martes, 27 de mayo de 2008

Cuerpo y Sangre de Cristo

2008-05-25
Editorial
Cuerpo y Sangre de Cristo

La Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo que celebramos este domingo es una antigua tradición de la Iglesia que nos invita, en nuestro hoy, a la comunión activa como ejercicio de nuestra fe, tanto en el sacramento eucarístico como en la vivencia que nos hermana en la comunidad eclesial.

Cristo en la Eucaristía, se hace verdadera carne y verdadera sangre, para alimentarnos en cuerpo y espíritu. Recibir la sagrada comunión de manera constante, debe ser el anhelo de todo cristiano. El banquete eucarístico tiene que constituirse en cosa común al participar en cada misa, tomando la previsión de estar debidamente preparado para ello como lo manda la Santa Madre Iglesia.

El que por descuido o dejación deja de comulgar, en triste sendero anda. Quien, por el contrario, está siempre preocupado por recibir el sacramento de la Eucaristía, en correcta disposición espiritual, gana en gracia y bendición. De cada quien depende si desea ganar su vida para perderla, o, si arriesgarse a perderla para salvarla.

Sin duda, nos jugamos la Vida Eterna al tomar a la ligera el hecho de recibir a Cristo hecho Eucaristía. Su Cuerpo y su Sangre nos hacen uno con El y en El; tomemos la determinación de reconciliarnos con él en cada oportunidad de recibirlo en la sagrada comunión, y de adentrarnos en el conocimiento de ese Misterio que, por la Transustanciación, se hacen verdadera comida y verdadera bebida en la consagración de las especies de pan y vino.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Ahorro de Energía

2008-05-25
El Ojo del Profeta
Ahorro de Energía

La generación de energía eléctrica es una actividad estratégica para el país, que reclama constante fiscalización y evaluación. En esta materia se entremezclan criterios políticos, económicos, sociales y ambientales, que deben guardar un perfecto equilibrio entre sí.

Garantizar el suministro de electricidad a la población exige, al menos, que la fuente energética sea abundante y que el abastecimiento eléctrico sea barato y ambientalmente aceptable. Hacerlo de otra manera sería transgredir el orden ético y el principio de la buena política, que confía al estado la tarea de velar por el bienestar común y de satisfacer las necesidades de su población.

Con la reciente experiencia de escasez de electricidad, al verse afectada la capacidad de producción de las hidroeléctricas y superado el límite de generación de las plantas termoeléctricas, tanto el estado como el resto de la sociedad, necesitan debatir, seriamente, el programa que debemos desarrollar, a partir de ahora, para un adecuado y eficaz abastecimiento de energía eléctrica.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 21 de mayo de 2008

El Respeto y la Obediencia a Nuestros Padres

2008-05-18
La Voz del Pastor
El Respeto y la Obediencia a Nuestros Padres

No faltará quien tilde de obsoleto este concepto del respeto y la obediencia que debemos los hijos hacia nuestros padres.

Cada día salen a relucir ideas acomodaticias y distorsionadas sobre la libertad y los derechos humanos con la nefasta conclusión de negar en la práctica el amor, la reverencia y la obediencia de los hijos hacia aquellos que los engendraron.

Corrientes de pensamiento seudo modernos llegan hasta desconocer en la práctica, aunque no niegan en teoría, la llamada patria potestad. Las relaciones de amor y reverencia entre padres e hijos es recíproca.

El respeto y la obediencia a nuestros padres tienen su principio en la ley natural ya que todos venimos al mundo procedentes de aquellos que nos engendraron. Sí no siempre los seres humanos son concebidos por un acto de amor en la mutua donación de sus padres, ontológicamente proceden de ellos por el acto generador - ya por este título el padre y la madre merecen la gratitud y el respeto por ser el origen material e inmediato de la vida de sus hijos. Además, la ley divina nos pide taxativamente que amemos , respetemos y obedezcamos a nuestros padres.

