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viernes, 26 de diciembre de 2008

Balance de 2008 con la Jornada de Sydney como eje

2008-12-28
La Voz del Pastor
Balance de 2008 con la Jornada de Sydney como eje

Publicamos parte del discurso que Benedicto XVI dirigió el lunes 22 de diciembre a los miembros de la Curia Romana y de la Gobernación de la Ciudad del Vaticano en el tradicional encuentro de intercambio de felicitaciones con motivo de la Navidad.

Señores cardenales, venerados hermanos en el episcopado y en el presbiterado, queridos hermanos y hermanas:

La Navidad del Señor está a las puertas. Cada familia siente el deseo de reunirse, para disfrutar la atmósfera única e irrepetible que esta fiesta es capaz de crear. También la familia de la Curia Romana se encuentra esta mañana, siguiendo una bella tradición, gracias a la cual tenemos la alegría de encontrarnos e intercambiarnos las felicitaciones navideñas en este particular clima espiritual. Dirijo a cada uno mi saludo cordial, lleno de reconocimiento por la apreciada colaboración prestada al sucesor de Pedro. (…)

El año que está a punto de terminar ha sido rico en miradas retrospectivas a fechas importantes de la historia reciente de la Iglesia, pero rico también en acontecimientos, que traen consigo señales de orientación para nuestro camino hacia el futuro. Hace cincuenta años moría el papa Pío XII, hace 50 años era elegido papa Juan XXIII. Han pasado cuarenta años de la publicación de la Encíclica Humanae vitae y treinta años de la muerte de su autor, el Papa Paolo VI.

El mensaje de estos acontecimientos ha sido recordado y meditado de muchas formas a lo largo del año, tanto que no quisiera detenerme nuevamente en ellos ahora.

La mirada de la memoria, sin embargo, se ha dirigido aún más atrás de los acontecimientos del siglo pasado, y precisamente así nos ha dirigido hacia el futuro: la noche del 28 de junio, en presencia del patriarca ecuménico Bartolomé I de Constantinopla y de representantes de muchas otras Iglesias y comunidades eclesiales pudimos inaugurar en la Basílica de San Pablo Extramuros el Año Paulino, en recuerdo del nacimiento del apóstol de los gentiles hace dos mil años. Pablo no es para nosotros una figura del pasado. (…)

Surgen particularmente ante los ojos tres acontecimiento específicos del año que está por concluir. Ha estado ante todo la Jornada Mundial de la Juventud en Australia, una gran fiesta de la fe, que ha reunido a más de 200.000 jóvenes de todas partes del mundo y les ha acercado no sólo externamente --en sentido geográfico-- sino, con su contagiante alegría de ser cristianos, también interiormente.

Junto a ello hubo dos viajes, uno a los Estados Unidos y otro a Francia, en los que la Iglesia se ha hecho visible ante el mundo y para el mundo como una fuerza espiritual que indica caminos de vida y, mediante el testimonio de la fe, trae la luz al mundo. Fueron días que irradiaban luminosidad, irradiaban confianza en el valor de la vida y en el empeño por el bien.

Por último, hay que recodar el Sínodo de los Obispos: pastores procedentes de todo el mundo se reunieron alrededor de la Palabra de Dios, que había sido alzada en medio de ellos; en torno a la palabra de Dios, cuya gran manifestación se encuentra en la Sagrada Escritura. (…)

Finalmente era importante experimentar que en la Iglesia hay un Pentecostés también hoy; es decir, que ésta habla en muchas lenguas, y esto no sólo en el aspecto exterior de que estén representadas en ella todas las grandes lenguas del mundo, sino aún más en su aspecto más profundo: en ella están presentes las múltiples formas de experiencia de Dios y del mundo, la riqueza de las culturas, y sólo así aparece la amplitud de la existencia humana y, a partir de ella, la amplitud de la Palabra de Dios.(…)

Los viajes pastorales de este año han hecho referencia a la presencia de la Palabra de Dios, a Dios mismo en el actual momento de la historia: su verdadero sentido sólo puede ser el de servir a esta presencia. En estas ocasiones la Iglesia se hace perceptible públicamente, con ella la fe, y por ello, al menos, la pregunta sobre Dios.

