2008-04-27
La Voz del Pastor
El matrimonio, apuntes jurídicos
… “Ya no son dos, sino una sola carne…lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”. (San Mateo 19, 6)
El matrimonio, apuntes jurídicos que quiero compartir con los lectores:
El matrimonio implica actos, hábitos, co-identidad biográfica entre los esposos. Las tres son esenciales porque cada una de ellas afecta a toda la estructura constitutiva del matrimonio. Son todas ellas imprescindibles y si falta solo alguna de ellas se provoca la insuficiencia entera del poder eficiente del sujeto para fundar el matrimonio.
El matrimonio no es una edad del ser humano, que adviene, se desarrolla y caduca a impulsos de la correspondiente información genética, como ocurre con el paso de la infancia a la pubertad, con la adquisición y pérdida de la juventud, con el advenimiento de la vejez y la muerte. No se nace casado.
Tampoco el matrimonio es un hecho que se sucede. Ningún poder humano ajeno a los propios contrayentes puede convertirlos realmente en esposos. El origen del matrimonio pertenece al ámbito de la libertad, esto es, de la propia e inviolable autodeterminación. Su aparición no es un acontecimiento de nuestra síntesis pasiva, sino un acto del poder de originar en sí y por sí del sujeto activo. El matrimonio sólo surge de un acto de libre elección de los propios contrayentes sobre sí mismos y sobre esta tan específica forma de unirse en cuanto a varón y mujer.
En este sentido, el matrimonio no es sin el acto que lo funda, quiere esto decir que el matrimonio es válido, ante todo, si su existencia es autobiográfica, causalmente referible a un singular acto de los esposos, inédito en su pasado e irrepetible en su futuro: un libre acto recíproco de constitución de co-identidad aquí y ahora. Esto el consentimiento o matrimonio.
En segundo lugar, el matrimonio es, esencialmente una co-identidad humana profundísima. Es aquel modo de ser, con base en la potencia de unión que la dualidad sexual humana contiene y que el acto de libertad fundamentalmente pone en la existencia, en cuya virtud el esposo llega a ser aquel cuya identidad, en cuanto a varón se define como el que “pertenece a esta su mujer” y, a su vez, la esposa es aquella cuya identidad, en cuanto a mujer, se define como “la que pertenece a éste su varón”. Esta co-identidad es exclusiva entre ellos (unidad) y es para toda su vida o co-biográfica (indisolubilidad).
Por último, el matrimonio es un común proyecto de vida, cuyo contenido objetivo viene dado por la búsqueda conjunta del bien conyugal y de la procreación y educación de los hijos que se realiza progresivamente mediante actos reiterados por el sentido de continuidad que se deriva de expresar deberes permanentes.
Dentro de esta debida ordenación a los fines objetivos, coordinados y compatibilizados con ellos, los esposos persiguen sus fines objetivos sean personales o comunes, constituyendo el congruente entrelazamiento entre los fines objetivos y subjetivos la co-biografía irrepetible de cada pareja.
A estas tres dimensiones del matrimonio corresponden las tres dimensiones de la específica voluntariedad del consentimiento, las cuales, a su vez, son la fuente de los tres criterios de medida que propone el canon 1095. Son las siguientes: en primer lugar ser en todo caso un acto humano, esto es, de libre voluntariedad racional y consciente de su especificidad; en segundo lugar ser un acto cuya libre voluntariedad racional está proporcionada para disponer el don y aceptación recíprocas de la propia masculinidad o feminidad en términos de conjunta vinculación de índole jurídica; y, en tercer lugar, ser un acto cuya libre voluntariedad racional puede asumir aquí y ahora aquellos futuros actos y conductas conyugales que, en términos de obligación conjunta y recíproca, exigen la recta ordenación de la convivencia hacia la obtención de sus fines esenciales.
En resumen la capacidad consensual, regulada a lo largo del texto de canon 1095 reúne estas tres dimensiones de la específica voluntariedad del mismo y único consentimiento eficiente, que se fundamental en tres dimensiones de la estructura sustancial del único matrimonio: el signo fundacional de vínculo, la instauración de su esencia y la asunción de su dinámica hacia los fines objetivos.
