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lunes, 7 de diciembre de 2009

Benedicto XVI: Evangelizar los nuevos areópagos

2009-11-29
Ventana Pontificia
Benedicto XVI: Evangelizar los nuevos areópagos
Mensaje del Papa al Prefecto de la Congregación para la Evangelización del los Pueblos

Publicamos a continuación el Mensaje que el Papa ha dirigido al cardenal Ivan Dias, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, cuya asamblea plenaria ha comenzado hoy en la Universidad Urbaniana de Roma, con el tema “San Pablo y los nuevos aerópagos”.

Al Venerado Hermano señor cardenal Ivan Dias

Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos

Con ocasión de la Asamblea Plenaria de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, deseo dirigirle, señor cardenal, mi cordial saludo, que de buen grado hago extensivo a los arzobispos, a los obispos y a cuantos toman parte en ella. Saludo también al secretario, al secretario adjunto, al subsecretario y a todos los colaboradores de este dicasterio. Uno la expresión de mis sentimientos de aprecio y de gratitud por el servicio que hacéis a la Iglesia en el ámbito de la misión ad gentes.

El tema que afrontáis en este encuentro, "San Pablo y los nuevos areópagos", también a la luz del Año Paulino concluido hace poco, ayuda a revivir la experiencia del Apóstol de los Gentiles cuando en Atenas, tras haber predicado en numerosos lugares, se dirigió al areópago y anunció allí el Evangelio usando un lenguaje que hoy podríamos definir ‘inculturado’ (cfr Hch 17,22-31).

Ese areópago, que entonces representaba el centro de la cultura del culto pueblo ateniense, hoy – como diría mi venerado predecesor Juan Pablo II - “puede ser asumido como símbolo de los nuevos ambientes en los que se debe proclamar el Evangelio” (Redemptoris missio, 37). En efecto, la referencia a ese acontecimiento constituye una invitación apremiante a saber valorar los "areópagos" de hoy, donde se afrontan los grandes desafíos de la evangelización. Queréis analizar este tema con realismo, teniendo en cuenta los muchos cambios sociales ocurridos. Un realismo apoyado por el espíritu de fe, que ve la historia a la luz del Evangelio, y con la certeza que tenía Pablo de la presencia de Cristo resucitado. Resuenan confortadoras también para nosotros las palabras que Jesús le dirigió en Corinto: "No tengas miedo, sigue hablando y no calles; porque yo estoy contigo y nadie te pondrá la mano encima para hacerte mal” (Hch 18,9-10). De manera eficaz, el Siervo de Dios Pablo VI dijo que no se trata solo de predicar el Evangelio, sino de “alcanzar y casi sacudir con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvación” (Enseñanzas XIII, [1975], 1448).

Es necesario mirar a los “nuevos areópagos” con este espíritu; algunos de ellos, en la actual globalización, se han vuelto comunes, mientras que otros siguen siendo específicos de algunos continentes, como se ha visto también en la reciente Asamblea especial para África del Sínodo de los Obispos. La actividad misionera de la Iglesia debe por tanto orientarse hacia estos centros neurálgicos de la sociedad del tercer milenio. No debe infravalorarse la influencia de una difundida cultura relativista, las más de las veces carente de valores, que entra en el santuario de la familia, se infiltra en el ámbito de la educación y en otros ámbitos de la sociedad y los contamina, manipulando las conciencias, especialmente las juveniles. Al mismo tiempo, sin embargo, a pesar de estas insidias, la Iglesia sabe que el Espíritu Santo está siempre en acción. Se abren de hecho nuevas puertas al Evangelio y se va extendiendo en el mundo el anhelo de una auténtica renovación espiritual y apostólica. Como en otras épocas de cambios, la prioridad pastoral es mostrar el verdadero rostro de Cristo, Señor de la historia y único Redentor del hombre. Esto exige que cada comunidad cristiana y la Iglesia en su conjunto ofrezcan un testimonio de fidelidad a Cristo, construyendo pacientemente esa unidad querida por Él e invocada por todos sus discípulos. La unidad de los cristianos hará, de hecho, más fácil la evangelización y la confrontación con los desafíos culturales, sociales y religiosos de nuestro tiempo.

En esta empresa misionera podemos mirar al apóstol Pablo, imitar el “estilo” de vida y el mismo “espíritu” apostólico centrado totalmente en Cristo. Con esta completa adhesión al Señor, los cristianos podrán más fácilmente transmitir a las futuras generaciones la herencia de la fe, capaz de transformar también las dificultades en posibilidades de evangelización. En la reciente Encíclica Caritas in veritate quise subrayar que el desarrollo económico y social de la sociedad contemporánea necesita recuperar la atención a la vida espiritual y una “seria consideración de las experiencias de confianza en Dios, de fraternidad espiritual en Cristo, de confianza en la Providencia y en la Misericordia divinas, de amor y de perdón, de renuncia a sí mismos, de acogida del prójimo, de justicia y de paz... El anhelo del cristiano es que toda la familia humana pueda invocar a Dios como Padre Nuestro” (n. 79).

Señor cardenal, mientras agradezco el servicio que este dicasterio hace a la causa del Evangelio, invoco sobre usted y sobre cuantos toman parte en la presente Asamblea Plenaria la ayuda de Dios y la protección de la Virgen María, Estrella de la evangelización, mientras envío de corazón a todos mi Bendición Apostólica.

En el Vaticano, 13 de noviembre de 2009.

S.S. Benedicto XVI
Obispo de Roma


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miércoles, 14 de mayo de 2008

El recto uso de los Medios de Comunicación

2008-05-04
La Voz del Pastor
El recto uso de los Medios de Comunicación

Al celebrar, un año más, la "Jornada de los Medios de Comunicación Social", nada más oportuno que refrescar la memoria con algunas reflexiones y orientaciones del Decreto Conciliar "Inter mirifica" del Concilio Vaticano II, promulgado por S.S. Paulo VI.