Cuando Dios entregó el decálogo a Moisés en el monte Sinaí le recordó primero el deber fundamental de amarle por encima de todas las cosas. Vemos que los tres primeros mandamientos nos relacionan directamente con Dios. Pero cuando nos presenta la segunda parte de los mandamientos que es el amor a nuestro prójimo nos presenta también el orden en que debemos amar a nuestros semejantes. De allí que no hay ser humano más cercano a nosotros que nuestros padres.

"Honra a tu padre y a tu madre para que vivas una larga vida en la tierra que te dio el Señor tu Dios" (Éxodo 20, 12). Más adelante nos dice Dios en el Deuteronomio: "honra a tu padre y a tu madre tal como el Señor tu Dios te lo ha ordenado para que vivas una larga vida y te vaya bien en la tierra" ( Deuteronomio 5,16). y para convencernos más sobre el deber de amar, respetar y obedecer a nuestros padres el mismo Dios se complace en prometer algunas recompensas terrenales que no son más que signos de los bienes que nos dará en el cielo a los que cumplimos estos deberes.

Nos dice el libro del Eclesiástico (Ecle. 3, 2-16) "El Señor quiere que el padre sea honrado por sus hijos y que la autoridad de la madre sea respetada por ellos"... y a continuación señala algunos premios: "alcanza el perdón de sus pecados... "reúne una gran riqueza... "recibirá alegría de sus propios hijos"... "cuando ore el Señor lo escuchará"... "tendrá larga vida"... "será premiado por el Señor" "recibirá toda clase de bendiciones.

Este amor y obediencia a nuestro padre se hace mucho más obligante al llegar ellos a la vejez porque es cuando más nos necesitan. "Aunque su inteligencia se debilite, sé comprensivo con él... no lo avergüences mientras viva" "socorre al padre, es algo que no se olvidará. Así como Dios señala algunas recompensas por la obediencia y el amor a nuestros padres también profiere amenazas. "El que abandone a su padre ofende al Señor y el que hace enojar a su madre es maldecido por Dios". Todos tenemos un ejemplo en el mismo Jesucristo el cual "siendo Dios no se aferró a su condición divina... se hizo hombre... tomó la condición de siervo y se hizo obediente a la muerte y muerte en la cruz" (Filipenses 2, 6-8).

Con mucha elocuencia nos relata San Lucas el hallazgo del niño Jesús en el templo y después de describirnos las sabias respuestas dadas a sus padres para calmar su preocupación añade el evangelista: "Volvió con ellos a Nazaret obedeciéndolos en todo" (Lucas 2,51). Además Jesús afirmo categóricamente: "mi alimento es cumplir la voluntad de mi padre. (Juan 4, 34)

Nuestra formación y madurez cristiana nos tienen que ayudar a obedecer, amar y reverenciar a nuestros padres mientras ellos vivan y cualquier legislación o normas legales que se promulguen para proteger a los hijos deben contribuir a resaltar tanto el deber de los padres para proteger y educar a sus hijos (la patria potestad) como la de éstos de venerar y respetar a aquellos con amor filial.

Mons. José Dimas Cedeño Delgado
Arzobispo Metropolitano de Panamá

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En memoria de un amigo

2008-05-18
A tiro de piedra
En memoria de un amigo

Hace 15 años, un 18 de mayo, partió a la casa del Padre Dios el amigo Carlos Pérez Herrera, hombre caritativo, intelectual y de gran fortaleza espiritual. Nacido en Veraguas, fue sacerdote y diplomático, después, al obtener la dispensa de la Santa Sede que le permitió, posteriormente, vivir como seglar y además contraer matrimonio y formar una familia, se distinguió como escritor, poeta, filósofo y periodista.

Recuerdo que nos hicimos amigos al morir monseñor Tomás Clavel Méndez. Monseñor Marcos Gregorio McGrath me lo presentó, con el encargo de consultarlo para escribir sobre monseñor Clavel. Tras una larga conversación, empezamos la amistad que duró hasta su muerte.

El doctor Pérez Herrera (yo lo llamaba Carlos, a secas), irradiaba sencillez y gran sensibilidad social. Escribía con frecuencia artículos para nuestro periódico Panorama Católico. Cuando teníamos que defender a la Iglesia, por aquellos últimos años del régimen militar, lo hicimos sin dudar. Daba gusto conversar con él de diferentes temas, y a veces aprovechaba para hablar en otro idioma con él, ya que dominaba varias lenguas como el inglés, francés, italiano, portugués, latín, griego, árabe y otros.

