lunes, 19 de octubre de 2009

Espacios públicos

2009-10-18
El Ojo del Profeta
Espacios públicos

El fenómeno más notable de la vida en sociedad es el surgimiento de las ciudades, porque ha provocado el desarrollo de la vida comunitaria. El hombre pasó de la caverna a los campos, y de los campos a la ciudad. Todo para su progreso y su bienestar. Pero cuando la autoridad permite el desorden y la impunidad de quien atenta contra el bien público, deviene en caos la convivencia que se supone debe hacerle bien a la comunidad.

Tal es el caso de quienes ocupan, para su uso y provecho propio, los espacios públicos, como es el caso de nuestra ciudad capital. Los automóviles, objetos de lata y hierro, parecieran anteponerse a la persona. Mientras hombres y mujeres de toda edad y condición física deben lanzarse a la calle, para transitar entre el peligro, los autos son estacionados sobre la servidumbre y las aceras. Ya es tiempo de devolverle a la población los espacios públicos, pero sin autoridad conciente y decidida, todo anhelo en ese sentido será utopía.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 12 de octubre de 2009

La realidad misionera en la iniciación cristiana

2009-10-11
La Voz del Pastor
La realidad misionera en la iniciación cristiana

Estamos viviendo el mes dedicado a las misiones, como también se le llama el mes del Rosario. En torno a esta realidad y viendo el documento de Aparecida, que nos llama a una conversión pastoral y personal; puedo compartir con el pueblo panameño la realidad vivida a lo largo de este año en un sector de la misión de Darién.

Hace unos siete meses vivimos el naufragio de una lancha que venía con un grupo de jóvenes entusiastas y deportistas rumbo hacia Santa Fe, para participar de algunas jornadas deportivas en esa zona misionera. Estos jóvenes pertenecían al grupo juvenil de la Iglesia católica ubicada en Jaqué. Nueve de ellos con dos niños desaparecieron y nunca jamás se volvió a ver sus cuerpos. Sin embargo, el grupo siguió adelante y se ha venido preparando un buen grupo para vivir el gran acontecimiento de la iniciación cristiana a través de los tres sacramentos de iniciación; los días tres, cuatro y cinco de octubre, fecha en que se estaban cumpliendo los siete meses de la desaparición de sus compañeros en el deporte y en sus actividades juveniles, un buen grupo de entre ellos recibieron los sacramentos del Bautismo, la Primera Comunión y la Confirmación; llegando el último día a ser cincuenta y dos jóvenes quienes recibieron la Confirmación.

Pienso que es un momento de gracia para la comunidad cristiana de Jaqué, esta gran fiesta vivida en dicha realidad, ya que esto nos invita a descubrir que los caminos del Señor deben seguir por procesos muy purificadores para que la comunidad despierte y todos seamos capaces de buscar a Dios en todo momento y lugar. Algo interesante de tomar en cuenta es la buena participación de toda la comunidad cristiana de Jaqué, del equipo misionero de ese sector y de los profesores y maestros que van contribuyendo desde la pastoral educativa para que todos estos acontecimientos se realicen girando en torno a la persona de Jesús.

Cabe destacar que no todo ha sido superado, existen ciertos resentimientos y lamentaciones, normales en una comunidad que sufrió la pérdida irreparable de estos jóvenes, pero el Señor ha estado grande con ella y sigue caminando en la búsqueda constante de la voluntad del Señor. A esto podemos añadir que existe un grupo de unos quince jóvenes que se siguen preparando para realizar sus vidas en esta iniciación cristiana y otros que van surgiendo y tienen el deseo de vivir esta fiesta en Jesucristo; confiamos que las motivaciones que va dando el documento conclusivo de Aparecida dé fortaleza a todas las zonas misioneras de Darién y a todo nuestro país para que asumamos un cristianismo de verdad, donde todos nos sintamos discípulos de Jesucristo y seamos capaces de llevar adelante la misión evangelizadora, teniendo en cuenta que todos hemos sido llamados a vivir nuestra experiencia, no desde grandes acciones pastorales, sino desde la acogida, escucha y la motivación que realicemos en nuestros hermanos y hermanas para que tengan un verdadero encuentro con Jesucristo, no desde acciones negativas que han llevado a nuestra iglesia a perder tantos miembros; sino desde acciones positivas, que, desde la sencillez, humildad y sereno caminar por la vida puedan hacernos recapacitar y descubrir los caminos del Señor viviendo nuestra experiencia desde un compromiso más radical con las promesas de nuestro bautismo y sin caer en la crítica y juicios temerarios, saber ser atrayentes para muchos en el bello caminar de la vida, siendo grandes enamorados de la llamada que el Señor nos hace a ser auténticos discípulos misioneros para que nuestros pueblos en El tengan vida en abundancia. Es un reto para todos el que nuestra misión de Darién pueda dar el paso hacia un compromiso más fuerte y con mayor ardor.

