viernes, 22 de febrero de 2008

23 años de periodismo católico

2008-02-24
Editorial
23 años de periodismo católico

Hace exactamente 23 años, en el mismo día y mes, Panorama Católico comenzó formalmente su publicación como periódico eclesial. El principio de esta obra apostólica se debatía entre el entusiasmo, la fe y la esperanza de unos, y los sombríos vaticinios de otros. Luego de dos décadas y un tercio, lo primero a superado, con creces, a los malos augurios.

Durante todo este tiempo hemos vivido una historia rica en hechos y experiencias. Hemos tenido alegrías y tristezas; aciertos y yerros; luces y sombras. Todo ha valido la pena, sin dudas. Hemos visto el caminar de la Iglesia, en su dimensión universal y local, y hemos procurado registrar los acontecimientos más sobresalientes de ese andar.

La Nueva Evangelización, el nacimiento de la Jornada Mundial de la Juventud, el Quinto Centenario de la Evangelización de América, la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo, las dos últimas décadas del fructífero pontificado de Juan Pablo II, su muerte, y el día a día de la Iglesia panameña, son, entre muchos ya, los temas que quedan plasmados en casi 30,000 páginas y más de 15,000,000 (quince millones) de ejemplares vendidos en las parroquias que conforman el territorio nacional.

Al cumplir nuestros primeros 23 años de periodismo católico, rogamos a Dios Padre que nos permita continuar la marcha; que nos ayude a mejorar en cada edición; y que nos envíe su Espíritu Santo para renovar el entusiasmo, la fe, y la esperanza con los que nos llamó a trabajar en esta obra.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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La Obra de Dios

2008-02-24
El Ojo del Profeta
La Obra de Dios

Cuando contemplamos el cielo y vemos el universo creado por la Mano de Dios, nos asombramos y sentimos empequeñecidos. El hombre, aunque es la máxima criatura de Dios, se apoca ante lo grandioso de las estrellas y los planetas. La obra de Dios supera todo entendimiento y toda ciencia humana, porque el ser humano es incapaz de comprenderla y contenerla.

Si hace pocos días nos maravillamos con el eclipse de luna, cuánto más nos maravillaremos al reconocer el inmenso amor de Dios por la humanidad. Así como sólo podemos contemplar los astros, sin poder tocarlos; de la misma forma, sin tocar, podemos sentir y experimentar la misericordia y el amor de Dios Padre, manifestada en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Vivimos un tiempo litúrgico en el que se nos llama a la Oración, la Penitencia, el Ayuno, y la Limosna material y espiritual. Es en esas prácticas que tenemos el comienzo de la vida nueva, la conversión, que Dios quiere para nosotros. Cielo y tierra pasarán; más su Palabra no pasará.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 15 de febrero de 2008

¡Nosotros serviremos al Señor!

2008-02-17
La Voz del Pastor
¡Nosotros serviremos al Señor!

Cuaresma es el tiempo santo que la iglesia dedica a preparar concienzudamente la solemnidad de la pascua del Señor- su pasión, muerte, resurrección y envío del Espíritu Santo- y nuestra participación en ella, por los sacramentos de iniciación cristiana: el bautismo, la confirmación y la eucaristía.

Por eso, la Iglesia destaca el significado de estos sacramentos, más un sacramento de recuperación, el de la penitencia o reconciliación, para los que han caído de la gracia inicial.

De igual manera, se acentúa en esta época la preparación de los catecúmenos que recibirán la iniciación el Sábado Santo, cuando los ya iniciados renovarán solemnemente sus compromisos bautismales.

La exhortación a convertirnos y creer en el Evangelio que escuchamos el Miércoles de Ceniza, es un llamado a volver al hogar paterno y recuperar nuestra identidad de hijos en el Hijo de Dios, sacerdote y Cordero de Dios, profeta y maestro, rey y pastor.

El Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida, recibido en la iniciación cristiana es quien nos vincula con Jesús, el Cristo o ungido con el Espíritu. En Él somos otros cristos. Recordemos que, en Israel, inicialmente sólo los reyes y los sacerdotes eran ungidos con el Espíritu. Posteriormente también lo fueron los profetas.

El rey, ungido del Señor, no era un potentado absoluto, como en otras naciones orientales, sino el lugarteniente del Señor, fiel y compasivo, lento a la cólera y rico en misericordia. Israel ora por el rey para que en sus días florezca la justicia y haya prosperidad. Y confía en que él librará al pobre que suplica, al humilde indefenso; se apiadará del pobre desvalido y rescatará a los indigentes librándolos de la violencia y la opresión (cf sal. 72).