Termino con la respuesta de San Pablo: “Ustedes me han escrito sobre varios puntos…en cuanto a los casados les doy esta orden, que no es mía sino del Señor: que la mujer no se separe de su marido. Y si se ha separado de él, que no se vuelva a casar o que haga las paces con su marido. Y que tampoco el marido despida a su mujer” (1 Corintios 7, 1.10-11)
“Ya no son dos, sino una sola carne…lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”. (San Mateo 19, 6)
Mons. Fernando Torres
Obispo de la Diócesis de Chitré
Ir a Panorama Católico Edición Digital
2008-04-27
A tiro de piedra
Administración energética
El aprovechamiento, uso y la administración de la energía que consumimos reclama que se tomen acciones a corto y largo plazo. En ese sentido, hay dos aspectos ligados al campo energético que nos merecen prioridad: el aprovisionamiento y el efecto ambiental. Sobre estos dos pilares se sostienen la política y planificación energética de todo estado.
Nuestro país muestra una tendencia a consumir mayor energía, y con ello, un mayor riesgo de daños ambientales que ocasionan perjuicios, algunos irreparables, a la naturaleza. Para mantener el necesario equilibrio entre el progreso y el ambiente, es imprescindible adoptar algunas medidas que al principio resultarán impopulares, pero que ayudarán a garantizar el abastecimiento energético y la preservación de un ambiente sano.
Comencemos por la energía: Esta debe ser abundante y barata. La electricidad, el petróleo y sus derivados y las formas tradicionales de producirla como la leña y el carbón, son recursos finitos que deben usarse racionalmente, porque provocan la fuga de divisas, como el caso del petróleo, o estimulan la destrucción constante de la naturaleza, como la leña y el carbón.
La generación de electricidad en Panamá debe orientarse hacia los dos campos donde tenemos los mayores recursos: el hídrico y el solar. En el corto plazo, el hídrico es la respuesta; a largo plazo, la energía solar. También está la fuerza eólica, pero no todos los lugares del país reúnen las condiciones para desarrollarla, por lo que debe verse como una opción a lejano plazo. En cuanto al uso del petróleo, debemos planificar el desmantelamiento de las plantas petrotérmicas, de manera que en cuatro o cinco lustros ya no exista ninguna.
El uso de combustible para automóviles debe regularse, hasta que la tecnología popularice el transporte eléctrico o con energía diferente al petróleo. Una medida inmediata sería crear un impuesto para los autos cuyos motores tengan una capacidad superior a los 2,000 centímetros cúbicos. Algo similar puede hacerse con los vehículos a diesel, por razón de la contaminación ambiental. En el caso de los automotores comerciales, la capacidad del motor variaría, según el uso que tengan. Respecto al consumo eléctrico, fijar una cantidad de quilovatios de consumo mínimo, a precio reducido; lo que exceda esa cifra, pagaría una tarifa más alta.
Muchas otras acciones pueden realizarse, pero dependerá de nuestra conciencia y nuestra voluntad como país. Dedicamos ahora importantes recursos al subsidio de la electricidad y el transporte, por causa del encarecimiento del precio del petróleo; recursos que le restamos a otras áreas de nuestra calidad de vida. Hay un problema energético mundial; si no actuamos ahora por previsión, tendremos que actuar más adelante por obligación.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.orgIr a Panorama Católico Edición Digital
2008-04-27
Editorial
Ley antitabaco
Con la nueva norma sobre los efectos del humo del tabaco, damos un gran paso en la calidad de la convivencia social. Además de ser una medida de salud pública, que salvaguarda el bienestar físico de la población, se garantiza el derecho de los no fumadores a disfrutar de un ambiente más saludable y libre de humo, en los lugares donde se aglomera el público.
El grave daño que produce el tabaco entre la población que inhala el humo cargado de los químicos que se le añaden al cigarrillo, principalmente, tiene un alto costo en vidas humanas, producto de cáncer de pulmón, y en recursos médicos que pueden minimizarse si se controla o erradica el mal hábito de fumar.