Verdaderamente que nuestra misión tiene materia prima en abundancia, pero debemos valorarla y darles todo el apoyo necesario para que se sientan llamados a vivir una experiencia cristiana firme y arrolladora, que lleve a todos a sentirse involucrados en una misión, no sólo continental, sino también mundial; y existan personas con capacidad de abrirse a otras latitudes con el fin de compartir la vivencia cristiana desde lo que Dios va haciendo entre la pequeñez y pobreza de un pueblo que desea desarrollarse y contribuir al buen caminar de la nación.

Que el Dios de la Vida nos inspire a todos los panameños a seguir el ejemplo de esta juventud que se levanta con deseos de amar, trabajar y compartir la fe en gracia, sencillez y bondad del corazón. Que María nuestra Madre, en este mes del Rosario nos siga acompañando en la vivencia de los misterios de Jesucristo para que seamos perseverantes en nuestra tarea misionera.

Mons. Pedro Hernández Cantarero, cmf.
Vicario Apostólico de Darién


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Asociación de belenistas

2009-10-11
A tiro de piedra
Asociación de belenistas

El rescate de la celebración de la auténtica Navidad es la meta que se propone la recién creada Asociación de Belenistas. Desde el empedrado salón parroquial de San José, un anciano fraile, con ánimo juvenil, impulsa con fuerza esa iniciativa.

Veinticuatro cristianos firmaron el acta de fundación, la víspera de la fiesta del creador del Nacimiento o Pesebre, san Francisco de Asís, movidos por el ferviente deseo de celebrar y promover los inmensos valores del acontecimiento ocurrido en Belén de Judá, y que revolucionó al mundo con el alumbramiento del Niño Jesús. Valores que en la actualidad son trastocados, por el afán de lucro y la secularización de la fiesta navideña, por parte de quienes sólo ven el mercantilismo, y por los que se dejan arrastrar por la corriente mundana que niega a Dios y antepone el falso bienestar de la humanidad, basándolo exclusivamente en el beneficio material.

La degradación de los valores de la Navidad empieza por la suplantación de los signos cristianos. Figuras creadas por la imaginación como Santa Claus, los duendes, renos voladores, enanos, muñecos de nieve, y otras, se propagan, a fuerza de publicidad, como símbolos válidos, empujando a olvidarse de lo esencial: el pesebre, los pastores, los magos sobre sus camellos, el ángel, María y José, y el protagonista central: Jesús niño.

Para rescatar el verdadero sentido de la Navidad, nos corresponde a los cristianos hacer dos cosas importantes: aprender la realidad del Misterio de Belén, y enseñarla a las personas que nos rodean. Si alguno desea contribuir, sinceramente, con este esfuerzo, puede comenzar por eliminar todo símbolo espúreo o falso de la decoración navideña de su hogar, y resaltar los auténticamente cristianos. Es un buen comienzo. De igual manera, en las tarjetas de felicitación que envíe y reciba, debe proponerse que el mensaje y los signos sean los correctos. Nada de “Felices Fiestas”, cuando debe decir “Feliz Navidad”. Si la tarjeta que le ofrecen no lo dice así, busque otra, y si la que recibe no lo expresa de esa manera, llame a quien se la envió y pídale, que para la próxima ocasión, le dé la que corresponde, explicándole con amabilidad el porqué le pide esto.

Desde hace algunos años se impulsa la descristianización de la Navidad, quitando de las felicitaciones la palabra “Navidad”, reemplazándola por fiestas. Cosa absurda. ¿Se atreverían a cambiar el Ramadán por otra palabra, o el Pesaj judío por otro vocablo? ¿Por qué quieren hacerlo con la Navidad? ¿Acaso el sentido de la Navidad no es recordar el nacimiento de Cristo?

