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martes, 5 de enero de 2010

Los Reyes Magos

2010-01-03
El Ojo del Profeta
Los Reyes Magos

Una de las tradiciones que casi hemos perdido es la de los Reyes Magos, debido a la influencia de factores foráneos que descristianizan la Navidad. La jornada transcurre sin pena ni gloria para unos, porque no les dice nada, y a otros ya les pasó el espíritu navideño que dejaron escapar al caer la noche del 25 de diciembre. Sólo en algunos de nuestros pueblos, como Macaracas, la tradición permanece como fiesta litúrgica y de regocijo popular.

¿Por qué hemos dejado perder esta costumbre? Cualquiera que sea la respuesta, difícilmente explicará la razón de tal situación. Lo que sí sabemos es que comenzó con el desprecio de lo cristiano en la vida de la sociedad, para imponer el paganismo bajo el sofisma de que se trata de una fantasía religiosa. Es preciso que abramos los ojos ante esta realidad, y recuperemos el sentido de una celebración que nos acerca a Dios, en su Hijo hecho niño, y que nos puede servir como ejemplo de sal y de luz para un mundo que busca a Dios en cosas equivocadas.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 21 de diciembre de 2009

¿Qué celebramos?

2009-12-20
El Ojo del Profeta
¿Qué celebramos?

Cada celebración en la vida del hombre y de la humanidad tiene un por qué, un fundamento, una razón. Conmemorar y celebrar un acontecimiento importante busca mantener presente la memoria de lo ocurrido, para que sea aprendido, recordado y transmitido de una generación a otra. De allí la importancia de ser fieles a la historia y a los hechos, para que no haya desvíos ni desvaríos en cuanto a la razón de ser de la celebración.

En la confección de los adornos y piezas instaladas en la Cinta Costera, para celebrar la Navidad, se incluyen figuras que poco o nada tienen que ver con la Navidad. Duendes, sirenas, ratones, y otros personajes de historietas, están de más. Lo que resultaría apropiado para otra ocasión deviene en esperpentos, cuando se les hace pasar por símbolos navideños. Podrán algunas ser muy bonitas, desde el punto de vista artístico, pero son inapropiadas y están fuera de tono. La Navidad tiene un centro: Cristo; al que acompaña un pueblo representado en los pastores y los reyes magos, junto a las celestiales figuras de los ángeles. De celebrarse, ha de ser así. Hacer otra cosa es trastocar su verdadero sentido.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 25 de enero de 2008

“Hemos visto su estrella”

2008-01-13
La Voz del Pastor
“Hemos visto su estrella”
La alegría de la noche de Navidad se revive hoy entre nosotros.

El Señor el día de Su Natividad manifestó Su gloria a un núcleo reducido de personas: la Virgen, José, los pastores... Ahora brilla la magnificencia de Su poder ante el mundo, ante los hombres de “toda raza, lengua, pueblo y nación”. Los Magos son nuestros predecesores en la fe. Ellos representan una humanidad ante la cual Cristo aparece “lleno de Gracia y de Verdad (Juan 1,14).

Los Magos, primeros adoradores, por la fe se unen a Cristo. Nace la Iglesia. Irá creciendo cuando los gentiles, nosotros, nos incorporemos por la fe a ese Dios Niño. Aquí salta la alegría desbordante de Epifanía. La incesante vida de la Iglesia brota de la fuerza divina que dimana de la Epifanía.

"En los Magos que adoran a Cristo nos dice San León Magno , hemos de reconocer el comienzo de nuestra vocación para salvarnos... Hoy empezamos a entrar en la eterna herencia..."

Cuando estos misteriosos personajes entraron a Judea la gente debió detenerse extrañada. ¡Eran verdaderamente extranjeros!Por eso, ellos nos recuerdan una asombrosa verdad: somos nosotros los extranjeros...

Nosotros somos los hijos de aquellos innumerables pueblos a los cuales los judíos llamaban “gentiles”.

Con el nacimiento de Cristo se cumple una inmensa revolución religiosa.

Ahora cuando el Salvador prometido ha nacido en medio de un pueblo segregado y elegido entre todos los demás, la profecía hecha a Abraham se realiza: “Serán bendecidas en ti todas las familias de la tierra” Todos los pueblos están llamados a participar del Reino de Dios.

Con ocho siglos de anticipación el profeta Isaías entreveía ya el imponente cortejo de los nuevos peregrinos y sus ofrendas: “vendrán a tí los tesoros del mar, llegarán a ti las riquezas de los pueblos. Te inundarán muchedumbres de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Llegarán de Sabá en tropel, trayendo oro e incienso y pregonando las glorias de Yahvé” (Isaías 60, 5-6)

Los Magos son los primeros.. Pero más allá de ellos también anuncia el profeta la inmensa asamblea de las naciones en la Iglesia: “vendré para reunir las naciones de toda lengua, que vendrán para ver su gloria” (Isaías 66,18)

Hemos de ver a los magos más allá de las bellas figuras de nuestros pesebres... son nuestros padres en la fe.

Con los Magos, acerquémonos con fe a adorar a Cristo en el Belén de la tierra, que nos conduce al Belén del cielo. Sigamos con fe y humildad la narración de San Lucas.

"Hemos visto su estrella en Oriente, y venimos a adorarle". Son las primeras palabras de los Magos al preguntar en Jerusalén por el Rey de los judíos.

La estrella fue para los Magos "inspiración florecida en el corazón" (Bossuet).

"Y habiendo entrado en la casa...encontraron al Niño con María Su Madre". La fe que hasta entonces los había conducido les lleva a la manifestación y la adoración del Hijo de Dios hecho hombre. "Y postrándose en tierra le adoraron".

