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lunes, 21 de diciembre de 2009

¿Qué celebramos?

2009-12-20
El Ojo del Profeta
¿Qué celebramos?

Cada celebración en la vida del hombre y de la humanidad tiene un por qué, un fundamento, una razón. Conmemorar y celebrar un acontecimiento importante busca mantener presente la memoria de lo ocurrido, para que sea aprendido, recordado y transmitido de una generación a otra. De allí la importancia de ser fieles a la historia y a los hechos, para que no haya desvíos ni desvaríos en cuanto a la razón de ser de la celebración.

En la confección de los adornos y piezas instaladas en la Cinta Costera, para celebrar la Navidad, se incluyen figuras que poco o nada tienen que ver con la Navidad. Duendes, sirenas, ratones, y otros personajes de historietas, están de más. Lo que resultaría apropiado para otra ocasión deviene en esperpentos, cuando se les hace pasar por símbolos navideños. Podrán algunas ser muy bonitas, desde el punto de vista artístico, pero son inapropiadas y están fuera de tono. La Navidad tiene un centro: Cristo; al que acompaña un pueblo representado en los pastores y los reyes magos, junto a las celestiales figuras de los ángeles. De celebrarse, ha de ser así. Hacer otra cosa es trastocar su verdadero sentido.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 14 de diciembre de 2009

La auténtica Navidad

2009-12-13
A tiro de piedra
La auténtica Navidad

El tiempo navideño es esperado por millones de pobladores del mundo; sin embargo, la espera es diferente, según la fe y la motivación de las personas. Mientras unos celebran el nacimiento de Jesús, otros se dedican al festejo mundano y a engrosar las arcas de sus negocios.

Para nosotros los cristianos la Navidad se ha de vivir de forma auténtica, procurando mantener como centro de la celebración a Cristo que se hace hombre, para hacer morada entre nosotros. Toda acción de parte nuestra debe tender hacia la figura de Jesús Niño, que nace de la Virgen María por obra y gracia del Espíritu Santo. Este misterio, manifestado en Belén, tenemos que anunciarlo al mundo y enseñarlo a nuestros hijos y familiares.

Ante tanta distorsión de la Navidad, los esfuerzos tienen que redoblarse. Nuestras casas han de ser ejemplo para los demás, tanto en los signos cristianos navideños, como en la actitud de amor y paz cristiana que asumamos. Un hogar decorado con sencillez y símbolos auténticamente cristianos, apegados al relato evangélico, llamará la atención de los otros y ayudará a comprender el significado real de la fiesta que celebramos. Pero más importante y llamativo será el modo en que nuestra conducta le diga al otro que Cristo está en mí, que él me transforma, y que por Él me hago más humano y solidario.

Si queremos contribuir a preservar el auténtico sentido de la Navidad, cada uno de nosotros puede hacerlo a través de cosas sencillas. Podemos confeccionar tarjetas de felicitación para los amigos y vecinos, con la frase “Feliz Navidad”, y brevemente citar el Evangelio, con un mensaje que diga que Cristo es la Navidad. Podemos programar una reunión sencilla, con alguna lectura bíblica propia del tiempo, cantos bien escogidos, y hacer una breve explicación de los signos que usamos en casa. Nada de regaños ni larga charla; mas bien algo humilde y ameno, que atraiga y motive.

Nuestra celebración debe ser alegre, no ruidosa. Comer y beber con moderación, y compartir con aquel que no tiene ni comida ni amistad. Salgamos a reconciliarnos con quien hayamos tenido alguna diferencia o enemistad, para dar razón de nuestra esperanza en este tiempo. Acerquémonos a nuestra parroquia o templo que frecuentamos, para ayudar en las posadas y los demás actos de preparación para la Navidad. Acordémonos de donar alguna bolsa de alimentos para los pobres, medicinas para los enfermos, artículos de aseo para los reclusos, y leche y pañales para los niños lactantes. Que esto sea de lo primero en nuestra lista de compras.

La Navidad se vive mejor si lo interior de nosotros mismos está tan bien cuidado y arreglado como el exterior de nuestra apariencia u hogar. A imitación de Cristo, procuremos hacer morada con los que nos rodean, para que experimentemos una Navidad diferente, una Navidad auténtica.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 12 de octubre de 2009

Asociación de belenistas

2009-10-11
A tiro de piedra
Asociación de belenistas

El rescate de la celebración de la auténtica Navidad es la meta que se propone la recién creada Asociación de Belenistas. Desde el empedrado salón parroquial de San José, un anciano fraile, con ánimo juvenil, impulsa con fuerza esa iniciativa.

