viernes, 23 de noviembre de 2007

Día Mundial del VIH/SIDA

2007-11-25
La Voz del Pastor
Día Mundial del VIH/SIDA

Cercano ya el tiempo de Adviento, iniciamos nuestro tiempo de espera. Por eso al conmemorar el Día Mundial del SIDA (1ro de diciembre), - elegido éste en que fue diagnosticado el primer caso de SIDA en 1981. - hemos de sentirnos unidos a todas las personas del mundo que están en espera de una vacuna, una cura, una palabra de ánimo y una distribución juiciosa de medicina y del cuidado de la salud.

Desde que se dio el primer caso, el SIDA ha matado más de 25 millones de personas en todo el mundo, haciéndola una de las epidemias más destructivas de la historia. A pesar de que existe un mayor acceso y se ha mejorado el tratamiento antiretroviral y el cuidado en muchas regiones del mundo, la epidemia costó aproximadamente 3,1 millones (entre 2,8 y 3,6 millones) de vidas en el 2005, de las cuales, más de medio millón (570.000) eran niños.

En los rostros de las personas con VIH y SIDA, hemos de ver el rostro de Cristo, pues el dolor, las ansiedades y el sufrimiento de las personas que viven con VIH/SIDA, las preocupaciones y las inquietudes de sus familias y amistades: estas incertidumbres y temores pertenecen también al Cuerpo de Cristo.

Esta celebración nos da la oportunidad en primer lugar el que reconozcamos nuestras limitaciones para asumirla; sin embargo, no podemos dejar de sentirnos fuertemente interpelados frente a este gran desafío pastoral que nos urge a hacer uso de la “fantasía de la caridad” para evitar que el SIDA siga cobrando mayor número de víctimas.

La Iglesia, continuadora de esta misión de amor, hace llegar su solidaridad y acompañamiento a todos nuestros hermanos que sufren esta enfermedad y a sus familiares. Pero también, es nuestro deseo invitar a toda la sociedad a reflexionar dónde se encuentra la raíz de todo el problema.

El SIDA es un problema social puesto que aflige a los jóvenes, especialmente a los de edad comprendida entre los 20 y 40 años, hombres y mujeres.

El SIDA es un problema económico porque los más afectados componen la población económicamente activa, que son obligados a ausentarse del trabajo por la enfermedad, generando en el núcleo familiar una situación económica muy precaria.

El SIDA es un problema pastoral, ético y moral, por lo que implica fuertemente a la Iglesia, a los Pastores, a los religiosos, religiosas y a todos los cristianos en general. Por lo tanto, nos encontramos frente a:

Un cambio radical en la estructura familiar por el creciente número de “dependientes” padre y/o madre, quienes deberían proveer las necesidades de sus hijos, porque pierden sus trabajos.

Un creciente número de huérfanos y de niños infectados.

Un creciente número de inhábiles o personas con capacidades productivas limitadas.

Una creciente demanda sanitaria para el diagnóstico, tratamiento y cura de los enfermos de SIDA.

Por eso la solidaridad ha de ser la verdadera arma de prevención. Solidaridad, que no es sólo un profundo deber moral, sino también una objetiva necesidad para contrarrestar la difusión del SIDA tanto con el enfermo como con la familia. Esto nos ha de llevar a la vivencia de una sexualidad responsable.

La familia contribuye, junto con otros factores, a hacer que los jóvenes desarrollen su responsabilidad, a fin de hacerse miembros creadores, productivos y responsables de la sociedad. Una familia cristiana produce personas con temor de Dios y fieles miembros de la Iglesia.

La Pastoral de VIH/SIDA es una Pastoral de la Esperanza que no consiste en hacer creer al enfermo que, a pesar de todo, es posible una curación; o en decirle que este servicio pastoral es un gran “remedio prodigioso”; ni minimizar su situación actual ni prometerle sólo la salvación fuera de la muerte. Los enfermos de SIDA, tienen una necesidad imprescindible de verdad y claridad. Por eso han de encontrar en nosotros a personas sinceras y honestas con quien hablar de la realidad que tanto los humilla y que no nos limitemos a una simple consolación de poco valor. Necesitan conocer al Jesús misericordioso que los ama y acompaña con su gracia y su fuerza, por medio de su palabra y de los sacramentos.

El acompañar no es tarea fácil. La persona con VIH/SIDA necesita un fiel acompañante ante la resignación, la angustia, la depresión y el miedo a la muerte. Reconocemos la complejidad de este trabajo pastoral y de las múltiples dificultades que encontraremos en relación a la Pastoral de SIDA.

