lleno de motivos y de promesas, el grupo de políticos infunde esperanzas de cambio al país. A lo largo del tiempo, algunas se cumplirán; otras no. De la diligencia, la celeridad, y la capacidad de gestión gubernamental dependerán el más y el menos de sus logros.

Fuera de la responsabilidad que le cabe a los gobernantes, también está el deber del resto de la sociedad de trabajar por el progreso del país. El gobierno, en su conjunto, es sólo una de las piezas del engranaje de la nación. Si bien es cierto que elegimos cada cinco años a las autoridades, no lo es menos el hecho que los gobernantes son pasajeros y los pueblos permanentes. Sociedad política y sociedad civil han de colaborar, estrechamente, para el engrandecimiento de la vida social, económica, cultural y política de la patria.

Cada nación se hace grande cuando sus habitantes trabajan y conducen sus vidas con honestidad, honradez, civismo y profundo sentido de servicio a la patria y al prójimo, dentro de particulares principios y valores que los lleven a actuar como auténticos hijos de Dios. De poco o de nada vale mostrar cifras de crecimiento económico, cuando la conciencia, el corazón y la mentalidad de los gobernantes, líderes, dirigentes y ciudadanos comunes están corrompidas y cegadas por el egoísmo y la ambición.

Hacemos votos para que las nuevas autoridades, al asumir la conducción del país, tengan muy presente la misión y el deber que asumen ante el pueblo que los eligió para gobernar. Que Dios les guíe y les guarde, para que pongan primero, en él, su confianza y sus planes; pero, sobre todo, para que las promesas se cumplan, y nos eviten la decepción a la que estamos acostumbrados, y el inminente castigo electoral dentro de cinco años.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 7 de abril de 2008

Un país multicultural

2008-04-06
El Ojo del Profeta
Un país multicultural

Panamá acoge en su territorio una diversidad de etnias, tanto nativas como foráneas, lo que hace de nuestra patria un país multicultural. La cultura, costumbre y folclor de las diferentes comunidades étnicas que habitan entre nosotros constituyen una amalgama social que le da sentido a la nación panameña.

Somos una mezcla de razas y culturas, que hacen del ser panameño un pueblo abierto y hospitalario. Un pueblo en el que ninguno se siente extraño por razón de su etnia, porque el país lo acepta y acoge sin reparos. Aquí se camina por las calles y se visita cualquier población, sin que ninguno se admire o extrañe sobremanera. Quien venga a Panamá con buena voluntad hallará, en la mayoría de sus habitantes, un anfitrión y un amigo sincero.

Ese ejemplo de convivencia pacífica y fraterna debe preservarse, para evitar que lo desvirtúe el mal que asoma entre los aventureros que se dedican al tráfico de drogas, el lavado de dinero, la estafa internacional y otros crímenes que nos dan mala fama y nos traen desgracias y violencia. Trabajemos tesoneramente para que prevalezca el hombre y la mujer afable que nace o encuentra en esta tierra el hogar y la patria afable y tranquila que por centurias ha sido nuestra querida y amada Panamá.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 25 de enero de 2008

Duelo y asueto

2008-01-13
El Ojo del Profeta
Duelo y asueto

Es la primera vez en 44 años que el país conmemora el 9 de enero de 1964 dividido entre asueto festivo y día de duelo nacional. Hace unos años se había intentado, pero la protesta pública obligó a reconsiderar ese intento. Hoy, simplemente, se ha aceptado sin mayor rechazo.

Los que murieron aquel día, defendiendo unos el honor patrio y, otros, aprovechándose de la situación para sus fines particulares, merecen el respeto y el recuerdo de la nación. En la sociedad panameña, que desde hace años se deshace de su historia a fuerza de día libre, hace falta arraigo por su historia, por su cultura, y por sus tradiciones. Agonizamos como nación, mientras que algunos, con el canto del dinero y la riqueza, pretenden llevarnos hacia lo que ellos llaman “primer mundo”, reemplazando lo autóctono por un modo de vida que no tiene ni tierra ni bandera.