Veinticuatro cristianos firmaron el acta de fundación, la víspera de la fiesta del creador del Nacimiento o Pesebre, san Francisco de Asís, movidos por el ferviente deseo de celebrar y promover los inmensos valores del acontecimiento ocurrido en Belén de Judá, y que revolucionó al mundo con el alumbramiento del Niño Jesús. Valores que en la actualidad son trastocados, por el afán de lucro y la secularización de la fiesta navideña, por parte de quienes sólo ven el mercantilismo, y por los que se dejan arrastrar por la corriente mundana que niega a Dios y antepone el falso bienestar de la humanidad, basándolo exclusivamente en el beneficio material.

La degradación de los valores de la Navidad empieza por la suplantación de los signos cristianos. Figuras creadas por la imaginación como Santa Claus, los duendes, renos voladores, enanos, muñecos de nieve, y otras, se propagan, a fuerza de publicidad, como símbolos válidos, empujando a olvidarse de lo esencial: el pesebre, los pastores, los magos sobre sus camellos, el ángel, María y José, y el protagonista central: Jesús niño.

Para rescatar el verdadero sentido de la Navidad, nos corresponde a los cristianos hacer dos cosas importantes: aprender la realidad del Misterio de Belén, y enseñarla a las personas que nos rodean. Si alguno desea contribuir, sinceramente, con este esfuerzo, puede comenzar por eliminar todo símbolo espúreo o falso de la decoración navideña de su hogar, y resaltar los auténticamente cristianos. Es un buen comienzo. De igual manera, en las tarjetas de felicitación que envíe y reciba, debe proponerse que el mensaje y los signos sean los correctos. Nada de “Felices Fiestas”, cuando debe decir “Feliz Navidad”. Si la tarjeta que le ofrecen no lo dice así, busque otra, y si la que recibe no lo expresa de esa manera, llame a quien se la envió y pídale, que para la próxima ocasión, le dé la que corresponde, explicándole con amabilidad el porqué le pide esto.

Desde hace algunos años se impulsa la descristianización de la Navidad, quitando de las felicitaciones la palabra “Navidad”, reemplazándola por fiestas. Cosa absurda. ¿Se atreverían a cambiar el Ramadán por otra palabra, o el Pesaj judío por otro vocablo? ¿Por qué quieren hacerlo con la Navidad? ¿Acaso el sentido de la Navidad no es recordar el nacimiento de Cristo?

Con la Asociación de Belenistas esperamos revertir tales aberraciones y distorsiones hacia la Natividad, la fiesta del nacimiento del Hijo de Dios, Cristo Jesús, a través de la exaltación del Misterio de Belén, manifestado en el humilde pesebre que sirvió de cobijo al Salvador del Mundo y a la Familia de Nazaret.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 15 de diciembre de 2008

La Navidad que se fue

2008-12-14
A tiro de piedra
La Navidad que se fue

Cuando repaso la forma en que los panameños celebrábamos la Navidad, me doy cuenta de cuánto hemos perdido. No se trata de que el tiempo pasado fue mejor, sino de aquello que hemos matado sin darnos cuenta: el carácter alegre y el amor y el respeto por el otro.

Después del Día de la Madre Panamá se llenaba de luces y se cantaba por todas partes. Casi en cada casa había un arreglo navideño y, en las más pobres, al menos brillaba una luz. Las estaciones de radio sonaban, constantemente, música popular y villancicos navideños. Los enemigos se reconciliaban y, con muchos días de anticipación, se deseaba feliz Navidad a todo el que se nos cruzara en el camino. En ese aspecto éramos más humanos.

Ahora dirán que la cuenta de luz es costosa, pero es sólo excusa, porque los adornos se pueden poner con pocas luces o prescindiendo de ellas totalmente. Ya se dice que la Navidad es para los “pelaos”, para los niños. ¡Mentira! Cristo vino al mundo por todos, sin discriminar entre adulto y niño; viejo y joven; o hombre y mujer. La Navidad es para todos, especialmente para los que creen en la venido del Hijo de Dios al mundo.

Recuerdo que en los patios de las casas se reunían las familias y los vecinos, para celebrar. Se sacaban los instrumentos, la mayoría de percusión, y se cantaban las canciones navideñas mientras los niños jugaban con sus juguetes nuevos. La mayoría no eran costosos, pero habían sido escogidos con mucho esmero y cariño por nuestras madres y abuelas, principalmente, y por otros parientes. Muchos de nuestros familiares y amigos no nos daban regalo, pero con su presencia y un abrazo nos hacían felices. Cómo nos alegrábamos cuando veíamos a toda la familia reunida: tíos y tías, primos y primas, y aquellos amigos de la familia que eran como hermanos de nuestros padres y parientes.

