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lunes, 21 de diciembre de 2009

¿Qué celebramos?

2009-12-20
El Ojo del Profeta
¿Qué celebramos?

Cada celebración en la vida del hombre y de la humanidad tiene un por qué, un fundamento, una razón. Conmemorar y celebrar un acontecimiento importante busca mantener presente la memoria de lo ocurrido, para que sea aprendido, recordado y transmitido de una generación a otra. De allí la importancia de ser fieles a la historia y a los hechos, para que no haya desvíos ni desvaríos en cuanto a la razón de ser de la celebración.

En la confección de los adornos y piezas instaladas en la Cinta Costera, para celebrar la Navidad, se incluyen figuras que poco o nada tienen que ver con la Navidad. Duendes, sirenas, ratones, y otros personajes de historietas, están de más. Lo que resultaría apropiado para otra ocasión deviene en esperpentos, cuando se les hace pasar por símbolos navideños. Podrán algunas ser muy bonitas, desde el punto de vista artístico, pero son inapropiadas y están fuera de tono. La Navidad tiene un centro: Cristo; al que acompaña un pueblo representado en los pastores y los reyes magos, junto a las celestiales figuras de los ángeles. De celebrarse, ha de ser así. Hacer otra cosa es trastocar su verdadero sentido.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 17 de julio de 2009

Día del niño

2009-07-19
Editorial
Día del niño

La celebración del Día del Niño, ambos sexos incluidos, tiene su importancia en el sentido que tenemos de la infancia, su carácter esencial para la preservación y el desarrollo de la sociedad humana, y la herencia de los valores y la cultura que cada nación hereda a las futuras generaciones. No es, por tanto, una jornada en que la niñez sale a jugar a los parques, las plazas o las calles, sino algo mucho más profundo.

Por lo que hemos percibido en los días previos, la fecha dice poco a la población. Al arrancarle casi de golpe su tradición del 1 de Noviembre, el pueblo siente la nueva data extraña, ajena, y vacía. No es su fecha, ni su costumbre, ni su identidad. Situación que debe corregirse, para que la jornada dedicada a la niñez reciba la aceptación, el calor, y el respaldo popular.

Duele salir a los barrios y vecindarios y ver que el Día del Niño es más una colección de palabras en un decreto, que la fiesta de los niños y las niñas de Panamá. Asombra percatarse de la ausencia de valor intrínseco de la celebración, porque vale más el paseo, los juegos mecánicos, y los payasos o cantantes que algún funcionario planificó, para cumplir con el calendario de actividades de su despacho.

Si el cambio no ha hecho bien, y ha provocado la indiferencia de la población: ¿qué sentido tuvo hacerlo? La situación debe verse con ojos autocríticos, y enderezar lo torcido. Vale más tener nuestra propia fecha y sentirla y celebrarla, que plegarnos al resto del mundo con sentido hueco e indolente.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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