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viernes, 28 de noviembre de 2008

Solidaridad fraterna

2008-11-30
Editorial
Solidaridad fraterna

Los desastres naturales ocurridos en las provincias de Bocas del Toro y Chiriquí conmueven por la cantidad de personas pobres que han perdido sus posesiones, y que quedan en la más absoluta ruina. Para ellos, en este momento, el socorro de sus compatriotas es la única forma de mitigar la pérdida sufrida.

Duele, aún más, la muerte de aquellos que las corrientes y las ríadas arrancaron del lado de sus familiares. Su sitio quedará vacío, sin que pueda ser llenado por alguien más. Un bien perdido se repone; una vida, no. Por eso es importante, también, la asistencia a los que han quedado desprovistos del familiar que era responsable por su sustento; y esto va más allá de la asistencia momentánea que sucede a toda tragedia.

Como cristianos, igualmente, debemos ver toda esta situación desde la perspectiva del amor. Nuestra solidaridad, más que un gesto humanitario, debe surgir de la fraternidad; es decir: mirar al prójimo como a un hermano; un hermano en la fe y un hermano en la humanidad que compartimos, en la patria que nos acoge, y en la sociedad que nos encultura.

Que esta conmovedora actualidad nos mueva, también, a ser solidarios en otros aspectos como deponer la violencia, el gesto amenazante, el individualismo, y todo aquello que nos lleva a alejarnos del otro, a odiarlo, o a desearle el mal. Nos hace falta el amor que nos hermane, para construir un mundo más humano; y sólo con la conversión personal podremos lograr el cambio hacia una sociedad más justa y fraterna.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Agua y lodo

2008-11-30
El Ojo del Profeta
Agua y lodo

Las inundaciones y deslaves que han golpeado a los pobladores de Bocas del Toro y Chiriquí pone en evidencia cuán vulnerable son esas áreas; algunas sólo en lo geográfico, otras en lo social y económico. Los más afectados, más allá del daño material inmediato, son los pobres que no tienen los medios para resarcirse prontamente de las consecuencias de la tragedia.

A lo largo de nuestra historia republicana hemos visto situaciones parecidas, sin que hasta el momento tengamos un plan eficaz para estos eventos. Nuestro actuar depende más de la reacción, que de la previsión; más de la solidaridad popular, que de la planificación estatal.

Con las consecuencias del cambio climático, estos fenómenos naturales se hacen más frecuentes y perjudiciales, porque es nuestro descuido el que trastoca la naturaleza de una manera agresiva. Que la actual situación nos mueva, de manera decidida, a enmendar lo que hacemos mal y a dispensar el cuidado de prevención y socorro que tanta falta nos hace en esta hora.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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