Ninguno pasaba la Nochebuena en soledad, porque algún vecino lo acogía con placer. Toda la vecindad compartía la comida de Navidad, por muy humilde que fuera. Tamales, dulces, arroz con pollo, ron ponche, jamón, ensalada, y frutas de toda clase. En cada casa se comía un poco, y los grandes bebían licor, pero a ningún niño le era permitido. Vestíamos ropa nueva, que se habían abonado o sacado en un club de mercancías en los almacenes de la Central. La Navidad era un acontecimiento grande e importante, y así se celebraba.

Esa actitud y ese sentido de la fiesta se ha abandonado. ¿Por qué? No lo sé; pero tampoco me digan que es anticuado, porque el amor, la amistad y el aprecio y el respeto hacia el vecino no pasan de moda. Somos nosotros, Panamá, los que nos hemos dejado llevar por un modernismo mal entendido por el utilitarismo y el hedonismo. Los que conservamos esas tradiciones de Navidad, lo seguiremos haciendo; y el que quiera recuperarlas, que se decida a hacerlo este año. De seguro ganaremos más, que aquello que podamos perder.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 19 de diciembre de 2007

Engendrado, no creado

2007-12-16
A tiro de piedra
Engendrado, no creado

Las últimas décadas han introducido en el mundo la degradación de los valores, creencias, costumbres y tradiciones de gran parte de la humanidad. Es un fenómeno generalizado, que desvirtúa con gran fuerza la identidad cultural y la idiosincrasia de los pueblos y naciones. Es un enfoque que falazmente pregona libertad y reclama cambios por obsolescencia para progresar, cuando en el fondo no existe tal cosa.

Esa corriente ladrona que, a falta de algo propio, busca adulterar lo ajeno, pretende, ahora, robarnos la Navidad a los cristianos. Desde hace mucho se ha aprovechado de figuras creadas por el hombre, para tomar el lugar del protagonista verdadero de la celebración navideña: Jesús Niño, Hijo de Dios. A fuerza de mercantilismo, intentan imponernos a Santa Claus, a los duendes, y a cuanto personaje puedan conjurar o utilizar para sus fines comerciales, de tal suerte que todos resultan víctimas de los que sólo ven lo lleno o vacío de su caja registradora.

Frente a esos vientos, los cristianos tenemos la obligación de estar atentos, y ser luz para quienes son cubiertos por esas tinieblas. La Navidad es la memoria del nacimiento de Jesucristo: no es una fiesta cualquiera, ni una celebración hueca o vacía. Tiene un sentido, y ese sentido es que Cristo vino a nosotros encarnado en María, para salvarnos y redimirnos de nuestros pecados. No hay Navidad sin Cristo; todo lo demás está supeditado a él.

Jesús Niño fue engendrado por obra y gracia del Espíritu Santo, desde Dios Padre. Esta es la primera diferencia con todos los demás personajes creados por el hombre. A Cristo fueron a verlo los pastores, gente de carne y hueso, y no figuras ficticias como los duendes. Nació y vivió entre los hombres cada día de su vida; no se apareció por unos cuantos días, y luego se fue al Polo Norte el resto del año. Estuvo entre los suyos, hasta su muerte; y está a cada momento con nosotros, a partir de su resurrección.

Si queremos preservar el auténtico sentido de la Navidad, enseñemos a los nuestros y a los que están alrededor lo que dice el Evangelio. Muchos, por ignorancia, son arrastrados por la corriente ladrona del mundo. Corrijámoslos con amor, enseñando y educando en la fe. El mejor regalo que podemos hacerle a una persona, en este tiempo, es anunciarle la buena nueva del nacimiento de Cristo. Sepamos defender nuestra fe con firmeza y caridad, para ganar almas para el Señor.

No importa lo que diga el mundo. No importa que intenten desvirtuar el sentido verdadero de la Navidad. Lo que importa, realmente, es nuestra actitud como cristianos. Y así como al mundo no se le ocurre cambiar la Pascua judía, o el Ramadán musulmán, para que los otros no se ofendan, tampoco tiene ningún derecho para quitarnos a Cristo de la Navidad. Al fin y al cabo, la Navidad es lo que es, porque significa la venida de Dios entre nosotros, en la fragilidad de un niño nacido en un pesebre y envuelto en pañales.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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