2009-06-07
El Ojo del Profeta
Pueblos hermanos
La reciente decisión de la OEA (Organización de Estados Americanos) de levantar la suspensión impuesta a Cuba hace 47 años, que la mantenía fuera del organismo, es un paso más hacia la integración plena de la comunidad de las naciones de América. Más que los estados y sus gobiernos, la relación de hermandad e intercambio se da entre los pueblos. Los gobernantes son pasajeros, los pueblos permanecen.
El valor del levantamiento de la marginación de Cuba de la OEA está no en lo político, sino en algo mucho más trascendente: la búsqueda de la fraternidad. Como dijera el Papa Juan Pablo II en su visita a la isla, para llevar el mensaje de esperanza a millones de cubanos: "que el mundo se abra a Cuba, y que Cuba se abra al mundo". Lo que resta es esperar esa apertura, en todos los órdenes de la vida política, social y cultural de la sociedad cubana. Que el pueblo cubano encuentre la verdadera paz, y la auténtica libertad, dentro y fuera de sus fronteras.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2009-05-31
La Voz del Pastor
Pentecostés
La Iglesia nos invita a vivir este tiempo de fin de Pascua en perspectiva paulina, ya que hemos dedicado este año a reflexionar y vivir momentos especiales en torno a la figura de San Pablo. Pienso que es bueno tratar de descubrir el elenco paulino de la acción del Espíritu Santo y todo lo que esta tercera Persona de la Santísima Trinidad hizo en la persona de San Pablo.
Podemos descubrir en la Carta a los Gálatas en dos ocasiones, cómo Pablo emplea el término “judaísmo”, para referirse a todo aquel sistema de vida moral, religiosa y civil que le había fascinado y cautivado anteriormente. En el judaísmo, Pablo encontró una primera realización de su espiritualidad. En ese contexto Pablo se presenta como un encarnizado perseguidor de la Iglesia naciente. Él había intuido que, aquel grupo socialmente irrelevante de personas que hablaban de Cristo muerto y resucitado, venía a presentarse como una seria amenaza para la religiosidad y espiritualidad judaica. El había tomado las medidas necesarias para combatir aquella amenaza que, para combatirla, era necesaria una decisión rápida de medidas que impidieran el crecimiento de ese grupo.
El problema iba más lejos de lo intuido desde el judaísmo, ya que los cristianos en lugar de construir su propia justicia, su propia identidad, como había hecho Pablo, ponían sorprendentemente su confianza en un personaje del que aseguraban que había muerto y resucitado, y al que fiaban toda iniciativa o, más aún, la administración de sus propias vidas. Se sentían urgidos a estar con Cristo Jesús, a moverse, a vivir, a desarrollarse en el contexto de Cristo, en contacto con él, perteneciendo a él; todo lo demás se volvía, para ellos, desconcertadamente secundario.
De ahí que podamos decir que la oposición era de tipo espiritual. Los cristianos oponían una espiritualidad cristocéntrica, cimentada en Cristo como absoluto, a la espiritualidad antropocéntrica de Pablo, construida echando mano de la Ley.
El tránsito de Pablo de la condición de judío a la de cristiano estuvo determinado por el descubrimiento de Cristo. Una vez que se hubo encontrado con Cristo muerto y resucitado, Pablo se ha visto apresado, asido por él, y ahora se da cuenta de que su vida ha cambiado: los núcleos de su personalidad se han puesto en movimiento y está siendo objeto de reajuste.
Ahora bien, esta decisión es interior, que se produce en lo más hondo. Se trata de una concepción antropológica distinta, incluso, como si se le hubiera dado la vuelta. El elemento más típico de este cambio radical reside en que, mientras que antes se sentía el responsable, el gestor activo, el protagonista determinante de su vida, ahora, sorprendentemente, se pone en las manos de otro. Se confía a Dios y reconoce que ha sido precisamente Dios quien lo eligió desde el vientre de su madre, para darle a conocer a su Hijo (Gal. 1,15-16).
Toda esta experiencia nos ayuda a comprender y nos da luces para responder a la llamada de Dios, quien nos elige y nos pone en camino, desde nuestra posición de cristianos para responder con fidelidad a las mociones del Espíritu que van forjando nuestras vidas desde una perspectiva dinámica para que Cristo sea amado, conocido y servido por todos.
Debemos recordar que es difícil expresar lo que cada uno siente cuando es desenraizado de su realidad para iniciar un nuevo caminar, todo esto se lo debemos a la acción del Espíritu del Señor que viene a arrebatarnos de nuestra comodidad para lanzarnos a una aventura interesante que debe tener una buena dosis de generosidad y docilidad para ir allá donde el Espíritu quiera llevarnos y hacer nuestra la obra de Dios en la recreación de la humanidad.