Animamos a los agentes pastorales que vienen trabajando a favor de los enfermos del VIH/SIDA y a las Organizaciones de la Sociedad Civil que desarrollan sus actividades a favor de la prevención y sensibilización de esta problemática, desde la perspectiva cristiana de respeto a la dignidad de la persona humana, para que sigan siendo los 'buenos samaritanos' y los 'apóstoles de la misericordia'.

Mons José Domingo Ulloa, o.s.a.
Obispo Auxiliar

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Luis Herrera Campins

2007-11-25
A tiro de piedra
Luis Herrera Campins

Hace un par de semanas se informó de la muerte del expresidente venezolano Luis Herrera Campins, político de fuerte vocación democrática, a quien los panameños le estamos agradecidos por su contribución diplomática para recuperar la democracia en nuestro país.

Mi experiencia con el presidente Herrera Campins se circunscribe a dos ocasiones: la primera como periodista en una rueda de prensa que ofreció cuando él ejercía la presidencia de su país. La segunda, ya como ex mandatario, cuando estuvo atento a mi regreso de Caracas, después de anuladas las elecciones en mayo de 1989 aquí en Panamá.

Yo había viajado a Venezuela el mismo día que Guillermo Endara, Ricardo Arias Calderón, y Guillermo Ford fueron atacados por los Batallones de la Dignidad de Manuel Antonio Noriega, en la Plaza de Santa Ana. Recuerdo que era el día de mi cumpleaños, y en vez de quedarme junto a los míos, decidí aceptar un ofrecimiento de la Federación Latinoamérica de Trabajadores de la Prensa (FELATRAP), para denunciar la violación de los derechos humanos en nuestro país.

Aquel día, desde Santa Ana y con equipaje en mano, logré evadir el cerco que se había impuesto en muchas partes de la ciudad. El último obstáculo fue en el cruce donde estaba la estatua de Roosevelt, a la entrada de San Miguelito, donde el Batallón 2000 empezaba a bloquear el paso. Crucé en medio de ellos, con la ayuda de Dios, y finalmente llegué al aeropuerto. Logré subir al avión y partir. Ya había salido; me esperaba la odisea del regreso.

Una vez en Caracas me reuní con algunos contactos del Congreso Venezolano, con los exiliados panameños, y con dirigentes de la prensa. Muchas entrevistas, reuniones con activistas continentales de los derechos humanos, y las declaraciones que circulaban por el mundo. Volver a Panamá sería el itinerario de un hombre marcado, y “sedicioso” por añadidura.

Luis Herrera Campins, al enterarse de mi situación, me ofreció su ayuda, ya que viajaba en el mismo vuelo para Panamá. Uno de sus asistentes me vigilaría a distancia, para saber si me tomaban preso o salía ileso del aeropuerto. Planeamos una estrategia durante el trayecto a Panamá, y la seguimos al pie de la letra. Después de pasar el control de migración, seguimos con la segunda parte del plan. En el área de las tiendas, se me acerca un funcionario de migración. Un poco de sospecha, por su actitud. Brevemente me dijo: soy hermano de la hermana Margarita; el padre Guardia lo espera afuera. Un poco de alivio. Sólo faltaba el control de aduanas, que pude pasar después de un instante de alegato, porque llevaba un equipaje ligero. Salí de allí, y afuera me esperaba el padre Guardia con el secretario de la Nunciatura, y otros compañeros de la Curia. A lo lejos el presidente Campins dejaba el aeropuerto en automóvil. Nunca más lo volví a ver, pero le estuve eternamente agradecido.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Por amor al prójimo

2007-11-25
Editorial
Por amor al prójimo

El amor al prójimo implica sacrificar algo de nosotros para entregarlo al otro. La relación gobierno y médicos; médicos y pacientes, debe, y puede, enmarcarse dentro de este pensamiento. Cada quien cederá una parte, para tender puentes hacia los demás.

La huelga médica, aunque legítima en su fondo, no alcanzará su justa dimensión, mientras queden sin atención miles de pacientes que esperan por ese servicio. Y no se trata aquí de culpar al gremio médico o al gobierno, porque cada parte sabe cuál es su deber con respecto a la población que necesita de la atención médica. Queremos, más bien, clamar por aquellos que sufren por la falta de los servicios de salud.

Resolver todos los problemas que se dan en el sistema de salud pública requiere, como ya suponemos que se acordó en la concertación de la mesa de salud, un plan y un programa dirigidos a alcanzar ese objetivo. Necesitamos un sistema de salud que brinde atención expedita, accesible, y de calidad; con funcionarios, personal de salud, médicos y especialistas remunerados justamente y en número suficiente para atender las áreas, regiones, y turnos que se precisen.

