2008-05-11
A tiro de piedra
Roma eterna
Una vez más volví a Roma para asistir a un seminario sobre la Iglesia y la Cultura de la Controversia. Mis tres estadías en ella, una de largo tiempo y dos de unos días, han sido por motivos de estudio y formación, como si ya estuviera predestinado a visitarla bajo esa condición. Sin embargo, siento que Roma siempre es Roma, y continúa siendo mi ciudad favorita del continente europeo.
Sus monumentos y edificios, que nos recuerdan su rica historia, la hacen ostentar el título de "Ciudad Eterna"; y no porque sus piedras y sus portentosas edificaciones se lo otorguen, sino por su aporte en instituciones y pensamiento a la civilización occidental. Roma es, también, la sede del cristianismo católico, desde hace siglos, y, desde allí, la contribución del pensamiento cristiano se ha expandido a toda Europa y al resto del mundo.
Al visitar cada sitio arqueológico e histórico, que involucra a la antigua Roma y al cristianismo, uno se conmueve. Ver lo que se tiene al frente, y enterarse de lo que representa o lo que ocurrió en el lugar, enriquece y permite ver la grandeza y la eternidad de Roma. El imperio que sentó las bases de la civilización universal y el cristianismo que llenó e inspiró de humanidad al mundo, se hacen uno a la vista del visitante.
La Roma actual está más ligada al cristianismo que a su histórico pasado. Si quitamos lo cristiano a la ciudad, sólo le quedaría lo más remoto de su historia. ¿Qué sería de ella? Lo más probable es que aparecería como Atenas o alguna otra ciudad que alberga los restos de lo que fue la vida comunitaria humana, representado en su patrimonio arqueológico. La Roma de ahora está tan ligada al cristianismo, que prescindir de él sería catastrófico para ella, porque dejaría de ser lo que es en la actualidad.
Roma es la ciudad del Papa, la que acoge a la Santa Sede, a El Vaticano. Sus miles de visitantes cuentan, entre a ellos, a otros tantos miles de peregrinos y creyentes que acuden a ver al Santo Padre y los signos y expresiones del cristianismo. Los símbolos de la ciudad están estrechamente ligados a lo cristiano. El Coliseo, sitio de martirio de la cristiandad; la Basílica de San Pedro; las catacumbas y otros. La Ciudad Eterna lo es por el pensamiento y el modo de vida que ha emanado de ella y que sus edificaciones y monumentos nos recuerdan. Ave Roma de la civilización. Salve Roma de los apóstoles. El mundo espera en ti, en tus mártires y santos
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2008-05-11
Editorial
Pentecostés
Concluimos el periodo pascual con la Solemnidad de Pentecostés, rememorando y haciendo vida, al mismo tiempo, la venida del Paráclito intercesor que nos prometió nuestro Señor Jesucristo. El Espíritu Santo de Dios, que descendió sobre los apóstoles, el mismo que recibimos en el bautismo, es el guía de todo cristiano y todo creyente en Cristo Jesús nuestro Señor.
Durante 50 días hemos tenido la oportunidad de vivir el gozo de la Resurrección de Cristo de manera especial, y que hemos de mantener en nuestras vidas renovándonos con la oración diaria y la práctica de fe como personas y como comunidad. Esa oración y esa práctica tienen un nervio motor, que la hace funcionar: el Espíritu Santo, tercera persona de la Trinidad, que con el Padre y el Hijo hacen uno.
Nuestro Pentecostés diario es encontrarnos con el Señor, y pidiéndole en toda ocasión que nos envíe el Espíritu Intercesor prometido. Cada acto de nuestra vida debe ser iluminado por la acción del Espíritu Santo, porque no vivimos de casualidades ni de la suerte, sino de la Providencia Divina y de acción salvífica del sacrificio de Cristo, que resucitó para darnos la vida y en abundancia.
Que al concluir este tiempo litúrgico pascual no nos vayamos a nuestro Emaús, pensando que todo ha terminado. Si así fuere el caso, que no vacilemos en volver al encontrar al Señor en el camino, y reconocerlo al partirse el pan en cada Eucaristía y en el ardor de nuestros corazones al escuchar su Palabra.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2008-05-11
El Ojo del Profeta
La Policía como Institución
La sociedad humana necesita de instituciones para permitir que se desarrolle la convivencia y el desarrollo de la vida en ella, y la policía es una de esas instituciones. Contrario a la creencia común, la policía es mucho más que el cuerpo o fuerza que vela por el cumplimiento de las normas de orden público. La policía, antes que el cuerpo uniformado, es la organización y normas internas para mantener el orden en la colectividad.