Panamá puede progresar sin renunciar a su historia y a su cultura. Puede ser el crisol étnico y pluricultural que es, sin que ello implique convertir al panameño en un ser amorfo y sin identidad cultural. Retomemos el rumbo, y rindamos loor a cada hecho, figura e institución que nos hace ser panameños auténticos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 12 de noviembre de 2007

En nuestra Independencia

2007-11-11
La Voz del Pastor
En nuestra Independencia

El 10 de noviembre celebramos nuestra independencia. El gesto heroico de Rufina Alfaro y de quienes basados en su fe no temieron asumir riesgos. Aún el de su propia vida. El Santo Padre nos enseña en la Exhortación Apostólica Iglesia en América que, desde nuestras realidades, hemos de salir al Encuentro de Jesucristo vivo y así, convertidos, vivir como el pueblo redimido y rescatado, vivir como Iglesia en comunión y solidaridad.

En esta aventura de hacer historia y construir algo nuevo, hemos de sentirnos solidarios. Este esfuerzo –nos recuerda el Papa Juan Pablo II– debe ir acompañado del amor a la Patria, amor hacia su cultura y su historia, amor hacia los valores autóctonos.... amor sin fin hacia todos los que somos responsables de esa causa común que se llama Patria (Juan Pablo II a los Peregrinos de Baja Silesia, 5 de junio de 1979)

El apóstol San Pablo en la primera Carta a Timoteo “nos exhorta a ofrecer oraciones y acciones de gracias por... por todos los que ejercen la autoridad, "para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad" (1 Tm 2, 2).

Recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica (2239) Que es “deber de los ciudadanos es cooperar… al bien de la sociedad en espíritu de verdad, justicia, solidaridad y libertad”. “El amor y el servicio de la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad. Y … el servicio del bien común exige de los ciudadanos que cumplan con su responsabilidad en la vida de la comunidad política. “La Iglesia, a su vez, ha de "respetar y promover también la libertad y la responsabilidad política de los ciudadanos" (OS 76, 3).” (2245) Como parte de su misión.

No podemos olvidar que Pertenece, también “a la misión de la Iglesia "emitir un juicio moral incluso sobre cosas que afectan al orden político cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas, aplicando todos y sólo aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de todos según la diversidad de tiempos y condiciones" (OS 76, 5). (2246)

Patria no es sólo el territorio en el que se ha nacido. Abarca también un entramado de ideas, historia, tradiciones, costumbres... que identifican la personalidad de un pueblo. Todos debemos esforzarnos por el engrandecimiento de la Patria con nuestro servicio, con nuestra colaboración, con nuestro trabajo y hasta con el sacrificio de la vida, si esto es necesario para defenderla, cuando está en peligro. Nuestros deberes para con la Patria son: amarla, defenderla, cumplir sus leyes y contribuir al bien común. Debemos estar orgullosos de nuestra Patria. De sus cualidades y de sus virtudes. Pero también debemos darnos cuenta de nuestros defectos y trabajar para corregirlos; contribuyendo así a su engrandecimiento.

Hoy! Damos gracias a Dios por nuestros orígenes. Damos gracias a Dios por nuestra identidad. Damos gracias a Dios por nuestro caminar de fe. Damos gracias a Dios por nuestra cultura. Damos gracias a Dios por nuestro presente.Damos gracias a Dios por la protección de Nuestra Señora de la Antigua y Hoy, también en el nombre de Dios asumimos el reto del futuro que Él mismo ha puesto en nuestras manos.

Mons. Fernando Torres Durán
Obispo de Chitré

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martes, 6 de noviembre de 2007

La Iglesia y la Patria

2007-11-04
La Voz del Pastor
La Iglesia y la Patria

Publicamos la Homilía en el Te Deum Catedral Metropolitana 3 de noviembre 2007, oficiado por Monseñor José Domingo Ulloa, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Panamá.

En un mundo que parece hostil a la tradición reactualizamos hoy, los panameños, una que es muy bella y muy nuestra: darle gracias a Dios por Panamá.

La mentalidad contemporánea suele mirar con sospecha todo lo que es tradición, haciéndola sinónimo de arqueología inútil.

Y sin embargo aquí estamos hoy, como en cada 3 de noviembre; la Iglesia y la Patria, para sancionar solemnemente su fidelidad a una tradición que les pertenece y las hermana a las dos.

La Iglesia y la Patria: dos magnitudes, dos almas que sólo pueden subsistir y fructificar en la medida en que son fieles, cada una a su tradición.

La Iglesia, fundada en la Palabra, el Dolor y el Espíritu de Cristo, sabe que no puede enseñar sino lo que Cristo le confió, ni dar vida sino abrazándose a su Cruz, ni gobernar sino sirviendo como El sirvió.