Esperanza tenemos que, al superarse esta huelga, las partes estén conformes con el acuerdo logrado, y que se aboquen, sin dilación y mancomunadamente, a resolver la mora que se ha ocasionado en la atención a la población que, en todo este tiempo, ha sido privada del servicio de salud que humanamente merece.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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El riesgo del progreso

2007-11-25
El Ojo del Profeta
El riesgo del progreso

Toda inversión que genere empleos y riqueza es apetecible, especialmente por el progreso que representa para el país. Pero, no todas las veces la inversión está a la par del riesgo que corremos de perder otros recursos, y de exponernos a un daño con magnitud de catástrofe.

El proyecto para construir un centro de acopio y trasiego de hidrocarburos, desde Colón hasta Panamá, con una plataforma entre la isla de Taboga y tierra firme, junto a la entrada del Canal de Panamá en el Pacífico, supone un riesgo ambiental y ecológico muy grande. No solo se verá afectado el paisaje, con la plataforma que se adentrará al mar, sino que trastocará la vida de cientos de pescadores artesanales, pondrá en peligro su subsistencia, y afectará en el presente y el futuro la actividad turística que se concentra y crece en la zona.

Frente a la situación, conviene que las autoridades piensen y calculen si vale la pena esa inversión, en modo y lugar, y si en el camino traerá bienestar o no en cuanto a su sustentabilidad y sostenibilidad. Eso indica la prudencia y ayudará a obrar con sabiduría.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 20 de noviembre de 2007

El sentido de la pertenencia a la Iglesia

2007-11-18
La Voz del Pastor
El sentido de la pertenencia a la Iglesia

Una de nuestras riquezas es sentirnos miembros de la Iglesia. Sin embargo, son muchos los que desconocen esta grandeza. Es frecuente escuchar la expresión “en todas las Iglesias nos hablan de Dios” por lo tanto, todas son iguales.

Es triste ver como por desconocimiento de las verdades de fe y por no vivir una fe que impregne la vida de los católicos fácilmente se van tras quien con mentiras y medias verdades les engañan.

Jesucristo funda la Iglesia con el anuncio de la Buena Nueva, reuniendo entre sus discípulos, gente sencilla del pueblo de Israel, pero que aceptaron el mensaje de salvación sin dificultad. Pero la Iglesia ha nacido principalmente del don de Cristo en la Cruz.

Sólo a través de una fe madura, se puede conocer y amar a la Iglesia. El sentido de pertenencia es una gracia. No podemos ser ajenos a la Iglesia y a sus necesidades. Es necesario vivir conscientes de que formamos parte de este nuevo pueblo de Dios y que Dios es quien guía a la Iglesia.

Cristo es la cabeza de la Iglesia, la adquirió con su muerte en la cruz. Su ley es el mandamiento del amor, su misión es ser sal y luz del mundo. Su identidad, la dignidad y libertad de los hijos de Dios. Su destino el Reino de Dios. Se llega a ser miembro de este pueblo no por nacimiento sino por el bautismo del agua y del espíritu.

La Iglesia pueblo de Dios participa de la triple función de Cristo que es “sacerdote, profeta y rey”. La Iglesia es así un pueblo sacerdotal, consagrado a Dios por el bautismo. Es el pueblo de profetas que se adhiere a la fe y se convierte en sentido, en testigos de Cristo en el mundo, y es un pueblo de reyes que ejerce la realeza a imagen de Cristo que se ha hecho servidor de todos.

Una de nuestras obligaciones está en conocer nuestras doctrinas cristianas. Mientras no conozcamos las enseñanzas de la Iglesia fácilmente somos presa de aquellos que critican y confunden. Son muchos los que atacan a la Iglesia y muchos los que se dejan confundir.

Esta experiencia de Iglesia es necesaria vivirla en nuestra comunidad cristiana, la misma se vive en la parroquia, en pequeñas comunidades o grupos eclesiales. De allí entonces la importancia de los movimientos dentro de la Iglesia que no tienen otra misión que ayudar a vivir la vida de Dios en nosotros.

Nosotros debemos comprometernos a amar a la Iglesia. A través de la historia de la Iglesia los hombres y mujeres fieles a ella la han amado con pasión y hoy somos nosotros los llamados a amar, defender y vivir en plenitud la vida de la Iglesia. “Ha llegado la hora de amar a la Iglesia con un corazón fuerte y nuevo… He aquí el deber de la hora presente. Amarla significa estimarla y ser fieles de pertenecer a ella; ser valientemente fieles; significa obedecerla y servirla, ayudarla con sacrificio y gozo en su ardua misión” (Pablo VI).