Esta manifestación en público de la fe llama en causa a todos aquellos que intentan entender el tiempo presente y las fuerzas que actúan en él. Especialmente el fenómeno de las Jornadas Mundiales de la Juventud se convierte cada vez más en un objeto de análisis, en el que se intenta entender esta especie, por así decirlo, de cultura juvenil. Australia nunca había visto tanta gente de todos los continentes como en la Jornada Mundial de la Juventud, ni siquiera durante las Olimpiadas. (…)

El espíritu misionero de la Iglesia no es más que el impulso por comunicar la alegría que se nos ha dado. Que siempre esté viva en nosotros y, después, que se irradie en el mundo en sus tribulaciones: este es mi auspicio para finales de este año. Junto con un sentido agradecimiento por todas vuestras fatigas y obras, os deseo a todos que esta alegría, que se deriva de Dios, se nos dé abundantemente también en el Año Nuevo.

Confío estos deseos a la intercesión de la Virgen María, Mater divinae gratiae, pidiéndola poder vivir las festividades navideñas en la alegría y en la paz del Señor. Con estos sentimientos, os imparto de corazón a todos vosotros y a la gran familia de la Curia Romana la bendición apostólica.

S. S. Benedicto XVI
Obispo de Roma

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miércoles, 16 de julio de 2008

Toda la Iglesia a “sentirse partícipe” de la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney

2008-07-13
La Voz del Pastor
Toda la Iglesia a “sentirse partícipe” de la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney

Ofrecemos a continuación el discurso que el Papa dirigió hoy a los peregrinos congregados en el Patio interior del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo para el rezo del Ángelus:

Queridos hermanos y hermanas, quisiera ante todo dirigir un afectuoso y grato saludo a las autoridades y a la entera comunidad civil y eclesial de Castel Gandolfo, que me reservan siempre durante mi estancia, una cordial y atenta acogida. Mi pensamiento va ya a Australia adonde, si Dios quiere, viajaré el próximo sábado, 12 de julio. En Sydney, de hecho, en el sureste de este país tendrá lugar la XXIII Jornada Mundial de la Juventud.

En los meses pasados la “Cruz de los jóvenes” ha atravesado toda Oceanía, y en Sydney una vez más será testigo silenciosa del pacto de alianza entre el Señor Jesucristo y las nuevas generaciones. El 15 de julio está prevista la fiesta de acogida de los jóvenes, el sábado 19 tendrá lugar la gran vigilia y el domingo 20 la Celebración eucarística, momento culminante y concluyente del acontecimiento.

La Conferencia Episcopal Australiana ha predispuesto con cuidado cada cosa, en todo momento sostenida por la colaboración de las autoridades civiles. Los primeros grupos de chicos y chicas ya están partiendo desde otros continentes hacia Australia. Invito a toda la Iglesia a sentirse partícipe de esta nueva etapa de la gran peregrinación de los jóvenes a través del mundo, iniciado en 1985 por el Siervo de Dios Juan Pablo II.

La próxima Jornada Mundial de la Juventud se anuncia como un renovado Pentecostés: en efecto, ya desde hace un año las comunidades cristianas se preparan siguiendo el camino que indiqué en el Mensaje con el lema “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros y seréis mis testigos” (Hch 1, 8). Es la promesa que Jesús hizo a sus discípulos después de la resurrección, y que permanece siempre válida y actual en la Iglesia: el Espíritu Santo, esperado y acogido en la oración, infunde en los creyentes la capacidad de ser testigos de Jesús y de su Evangelio. Soplando en la vela de la Iglesia, el Espíritu divino la empuja a “remar mar adentro” siempre de nuevo, de generación en generación, para llevar a todos la buena noticia del amor de Dios, revelado plenamente en Cristo Jesús, muerto y resucitado por nosotros. Estoy seguro de que desde todos los extremos de la tierra los católicos se unirán a mí y a los jóvenes reunidos, como en un Cenáculo, en Sydney invocando intensamente al Espíritu Santo, para que inunde los corazones de luz interior, de amor a Dios y a los hermanos, de valiente iniciativa para introducir el eterno mensaje de Jesús en la diversidad de lenguas y culturas.

Junto a la Cruz, el icono de la Virgen María acompaña las Jornadas Mundiales de la Juventud. A su maternal protección confiamos este viaje a Australia y el encuentro de los jóvenes en Sydney. Además, en este primer domingo de julio, deseo invocar la intercesión de María a fin de que el periodo veraniego pueda ofrecer a todos la ocasión de un tiempo de reposo y de recarga física y espiritual.