Ella es experta en humanidad, y vive siempre inmersa en su tiempo, siempre renovada y joven, precisamente porque no deja nunca de mirar hacia su origen para reencontrar, en su historia primera, los cimientos perennes de su fe, los motivos de su esperanza y las razones de su amor.

También la Patria ha de leer constantemente su itinerario histórico en sus actas de fundación. La Patria –ninguna patria y Panamá menos que ninguna-, la Patria no nace del vacío o del acaso.

La Patria se constituye en el momento en que un grupo de hombres que habitan físicamente un determinado territorio, reconocen como suyo un mismo patrimonio de sangre y cultura, entran en comunión de tarea y destino. La Patria no nace por un accidente geográfico o por un operativo bélico.

La Patria nace en la comunión, profundamente humana, en valores que exigen deponer innatos egoísmos y merecen el sacrificio de la vida. El territorio será sólo el ámbito físico de esta comunión en el espíritu, y la gesta militar el instrumento, alguna vez necesario, para resguardar eficazmente este patrimonio de sangre y cultura.

Por eso es que una patria no puede echarse a andar indiferentemente por cualquier camino. La patria no se inventa, sólo se redescubre y revitaliza, y siempre en la fidelidad a su patrimonio de origen.

Cuando una nación que es patria busca su sendero fuera de su tradición, su apostasía deriva fatalmente en anarquía y disolución.

La patria no se inventa ni se trasplanta, porque es fundamentalmente alma, alma colectiva, alma de un pueblo, consenso y comunión de espíritus que no se puede violentar ni torcer, ni tampoco crear por voluntad de unos pocos.

De aquí fluye, con imperativa claridad, nuestra más urgente tarea: reencontrar el consenso; más que eso, consolidar la comunión en aquellos valores espirituales que crearon la patria en su origen.

La historia demuestra –y seguirá demostrando- que sólo en esta fidelidad es fecunda la esperanza.

Los pueblos que enajenan su tradición y por manía imitativa, violencia impositiva o imperdonable negligencia o apatía toleran que se les arrebate el alma, pierden, junto con su fisonomía espiritual, su consistencia moral y finalmente su independencia ideológica, económica y política.

Pero Panamá tiene su alma. Por eso estamos en esta hora de acción de gracias por una herencia que nos enaltece, y nos estremece también la esperanza. Panamá quiere seguir siendo Panamá.

En este día no podemos eludir la interrogante: ¿cuáles son los valores que constituyen nuestra patria?

Por eso muy acertado fue los que escribió el psicólogo Gerardo Antonio Guerrel, en noviembre de 2005, la frase una de las canciones del panameño Rubén Blades (hoy Ministro de Turismo). Patria son tantas cosas…

"Con orgullo escuchamos frases como: "soy de la tierra del sombrero pintado...", "100% chiricano, meto!, "soy oriundo de la heroica Villa de Los Santos...", "soy de la tierra del manito ocueño...", soy de Chitré la ciudad que crece sola ..o "la tierra del chicheme y el bollo preña'o"; en resumidas cuentas, "somos panameños".

Está claro que existen características que identifican a las personas de acuerdo, a la tierra dónde nacieron. Sin embargo, además de los elementos que caracterizan a una región, sus costumbres, cultura y tradiciones; existen las influencias que intervienen en la conformación de un comportamiento individual y de grupo.

Por eso al celebrar las fiestas patrias, hemos de preguntarnos ¿qué significa celebrar estas fiestas?, ¿desfiles?, ¿días libres?, entre otras cosas.

Qué gran oportunidad nos ofrecen estas fiestas para que todos consideremos esta tierra como nuestra; y que participemos, en cualquier acción personal o de grupo que intente mejorar nuestra situación actual para que cuando caminemos por las calles de nuestras comunidades, podamos decir: "hay cosas que han cambiado...", "hay cosas que no han cambiado", pero lo más importante es que podamos decir: "hay cosas que he ayudado a cambiar para mejorar..."; es decir, que dimos nuestro aporte, que cumplimos con aportar algo de lo que hemos aprendido, sin olvidar quiénes y de dónde venimos, hemos cumplido con nuestra patria.

Queridos hermanos: Hay tantas cosas buenas en este pequeño "gran" país. En definitiva, estamos viviendo una etapas difíciles de nuestra vida republicana, pero recordemos cuántas épocas buenas también hemos vivido a lo largo de nuestra historia. No obstante, si la actitud, conductas y comportamientos son negativos, las cosas aún se pueden ver mucho más difíciles... A veces somos especialistas en ver las cosas negativas y las magnificamos, y por el contrario las cosas buenas las minimizamos que casi las hacemos imperceptibles...

