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lunes, 21 de diciembre de 2009

¿Qué celebramos?

2009-12-20
El Ojo del Profeta
¿Qué celebramos?

Cada celebración en la vida del hombre y de la humanidad tiene un por qué, un fundamento, una razón. Conmemorar y celebrar un acontecimiento importante busca mantener presente la memoria de lo ocurrido, para que sea aprendido, recordado y transmitido de una generación a otra. De allí la importancia de ser fieles a la historia y a los hechos, para que no haya desvíos ni desvaríos en cuanto a la razón de ser de la celebración.

En la confección de los adornos y piezas instaladas en la Cinta Costera, para celebrar la Navidad, se incluyen figuras que poco o nada tienen que ver con la Navidad. Duendes, sirenas, ratones, y otros personajes de historietas, están de más. Lo que resultaría apropiado para otra ocasión deviene en esperpentos, cuando se les hace pasar por símbolos navideños. Podrán algunas ser muy bonitas, desde el punto de vista artístico, pero son inapropiadas y están fuera de tono. La Navidad tiene un centro: Cristo; al que acompaña un pueblo representado en los pastores y los reyes magos, junto a las celestiales figuras de los ángeles. De celebrarse, ha de ser así. Hacer otra cosa es trastocar su verdadero sentido.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 23 de diciembre de 2008

Dios con nosotros

2008-12-21
Editorial
Dios con nosotros

El inmenso amor de Dios manifestado en su Hijo Unigénito, cuando lo envió a la tierra y lo entregó para ser crucificado y salvar, así, a la humanidad entera, es la más grande prueba de lo tanto que amó Dios al mundo. Y Jesús, desde sus primeros años, se hizo amigo de los hombres, hasta dar la vida por ellos.

Dentro de pocos días conmemoraremos su primera venida, con el pensamiento puesto en aquel pesebre pobre de Belén, en donde nació el Mesías Redentor. Un pequeño establo al que acudieron, en primer lugar, los pastores del campo cercano, después de escuchar el anuncio del ángel. Ellos lo acogieron con sencillez, porque, también, estaban a la intemperie y vivían libre del lujo y la ostentación que obnubila a quien se deja llevar por sus tentaciones.

Hoy como ayer, los que acogen a Jesús son los humildes y los que deponen todo orgullo y toda soberbia, para enternecerse con el anuncio de la Buena Noticia que les recuerda que Dios está con nosotros, habita entre nosotros, y se muestra en el rostro de los sufridos, los marginados y los perseguidos. Él está en el pobre, el hambriento, el enfermo, el encarcelado, el forastero. Lo que hagamos por cada uno de ellos, lo hacemos por Cristo mismo.

Fijémonos, pues, en la semejanza del ayer y del hoy. Discernamos sobre cómo recibimos al Niño Jesús esta Navidad, y cómo lo reciben aquellos que, a similitud de los pastores, están sin hogar o fuera de los suyos. Que el festejo mundano no nos impida ver el centro y el motivo de esta celebración: Dios hecho hombre y niño, en su Hijo, que viene a hacer morada entre nosotros.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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