La legislación aprobada, después de un largo y accidentado esfuerzo, tendrá sentido en la medida que se haga cumplir por parte de las autoridades, de los empresarios y de la población misma. Poco o nada aprovechará, si queda en letra muerta, o formando parte de la colección legal que existe sólo para el archivo jurídico.
Ahora queda su reglamentación, que esperamos tarde menos que la sanción de la dilatada y ahora aprobada ley. Y que sea una reglamentación eficaz y apegada al espíritu que inspiró la norma, desde su concepción internacional. Injusto sería si, como en otras ocasiones, la reglamentación obstaculizara el verdadero propósito de la ley o, de hecho, la desvirtuara.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.orgIr a Panorama Católico Edición Digital
2008-04-27
El Ojo del Profeta
Libertad de Prensa
Hace 17 años, el 3 de mayo de 1991, un grupo de periodistas africanos reunidos en Windhoek, capital de Namibia, promulgaron una breve declaración a favor de la prensa libre e independiente. La mayoría de ellos, comunicadores de pequeños medios de comunicación, asistentes a un seminario, pidieron a la ONU que declarara ese día como el Día Mundial de la Libertad de Prensa; dos años después, las Naciones Unidas lo hicieron.
Hoy más que nunca, el mundo tiene necesidad de una prensa libre, que difunda informaciones y noticias edificantes y veraces. La influencia de los grandes medios, en muchos casos, coarta esa libertad y favorece políticas y modelos que en poco o nada contribuyen al progreso ético, moral y social de la mayoría de la población mundial. Se apropian de una libertad que, para muchos otros, representa a la esclavitud y la dependencia informativa de los más poderosos.
La iniciativa de Windhoek provino de una juventud que trabajaba en medios pequeños; medios que servían a su comunidad sin apoyo publicitario ni los millones de ingresos de los grandes. Si hemos de conmemorar el Día Mundial de la Libertad de Prensa, que sea en los ideales y valores que inspiraron la declaración de los periodistas africanos en Windhoek.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.orgIr a Panorama Católico Edición Digital
2008-04-20
La Voz del Pastor
Cuidar la Tierra
«Y creó Dios al hombre a imagen suya: a imagen de Dios le creó; macho y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: ‘Sed fecundos y multiplíquense, y llenad la tierra y sometedla; dominad en los peces del mar, en las aves del cielo y en todo animal que serpea sobre la tierra’» (Gén 1, 27-28).
El texto bíblico del libro del Génesis nos da a los creyentes el punto de referencia para entender la relación del ser humano con su entorno natural.
En el centro de esa enseñanza social de la Iglesia, está el principio del «destino universal de todos los bienes de la creación», según el cual, todo lo que produce la tierra y todo lo que el hombre transforma y confecciona, todo su conocimiento y toda su tecnología, todo está destinado a servir al desarrollo material y espiritual de la familia humana y de todos sus miembros.
No hay duda del gran desafío que significa hoy día la cuestión del medio ambiente y de un desarrollo sostenible. La comunidad internacional reconoce que los recursos del mundo son limitados y que todo pueblo tiene el deber de poner en práctica políticas encaminadas a la protección del medio ambiente, con el fin de prevenir la destrucción del patrimonio natural cuyos frutos son necesarios para el bienestar de la humanidad.
En el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2007, el Papa Benedicto XVI ponía de relieve ese desafío y sus implicaciones: «la destrucción del medio ambiente, su uso impropio o egoísta y el acaparamiento violento de los recursos de la tierra, generan fricciones, conflictos y guerras, precisamente porque son fruto de un concepto inhumano de desarrollo. En efecto, un desarrollo que se limitara al aspecto técnico y económico, descuidando la dimensión moral y religiosa, no sería un desarrollo humano integral y, al ser unilateral, terminaría fomentando la capacidad destructiva del hombre».
Para afrontar esos desafíos, estamos llamados, como recordaba el Siervo de Dios Juan Pablo II, a promover y a «salvaguardar las condiciones morales de una auténtica "ecología humana"» (Centesimus annus, 38), que exige una relación responsable no sólo con la creación sino también con nuestro prójimo, cercano o lejano, en el espacio y en el tiempo, y con el Creador.