En verdad, hay tantas cosas buenas y tantas personas que hacen su mejor esfuerzo cada día que amanece... Quiénes no hemos tenido la experiencia cada vez que llegamos a nuestras comunidades campesinas, hay algo que hace que nuestras "baterías" se recarguen y es que ese campesino humilde, que a pesar de sus problemas (pobreza ), te saluda y no sólo con un simple "Buenas...", sino con un "Buenas Tardes...", con un apretón de manos, esas manos rústicas que trabajan la tierra y además te pregunta: "...¿Cómo le ha ido?, ¡Qué's de la familia?. Sé que en muchas partes de nuestro país hay gente buena y trabajadora, que no tiene "agendas ocultas", que cree en la vida y en que las cosas pueden ser mejores, si todos y todas aportamos nuestra parte..., eso es hacer patria.

Ojalá que en estos días recordemos con agrado las cosas buenas, lindas y maravillosas de nuestra patria, que cada uno de los panameños recordemos nuestra tierra que nos vio nacer, no para ser regionalistas sino para que con base en nuestras raíces sumemos nuestro interés, sin importar si soy coclesano, santeño, herrerano o chiricano, colonense, bocatoreño, darienita - en procurar el bienestar, desarrollo y progreso de nuestro país.

Hoy por hoy, el encontrar las cosas que tenemos en común y que nos hacen ser mejores, tiene un valor fundamental frente a tantas situaciones y hechos impactantes que han sucedido en nuestro país y el mundo.

Ojalá que las encuestas y los medios que las publican, a parte de informarnos de la percepción que tenemos de ciertos temas económicos, políticos, culturales; también nos permitiesen conocer cuánto sabemos de nuestra identidad, de porqué nos comportamos como panameños de cierta manera, de nuestra historia que marca pautas generacionales.

Sé que las opciones y canales a veces para hacer mejor las cosas son complejas y a veces parecen inaccesibles, pero qué bueno sería que las autoridades y habitantes de nuestras comunidades hicieran una encuesta, casa por casa, no preguntando quién ganaría de "ser hoy las elecciones", sino ¿qué está haciendo o hará ud. para mejorar la comunidad donde vivimos?

Nosotros, los panameños y panameñas, que celebramos las fiestas patrias, ¡Felicitaciones!, porque las páginas de la historia siguen escribiéndose, pues tenemos un país que a pesar de las dificultades y problemas, a los cuales todos y todas estamos llamados a solucionar; también tenemos grandes oportunidades. Ojalá que explotemos al máximo dichas oportunidades y podamos ser más comprometidos en hacer mejor las cosas, cada día que pasa, pues: "Patria, son tantas cosas bellas...".

Que con la ayuda de Santa María la Antigua, que ha acompañado el caminar de nuestro pueblo, podamos ser dóciles a la acción del Espíritu y así unidos en la verdad, hagamos realidad, una patria libre de divisiones, y de intereses sectarios; y que podamos entonar siempre en paz y armonía el canto de alabanza que nos recuerda el coro de nuestro himno nacional: "Alcanzamos por fin la victoria/En el campo feliz de la unión;/Con ardientes fulgores de gloria/Se ilumina la nueva nación".

Mons. José Domingo Ulloa, o.s.a.
Obispo Auxiliar

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Mi patria, Panamá

2007-11-04
A tiro de piedra
Mi patria, Panamá

Llegó noviembre y me siento orgulloso de ser panameño. Soy de aquellos que recibió de sus mayores la enseñanza que hay dos cosas importantes en la vida: Dios y la Patria, y en cada una el propio ser y la familia. Soy uno de esos que vestían con ropa nueva para ver el desfile del 3 de Noviembre, y para la Navidad, porque eran acontecimientos importantes y el sacrificio que se hiciera, bien lo valía.

Soy, también, de esos panameños que se sienten orgullosos cuando su bandera ondea, que se enoja hasta los tuétanos cuando la irrespetan, y que no olvida al abuelo que marchaba con los Soldados de Coto y el Cuerpo de Bomberos. Soy de los panameños que siente orgullo cuando canta el himno a voz en cuello, cuando viste una camisilla típica y un sombrero “pintao”, cuando baila un tamborito, o cuando recita la poesía Patria o escucha las marchas Panamá y Canto a la Bandera. Me siento panameño en todo: en la fe en Dios, en la historia, en los triunfos, y en la lucha por hacer mejor nuestra vida y nuestra tierra.