El rey debe ser como el rostro humano del Señor, fiel y misericordioso, y lo será en la medida en que brille en él la fidelidad y la obediencia a los preceptos de la alianza. Saúl fue destronado precisamente por su desobediencia, y David se salvó, porque supo hacer penitencia por sus muchos y graves pecados.

El Siervo del Señor de los cuatro cánticos del profeta Isaías es un modelo de conducta para el rey, en cuanto encarnación de la personalidad corporativa de la nación: Ungido por el Señor para liberar a cautivos y oprimidos, reunir a los hijos dispersos de Israel y ser luz para las naciones, carga con los pecados del pueblo, a pesar de su inocencia. Enviado a salvar a los hombres, es obediente hasta la muerte, por eso recibe una multitud en herencia (cf Is 53). En el libro de Daniel, es el hombre que viene sobre las nubes, y recibe gloria, honor y poder, de manos del anciano. (Dan 7:14).

En todos estos casos, se trata de tipos y figuras de Jesús, el Cristo o Ungido del Señor, obediente a Dios hasta la muerte, y muerte de cruz, por lo que ha sido confirmado en la función de Señor y Mesías, ante el cual se dobla toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el abismo (cf Fil 2: 6-11).

Este es el Siervo del Señor, presentado en el bautismo, en quien Dios se complace. Por el bautismo, Dios nos ha destinado a reproducir la imagen de su Hijo, llamado a ser el primogénito entre muchos hermanos (cf Rom 8:29). Animados por su Espíritu, que nos configura con él, podemos rechazar enérgicamente las insinuaciones del seductor para reclamar el homenaje de nuestra obediencia, que sólo a Dios debemos. En nuestro paso por la vida escucharemos al seductor proponernos "ser como Dios", si le obedecemos a él. Por eso importa desenmascararlo, como Jesús, mediante la Sagrada Escritura, en el desierto; o con la fuerte reprensión a Pedro, cuando quiso desviarlo de su vocación y misión (cf Mt 16).

Nos convertimos, en definitiva, cuando decidimos obedecer al Señor, a todo lo largo de nuestra vida, y no al mundo o a los ídolos. Esta fue la opción de Josué y su familia, en Siquen (Jos 24); Y la de Pedro y Juan frente a los tribunales que pretendían impedirles anunciar a Jesucristo como Salvador (cf Hch 3:1-26). También debe ser la nuestra en nuestros días en que múltiples seductores se empeñan en convencernos de que el camino hacia la plena realización humana, "ser como Dios", pasa por el pecado, conversión a la criatura y aversión a Dios, obediencia a la criatura y rebeldía ante Dios.

Sin embargo, Jesús, ungido con el Espíritu, y obediente a Dios, que pasó por el mundo liberando a cautivos y oprimidos y predicando la buena noticia del Reino a los pobres, unido a Dios, su Padre, nos enseña, que Dios se complace en compartir su propia vida, engendrando nuevos hijos, por la fe en Jesús, Hijo de Dios y Mesías obediente, en quien se deleita. ¡Que él, Camino, Verdad y Vida nos enseñe a vivir así nuestro bautismo!, como auténticos discípulos y misioneros suyos.

Mons. Oscar Mario Brown J.
Obispo de Santiago de Veraguas

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Protestas

2008-02-17
A tiro de piedra
Protestas

Desde mi época escolar y universitaria he insistido en la forma pacífica de protesta, y me he opuesto a las manifestaciones violentas, porque considero que eso desvirtúa el reclamo que hacemos. La única ocasión en que recuerdo haber lanzado una piedra, fue en 1976, cuando el entonces ministro de Hacienda, Ernesto Pérez Balladares, encabezaba el establecimiento del impuesto de transferencia de bienes muebles conocido como el 5 por ciento. En la euforia juvenil, lanzamos ladrillos a un pelotón de policías que querían llevarse presos a uno de los nuestros que había resbalado y caído a la calle.

Fuera de aquella experiencia, participé en muchas marchas y protestas, siempre y cuando no se tornaran violentas. No comparto esa forma de reclamar. Tampoco estoy de acuerdo con el cierre de calles. Esta posición me buscaba problemas en la universidad, porque no era compartida por los grupos que tradicionalmente dirigen las protestas en la Universidad de Panamá.