Con la renuncia del hasta ahora director de la Policía Nacional, se abre el debate acerca de si corresponde a un civil o a un uniformado ocupar ese cargo. La ley vigente señala lo que debe hacerse, y así debe cumplirse. Reformarla para facilitar que con el cambio se pueda, legalmente, hacer otra cosa, no es correcto ni conveniente para el país.
Que no nos perdamos, por razón del manejo torcido y oportunista de la política, por caminos tortuosos que a mal destino llevarán. En la nación hay un sentir y un espíritu que inspira la razón y el sentido de lo que debe ser la institución de policía dentro de un régimen democrático; hacerla más profesional y eficaz es lícito en lo moral y en lo jurídico; desvirtuar su papel, en manera alguna jamás será permitido.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2008-05-04
La Voz del Pastor
El recto uso de los Medios de Comunicación
Al celebrar, un año más, la "Jornada de los Medios de Comunicación Social", nada más oportuno que refrescar la memoria con algunas reflexiones y orientaciones del Decreto Conciliar "Inter mirifica" del Concilio Vaticano II, promulgado por S.S. Paulo VI.
La Iglesia Católica fundada por Cristo, el Señor, para llevar la salvación a todos los hombres, y en consecuencia, urgida por la necesidad de evangelizar, considera que forma parte de su misión predicar el mensaje de salvación con la ayuda, también, de los medios de comunicación social y enseñar a los hombres su recto uso.
La Iglesia, por ende, tiene el derecho, como cualquier entidad humana, de utilizar y poseer toda clase de medios, en cuanto necesarios y útiles para la educación cristiana.
Por su parte, toca principalmente a los laicos vivificar con espíritu humano y cristiano los medios de comunicación para que respondan plenamente a las grandes expectativas de la sociedad humana y al plan divino. Por lo mismo, es necesario que todos los interesados se formen una recta conciencia sobre el uso de estos medios en lo tocante a algunas cuestiones más claramente debatidas en nuestros días.
Y en primer lugar, Paulo VI se refiere a la llamada información, es decir, a la búsqueda y divulgación de noticias. La comunicación pública y oportuna de los acontecimientos y de los asuntos ofrece a los individuos un conocimiento más pleno y continuo de éstos, contribuyendo así eficazmente al bien común y promoviendo más fácilmente el desarrollo progresivo de toda la sociedad civil.
Por consiguiente, existe en la sociedad humana el derecho a la información sobre cuanto afecte a los hombres individual o socialmente considerados y según las circunstancias de cada cual. Sin embargo, el recto ejercicio de este derecho exige que, en cuanto a su contenido, la comunicación sea siempre verdadera e íntegra, salvadas la justicia y la caridad; además en cuanto al modo, ha de ser honesta y conveniente, es decir, debe respetar escrupulosamente las leyes morales, los derechos legítimos y la dignidad humana, tanto en la búsqueda de la noticia como en su divulgación, y que no todo conocimiento aprovecha; pero la "caridad es constructiva" (I Cor 8,1).
El Concilio Vaticano contempla también las relaciones que median entre los llamados derechos del arte y la ley moral. El orden moral es, en efecto, el único que abarca en toda su naturaleza al hombre, criatura racional de Dios y llamado a lo sobrenatural; y solamente tal orden moral sí es observado íntegra y fielmente, lo conduzca al logro pleno de la perfección.
Finalmente, la narración, la descripción o la representación del mal moral pueden ciertamente, con la ayuda de los medios de comunicación social, servir para conocer y explorar más profundamente al hombre, para manifestar y exaltar la magnificencia de la verdad y del bien.
Puesto que hoy día, la opinión pública ejerce un poderosísimo influjo en la vida privada y pública de los ciudadanos de todos los sectores, es necesario que todos los miembros de la sociedad cumplan sus deberes de caridad y justicia, también en este campo y, así con la ayuda de estos medios, se esfuercen por formar y difundir una recta opinión pública.
A todos los trabajadores de los "Medios", mis fraternas felicitaciones y mis mejores deseos en ese sagrado compromiso con la verdadera y sana Comunicación Social.
Mons. Carlos María Ariz, cmf
Obispo Emérito de la Diócesis de Colón - Kuna Yala
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2008-05-04
A tiro de piedra
Comunicaciones sociales
Cada año la Iglesia nos invita a reflexionar acerca de los medios de comunicación social y su incidencia en la vida colectiva, a través de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, invitando a los propietarios, directores, trabajadores y usuarios de aquellos a examinar la tarea que realizan y el aporte que se hace para el progreso y la edificación de la sociedad.