Con la Asociación de Belenistas esperamos revertir tales aberraciones y distorsiones hacia la Natividad, la fiesta del nacimiento del Hijo de Dios, Cristo Jesús, a través de la exaltación del Misterio de Belén, manifestado en el humilde pesebre que sirvió de cobijo al Salvador del Mundo y a la Familia de Nazaret.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Mirada retrospectiva

2009-10-11
Editorial
Mirada retrospectiva

Hace 41 años el país pasó de la democracia a la dictadura, lo que provocó cambios profundos en la sociedad panameña. El ambiente social, político, económico y cultural se vio afectado grandemente. De esos 41 años, contados a partir del 11 de octubre de 1968, casi la mitad lo hemos vivido en la reciente etapa democrática.

Al cumplirse un aniversario más del golpe de estado de 1968, se impone una mirada retrospectiva de nuestra realidad nacional, para analizar los efectos y las consecuencias que tuvo la dictadura y que ha tenido la actual era democrática. Sólo examinando nuestro presente, producto de la simbiosis entre dictadura y democracia, podemos aprender del pasado para pensar en el futuro.

La dictadura nos dejó una profunda herida en los muertos y desaparecidos, la destrucción de las instituciones democráticas, y la conculcación de las libertades públicas. También provocó la base de participación popular que encontró arraigo social, y el despertar del civilismo de la población, que desembocó en la recuperación de la democracia. Herencia esta que incide fuertemente en el desenvolvimiento de los actores sociales de hoy.

Fechas como la de este domingo 11 de octubre nos retan a ver, con ojos críticos, lo que ha sido y es nuestra historia, con sus éxitos, aciertos, amarguras y desengaños. Valorar cada acontecimiento y cada figura en la medida justa que le corresponda, libre de distorsiones, ensalzamientos o detracciones inmerecidos, odios, rencores, y sectarismos. Hoy, quizá, no es un día para celebrar, pero, tampoco, para olvidar. Trabajamos y luchamos denodadamente por la justicia, ahora nos toca actuar justamente, para vivir en verdadera libertad como pueblo y nación.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Seguridad alimentaria

2009-10-11
El Ojo del Profeta
Seguridad alimentaria

La producción mundial de alimentos enfrenta el problema de calidad y distribución, que repercute en el estado de nutrición de los habitantes del planeta. Más que la escasez provocada por la cantidad insuficiente, son el acaparamiento, el control planificado, y el encarecimiento del precio, los que golpean a la población pobre del mundo.

De allí la importancia de la política estatal de seguridad alimentaria que asumamos, para fomentar la producción local y garantizar el abastecimiento externo en condiciones asequibles. Nuestra autosuficiencia alimentaria básica es vital, por lo que debe redoblarse el esfuerzo que se realiza en los planes nacionales dirigidos a esa meta. La alimentación, la nutrición y el bienestar moral y espiritual de la población son tan importantes, como la educación, la salud, o la vivienda. Corresponde al gobierno y a los particulares trabajar, denodadamente, en ese sentido, y afrontar el reto de la seguridad alimentaria con prontitud y decisión, en función de la colectividad y no de la ganancia o el interés sectario, que le da mucho a pocos y poco a muchos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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San Francisco de Asís

2009-10-04
La Voz del Pastor
San Francisco de Asís

Al celebrar la fiesta de san Francisco de Asís pedimos a Dios la gracia de poder contemplar a los Santos sin caer en el error de proyectar sus rostros sobre nuestras preocupaciones materiales, nuestra forma de ver las cosas, nuestra sensibilidad o incluso nuestro sentimentalismo.

Por el contrario, tenemos que permitir que, desde sus rostros, emane justamente la luz que deben y quieren reflejar.

Queremos contemplar hoy el rostro de san Francisco de Asís, ese rostro con el que todos, incluso los no creyentes, se han encariñado con facilidad, debido a los múltiples elementos delicados, poéticos y humanos, propios de la paz y del verdadero amor; el amor a la naturaleza, la pasión por la pobreza, las exigencias de la paz.

En la Historia de la Iglesia es posible que no haya existido un momento tan decadente y peligroso como cuando Francisco vino al mundo, en el año 1181. El siglo de Francisco recibió la denominación de “siglo de hierro”, y la Iglesia se encontraba abrumada, casi vencida por los problemas, las humillaciones y los pecados. Se decía: “La Iglesia se encontraba en tal estado de humillación que si Jesús no hubiese intervenido enviando una prole con espíritu de pobreza habría tenido que padecer un juicio mortal”.