El largo camino recorrido en protestas, desde la escuela, la universidad, la lucha contra la dictadura, y la militancia gremial, me han permitido ver algunas cosas como, por ejemplo: los agitadores que provocan la violencia, la conexión entre grupos que aparentan ser independientes unos de otros, la ejecución de tácticas del pequeño grupo que comanda, y la intención oculta que algunos llevan a las manifestaciones. Por eso, tanto la represión de la policía como la violencia de los agitadores profesionales, son cosa casi segura en aquellas protestas que convocan ciertos sectores en particular.

Los ciudadanos debemos exigir que toda protesta o manifestación se realice de manera pacífica. Nada de violencia. Nada de agitadores. Nada de represión innecesaria. No nos dejemos conmover por sentimentalismos ni afectivismo; procuremos discernir. Ningún reclamo ni ninguna defensa del estado de derecho justifica una muerte; ni ninguna muerte justifica más violencia y más muertes. Tan responsable es el que sacrifica la vaca, como el que le amarra la pata.

Razón tienen los obreros del Suntracs en reclamar el reglamento de seguridad que ayude a prevenir accidentes. También estaría justificada una huelga o paralización de labores en los sitios de construcción. Pero salir a la calle a afectar a otros que no tienen que ver con el asunto ni pueden solucionarlo, es un acto censurable e injustificado. Si escogieran el camino correcto, de seguro otros los apoyaríamos. Si eligen el rumbo equivocado, entonces tenemos que censurarlos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Los frutos de la violencia

2008-02-17
Editorial
Los frutos de la violencia

Los recientes disturbios ocurridos en la capital y varias ciudades del país, cuyos principales protagonistas han sido los obreros del sindicato de trabajadores de la construcción y la policía nacional, ponen de manifiesto que el diálogo y la negociación son superados, en este caso, por lo que se considera el derecho de protestar cerrando calles e impidiendo el paso, y por lo que se entiende como legitimidad del uso de la fuerza.

Ambas actitudes desembocan en violencia, independientemente del concepto o la justificación que se argumente. Y esa violencia no soluciona ni aprovecha; más bien divide y alimenta rencores. Esa violencia se salda, como en este caso, con la sangre de los muertos y heridos que ha dejado. Sangre que es del mismo color para uno y otro bando, derramada por la convicción de defender un derecho y por la obligación de preservar el orden público.

El conjunto de palos, bloques, llantas incendiadas, trozos de muro, perdigones, gases lacrimógenos, balazos, y varillas utilizados como arma, ¿de qué han servido? Esos instrumentos en manos de sus usuarios ¿qué fruto han dado? Ni unos ni otros son culpables, desde el punto de vista de su razón. Pero tampoco son del todo inocentes. Ya sea por defender un derecho, o por preservar el orden público, ningún acto de violencia está plenamente justificado.

Hacemos, desde aquí, un llamado a la cordura y a la concordia. Que hagamos del diálogo y la negociación, la vía usual de resolver las diferencias y todo conflicto. Al final eso es lo único que quedará por hacer, y es mejor abocarse a ello primero, que hacerlo después con la carga de los frutos que produce la violencia.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Seguridad en la construcción

2008-02-17
El Ojo del Profeta
Seguridad en la construcción

El auge de la construcción en Panamá es alabado por algunos sectores y considerado como un signo del progreso del país. Mucho es el bien que hace esta actividad ofreciendo empleo, generando trabajo indirecto, y dándole un aspecto renovado al ambiente urbano de la ciudad capital y otras ciudades del interior. También provoca daño ambiental, destroza calles, contribuye a congestionar el tráfico durante y después de terminar los edificios, y es escenario de accidentes por descuidos y por desatender las reglas de seguridad.

No en vano los vecinos de las construcciones, los activistas civiles, y los trabajadores de la construcción se quejan por el incumplimiento de las normas de seguridad. Los trabajadores, en particular, han realizado protestas en estos días, porque aún está por ponerse en práctica el reglamento de seguridad en las construcciones.

Si queremos vivir en paz, especialmente en una ciudad plagada de construcciones, debemos volver al principio de respetar al otro, y no hacerle aquello que no me gusta que me hicieran a mí. Que la seguridad sea más que arneses, mallas, y equipo seguro, sino la calidad en los materiales, la vivienda ventilada y con buena iluminación, el espacio para el esparcimiento y el peatón; pero, sobre todo, el evitar lograr los propios fines por encima de cualquier cosa y de cualquiera de mis semejantes.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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jueves, 14 de febrero de 2008

Itinerario Cuaresmal

2008-02-10
La Voz del Pastor
Itinerario Cuaresmal

Ya en el umbral de la importante época de la cuaresma conviene que hagamos un alto en el camino para reflexionar sobre el significado y los programas que todos debemos cumplir a fin de cosechar abundantes frutos espirituales en esta nueva oportunidad que el Señor nos regala.