Hoy, más que nunca, los medios de comunicación marcan el rumbo de la comunidad humana en pensamiento, modelos, comportamiento y selección de la agenda temática. Son, pues, una institución que forma parte insustituible de la civilización contemporánea: sin ellos, el mundo devendría en caos. Por tal razón, el usuario necesita mantener un escrutinio permanente y una lectura crítica de los medios, para determinar si el mensaje recibido es provechoso o dañoso para sí mismo y los suyos.
En la actualidad la información sufre una transformación esencial; la noticia es reemplazada por el espectáculo, y lo trascendente por lo superficial. Ahora se exalta el morbo y la violencia, en detrimento de aquellos valores que la sociedad aún tiene por buenos. Se busca lo espectacular y lo llamativo, sin escatimar en recursos, esfuerzo y consecuencia. Estamos en la era en que muchas noticias son fabricadas; ya el hecho no surge espontáneamente, sino que se provoca y se induce.
Otro fenómeno informativo que experimentamos es el desarrollo de la Internet como medio de comunicación, a la que se suma la telefonía celular, y que introduce formas de comunicación y de expresión que transforman la cultura e influencian el comportamiento humano. Un mundo interconectado está, en teoría, más informado; pero, también, es un mundo vulnerable porque no hay límite en el contenido de los mensajes, lo que plantea un problema ético en cuanto a la veracidad, la fiabilidad y la finalidad que persigue cada hecho o situación que es difundido por esos canales.
La sociedad tendrá que actuar de manera propositiva frente a la realidad mediática actual. La educación es pieza importante dentro del reto que representan las comunicaciones sociales de este siglo; el estudio de la materia y su comprensión debe extenderse a toda la población a través de la escuela, para crear una mayor conciencia en cuanto a su alcance, influencia y el control social que puede ejercer el usuario. El desafío está ahí, y tarde o temprano tenemos que asumirlo.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2008-05-04
Editorial
El periódico católico
La información y el manejo de un medio de comunicación tienen en común la transmisión de mensajes que sean próximos a la realidad del destinatario; mientras mayor sea esa proximidad, más cercanía experimentará el usuario con relación al medio. El estrecho vínculo que se produce entre el medio y el usuario, tiene un nexo fuerte en el interés común y el sentimiento mutuo que uno y otro comparten.
El periódico católico es, por lo general, el vínculo entre la fe y la acción pastoral de la Iglesia con el creyente. Editar un periódico eclesial, como el caso nuestro, es un apostolado y una tarea que se asume mayormente en el plano del compromiso cristiano y la vocación de comunicar. Es una labor encauzada hacia la propagación del Evangelio, y a la divulgación de la vida doctrinal y pastoral de la Iglesia. No en vano, el Concilio Vaticano II invita a todo aquel tenga pericia y conocimiento en el campo de la comunicación social, a ponerlos al servicio de la prensa católica.
De la misma forma en que los conocedores de la técnica son invitados a donarse, también los fieles tienen la responsabilidad de apoyar y sostener a la prensa católica. Su concurso es importante para el desarrollo y la existencia del periódico católico, porque es el pueblo de Dios el destinatario principal del medio católico.
Nuestro entorno de comienzos del tercer milenio nos apremia a poseer más medios cristianos, en donde el periódico católico tiene un papel determinante que desempeñar. En un mundo donde se reducen los espacios para la difusión del Evangelio en los medios seculares, la prensa católica es vital para la nueva evangelización que ha de hacerse desde los nuevos tejados de la comunicación humana.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2008-05-04
El Ojo del Profeta
El Compromiso de los Comunicadores
Comunicar y difundir información es una actividad que reclama un alto grado de compromiso por parte de quien la ejerce. No basta transmitir el hecho en sí, sino hacerlo con un profundo sentido ético fundamentado en particulares valores que dan sentido a la búsqueda del bien común y la edificación de la sociedad, al ejercer el noble oficio de hacer comunicación.
Divulgar aquello que realmente importa, no por lo espectacular que sea, sino por lo que representa para el progreso y el cambio de conducta de la población. Toda información presentada en la noticia y el arte comunicativo, debe procurar el crecimiento y el desarrollo de la conciencia y el espíritu. Lo que no llena ese cometido, malamente puede llamarse comunicación social.
La Iglesia celebra este domingo la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, bajo el lema “Los medios: red de comunicación, comunión y cooperación”; jornada que busca despertar el interés sobre el verdadero propósito de los medios, pero, sobre todo, mover a quienes los poseen y trabajan en ellos, a realizar una labor liberadora en pos de un mundo mejor y más humano, capaz de descubrir su dignidad y vocación como creación de Dios.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.orgIr a Panorama Católico Edición Digital