2009-10-04
El Ojo del Profeta
Cristiano y demócrata
El legado de hombre público dejado por el ex presidente Guillermo Endara Galimany, fallecido el lunes pasado, contiene dos aspectos que deben imitarse en el ambiente de la sociedad política criolla: su profunda convicción democrática, y sus arraigados principios cristianos. Como figura política tenía virtudes, aciertos, y errores, como cualquier hombre, pero no por eso, era más o era menos que otra persona con los mismos atributos.
La evaluación política de su gestión, más que a nosotros, corresponde a otros. Nos ocupa, eso sí, su conducta y su actuación ética y moral realizada en su vida pública. En este aspecto conocimos a un hombre modesto, sencillo, patriota, civilista, y persona de marcada franqueza. Sabía disculparse, reconciliarse con sus adversarios, y reconocer sus errores y limitaciones. En eso, es digno de ser imitado.
Guillermo Endara, como presidente, dio muestras de civismo, y comprobada humildad y tolerancia. Nada jactancioso ni opulente, mas bien austero y comedido. Su vocación cristiana la manifestaba sin ambages. Sin ocultarla. Sin avergonzarse. Era auténtico en ese sentido, sin escatimar en darle al estado lo que es del estado, y a Dios lo es de Dios.
Pasa a la casa del Padre un hombre creyente, que vivió su vida con sencillez, y que deja un testimonio loable de su actuar como hombre público. Pedimos a Dios misericordioso que lo acoja en su seno, y que no le tome en cuenta sus pecados humanos, sino su fe. Que descanse en paz, y que otros personajes políticos tengan el valor y el coraje de imitar su ejemplo, en cuanto a sus virtudes y valores como cristiano y demócrata.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org
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2009-10-04
El Ojo del Profeta
Pandillerismo
La asociación para delinquir proviene del pecado que empuja al hombre a hacer el mal. Como en el pasaje del endemoniado poseído por un espíritu maligno llamada Multitud, porque eran muchos, así se juntan los que, conformando pandillas y bandas, deciden hacer el mal, porque piensan que así son más fuertes y temibles.
Tales personas, que han decidido hacer el mal, marcan territorios y aterrorizan a los demás, con agresiones y asesinatos impropios de un ser humano. Esta situación nos reta a recuperar la educación en el amor, el fortalecimiento de la familia como base de la sociedad, la vida hogareña fundamentada en valores y principios cristianos y humanos, y a restituir el control social que rechace toda conducta contraria a estos valores. Ningún derecho justifica el atentado contra la vida humana, porque a su respeto tenemos derecho todos, sin excepción.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org
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2009-09-27
La Voz del Pastor
“Porque yo recibí del Señor lo que les transmití”
(1Cor. 11,23)
La Biblia es el libro fundamental de los cristianos. Porque en él se contiene la palabra de Dios, es decir, lo que Dios ha querido comunicar a los hombres. De ahí que, para el creyente, la Biblia es el libro más importante de todos los que se han escrito o se pueden escribir.
Lo primero que hay que tener en cuenta, al leer la Biblia, es que se trata de un libro religioso. Por lo tanto, ni es un libro de historia simplemente ni es un libro científico. En consecuencia, la Biblia debe leerse buscando en ella el mensaje de salvación que nos quiere transmitir. Fuera de ese punto de vista, la Biblia pierde su significación verdadera. Más concretamente, la Biblia debe leerse buscando en ella a Cristo y su mensaje para nosotros; propiciarnos el encuentro con El.
Por otra parte, los católicos estamos persuadidos de que "el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o trasmitida ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en nombre de Jesucristo" (Dei Verbum 10,2). Esto quiere decir que la interpretación oficial y auténtica de la Biblia no queda al arbitrio o al gusto de cada cual. En la Iglesia hay una autoridad constituida, que tiene esa función. "Este Magisterio, evidentemente, no está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino..." (DV 10,2). "Todo lo que concierne a la manera de interpretar la Escritura, está sometido en último término al juicio de la Iglesia, que tiene el mandato y el ministerio divino de guardar y de interpretar la Palabra de Dios" (DV 12).