Carlos fue el iniciador de la Comisión de la Historia Eclesiástica, hoy elevada al rango de Academia, y se le asignó un pequeño cuarto en la parte posterior del templo de Santa Teresita, junto al antiguo arzobispado. Allí colaboré con él en algunos asuntos relacionados con ése trabajo. Antes de morir entregó su compilación a la Curia, y otros ilustres historiadores y venerables sacerdotes continuaron con la tarea.

Ocho meses antes de su muerte viajamos a Brasil, para un congreso de prensa católica. Se mostraba algo desmejorado, pero de buen ánimo. Al segundo día de estar en Sao Paolo se sintió mal, y lo llevamos al hospital universitario de la USP. A pesar de la alta fiebre que obligaba a bañarlo aún en la madrugada, y los pinchazos de la solución intravenosa, bromeaba y charlaba. Se robó el corazón de los médicos y enfermeras, que se desvivieron en atenciones hacia él. Volvimos a Panamá cuando lo autorizaron a viajar, y venía más repuesto. Su familia cercana se asombró del cambio.

Su larga trayectoria permanece guardada, como signo de su humildad, digo yo. Esas escenas de despedida, al entregar el cáliz que recibió en su ordenación sacerdotal para una parroquia pobre, y la renovación de su cédula, sabedor de que tenía los días contados, han quedado grabadas en mí. Fue un gran amigo, y lo recuerdo con mucho aprecio y simpatía. Ya quedan pocos como él.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Fibra de vidrio

2008-05-18
Editorial
Fibra de vidrio

Las consecuencias que ha traído el trabajo de remoción de la fibra de vidrio en un número plural de centros educativos son graves. Por un lado está la pérdida de mucho tiempo de clases para los alumnos, y, por otro, el escándalo del mal manejo en la realización de los trabajos. Por si fuera poco, ya también se habla de malversación de fondos públicos.

De alivio apenas sirve la medida de reubicar a los estudiantes que han tenido esa dicha, pero aún hay una cantidad importante de la población estudiantil que espera por el inicio de labores lectivas. La situación, en lo inmediato, parece agravarse más que resolverse.

Es urgente una acción radical y eficaz, para evitar que los alumnos afectados por la falta de clases pierdan el año escolar. Sabido es que aunque se logre entregar guías y darle la promoción con tres bimestres, su aprovechamiento será limitado en comparación con el año lectivo normal. Más que completar la estadística de educación, se trata de darle la instrucción académica que necesitan para su progreso y realización en la vida.

A Dios rogamos para que se dé pronto una solución, y se eviten situaciones desagradables que, producto de la frustración y la impotencia que se siente en estos casos, poco contribuyen a la convivencia pacífica y al ideal de una sociedad que brinde educación y oportunidades a todos sus miembros por igual.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Universidad

2008-05-18
El Ojo del Profeta
Universidad

La Universidad de Panamá ha hecho grandes aportes a la patria desde su creación en 1935. Los ideales que la inspiraron son nobles en su esencia, y altruistas en su concepción del desarrollo humanista, científico y social de la nación panameña. Vivirla como Alma Mater, y aprender a vivir con lo aprendido en ella son, al menos, dos razones que deben motivar la conciencia de todo estudiante o egresado de ella, sin soslayar a sus autoridades y académicos.

Por eso, cuando alguno la denigra o la trae a menos, duele en lo más profundo del ser nacional. Sabemos que no es perfecta, pero siempre tenemos la esperanza de que perennemente va en pos de la perfección. El dolor es aún más grande, cuando sus propios estudiantes se olvidan del estudio y la lucha civilizada y cambian estos postulados por la actitud irracional y el lenguaje de las piedras y las bombas incendiarias.