Iban buscando al Rey de los judíos vaticinado por las Escrituras, y se encontraron con el mismo Dios. Así también nos sucede muchas veces en la vida.

"Y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones: oro, incienso, mirra".

Imitémoslos -como nos invita San Ambrosio- "Los que oímos la narración de la ofrenda de los Magos, elijamos entre nuestros tesoros y hagamos ofrendas parecidas".

El Oro ha de ser para nosotros símbolo del amor puro y fiel con que queremos servirle.

El Incienso ha de ser imagen de nuestras plegarias y oraciones.

La Mirra: ha de ser figura de nuestros sacrificios unidos a los Suyos...

Hagamos nuestra la actitud de los Magos: "encontraron al Niño con María Su Madre". "Y postrándose en tierra le adoraron".

Mons. Fernando Torres Durán
Obispo de la Diócesis de Chitré

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La Epifanía

2008-01-06
Editorial
La Epifanía

Celebramos este domingo la Solemnidad de la Epifanía, que entendemos como la manifestación de Jesús al resto de la humanidad que no formaba parte del pueblo de Israel. Esta primera Epifanía del Señor, que luego se unirá a sus Epifanías a Juan el Bautista, en el Jordán, y a la de sus discípulos en el milagro de Caná de Galilea, nos presenta a un Cristo que se hace uno en todos, para que todos sean uno en El.

Los Magos de Oriente, hombres sabios y miembros de una casta que participaba del poder terrenal, salen en pos del Mesías, siguiendo su estrella, y, al encontrarlo, se postran ante él para rendirle honor y gloria, ofreciéndole los regalos que resumían su condición de Dios, hombre y rey, en el incienso, la mirra, y el oro.

Nosotros, fieles todos, al igual que los Magos, nos presentamos ante nuestro Salvador, no con regalos materiales, sino con un corazón contrito y un propósito de enmienda firme, para vivir conforme a la voluntad del Padre y para reconocer, en cada instante de nuestra existencia, que Cristo es el verdadero Camino, la Verdad, y la Vida.

Que esta oportunidad de conmemorar su manifestación a los Magos sea, también, para nosotros, una Epifanía personal de Jesucristo en nuestra propia historia, y el cayado recio que ayude a afirmar nuestros pasos por este peregrinaje terreno hacia la patria definitiva que es la eternidad con Dios.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Carta a los Reyes Magos

2007-12-30
A tiro de piedra
Carta a los Reyes Magos

Queridos Reyes Magos, les escribo esta carta para pedirles algunas cosas que quiero me traigan para la solemnidad de la Epifanía. Yo sé que, desde hace mucho, un montón de niños y niñas han sido arrastrados a dirigir sus cartitas al panzudo vestido de rojo, que nos ha inventado la publicidad y hollywood. No tengo nada en contra de él, porque es sólo un invento, y ante lo irreal no es necesario someterse, sino discernir, para elegir la Verdad sobre la mentira; la realidad sobre la fantasía.

A ustedes, que fueron a adorar al Niño Jesús siguiendo su estrella, les pido que me traigan, para mí y mis compatriotas, parte de esa paz infinita que recibieron a llegar al Pesebre. Tráiganme, también, la sabiduría de poder distinguir entre los Herodes de hoy, que quieren matar al Niño Dios robándonos la Navidad, y los pastores y pastorcillas que viven en los hombres y mujeres de buena voluntad de nuestro tiempo.

Me gustaría mucho que los cristianos los tuviéramos más presentes, para contarle a los niños su historia, y para que vuelvan a poner los zapatitos en las ventanas, esperando su visita alegre con caballos y camellos cargados de los regalos que todos los fieles debemos ofrecer a Jesús el Señor. Vengan repartiendo esos buenos sentimientos que nos llevan a amar a los demás como hermanos y como a nosotros mismos, y contágiennos de su amor y su entusiasmo para poner en los zapatitos de cada niño y niña un dulce, un juguetito, y un papelito en donde le digamos lo mucho que los queremos.

No se olviden de mandarle a los gobernantes el ánimo de trabajar y servir al pueblo con rectitud. Tampoco olviden a los conductores que atropellan tanta gente y cuanta criatura le queda enfrente de sus autos. Pongan especial atención a los buseros, para que entren en cordura, y quítenle las ganas de ser diputados. A los que cierran calles y hacen la huelga, concédanles que puedan decir su verdad de una manera serena y clara, sin afectar a los más indefensos y necesitados.

Gaspar, Melchor y Baltasar, transmítannos su entusiasmo y perseverancia para andar nuestro camino con esperanza, y sin amilanarnos ante las ideas y las distracciones del mundo. Ustedes hicieron un largo viaje lleno de peligros, cruzando valles, colinas, desiertos, y abrumados por el candente sol y el frío de la noche. Saben lo que es un andar esforzado, en busca del Salvador. Ayúdennos a distinguir la luz de Cristo, para que podamos guiarnos en nuestra marcha.

Por último, les agradezco si pueden traerme un crío de camello. Por acá el agua escasea en algunas partes, y la gasolina aumenta de precio a cada rato. El camello anda largas jornadas y bebe poco, por lo que sería un medio de transporte muy útil por estos lares. Y no está de más que a algunos compatriotas me le den esa particularidad del camello, y no me refiero a la joroba, sino al beber poco, a ver si así tenemos una sociedad mejor. Ah, se me olvidaba: que sancionen la ley antitabaco, para poder convivir en ambientes libres de humo.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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