Francisco es el hombre más parecido a Cristo que ha venido al mundo. Esto, de por sí es un juicio que tendríamos que dejar a Dios, porque solo Él conoce lo más íntimo de las conciencias; pero es un juicio acertado si se piensa en la impresión que Francisco causó en sus contemporáneos y en toda la esperanza que este hombre, tan sencillo y pobre, supo despertar.

El 15 de julio de 1228, ni siquiera habían pasado dos años de su muerte cuando el papa Gregorio IX lo proclamó santo y fijó su fiesta el 4 de octubre.

Los términos y las expresiones utilizadas por sus biógrafos para referirse a él son bíblicos: “La gracia de Dios, nuestro Salvador, ha aparecido recientemente en su siervo Francisco”, escribió san Buenaventura acerca de su nacimiento. “Os anunciamos un gran gozo, nunca se había oído un portento similar en el mundo, salvo en el Hijo de Dios que es Cristo Nuestro Señor”, decía el hermano León en la carta apostólica que anunciaba a los demás hermanos la muerte de Francisco.

Si seguimos la lectura de su Testamento, podremos encontrar las siguientes palabras: El Señor me dio tanta fe en las Iglesias que yo simplemente rezaba y decía: Te adoramos, Jesús Nuestro Señor, en todas las iglesias que hay en el mundo entero y Te bendecimos porque con tu Santa Cruz has redimido al mundo”.

Cuando Jesucristo le dijo: “Ve y reconstruye mi Iglesia que, como ves, está en ruinas”, Francisco tomó esas palabras al pie de la letra: vio tres pequeñas iglesias: San Damián, San Pedro y la Porciúncula, que se estaban desmoronando y se dijo: “Voy a entregar a mi Dios el precio de mi sudor”, por lo que se dispuso a reconstruirlas. Pero esto no lo hizo únicamente porque se equivocó al interpretar la palabra de Cristo, sino sobre todo porque se sintió lleno realmente de “tanta fe en las iglesias” en las que se adoraba a Dios, las iglesias materiales, en su concreción más humilde, las iglesias de piedra, por las que valía la pena que entregara su tiempo y sus esfuerzos.

Francisco quiso restaurar la Iglesia, pero la Iglesia de Cristo, la que pertenecía al Señor, de modo que sus puntos de referencia fueron exclusivamente los que vinculan a Jesucristo a la Iglesia de una manera concreta y perpetua: la Eucaristía, el Sacerdocio y la Sagrada Escritura.

Hay diversos episodios en los que se refiere cómo Francisco se encontró con unos herejes que se oponían a la Iglesia y que querían aprovecharse de su venida, por lo que le llevaron ante el sacerdote del pueblo que vivía en concubinato y era motivo de escándalo y le preguntaron: “¿Qué hay que hacer con este sacerdote?” y Francisco se dirigió hacia él y le dijo: “Yo no sé si tú eres un pecador, pero sí sé que tus manos pueden tocar el verbo de Dios” y se arrodilló para besar las manos del sacerdote.

Tomás de Celano decía en la Vita secunda: Todas las fibras de su ser ardían de amor al Sacramento del Cuerpo del Señor preso de un inconmensurable estupor… Quería que se demostrara un gran respeto por las manos del sacerdote porque a él le ha sido conferido el divino poder de consagrar este sacramento. En este sentido solía decir: “Si me encontrara con un santo bajado del cielo y con un sacerdote pobrecillo, saludaría en primer lugar al sacerdote trataría de besarle las manos y diría: Eh, espera, san Lorenzo, porque las manos de este hombre tocan el Verbo de vida y poseen un poder sobrehumano”.

Pero este célebre “amor franciscano” no nacía de la sensibilidad o de la delicadez poética de Francisco, sino de su “espiritualidad”. Es significativo que la Legenda maior titule el capítulo que recoge estos relatos: “Cómo las Criaturas que carecen de razón parecían quererle”. Lo contrario de lo que se suele pensar, eran las criaturas las que se sentían amadas y atraídas por este hombre y lo reconocían y sentían su piedad. Y Francisco las amaba porque en ellas veía al Creador de las mismas o al Redentor del que constituían un símbolo.

Incluso sentía un gran afecto por los gusanos porque la Sagrada Escritura decía del Señor: “Yo soy un gusano y no un hombre”, y los retiraba del camino para que nadie los pisara. Si Francisco veía un cordero entre cabras, se conmovía porque le hacía pensar en el Cordero de Dios caminando entre los fariseos; si veía un corderillo muerto, lloraba al pensar en el Cordero de Dios muerto: “Ay de mi hermano corderillo que eres un representante de Cristo para los hombres”. Si veía unas flores, pensaba en la flor luminosa que brota en el corazón del invierno; si veía cortar un árbol, rezaba para que se reservase al menos un ramo porque también Cristo había brotado como un retoño en el viejo tronco de Jessé; y una piedra le recordaba con emoción a Cristo como piedra angular.