Mons Audilio Aguilar Aguilar
Obispo de Colón - Kuna Yala

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Poeta, músico y loco

2007-11-18
A tiro de piedra
Poeta, músico y loco

Reza un refrán muy popular que de poeta, músico y loco todos tenemos un poco, cuando afloran desde los más profundos sentimientos los versos que plasman en un poema o en una canción las emociones o el amor que llevamos dentro. Igual ocurre cuando demostramos alguna conducta extraña, producto de la euforia o la alegría de un momento, que nos hace actuar de locos, aunque de una manera no manicomiable.

Una experiencia de ese tipo tuve yo cuando, en mi adolescencia, me picó el gusanillo de ser músico. Convencí a unos compañeros, y organizamos un conjunto con instrumentos prestados. Allá, por los lados de Río Abajo, nos reuníamos a darle rienda suelta a nuestra locura juvenil, en los bajos de la casa de uno de los miembros del grupo. Con más entusiasmo que maestría, nos abocamos a emprender esa aventura con el nombre de "Los Dramáticos"; aunque más bien creo que el drama estaba en nuestra pretensión de estrellas del mundo musical.

Recuerdo lo contentos que nos pusimos cuando el bueno de Yoni Manzzo, un periodista de farándula, mencionó el nombre de nuestro grupo en "Lo que vio el búho", una sección de chismes en la página de espectáculos que él escribía para La Estrella de Panamá. Para pesar del búho, no pasamos de las prácticas, y la aventura se saldó con varios instrumentos rotos; entre ellos la tumbadora de un tío mío, que regresó sin cuero y con sus dos hoyos tan abiertos como mis ojos cuando contemplé ese espectáculo, después que me la devolviera el que se ofreció para afinarla pasándola por el fuego.

Viene esta experiencia a mi memoria, al acercarse el día de santa Cecilia, patrona de los músicos. Pienso en nuestro antiguo Conservatorio Nacional, hoy elevado a Instituto Nacional de Música, que está escaso de fondos y huérfano de un sitio adecuado en el que se formen los músicos del patio. El vetusto y venerable edificio que ocupara en el Casco Antiguo, está allí como esperando que vuelva de su exilio en el área revertida, en donde creo que está ahora. ¿Cuántos sueños, como los que tuve con mis amigos, podrían cumplirse si prestáramos atención a esa casa de la música? Muchos, sin duda. Sólo basta que alguien se ocupe seriamente del asunto.

El Instituto Nacional de Música, a mi modo de ver, debería encargarse de regentar una serie de conservatorios (nombre más apropiado) a lo largo del país, en el que la niñez y la juventud desarrolle su talento musical, sin excluir a los adultos. Dotado con presupuesto y personal calificado, le brindaría un aporte invaluable al país en el arte de la música y en la práctica de una actividad sana y edificante.

De mi grupo aquel, sólo uno continuó la música, y hoy vive de eso en Europa. El resto, de vez en cuando nos reunimos para soltar ese poco de músico y loco que todavía nos queda, y recordamos con gratitud a aquellos que, en aquel momento, nos siguieron la corriente y alentaron en nuestra aventura juvenil; principalmente los maestros Luis Vásquez, Mary Jean Wright, y Manolo Choy.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Salud de cuerpo y alma

2007-11-18
Editorial
Salud de cuerpo y alma

Una sociedad saludable es aquella que goza de una buena calidad de vida moral y material, porque su desarrollo y progreso pueden medirse no solamente en el bienestar económico de su población, sino en la gobernabilidad, la paz social, y la resolución civilizada de los conflictos; y todo esto se comprueba en sus bajos niveles de corrupción, criminalidad, y marginación.

En Panamá hablamos, al mismo tiempo, de progreso y atraso; de riqueza y pobreza; de inclusión y marginación; y de mucho bienestar para unos, y poco o nada para otros. Esta disparidad, en un país que tiene suficientes recursos para los pocos habitantes que posee, obedece más a la fragilidad de sus valores que a la escasez de su riqueza material.

La coyuntura actual que pone sobre el tapete el tema del sistema público de servicios médicos que atiende la salud corporal de la población, también debe ser aprovechada para hacer un diagnóstico del estado de salud del alma de la sociedad panameña.

Necesitamos hombres y mujeres que tengan un profundo sentido de la moral, la honestidad, el civismo, la laboriosidad, la solidaridad, y el aprecio por los particulares valores que inspiraron a los constructores de nuestra nación. Necesitamos hombres y mujeres temerosos de Dios, que sepan hacer vida su palabra y transmitir sus enseñanzas a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Si nos esforzamos en esta empresa, tendremos una sociedad con alma saludable, que tendrá en alta estima la humanidad que ahora, en muchos aspectos, nos hace falta.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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