Es imperativo, por tanto, que los fieles tengan amplio acceso a la Palabra de Dios adquiriendo, ante todo, el libro de la Biblia y contando con subsidios que les permitan iniciarse en su lectura, para que alcancen la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, Palabra encarnada del Padre, centro de toda la Escritura (cf. Jn 5,39). "El Santo Concilio recomienda insistentemente a todos los fieles, la lectura asidua de la Escritura, para que adquieran el conocimiento supremo de Jesucristo, pues desconocer la Escritura es desconocer a Cristo. Acudan de buena gana al texto mismo, por la santa liturgia, por la lectura piadosa o por cursos" (DV 25). El pasado Sínodo de Obispos, dedicado precisamente a la Biblia, nos vuelve a insistir en ello.
Es importante, a la hora de comprar un ejemplar de la Biblia fijarse si esa edición cuenta con el “imprimatur” de algún obispo de la Iglesia Católica. Esto es para tener garantías de que la traducción es fiel. El dato generalmente se encuentra en la segunda página del texto comprado. Pero el fijarse en si hay aprobación de la Iglesia Católica, que es la que ha sido custodio de la Biblia desde la antigüedad, no es sólo por la calidad de la traducción sino también porque hay ediciones no católicas que no incluyen todos los libros.
Para los católicos la Biblia Antiguo y Nuevo Testamento está formada por 73 libros: 46 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento. Los ortodoxos aceptan la misma lista de libros bíblicos que los católicos. Los protestantes de las principales denominaciones sólo aceptan una lista bíblica de 66 libros: 39 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo. Aunque en los últimos años encontramos ediciones que los contienen como un “anexo”.
La Iglesia Católica admitió como inspirados los libros que llamamos deuterocanónicos, es decir los que procedían del llamado “canon alejandrino” y no sólo los que procedían del llamado “canon palestinense”. Los protestantes, en cambio y a partir de la Reforma luterana, siguieron el “canon palestinense solamente.
Las razones de la Iglesia católica han sido las siguientes:
-Jesús, de las 37 veces que cita la Escritura, 33 lo hace usando la versión del canon alejandrino. Además, en el Nuevo Testamento hay un total de 350 citas del Antiguo Testamento; de éstas, 300 corresponden al canon alejandrino.
-Los apóstoles nombran a menudo los libros deuterocanónicos, como Sabiduría, Judith, etc.
-La traducción conocida como de los LXX fue con base en el canon alejandrino.
-Los primeros Padres de la Iglesia usaron el canon alejandrino.
“Hagamos ahora silencio para escuchar con eficacia la Palabra del Señor y mantengamos el silencio luego de la escucha porque seguirá habitando, viviendo en nosotros y hablándonos. Hagámosla resonar al principio de nuestro día, para que Dios tenga la primera palabra y dejémosla que resuene dentro de nosotros por la noche, para que la última palabra sea de Dios.” (Mensaje final, Sínodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org
2009-09-27
A tiro de piedra
UCIP: Oktoberfest de 1989
Transcurría el mes de octubre de 1989 cuando la Unión Católica Internacional de la Prensa (UCIP) reunió a centenares de jóvenes periodistas católicos en Ruhpolding, Alemania, pequeño pueblo de Baviera, mientras miles de alemanes orientales burlaban el cerco del Muro de Berlín.
Fue la primera convención de la Red de Jóvenes Periodistas, que se convocó dos años antes, en 1987. A través de anuncios en los boletines y periódicos católicos, los periodistas jóvenes de la época nos comunicamos por correo ordinario. No teníamos Internet ni e-mail, mucho menos blackberry. Apenas podíamos comunicarnos por el telefax, y para muchos países del tercer mundo africano o asiático, y algunos latinoamericanos, la única posibilidad era enviar una carta por correo postal. Aún así, casi 400 jóvenes periodistas católicos acudimos a la cita en Ruhpolding.
Recuerdo que fui de los primeros en llegar, porque el vuelo desde mi país, Panamá, me obligaba a llegar un día antes de lo previsto. En aquellos días vivíamos una crisis política muy grave, que tendría su punto culminante dos meses después, con la Invasión de los Estados Unidos a Panamá el 20 de diciembre de ese año. Al primero que encontré fue un uruguayo, cuyo nombre ya no recuerdo, en el aeropuerto de Munich. Tuve que esperar varias horas, para que pudieran recogerme junto con él y llevarnos a Ruhpolding. Mientras vagaba por el aeropuerto me llamó la atención un Mercedes Benz 500 convertible, que estaba en exhibición. Pregunté a unos trabajadores por el precio, y me respondieron: noventa mil dólares, yo contesté: ¿sólo eso? Y los hombres me dicen: Si lo puede pagar… En realidad pensé en voz alta, porque en mi país se anunciaba en USD125,000 y me llamó la atención la diferencia en el precio.