Mons. Crepaldi, secretario del Pontificio Consejo de Justicia y Paz, en un congreso que convocaba en la capital italiana a diputados y senadores de varios partidos, así como 17 fundaciones, institutos y asociaciones empeñadas en la defensa del medio ambiente y en la promoción de la ecología humana, celebrado el 21 de febrero pasado, señalaba que los cristianos deben contribuir hoy a desarrollar una cultura ecológica equilibrada, libre de condicionamientos ideológicos. Para ello, decía, es necesaria «una renovada y equilibrada cultura ecológica y ambiental, libre de condicionamientos ideológicos capaz de orientar una eficaz e inteligente acción de gobierno». Hablando de la doctrina social de la Iglesia, precisó que «tanto en el campo medioambiental como en la vida, para lograr obtener resultados no hay que concentrarse en la naturaleza materialmente entendida sino en el hombre y su vocación, y en Dios que ha querido asociar al hombre a su creación». «Parece una paradoja, explicó, pero para desarrollar una cultura del ambiente natural hay que tomar distancia y apuntar a lo que es verdaderamente esencial: el bien auténtico de la persona humana y el verdadero bien común». «Como consecuencia, sostuvo, pero sólo como consecuencia, salvaremos también a las focas y al panda, los acuíferos y el aire que respiramos. Sólo la ecología humana resuelve verdaderamente los problemas de la ecología ambiental».
A partir de lo anterior, Mons. Crepaldi propuso un «Decálogo» para un medio ambiente a medida del hombre según la doctrina social de la Iglesia:
1.- La persona humana, hecha a imagen y semejanza de Dios Creador y la encarnación de Jesús.
2.- No se debe reducir de modo utilitario la naturaleza a mero objeto de manipulación y explotación y no se debe absolutizar la naturaleza, ni superponerla en dignidad a la misma persona humana.
3.- La cuestión medioambiental afecta a todo el planeta, patrimonio común del género humano, cuya responsabilidad se extiende no sólo a las generaciones presentes sino también a las futuras.
4.- El primado de la ética sobre la técnica y la necesidad de salvaguardar siempre la dignidad del ser humano.
5.- No hay que considerar a la naturaleza como una realidad sagrada o divina, sustraída a la acción humana y, por este motivo, son indeseables las intervenciones del hombre cuando dañan a los seres vivos o al medio ambiente natural, mientras que son loables cuando se traducen en su mejora.
6.- La necesidad de armonizar las políticas de desarrollo con las políticas medioambientales, a nivel nacional e internacional de modo que toda actividad económica, que se valga de los recursos naturales, debe también preocuparse de la salvaguardia del medio ambiente y prever sus costes, que hay que considerar como un capítulo esencial de los costes de la actividad económica.
7.- La cuestión medioambiental exige que se obre activamente por el desarrollo integral y solidario de las regiones más pobres del planeta, recordando el destino universal de los bienes donados por el Creador y el compartir tales bienes según la justicia y la caridad.
8.- La necesidad de que la responsabilidad hacia el medio ambiente encuentre una traducción adecuada a nivel jurídico y que sea elaborada «según las exigencias del bien común.
9.- Generar, a nivel personal y social, estilos de vida inspirados en la sobriedad, en la templanza, la autodisciplina.
10.- Si se pone entre paréntesis la relación con Dios, se vacía la naturaleza de su significado profundo, empobreciéndola, mientras que si se llega a redescubrir la naturaleza en su dimensión de criatura, se puede establecer con ella una relación comunicativa, captar su significado evocativo y simbólico, penetrar así en el horizonte del misterio que abre al hombre el paso hacia Dios, Creador de los cielos y la tierra.
Mons. José Luis Lacunza M., O.A.R.