El amor a las criaturas era el amor a la paternidad de Dios y a la fraternidad de Cristo, que contenía y abrazaba todo significado.

Francisco se encontraba ya consumido por la enfermedad. No podía soportar ni la luz del sol durante el día ni la del fuego durante la noche. Estaba casi ciego. Y con un dolor atroz en los ojos que le atormentaba sin pausa. Vivía en una pequeña celda infestaba de ratones que por las noches roían su cuerpo y de día le impedían rezar e incluso comer. Y entonces, dice su biógrafo: “Francisco sintió piedad de sí mismo y rezó: “Señor, socórreme en mi enfermedad”. Y Dios le propuso, a partir de entonces, “la serenidad de su reino”.

Mons. Carlos María Ariz, c.m.f.
Obispo Emérito de Colón


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El entierro de Endara

2009-10-04
A tiro de piedra
El entierro de Endara

Guillermo Endara Galimany convocó al pueblo panameño en su despedida de este mundo. Como ex presidente y hombre público le fue reconocida, de esa manera, su fama de hombre honesto, humilde y sencillo, también, su acendrado sentido democrático y su civilismo.

Creo que la sociedad panameña, desde los políticos y los civiles, pasando por el pueblo sencillo, coinciden en la personalidad de quien asumió el gobierno después de la invasión, en un ambiente de destrucción y ruina, que poco resultado exitoso auguraba. Sin embargo, Guillermo Endara, junto a su equipo de gobierno, supo recoger el entusiasmo y el deseo de reconstrucción y reconciliación de gran parte de la población.

Dos experiencias personales me quedan de él: cuando una de mis sobrinas, aún muy pequeña, se le acerca al final de una misa en el templo de Santa Ana, y le dice: “señor Endara, yo quiero que se acabe la guerra”. Él respondió abrazándola y diciéndole: “pronto se va a acabar”. Y cuando, después de una polémica pública, en el ejercicio él de la presidencia, y yo como periodista, acudí a la Presidencia de la República acompañando a Bárbara Bloise, a la sazón presidenta del Colegio Nacional de Periodistas (yo era su vicepresidente), para un asunto que tenía que ver con la legislación de prensa. Al saludarlo, me recibió cordialmente, en un pequeño despacho que él utilizaba para trabajar. Allí aproveché para aclarar lo de la polémica, en una conversación a solas, y para hablar sobre la inversión que debíamos hacer en el tema de la democracia. Fueron apenas 5 minutos, pero muy francos y provechosos de parte y parte.

Si algo merece Endara es un monumento que lo recuerde, a la manera de los prohombres de la patria. Una estatua sería lo apropiado, como se hace para recordar la grandeza de quienes le han servido a la patria. Nada pretencioso, sino una figura o busto que haga memoria de su obra y su sencillez.

La nación y la patria, y esto lo entendía muy bien Guillermo Endara Galimany, es toda la memoria histórica. Merecido tiene un monumento, pero creo que no hubiera estado de acuerdo en borrar el nombre de otro personaje nacional, para que pusieran el suyo. La familia puede decirlo con más autoridad que el resto.

Algunos piden su nombre para la llamada cinta costera, que usurpa el del Bulevar Balboa, a pesar de que en 4 años se cumplirá el 500 aniversario del descubrimiento del Mar del Sur, acontecimiento no sólo de Panamá, sino del mundo entero, o para la Avenida Nicanor de Obarrio (Calle 50). Endara, hombre humilde por antonomasia, e intelectual por añadidura, seguro se habría negado a ello. Sin embargo, la idea puede usarse. Propongo, desde aquí, el tramo que va del cruce de la Vía Israel, esquina con la Escuela Profesional, y se adentra en Punta Pacífica. Esa avenida, que yo conozca, no tiene un nombre relevante, y cobraría prestigio si llevara el nombre de Guillermo Endara Galimany.

El funeral del ex presidente Endara nos unió en el reconocimiento de sus virtudes; igual debe unirnos en el memorial público que le hagamos, para que esa unidad no nos fraccione ni nos empuje a eliminar sitios públicos o calles dedicadas a otros personajes de nuestra historia patria.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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