Vivimos tiempos muy especiales donde la temporalidad es lo que cuenta, por eso es necesario dejarse llevar por las mociones del Espíritu. Claro que somos personas de costumbres y con facilidad nos vamos acostumbrando a lo rápido, a salir del paso, a saber que todo lo que hacemos hoy puede darse o no y no pasa nada a la hora de vivir el compromiso; pero no podemos seguir en esa tónica, debemos despertar a la realidad que nos impulsa al compromiso y a la permanencia constante, si lo vivimos de esa manera superaremos las mediocridades de nuestros personajes actuales, ya que ellos, con facilidad rompen sus compromisos, pues no dejan actuar al Espíritu en sus vidas; confían demasiado en sus propias fuerzas y terminan por claudicar ante cualquier amenaza, por muy pequeña que sea. Es necesario saber descubrir la fuerzas especiales que el Espíritu va inspirando en nuestro tiempo para no dejarla pasar y responder con serenidad y fidelidad a todo lo que el Señor espera de nosotros.
Invoquemos a María, nuestra Madre, para que nos acompañe en nuestro caminar, como lo hizo con los apóstoles, es esa espera consciente y temerosa hasta que el Espíritu les dio la fuerza necesaria y la valentía para hacer frente a las realidades del momento.
Que el Dios de la Vida siga enviando su Espíritu a nuestros pueblos para cambiar el rumbo de nuestra historia y hacer más impactante y deseosa de vivirla a plenitud desde las mociones del Espíritu Santo.
Mons. Pedro Hernández Cantarero
Obispo del Vicariato Apostólico de Darién
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2009-05-31
A tiro de piedra
Patrimonio histórico y natural
Panamá tiene un patrimonio natural e histórico muy rico, que es muy poco apreciado por los nacionales. Quizá por eso, algunos capitalistas ávidos de más dinero, lo depredan y destruyen sin piedad, sólo con el avieso fin de enriquecerse.
Conjuntos monumentales, sitios históricos, edificios, selvas, ríos y playas, sucumben ante la avaricia de los desalmados. Que traen progreso, nos dicen; pero lo que vemos es ruina, después de que pasan. Son como aquel guerrero del lejano Oriente, a quien se le atribuye la siguiente frase: “por donde pisa mi caballo, no crece la hierba”. Pero, al menos, Atila el huno era bárbaro, en una época de bárbaros; pero estos nuevos vándalos, no tienen excusa, porque se supone que viven en un mundo ahora civilizado.
Atroz es el daño que se inflige al Casco Antiguo, porque más de un bellaco quiere hacer millones, sin importarle un comino la historia ni la ley. Lo que supuestamente es el atractivo de su “negocio”, lo destruye indolentemente. ¡Vaya empresario! Lo mismo ocurre con los manglares adyacentes al Corredor Sur, refugio de aves y otros animales silvestres, que se destruye para levantar mansiones y construir un campo en el que algunos dispendiadores de fortuna, matarán el tiempo metiendo una pelotita en un hoyo.
Ni los adefesios que se erigen en Bella Vista, barrio asesinado arquitectónicamente, ni los palacetes que se construyen en el Casco Viejo disfrazados de estilo colonial, ni los campos de golf diseñados por famosos golfistas, son más bellos que las edificaciones originales o la naturaleza viva en el manglar. ¿Por qué destruir, cuando se puede conservar? ¿Acaso no les da el ingenio para armonizar lo histórico y lo natural, con el desarrollo de un negocio? Quizá haya que reenfocar la forma en que se llenará la caja registradora, con la plusvalía que puede generar la valorización futura y la conservación, pero ese intento bien puede redimir, con creces, el sacrificio inicial.
Frente a tanto abuso y aparente impunidad, la comunidad despierta; las voces se levantan; y las acciones civiles se multiplican. Autoridades y capitalistas depredadores están en la mira, y sus bellaquerías poco a poco son puestas al descubierto. Así como en un tiempo surgió la Asociación Panameña de Crédito, para detectar a los malapagas y proteger al empresario de los avivatos, también surgirá, y espero que muy pronto, una asociación que lleve un registro de los depredadores de nuestro patrimonio histórico y natural, para protegernos de ellos. Que se sepa quiénes son, y que esta información se comparta con el resto del mundo, dentro y fuera de nuestras fronteras.
La conservación y la protección de nuestros patrimonios natural, histórico y cultural es asunto de todos. Si asumimos esta tarea como un deber cívico, contribuiremos a salvaguardar la creación que Dios, con su poder, y el hombre, con su talento, han hecho para hacer la vida humana más agradable y bella.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2009-05-31
Editorial
Ley inmoral, no es ley
El propósito de toda ley es normar, bajo la justa razón y lo que rectamente corresponde, cualquier situación o hecho que deba tutelar, para garantizar el bien común de la sociedad. Su finalidad, por tanto, tiende a darle igualdad al débil frente al fuerte, y a evitar los abusos de los poderosos sobre el resto de la población.
