Mostrando entradas con la etiqueta dios con nosotros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dios con nosotros. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de diciembre de 2008

Dios con nosotros

2008-12-21
Editorial
Dios con nosotros

El inmenso amor de Dios manifestado en su Hijo Unigénito, cuando lo envió a la tierra y lo entregó para ser crucificado y salvar, así, a la humanidad entera, es la más grande prueba de lo tanto que amó Dios al mundo. Y Jesús, desde sus primeros años, se hizo amigo de los hombres, hasta dar la vida por ellos.

Dentro de pocos días conmemoraremos su primera venida, con el pensamiento puesto en aquel pesebre pobre de Belén, en donde nació el Mesías Redentor. Un pequeño establo al que acudieron, en primer lugar, los pastores del campo cercano, después de escuchar el anuncio del ángel. Ellos lo acogieron con sencillez, porque, también, estaban a la intemperie y vivían libre del lujo y la ostentación que obnubila a quien se deja llevar por sus tentaciones.

Hoy como ayer, los que acogen a Jesús son los humildes y los que deponen todo orgullo y toda soberbia, para enternecerse con el anuncio de la Buena Noticia que les recuerda que Dios está con nosotros, habita entre nosotros, y se muestra en el rostro de los sufridos, los marginados y los perseguidos. Él está en el pobre, el hambriento, el enfermo, el encarcelado, el forastero. Lo que hagamos por cada uno de ellos, lo hacemos por Cristo mismo.

Fijémonos, pues, en la semejanza del ayer y del hoy. Discernamos sobre cómo recibimos al Niño Jesús esta Navidad, y cómo lo reciben aquellos que, a similitud de los pastores, están sin hogar o fuera de los suyos. Que el festejo mundano no nos impida ver el centro y el motivo de esta celebración: Dios hecho hombre y niño, en su Hijo, que viene a hacer morada entre nosotros.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

Ir a Panorama Católico Edición Digital

viernes, 28 de septiembre de 2007

Formación de Adultos en la Fe y la Catequesis

2007-09-02
La Voz del Pastor
Formación de Adultos en la Fe y la Catequesis

Presentamos el extracto del discurso del acto inaugural de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, en Aparecida, Brasil, 13 de mayo, 2007 de Su Santidad Benedicto XVI en el #3, donde hizo referencia a la Formación de Adultos en la Fe y la Catequesis.

Ante la prioridad de la fe en Cristo y de la vida “en Él”, formulada en el título de esta V Conferencia, podría surgir también otra cuestión: Esta prioridad, ¿no podría ser acaso una fuga hacia el intimismo, hacia el individualismo religioso, un abandono de la realidad urgente de los grandes problemas económicos, sociales y políticos de América Latina y del mundo, y una fuga de la realidad hacia un mundo espiritual?

Como primer paso podemos responder a esta pregunta con otra: ¿Qué es esta “realidad”? ¿Qué es lo real? ¿Son “realidad” sólo los bienes materiales, los problemas sociales, económicos y políticos? Aquí está precisamente el gran error de las tendencias dominantes en el último siglo, error destructivo, como demuestran los resultados tanto de los sistemas marxistas como incluso de los capitalistas. Falsifican el concepto de realidad con la amputación de la realidad fundante y por esto decisiva, que es Dios. Quien excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de “realidad” y, en consecuencia, sólo puede terminar en caminos equivocados y con recetas destructivas.

La primera afirmación fundamental es, pues, la siguiente: Sólo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano. La verdad de esta tesis resulta evidente ante el fracaso de todos los sistemas que ponen a Dios entre paréntesis.

Pero surge inmediatamente otra pregunta: ¿Quién conoce a Dios? ¿Cómo podemos conocerlo? No podemos entrar aquí en un complejo debate sobre esta cuestión fundamental. Para el cristiano el núcleo de la respuesta es simple: Sólo Dios conoce a Dios, sólo su Hijo que es Dios de Dios, Dios verdadero, lo conoce. Y Él, “que está en el seno del Padre, lo ha contado” (Jn 1,18). De aquí la importancia única e insustituible de Cristo para nosotros, para la humanidad. Si no conocemos a Dios en Cristo y con Cristo, toda la realidad se convierte en un enigma indescifrable; no hay camino y, al no haber camino, no hay vida ni verdad.

Dios es la realidad fundante, no un Dios sólo pensado o hipotético, sino el Dios de rostro humano; es el Dios-con-nosotros, el Dios del amor hasta la cruz. Cuando el discípulo llega a la comprensión de este amor de Cristo “hasta el extremo”, no puede dejar de responder a este amor sino es con un amor semejante: “Te seguiré adondequiera que vayas” (Lc 9,57).

Todavía nos podemos hacer otra pregunta: ¿Qué nos da la fe en este Dios? La primera respuesta es: nos da una familia, la familia universal de Dios en la Iglesia católica. La fe nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la comunión: el encuentro con Dios es, en sí mismo y como tal, encuentro con los hermanos, un acto de convocación, de unificación, de responsabilidad hacia el otro y hacia los demás. En este sentido, la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co 8,9).

Pero antes de afrontar lo que comporta el realismo de la fe en el Dios hecho hombre, tenemos que profundizar en la pregunta: ¿Cómo conocer realmente a Cristo para poder seguirlo y vivir con él, para encontrar la vida en él y para comunicar esta vida a los demás, a la sociedad y al mundo? Ante todo, Cristo se nos da a conocer en su persona, en su vida y en su doctrina por medio de la palabra de Dios. Al iniciar la nueva etapa que la Iglesia misionera de América Latina y del Caribe se dispone a emprender, a partir de esta V Conferencia general en Aparecida, es condición indispensable el conocimiento profundo de la palabra de Dios.

Por esto, hay que educar al pueblo en la lectura y meditación de la palabra de Dios: que ella se convierta en su alimento para que, por propia experiencia, vean que las palabras de Jesús son espíritu y vida (cf. Jn 6, 63). De lo contrario, ¿cómo van a anunciar un mensaje cuyo contenido y espíritu no conocen a fondo? Hemos de fundamentar nuestro compromiso misionero y toda nuestra vida en la roca de la palabra de Dios. Para ello, animo a los pastores a esforzarse en darla a conocer.

En este campo no hay que limitarse sólo a las homilías, conferencias, cursos de Biblia o teología, sino que se ha de recurrir también a los medios de comunicación: prensa, radio y televisión, sitios de internet, foros y tantos otros sistemas para comunicar eficazmente el mensaje de Cristo a un gran número de personas.

(tomado de
www.fordham.edu).

S. S. Benedicto XVI
Obispo de Roma

Ir a Panorama Católico Edición Digital