La Iglesia Católica fundada por Cristo, el Señor, para llevar la salvación a todos los hombres, y en consecuencia, urgida por la necesidad de evangelizar, considera que forma parte de su misión predicar el mensaje de salvación con la ayuda, también, de los medios de comunicación social y enseñar a los hombres su recto uso.

La Iglesia, por ende, tiene el derecho, como cualquier entidad humana, de utilizar y poseer toda clase de medios, en cuanto necesarios y útiles para la educación cristiana.

Por su parte, toca principalmente a los laicos vivificar con espíritu humano y cristiano los medios de comunicación para que respondan plenamente a las grandes expectativas de la sociedad humana y al plan divino. Por lo mismo, es necesario que todos los interesados se formen una recta conciencia sobre el uso de estos medios en lo tocante a algunas cuestiones más claramente debatidas en nuestros días.

Y en primer lugar, Paulo VI se refiere a la llamada información, es decir, a la búsqueda y divulgación de noticias. La comunicación pública y oportuna de los acontecimientos y de los asuntos ofrece a los individuos un conocimiento más pleno y continuo de éstos, contribuyendo así eficazmente al bien común y promoviendo más fácilmente el desarrollo progresivo de toda la sociedad civil.

Por consiguiente, existe en la sociedad humana el derecho a la información sobre cuanto afecte a los hombres individual o socialmente considerados y según las circunstancias de cada cual. Sin embargo, el recto ejercicio de este derecho exige que, en cuanto a su contenido, la comunicación sea siempre verdadera e íntegra, salvadas la justicia y la caridad; además en cuanto al modo, ha de ser honesta y conveniente, es decir, debe respetar escrupulosamente las leyes morales, los derechos legítimos y la dignidad humana, tanto en la búsqueda de la noticia como en su divulgación, y que no todo conocimiento aprovecha; pero la "caridad es constructiva" (I Cor 8,1).

El Concilio Vaticano contempla también las relaciones que median entre los llamados derechos del arte y la ley moral. El orden moral es, en efecto, el único que abarca en toda su naturaleza al hombre, criatura racional de Dios y llamado a lo sobrenatural; y solamente tal orden moral sí es observado íntegra y fielmente, lo conduzca al logro pleno de la perfección.

Finalmente, la narración, la descripción o la representación del mal moral pueden ciertamente, con la ayuda de los medios de comunicación social, servir para conocer y explorar más profundamente al hombre, para manifestar y exaltar la magnificencia de la verdad y del bien.

Puesto que hoy día, la opinión pública ejerce un poderosísimo influjo en la vida privada y pública de los ciudadanos de todos los sectores, es necesario que todos los miembros de la sociedad cumplan sus deberes de caridad y justicia, también en este campo y, así con la ayuda de estos medios, se esfuercen por formar y difundir una recta opinión pública.

A todos los trabajadores de los "Medios", mis fraternas felicitaciones y mis mejores deseos en ese sagrado compromiso con la verdadera y sana Comunicación Social.

Mons. Carlos María Ariz, cmf
Obispo Emérito de la Diócesis de Colón - Kuna Yala

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miércoles, 26 de marzo de 2008

Lo más importante

2008-03-23
A tiro de piedra
Lo más importante

La religiosidad y la devoción de nuestro pueblo cristiano aún es notoria, cuando de las celebraciones religiosas se trata. Jueves y Viernes Santo convocan a miles de personas a los templos, para rendir tributo y ofrecer alguna manda por los favores recibidos por Dios o para obtener alguna gracia divina.

Mucho se critica de esa actitud popular, porque se considera una fe inmadura o vacía de formación y práctica cristiana más comprometida. Sin embargo, cuando veo la multitud que se acerca con devoción a los altares, pienso en el funcionario de la reina Candace de Etiopía, que recitaba las escrituras sin entenderlas, hasta que Felipe se le acercó y se las explicó. Así me lucen estos hermanos y hermanas que suben a los templos y que parecen como ovejas sin pastor. Más que criticarlos, deberíamos esforzarnos por evangelizarlos más profundamente.

Es fundamental que les hagamos saber lo más importante en la celebración de los días santos, como anticipo de la fiesta pascual. Cristo Resucitado es el centro y el motivo de toda esta alegría y conmemoración. Nuestra misión ante aquel gentío es proclamar la Resurrección de Jesucristo como Buena Nueva. ¡Ay de nosotros! si no evangelizamos y si los dejamos marchar con el incienso o el artículo que compran a los mercaderes que están a las puertas de nuestros templos, quienes, por cierto, también necesitan del anuncio de la Buena Noticia.

Cada parroquia puede aprovechar la ocasión para instruir a sus colaboradores más cercanos en el oficio de recibir y guiar a los visitantes, explicándoles cómo orar, qué hacer ante el Santísimo cuando está expuesto, el sentido de la Hora Santa o la liturgia que se esté celebrando, el porqué de la Vigilia Pascual y la importancia de asistir a la Misa de Resurrección el domingo.

Otro tiempo que podemos aprovechar es el de los domingos de Pascua, con reuniones de catequesis y cursos bíblicos que abarquen ese tiempo y que estén dirigidos a quienes tengan esa experiencia por primera vez. Hasta podría dictarse un tema por cada domingo agrupando a niños, jóvenes, hombres, mujeres, ancianos y matrimonios; de esta manera sería una sola jornada de sábado en la mañana o la tarde, según convenga, y se culminaría con la Eucaristía dominical y un ágape al final de la misa. Todas son ideas que alguna persona osada puede realizar en su parroquia.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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