Con el intento fallido de ciertos diputados que intentaban recibir dinero del estado, más allá del periodo que le fijó la última reforma constitucional, se puso de manifiesto la torcedura de la ley a favor de unos cuantos, y en detrimento de la mayoría representada en los contribuyentes. Muy pocas voces, si no una, se levantaron en el seno del Órgano Legislativo. No así fuera de ese círculo, donde el inmoral acto provocó el rechazo y la censura.
Toda ley que atente contra la moral está muy lejos de ser una ley buena. Si su objetivo es beneficiar a unos pocos, a costa de los muchos, pierde su sentido de búsqueda del bien común. Peor aún si se impone, porque sólo obtendrá la legalidad en su forma, pero, jamás, la legitimidad que nace de la esencia que otorga la justicia y la rectitud moral que la hace buena y aceptable a los ojos y la conciencia del resto de la sociedad.
Tras esta experiencia, esperamos que se haya aprendido la lección, y que ésta motive a otros grupos de privilegiados a renunciar a las prebendas y los privilegios que un día, por la imposición de una norma, le fueran otorgados sin otro propósito que beneficiarlos en menosprecio del sentir y el bienestar de la comunidad panameña.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2009-05-31
El Ojo del Profeta
Paz frágil
La paz entre los seres humanos y las naciones, se fundamenta en el respeto mutuo y en la deposición de todo gesto amenazante. Toda diferencia, para que sea resuelta de manera pacífica, debe contemplar esos dos elementos, y recurrir al diálogo como forma civilizada para la solución de los conflictos. Y todo acuerdo negociado, también, debe fundamentarse en la justicia y en la aceptación libre de su contenido por cada una de las partes.
Cuando la amenaza, el chantaje y el poder de hacer daño se utilizan para someter al otro, entonces estamos expuestos a un peligro de consecuencias impredecibles. La fragilidad de la paz en la península coreana, constituye un riesgo para la humanidad, por la intimidación del uso de armas nucleares que, so pretexto de defenderse, hace una de las partes. No hay mensaje de paz en esas acciones; mucho menos una muestra sincera de querer buscarla. El resto del mundo debe reaccionar con más decisión, para evitarnos la hecatombe que se vislumbra en el horizonte, y que, hoy, se soslaya por posiciones políticas e ideológicas acomodaticias, que ningún bien parecen hacerle al resto del mundo.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2009-05-24
La Voz del Pastor
Fiesta de la Ascensión: ¡Comienza nuestra tarea!
La cincuentena pascual nos ofrece la oportunidad de adentrarnos en el misterio de Jesucristo, Señor y Mesías.
En la celebración litúrgica de hoy podemos asomarnos a otra faceta de lo ocurrido en la Pascua: su gloriosa Ascensión.
Disponemos de tres relatos en el Nuevo Testamento que expresan cómo la generación apostólica vincula su misión con el triunfo de Jesús Resucitado.
Estos relatos son:
• Lucas 24, 44-53
• Hechos 1,3-12
• Marcos 16, 9-20
Los primeros dos relatos tienen el mismo origen, por tener a Lucas como su autor, pero tienen diferencias que reflejan distintos intereses teológicos.
En el texto evangélico (Lc.24, 44-53) el propósito es vencer las dudas, el miedo y la incredulidad que todavía paralizan el corazón acobardado de los discípulos. Ellos tienen una misión por delante, que no podrán realizar hasta tanto no reciban “la fuerza de lo alto”. Deben aguardar con paciencia el cumplimiento de la promesa. Entonces, y sólo entonces, podrán ser testigos hasta los últimos rincones de la tierra. La Ascensión completa el ciclo de las apariciones del Resucitado e inicia el tiempo de la Iglesia, que por medio de la acción del Espíritu Santo deberá dar testimonio valiente y gozoso de Jesús.
El texto de los Hechos (Hechos 1,3-12), obra que completa según la indicación lucana el relato evangélico del mismo autor, refleja también una situación nueva: es necesario salir al paso de “doctrinas secretas” que se remiten a informaciones verbales del Resucitado a otros distintos de aquellos que han sido constituidos sus testigos (Hch. 1,8). Por eso es necesario emplazar el tiempo exacto (40 días) de las apariciones con carácter oficial. Nos encontramos, pues, ante el esfuerzo de la generación apostólica por mantener intacto el testimonio de “los testigos”, lejos de las especulaciones gnósticas cuya pro-ducción literaria alimentada por la fantasía ponía en riesgo la pureza de la fe.