Ese sentimiento y esa emoción me hicieron escribir unos versos, hace algunos años, que ahora quiero compartir con quienes me leen. Dicen así:

Al mes de Noviembre.

No soy yo quien te ha elegido/ para celebrar en ti/ la Patria, el Niño, los muertos/ y la tierra en que nací.

Te eligió desde lo alto/ aquel que reina en los cielos/ Mes de Noviembre que llevas/ de la Patria los recuerdos.

En la bandera cobijas/ de sus hijos los anhelos/ al igual que el Primer Grito/ que desde Los Santos dieron.

Noviembre, Mes de la Patria/ hoy te quiero saludar/ desde el fondo de mi alma/ con un verso y un cantar.


Como es noviembre, le daré una tregua a los buseros con ansias de diputados.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Noviembre patrio

2007-11-04
Editorial
Noviembre patrio

Empezamos el mes de la Patria con mucho entusiasmo y emoción, sin saber, a ciencia cierta, cuánto fervor o cuánto auténtico civismo por nuestra nación aún queda entre nosotros. Coloridos uniformes, resonar de tambores, sonido estridente de cornetas, y el compás de las bandas de música de algunos colegios que todavía cultivan entre sus alumnos la edificante habilidad musical.

Noviembre patrio nos recuerda a Dios, protector de la nación, al inaugurarse con la solemnidad de Todos los Santos. Nos recuerda a los difuntos, que como padres, madres, próceres, mártires, y ciudadanos y ciudadanas, supieron asumir con heroísmo la misión de construir y preservar la Patria, según el papel que le correspondió desempeñar en su vida personal, familiar, y colectiva. Nos recuerda lo que cada hombre y mujer de Panamá es, en el presente, en pensamiento, conciencia, trabajo, y fe.

La Patria nos reta hoy a pensarla, a interrogarnos acerca de lo que es para nosotros, a reflexionar sobre el esfuerzo cotidiano que le aporta a su progreso y edificación. El acontecimiento nos invita a hacer un alto en nuestras recriminaciones, nuestras frustraciones, nuestros odios y rencores contra el vecino, el adversario, el que protesta, o el que gobierna. Dejar de lado todo esto, por un día, ni daña ni cambia lo que somos.

Busquemos con sinceridad y honestidad vivir la Patria desde ella misma, sin renunciar a nuestra fe, nuestras creencias o nuestras ideas. Vivámosla comprendiendo al otro, practicando la tolerancia y la fraternidad. Vivámosla en el profundo sentido de los acontecimientos que le dieron vida, en cada día de noviembre que rendimos loor a la Patria. Sólo así podremos volver a descubrir, muy dentro de nosotros, el fervor, el civismo, y el patriotismo que hoy están ausentes en muchos de los corazones de sus hijos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Paisano mío panameño

2007-11-04
El Ojo del Profeta
Paisano mío panameño

Somos un pueblo sencillo y hospitalario, alegre y confiado, que muchas veces vive de emociones y de su estado de ánimo. Dentro del mismo pueblo conviven grupos étnicos y grupos sociales que le dan color al mosaico multicultural que lo conforma, conjugando virtudes, dichas y desencantos.

Nuestro pueblo, con el paisano mío panameño que llevamos dentro, busca y no encuentra; trabaja y no ve el fruto. Nuestro pueblo es un pueblo de esperanza en Dios, bajo su fe; y de esperanza en la suerte y el azar, desde su ser carnal. Es el que hoy dice que sí, y mañana dice que no; el que dice sí, cuando quiere decir no; y dice no, cuando quiere decir que sí.

El panameño es un pueblo con una mina de diamantes oculta, que espera por el minero que los saque de la tierra, y por el artesano que con destreza e imaginación le dé el valor codiciado que solamente puede tener una joya con respecto al diamante en bruto.

Al conmemorar el Mes de la Patria, reflexionemos sobre nuestra vocación como pueblo y como nación. Dios mismo se eligió un pueblo, para prepararnos el camino de salvación como humanidad, y es el ejemplo que hemos de seguir para encontrarnos como el Panamá Patria; el Panamá Pueblo; y el Panamá Nación.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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