Saludo con afecto a los niños y a sus acompañantes que participan en el “Festival Internacional de los Niños Artistas 2008”, organizado por la "Soong Ching Ling Foundation of Italy". Amor, concordia, armonía y solidaridad son los valores que vosotros queréis promover en China y en los demás países del mundo. El arte y la cultura pueden unir a los pueblos: los niños representan el futuro de la familia humana y son, por tanto, llamados a título pleno a construir un mundo más bello y más humano. Vuestra presencia me permite enviar un augurio de paz y alegría a todos vuestros coetáneos en China y en el mundo.

En este domingo, os invito a dar gracias a Dios Padre, que ha escondido los misterios del Reino a los sabios y entendidos de este mundo, y a pedirle que nos conceda identificarnos cada día con los sentimientos de su Hijo Jesucristo, manso y humilde de corazón.

S.S. Benedicto XVI
Obispo de Roma

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lunes, 16 de julio de 2007

Jóvenes en preparación de la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney 2008

2007-07-15
La Voz del Pastor
Jóvenes en preparación de la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney 2008

(ZENIT.org).- Publicamos las palabras que dirigió en inglés S.S. Benedicto XVI al final de la audiencia general del miércoles 4 de julio cuando falta un año para la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney (Australia).

Queridos jóvenes:

¡Dentro de un año nos encontraremos con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud en Sydney! Quiero alentaros a prepararos bien para esta maravillosa celebración de fe, que tendrá lugar en compañía de vuestros obispos, sacerdotes, religiosos, líderes juveniles, y de todos vosotros. ¡Entrad de lleno en la vida de vuestras parroquias y participad con entusiasmo en vuestros eventos diocesanos! De esta manera os prepararéis espiritualmente para experimentar nuevas profundidades de comprensión de todo aquello en lo que creemos, cuando nos reunamos en Sydney en julio próximo.

«Recibiréis fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos hasta los confines de la tierra» (Hechos 1, 8). Como sabéis, estas palabras de Jesús constituyen el tema de la Jornada Mundial de la Juventud 2008. Sólo podemos imaginar cómo se sintieron los apóstoles cuando escucharon estas palabras, pero su confusión fue suavizada por un sentimiento de sobrecogimiento y de impaciente espera en la venida del Espíritu. Unidos en oración con María y con los demás reunidos en el Cenáculo (Cf. Hechos 1, 14), experimentaron el auténtico poder del Espíritu, cuya presencia transforma la incertidumbre, el miedo y la división en propósito, esperanza y comunión.

El sentido de sobrecogimiento e impaciente espera describe también la manera en que nos sentimos al preparar el encuentro en Sydney. Para muchos de nosotros, será un largo viaje. Australia y su pueblo evocan imágenes de cálida bienvenida y de belleza maravillosa, de una historia antigua aborigen y de una multitud de vibrantes ciudades y comunidades. Sé que tanto las autoridades eclesiales como las gubernamentales, junto a numerosos jóvenes australianos, están trabajando mucho para que todos vivamos una experiencia excepcional. Les doy las gracias de todo corazón.

La Jornada Mundial es mucho más que un evento. Es un momento de profunda renovación espiritual, cuyos frutos benefician a toda la sociedad. Los jóvenes peregrinos quieren rezar, alimentarse con la Palabra y el Sacramento, ser transformados por el Espíritu Santo, que ilumina el esplendor del espíritu humano y muestra el camino para ser «expresión e instrumento del amor que proviene de Cristo» («Deus Caritas Est», 33).

Este amor, el amor de Cristo, es lo que el mundo anhela. Por este motivo, estáis llamados a «ser sus testigos». Algunos de vosotros tenéis amigos con pocos objetivos reales en su vida, quizá atrapados en una búsqueda vana de experiencias nuevas sin fin. ¡Traedles también a la Jornada Mundial de la Juventud! De hecho, he visto que contra la corriente del secularismo, muchos jóvenes están volviendo a descubrir la satisfactoria búsqueda de la auténtica belleza, bondad y verdad. Con vuestro testimonio, les ayudaréis en la búsqueda del Espíritu de Dios. ¡Sed valientes para dar este testimonio! Tratad de difundir la luz de Cristo, que guía y da sentido a la vida, haciendo que la alegría y la felicidad estén al alcance de todos.

Queridos jóvenes, hasta que no nos veamos en Sydney, que el Señor os proteja a todos. Encomendemos esta preparación a Nuestra Señora de la Cruz del Sur, Auxilio de los Cristianos. Con ella, recemos: «Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor».

S.S. Benedicto XVI
Vicario de Cristo

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