En el texto de Marcos (Mc 16. 9-20) la Ascensión del Señor pone de relieve una nueva forma de presencia más allá de las apariciones que hasta ahora han tenido lugar. Esta modalidad que inaugura con su Ascensión se expresa en la palabra de la predicación apostólica, en el Espíritu que anima y fortalece a los testigos, en las acciones de poder frente a las fuerzas del mal y, sobre todo, en la certeza de que no estaban solos, porque el Señor “colaboraba con ellos”.
La tarea iniciada hace más de dos mil años no ha concluido, ni en extensión geográfica ni en la calidad de vida cristiana de quienes confesamos a Jesús Mesías como nuestro Salvador. La tarea inconclusa reclama hoy a todos los cristianos un nuevo impulso misionero capaz de abrazar a todos: los cercanos y los alejados; los que buscan a Dios, y los que viven sin Dios; los que comparten nuestra fe y los que siguen otros credos.
Con el gozo pascual, todavía a flor de piel, dispongámonos como los primeros discípulos a proponer con renovado fervor a Aquel cuyo nombre es sinónimo de paz y reconciliación. “Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos” (Hechos 4,12).
Mons. Aníbal Saldaña Santamaría
Obispo Prelado de Bocas del Toro
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2009-05-24
A tiro de piedra
Nos dejaron sin plata
Desde que tengo uso de razón, en cada cambio de gobierno el entrante se queja que el saliente no le dejó plata. Parece ser una regla política, que no tiene “acabadero”. Por estos días volvemos a escuchar ese canto, lo que indica que poco cambio veremos en ese sentido.
Antes de continuar debo aclarar, o más bien recordar, porque lo escribí antes de las elecciones, que ni me declaré loco, ni cholo, ni chocho. A ninguno le di mi voto, porque ninguno era de mi preferencia para el cargo presidencial. Así que nada me une ni me mueve a odiar a quien ganó, o a quienes perdieron; ni tengo razón para defender ni justificar las acciones de ninguna de las partes.
Cuando Marco Robles terminó su presidencia, le dijeron que hasta las vajillas de Palacio se llevó. Yo era un niño de primaria, pero recuerdo algunas cosas y hechos, aunque no los haya comprendido del todo. Fueron las elecciones de 1968. Mucha convulsión, disparos, robo de urnas, disturbios. Mucha arenga en la radio y acusaciones de toda clase. Alegría desbordante cuando Arnulfo Arias se “sentó en la silla”. A los pocos días, ya no teníamos presidente. Muy pocos alumnos llegamos a la escuela aquel día del golpe; quizá porque antes, la escuela siempre quedaba cerca de la casa de uno. La Guardia Nacional en la calle, armada hasta los dientes. Se hablaba bajito, como para que no supieran que se estaba en contra de la “tumbada de Arnulfo”. Después, los largos años de dictadura, y la lucha juvenil desde la escuela secundaria, hasta la invasión de 1989. La metamorfosis de “hijo predilecto” a “sedicioso”.
Al subir Guillermo Endara, todos sabíamos que el país estaba sin plata. Mucho desempleo, empresas quebradas o descapitalizadas, exiliados, golpeados, perseguidos, arruinados. Los billetes apenas podían tocarse, porque se deshacían en las manos. Cuentas bancarias restringidas a un retiro de 25%. Nada comparable a lo de hoy. Pero Endara no se quejó; trabajó. Ese sí que no tenía plata, pero no se quejó. ¿Por qué se quejan los que suben ahora?
Otro que no escuché quejarse por plata fue Ernesto Pérez Balladares. El Toro le dio continuidad a muchos de los proyectos que dejó Endara, aunque sí culpó al gobierno de éste de otros males.
Mireya Moscoso se quejó que el Toro no le dejó plata, y que se la había gastado en obras públicas, que estaban mal hechas. Cuando subió Martín Torrijos, también éste se quejó que Mireya no le dejó dinero. Le recriminó que inauguró obras sin concluir. Ahora que se va, los ministros designados por Ricardo Martinelli, se quejan que no le dejan plata. También hay quejas sobre las obras que avanzan a tambor batiente, para inaugurarse rápido.
¿Qué ha cambiado de nuestra política? ¿De nuestra clase partidista? Repito, por ninguno voté para presidente, pero espero que el gobierno, como institución, se dedique a trabajar y no a quejarse. Al fin y al cabo fue elegido para cambiar las cosas; y, con plata o no, tiene que cumplir sus promesas. Está por empezar y poco podemos decir ahora; pero, en un par de años, cuando los locos recuperen la cordura, aplaudirán o empezarán a pasar factura. Entonces, posiblemente, los cuerdos volveremos a ser más.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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