Nuestra juventud universitaria tiene el derecho inalienable de expresarse, de transmitir el pensamiento universitario en libertad, y de que ese derecho no sea ni conculcado ni reprimido. Y lo que anhelamos, en suma, es que el respeto a la universidad parta desde ella misma, particularmente de sus estudiantes, y se borre esa imagen del enmascarado y cuasi vándalo que atenta contra el verdadero ser universitario: que recurre a la razón y no a la fuerza; y que con el pensamiento, el estudio, el trabajo y la palabra, coadyuva a transformar las estructuras de la sociedad.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 14 de mayo de 2008

Pentecostés, fiesta que transforma

2008-05-11
La Voz del Pastor
Pentecostés, fiesta que transforma

Los apóstoles a pesar de haber visto al Maestro Resucitado permanecían encerrados movido por cierto temor. Pero en el día de Pentecostés, el Espíritu Santo descendió sobre el colegio apostólico, quienes gozaban de la compañía de la Virgen María. Movidos por la gracia recibida, los apóstoles salieron de la casa en que se escondieron temerosos y predicaron públicamente el Mensaje de Salvación. Se dio en ellos un cambio radical, que los identificó con Jesucristo mediante la recepción del Espíritu Santo. Se sintieron impulsados a hacer partícipes a los demás de la riqueza de la salvación recibida. En el amor el que los movía: amor a Dios y a los hermanos. Un amor fuerte y encendido que eliminaba el temor y los llenaba de una explosiva y contagiosa alegría.

El Espíritu Santo tercera Persona de la Santísima Trinidad, procede también del Padre, como el Hijo. Es enviado por el Hijo, Jesucristo, de parte del Padre, para que nos conduzca a todos los cristianos hacia la verdad plena. Esta plenitud de la verdad se manifiesta claramente en la fiesta de hoy con una enseñanza que vale la pena resaltar: la fraternidad que adquirimos en Cristo los hombres de todo origen y condición. Hoy vemos que el anuncio de la salvación alcanza a todos los hombres, vengan de donde viniera, y a cada uno le convoca en forma directa e inequívoca, en su propia lengua.

La Iglesia convoca hoy a todos sus hijos hacia el deber de anunciar a Jesucristo con su vida y sus palabras. Todos los bautizados estamos llamados a anunciar el mensaje de salvación recibido. Es el Espíritu Santo el que nos llenará de valor para anunciar con palabras y hechos la salvación que ya hemos recibido. Hace falta el Espíritu Santo para que anime y dé valor a muchos laicos que se conforman con un compromiso mínimo de asistir a misa el domingo y allí termina su compromiso con el Señor. Hace falta el Espíritu Santo para que las energías que se gastan en la catequesis vengan animadas por Él, para que anime a los niños y jóvenes y reciban la vida de Dios para que transforme su existencia. Hace falta el Espíritu Santo para que entre en las familias y sean ejemplo y testimonio del amor de Dios. Hace falta el Espíritu Santo para que siga llamando a más jóvenes a la vida consagrada y en el Seminario Mayor los seminaristas se enamoren de su llamado. Hace falta el Espíritu Santo para que el trabajo social que realice la Iglesia sea motivado por amor a Dios, y de allí entonces no descuidar a los pobres, indigentes y desheredados sabiéndoles llevar a Cristo.

La llegada del Espíritu Santo sobre la Iglesia es constante y quiere refrescar y vigorizar a sus miembros. Donde el Espíritu del mal divide y envenena, el Espíritu Santo une y santifica devolviendo la vida en plenitud. Donde la malicia diabólica niega a Dios y trata de ocultarlo en la vida de los hombres, el Espíritu Santo confiesa a su Señor y lo proclama en medio de las actividades humanas a través de nuestra fidelidad. Donde el padre del engaño tiende oscuridades para desconcertar, la luz de la verdad es traída por el Espíritu para que alcancemos a conocer realmente a Dios, a los demás, y a nosotros mismos. Donde el frío egoísmo elimina la piedad, el calor de la gracia enseña el camino de la entrega por amor. Donde la mentira y la corrupción parecen triunfar, la verdad y la honestidad fruto del Espíritu vencerán.

Mons. Audilio Aguilar Aguilar
Obispo de la Diócesis de Colón - Kuna Yala

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