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viernes, 23 de noviembre de 2007

Por amor al prójimo

2007-11-25
Editorial
Por amor al prójimo

El amor al prójimo implica sacrificar algo de nosotros para entregarlo al otro. La relación gobierno y médicos; médicos y pacientes, debe, y puede, enmarcarse dentro de este pensamiento. Cada quien cederá una parte, para tender puentes hacia los demás.

La huelga médica, aunque legítima en su fondo, no alcanzará su justa dimensión, mientras queden sin atención miles de pacientes que esperan por ese servicio. Y no se trata aquí de culpar al gremio médico o al gobierno, porque cada parte sabe cuál es su deber con respecto a la población que necesita de la atención médica. Queremos, más bien, clamar por aquellos que sufren por la falta de los servicios de salud.

Resolver todos los problemas que se dan en el sistema de salud pública requiere, como ya suponemos que se acordó en la concertación de la mesa de salud, un plan y un programa dirigidos a alcanzar ese objetivo. Necesitamos un sistema de salud que brinde atención expedita, accesible, y de calidad; con funcionarios, personal de salud, médicos y especialistas remunerados justamente y en número suficiente para atender las áreas, regiones, y turnos que se precisen.

Esperanza tenemos que, al superarse esta huelga, las partes estén conformes con el acuerdo logrado, y que se aboquen, sin dilación y mancomunadamente, a resolver la mora que se ha ocasionado en la atención a la población que, en todo este tiempo, ha sido privada del servicio de salud que humanamente merece.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 12 de noviembre de 2007

Las otras víctimas

2007-11-11
A tiro de piedra
Las otras víctimas

Cada vez que un grupo decide protestar o reclamar en pro de sus derechos, en nuestra patria del siglo veintiuno, por lo general afecta a otras personas que ninguna responsabilidad tienen en cuanto a los derechos vulnerados. Cierre de calles, suspensión de servicios públicos, paros magisteriales y médicos, protestas de estudiantes y de obreros son, entre otras, las causas del malestar social que siente la población, al contemplar impotente como le hacen pagar la culpa de otros.

Al parecer no nos damos cuenta de la degradación moral y la deshumanización que sufrimos, cuando, por lograr nuestro propósito, no nos importa con el bien ajeno. Sin quererlo, nos dejamos arrastrar por la corriente del individualismo y el yo primero, por encima de quién y lo que sea. Somos fieles practicantes de la doctrina que justifica los medios por el fin. Es una mentalidad utilitarista que nos hace indolentes ante el sufrimiento de los demás.

Es doloroso ver a hombres y mujeres que cierran una carretera o una calle, colocando a sus hijos e hijas pequeños como escudo frente a la inminente acción de la policía. Da coraje ver a los dueños de buses dejar sin transporte a decenas de miles de niños, adultos y ancianos, que pierden su día de trabajo, sus clases, sus citas médicas, o cualquier otra diligencia importante, porque quieren conseguir algo del gobierno. Da pena contemplar cómo miles de enfermos dejan de ser atendidos por un paro médico que los perjudica, sin que ellos sean la causa del reclamo. Da tristeza observar cómo cientos de miles de alumnos pierden las clases, y ven mermado su aprendizaje, porque los educadores se van a paro. Indigna sentir la amenaza de gremios obreros que impiden el tráfico a pedrada y palo, por un reclamo que le es ajeno al resto.

No entiendo cómo puede una maestra o un docente mirar de frente a los alumnos que afectó con su paro. No comprendo cómo un médico puede darle la cara al paciente que dejó de atender, y que ahora regresa empeorado de salud. No me cabe en la cabeza cómo un padre o una madre pueden consolar a sus hijos, después de los efectos de los gases lacrimógenos que usó la policía para despejar la vía que los primeros bloquearon. No alcanzo a explicarme cómo pueden los buseros pedirle a los pasajeros que se corran para atrás, cuando los dejaron plantados en las paradas. Ni realizo, tampoco, cómo un obrero o un miembro de una organización popular universitaria lucha contra el alto costo de la vida, cuando atenta contra el trabajo, el sustento, la transportación, y la salud de la población pobre que sufre las consecuencias de sus actos violentos.

Esas otras víctimas, resultantes del daño colateral, sufren más los efectos de las protestas y los paros. Y, en aras de la justicia que tanto pregonamos, bien valdría la pena pensar en ellas la próxima vez que se proteste o se declare una huelga.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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La vida y la salud primero

2007-11-11
Editorial
La vida y la salud primero

La huelga declarada por los médicos recientemente tiene como fundamento el reclamo salarial, o al menos ese es el punto más mencionado. Si se les ha faltado en hacerle el ajuste de sueldo a la par que a otros trabajadores de la salud, razón tienen en su reclamo, y es justo darle respuesta a su petición, porque quien trabaja merece el pago de su salario conforme a la función que ejerce, a la formación que tiene, y a la equiparación con el resto de los funcionarios.

Sin embargo, consideramos que ningún reclamo reivindicativo prima sobre la vida y la salud de la población, como es el caso de la suspensión de los servicios de salud a la mayoría de los pacientes. Muchos de ellos, incluso, han tenido que esperar semanas o meses para obtener una cita médica, y ahora se le prolongará su espera.

El daño que se inflige a los miles de pacientes desatendidos, la mayoría sin recursos para acudir a la consulta privada, es incuantificable. ¿Cuántas enfermedades podrían agravarse? ¿Cuántas dolencias empeorar? Un sueldo siempre es recuperable; el daño a la salud, irresarcible.

Ojalá que al salir este editorial, la huelga haya finalizado. Lo deseamos de todo corazón. Igual esperamos que nunca más se perjudique a la población, por causa de un reclamo salarial, o un aumento en el precio de algún bien o servicio. A eso aspiramos, por mera humanidad.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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A cada quien lo justo

2007-11-11
El Ojo del Profeta
A cada quien lo justo

El obrero merece su salario y no está bien retenérselo, según lo dicen las Sagradas Escrituras, y debe realizar su trabajo como si trabajara para el Señor. Desde los profetas hasta los discípulos de Jesús, este pensamiento ha formado parte de la doctrina social judeo-cristiana. No se le regatea al trabajador su merecido sueldo, ni se le exime de velar por su propio bienestar y el de su prójimo.

La huelga médica local, aparte del reclamo salarial, implica, también, el aspecto moral que contrapone al dinero y a la salud. Reclamar el salario merecido está bien, y es justo hacerlo; pero también es de justicia que se dé el servicio de salud a la población. Una y otra cosa merecen ser tratadas en su justa medida.

Si nos atenemos al principio evangélico de amar al prójimo como nos amamos nosotros mismos, y de hacerle al otro lo que nos gustaría que nos hicieran, podremos comprender lo que significa regatear un salario y privar de la atención médica al pueblo. El que tenga ojos y oídos, que vea y oiga.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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