Obispo de la Diócesis de David
Ir a Panorama Católico Edición Digital
2008-04-20
A tiro de piedra
Nuestro ambiente
A la mayoría de las personas nos gusta vivir en un ambiente sano, limpio y agradable. Es algo innato que nos hace aspirar a establecernos en lugares bellos y adornados con la belleza de la madre naturaleza; no en vano las playas, los ríos, los lagos y las montañas son sitios altamente cotizados. Los panameños somos fanáticos de esta forma de vida, y basta observar el comportamiento de muchos de nuestros compatriotas, para comprobarlo.
Empecemos con la limpieza y el aseo. Observe detenidamente al automovilista que va delante suyo por las calles y la carretera; no pasa gran rato cuando nos cruzamos con uno de esos extremadamente pulcros: No quiere basura dentro de su auto; por eso la lanza a la vía. Papeles, cartuchos, bolsitas de golosinas y comida chatarra, latas de soda y de cerveza, hasta pañales desechables salen volando a través de la ventanilla. Si conduce por las calles de la ciudad, podrá pasarle por encima sin problema; si maneja por la carretera, a 80 ó 100 quilómetros por hora, entonces prepárese para apañar con el parabrisas de su vehículo lo que lanza el de adelante.
Otra prueba de nuestros hábitos higiénicos y de pulcritud se ve a la orilla de los caminos o las aceras. Muebles y trastos viejos, basura orgánica mezclada con otras materias, madera, arena y otros desperdicios se acumulan sin empacho. Allí, en medio de ese lenguaje mudo, podemos comprobar nuestra cultura de reciclaje: las bolsas plásticas de las compras se reutilizan para echar la basura. Vemos, también, la cortesía y la urbanidad que se refleja en la disposición de la basura, cuando escogemos caminos solitarios o rincones poco transitados para botarla. De que somos considerados con los demás, lo somos.
Múltiples artículos y productos son lanzados a los ríos y quebradas, para aprovechar la fuerza del agua y evitar los gases que emanarían hacia la atmósfera, si usáramos nuestros vehículos, o contratáramos alguno, para disponer de lo inservible en el vertedero. De que somos ingeniosos, es cosa innegable.
¿Qué decir de nuestro constante monitoreo de las corrientes marinas? Al lanzar al mar recipientes plásticos y otros objetos flotantes, verificamos permanentemente el movimiento de esas corrientes y los lugares a los que llegan. Quizá algún día la información nos sirva para trazar las líneas marítimas que nos ahorren tiempo y recurso para la navegación y la pesca. Ni hablar de nuestra mayor contribución al abono natural del suelo y el control de plagas a la orilla de los caminos, con el creciente número de individuos a en tono de La Mayor y La Menor, alivian el colon y la vejiga sin pudor ni recato.
Somos como somos, y por eso somos lo que somos. ¡Feliz Día de la Tierra!
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.orgIr a Panorama Católico Edición Digital
2008-04-20
Editorial
El Papa en los EUA
La visita del Santo Padre Benedicto XVI a los Estados Unidos de América marca un hito importante, por la situación que viven la Iglesia Católica y la sociedad de ese país. Los resabios de las acusaciones y procesos por casos de pederastia, el avance de comunidades cristianas no católicas y otras creencias, el crecimiento y la descristianización de la feligresía hispana y el ataque secularizante que tiene como bandera el aborto y las uniones gay son algunas de las realidades que reciben al Papa en su visita.
Benedicto XVI no ha escatimado esfuerzo ni se ha ahorrado palabras, menos rehuido los temas polémicos; por el contrario, ha sido claro en sus planteamientos y ha afrontado con decisión y valentía cada situación que ha encontrado en su peregrinaje a esas tierras.
Tras 29 años de que un Papa no pisara la Casablanca, el actual Sumo Pontífice lo ha querido hacer, pese a las críticas y el sinsabor de algunos, reafirmando su misión como Vicario de Cristo de ir en pos del enfermo que necesita médico y de la oveja perdida, a ejemplo del Pastor de pastores.
Esperamos que la visita de Benedicto XVI a los Estados Unidos motive al cambio de actitud que lleva a la conversión, lleve luz donde haya oscuridad y el anuncio de la libertad a los corazones oprimidos. Con el resto de la Iglesia Universal oramos porque así sea.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.orgIr a Panorama Católico Edición Digital