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lunes, 7 de diciembre de 2009

Personas con discapacidad

2009-11-29
Editorial
Personas con discapacidad

Dios nos ha creado iguales en dignidad y la ley de los hombres declara que todo ser humano tiene igualdad en derecho, ninguno, pues, es más ni menos que su semejante, ante Dios y ante los hombres. Ninguna persona, por tanto, debe ser traída a menos o ser privilegiada, por condición de sexo, raza, religión, cultura, recurso económico, o posición ideológica o política.

Las personas con discapacidad, sin embargo, luchan denodadamente por el reconocimiento de su dignidad y sus derechos. A pesar que han ganado algunos espacios, todavía queda mucho por hacer, especialmente en el campo de la formación cívica del resto de la sociedad. Más que la actitud de humanidad frente a ellas, se trata de la propia conciencia, que nos mueve a tratar al semejante como nos gustaría que nos trataran a nosotros mismos.

Por eso conmueve tanta indolencia, cuando nuestras vías públicas, instalaciones de centros comerciales, edificios y lugares públicos carecen de los medios adecuados para el desplazamiento y uso de las personas con discapacidad. Duele aún más, cuando algunos, saludables y en pleno goce de su capacidad física, se apropian de los estacionamientos, sanitarios, y otros sitios reservados para las personas con discapacidad.

Al dedicarse el día 3 de diciembre próximo a las personas con discapacidad, urgimos a la sociedad entera a reflexionar acerca de lo que el resto de la población hace con respecto a aquellas. Más que a las personas discapacitadas, es a nosotros mismos a quienes nos servirá interiorizar esta situación, para procurar construir un ambiente solidario y más humano.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 22 de septiembre de 2009

Día del recluso

2009-09-20
Editorial
Día del recluso

El día 24 de septiembre está dedicado a los privados de libertad, con el fin de reflexionar sobre el tratamiento que reciben por parte de la sociedad. Es, también, la fiesta de Nuestra Señora de La Merced, a quien la Iglesia tiene por patrona de los reclusos, como invitándonos a ver con caridad y misericordia al detenido, sin detenernos a juzgar sobre su maldad o su delito, sino en su condición de persona humana.

Tratar con humanidad al privado de libertad no significa, en manera alguna, eximirlo de su culpa o justificar su delito, ni mucho menos callar ante la tortura o el trato cruel e inhumano. Si alguno, que lo hay, comete un delito atroz, no es devolviendo mal por mal que se hace justicia, porque nos pondríamos en el mismo lugar del criminal.

Por eso, nuestras cárceles deben ser centros donde el cumplimiento de la pena o la prisión preventiva, sean lugares que muestren el lado humano de la sociedad. Los reclusos deben ser clasificados por categoría, según edad y falta cometida, alojados en celdas salubres, y sometidos a un régimen de trabajo, descanso, entretenimiento y educación que les permita reencontrarse con su humanidad.

Y en esa tarea de humanización de las cárceles, no olvidar el derecho de los privados de libertad a practicar su fe, derecho que se ve conculcado con mucha frecuencia, al ponerse una y mil trabas para su asistencia espiritual; situación ésta que ha empeorado en los últimos años. Pero confianza tenemos en que, por humanidad y amor al prójimo, las condiciones mejoren y los centros penitenciarios dejen de ser el sitio infernal que hasta ahora hemos conocido.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 29 de mayo de 2009

Paz frágil

2009-05-31
El Ojo del Profeta
Paz frágil

La paz entre los seres humanos y las naciones, se fundamenta en el respeto mutuo y en la deposición de todo gesto amenazante. Toda diferencia, para que sea resuelta de manera pacífica, debe contemplar esos dos elementos, y recurrir al diálogo como forma civilizada para la solución de los conflictos. Y todo acuerdo negociado, también, debe fundamentarse en la justicia y en la aceptación libre de su contenido por cada una de las partes.

Cuando la amenaza, el chantaje y el poder de hacer daño se utilizan para someter al otro, entonces estamos expuestos a un peligro de consecuencias impredecibles. La fragilidad de la paz en la península coreana, constituye un riesgo para la humanidad, por la intimidación del uso de armas nucleares que, so pretexto de defenderse, hace una de las partes. No hay mensaje de paz en esas acciones; mucho menos una muestra sincera de querer buscarla. El resto del mundo debe reaccionar con más decisión, para evitarnos la hecatombe que se vislumbra en el horizonte, y que, hoy, se soslaya por posiciones políticas e ideológicas acomodaticias, que ningún bien parecen hacerle al resto del mundo.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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