Necesitamos en primer lugar comprender que estamos preparándonos para celebrar (no sólo recordar o conmemorar) el misterio pascual, es decir, la muerte y resurrección de nuestro Salvador Jesucristo. Por él hemos sido regenerados y hemos pasado de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz.

En este tiempo litúrgico de Cuaresma dedicaremos cuarenta días a vivir un programa muy especial que nos ayudará a redescubrir y valorar el sentido del cristianismo, viendo en él no sólo un conjunto de verdades reveladas, normas éticas o unos cuantos ritos o ceremonias externas que nos recuerdan el pasado. Se trata de un nuevo modo de pensar y de vivir según el modelo de Jesucristo.

Necesitamos urgentemente una "metanoia", es decir una verdadera y sincera conversión.

Al contemplar el misterio de la cruz en el que todo un Dios hecho hombre sufre, se inmola para la salvación del género humano, descubrimos el eterno amor de nuestro Padre Dios y sobre todo su infinita misericordia. Esta consideración nos tiene que llevar a responder al amor divino con nuestro propio amor y a manifestar a nuestros hermanos el amor y la misericordia que de Dios recibimos.

El Santo Padre Benedicto XVI nos ha presentado un mensaje claro y conciso como medio de vivir fructuosamente este Sagrado tiempo de Cuaresma. Nos ha recordado tres grandes áreas para nuestra actividad cristiana, las cuales si las tomamos en serio nos llevarán a la conversión y a la profunda y verdadera renovación de la mente y del corazón; es decir, la oración, el ayuno y la limosna.

El Papa en su mensaje cuaresmal, se concentra en este último punto: la limosna. Tenemos que recuperar y purificar el concepto de LIMOSNA. No debemos entenderla como tradicionalmente lo hemos hecho, en sentido peyorativo, entendiéndola como dar lo que nos sobra. No se trata de dar lo que ya no nos sirve y de lo cual tenemos que deshacernos poniéndolo en manos de los demás. En este sentido, estaríamos utilizando a los más necesitados como un cesto de basura degradando así su condición y su dignidad de hijos de Dios y de hermanos nuestros.

Nos recuerda el Papa que dar limosna es ante todo "compartir con los demás lo que poseemos por bondad divina". Esto lo hacemos en forma concreta en la colecta cuaresmal en favor de los programas de la Pastoral Social de cada Diócesis cuyo objeto es ayudar de muchas maneras a los más desprotegidos. No debemos ayudar a los más pobres para tranquilizar nuestra conciencia humillándolos y despreciando su valor humano y cristiano. Los ayudamos y tratamos de promover su dignidad y su condición de hijo de Dios.

Nos recuerda el Santo Padre, y ésto es fundamental: "no somos propietarios de los bienes que poseemos, sino ADMINISTRADORES, por tanto no debemos considerarlos una propiedad exclusiva, sino medios a través de los cuales el Señor nos llama a cada uno de nosotros a ser medio de su providencia hacia el prójimo". "Los bienes materiales tienen un valor social, según el principio de su destino universal" (cat. de la Ig. Cat.No.2404).

Al compartir con los demás algo de lo mucho que Dios nos ha dado gratuitamente hagámoslo sin buscar gloria humana o recompensa terrenal. "Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha" (Mateo 6, 3-4). "La preocupación del discípulo es que todo vaya a la Gloria de Dios". Si cuando ayudamos nos buscamos a nosotros mismos perderemos la recompensa en el reino de los cielos. ("Brille así vuestra luz para que vean nuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los Cielos" (Mateo 5, 16).

Compartir con alegría nuestros bienes con los más necesitados es la verdadera limosna evangélica, no es simple filantropía sino expresión de la caridad y esto exige conversión. "Sirve de bien poco", añade el Santo Padre, "dar los propios bienes a los demás si el corazón se hincha de vanagloria por ello".

El Apóstol Pablo nos recuerda unas palabras de Jesús, las que hay que tener siempre ante nuestros ojos: "hay mayor felicidad en dar que en recibir (Hechos 20, 35). San Pedro también nos dice que la caridad cubre multitud de pecados" (1 Pedro 4, 18).

Finalmente nos dice el Santo Padre que "la limosna acercándonos a los demás nos acerca a Dios y puede convertirse en un instrumento de auténtica conversión y reconciliación con él y con los demás".

Aprovechamos esta cuaresma para reiniciar nuestra conversión y participar con mayor eficacia del misterio pascual.

Mons. José Dimas Cedeño Delgado
Arzobispo Metropolitano

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