Cuando llegué a Ruhpolding, esa noche, me encontré con Joseph Chittilapilly, con quién había cruzado varias cartas. Fue un encuentro muy alegre. Al día siguiente empezaron a llegar los demás jóvenes. Gente de Uganda, Ghana, Centroáfrica, Zimbabwe, Mauritania, Madagascar, Japón, Pakistán, India, Filipinas, China, Polonia, Argentina, México, Estados Unidos, y otros países. Veníamos de más de 60 países a la cita de Ruhpolding. Ese encuentro marcaría la renovación de la UCIP.
Junto a otros 24 jóvenes, yo era de los que había ganado el premio por país. Una manera en que la UCIP reconocía el esfuerzo del periodismo católico joven, y nos facilitaba la participación en la Convención de la Red y el Congreso Mundial. La experiencia fue inolvidable, porque al finalizar el encuentro, los premiados recorrimos Alemania. Visitamos Munich, Bonn, Colonia y Berlín. La visita al santuario mariano de Altoting fue majestuosa. Medio millar de periodistas en procesión alrededor del santuario, con velas en las manos. Lo recuerdo como si fuera hoy. Ocho días después de nuestra despedida, caería el Muro de Berlín.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org
2009-09-27
Editorial
Dengue y gripe
La propagación del dengue y la gripe A (H1A1) y las muertes que producen debe ser preocupación de toda la población. Ninguna persona está a salvo de contraer esas enfermedades, ni de evitar, por sí sola, el contagio masivo de ellas, aunque sí puede tomar acciones que, sumadas, mitiguen el riesgo de su propagación generalizada.
Por eso es urgente que cada persona asuma, como un compromiso ético y humano, la práctica de eliminar los focos de incubación del mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue, y de observar concienzudamente los hábitos de higiene personal y las reglas de salud pública, al toser o estornudar. Igual deber cabe al que se siente enfermo de acudir al médico, para determinar qué tipo de enfermedad padece, ante la sospecha de padecer de dengue o gripe A.
Contrarrestar con efectividad ambos males depende, en gran medida, de la cooperación de la comunidad con las autoridades sanitarias. El esfuerzo aislado de una u otra, difícilmente solucionará el problema. Con el esfuerzo mancomunado, en cambio, lograremos superar el riesgo y ayudaremos a evitar más muertes.
Hacemos, desde aquí, un llamado a todos los panameños y panameñas, particularmente al pueblo cristiano, para que coadyuvemos en esta misión. No vaya a ser que por desidia o indolencia, seamos cómplices de la muerte de nuestro prójimo, debido al contagio de la gripe A(H1A1) o el dengue hemorrágico.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org
2009-09-27
El Ojo del Profeta
¿Necesitas divorciarte?
La palabra divorcio significa, fundamentalmente, separación o disolución jurídica, pero aplicable, por regla general, al matrimonio. Las secuelas que deja el rompimiento del vínculo matrimonial son profundas, no sólo entre los cónyuges que se separan, sino también en los menores de edad, que resultan ser los más afectados.
Por eso extraña que en una gigantesca valla publicitaria, se anuncie el servicio jurídico de ese acto que, legalmente, es un hecho común en la sociedad, pero que poco beneficio produce, a no ser el económico. Peor aún es que, contrariando las normas éticas del ejercicio de la profesión, un buró de abogados se anuncie con un servicio tal. Quizá, en el fondo, lo que necesitamos es divorciarnos de ciertas prácticas malsanas, que poco aprovechan para la edificación de las almas.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org
2009-09-20
Ventana Pontificia
La Ley no es un “cumplimiento” sino libertad
Ofrecemos a continuación parte de la homilía que pronunció el Papa Benedicto XVI, durante la Eucaristía celebrada el pasado 30 de agosto con sus ex alumnos.
Queridos hermanos y hermanas:
En el Evangelio nos sale al encuentro uno de los temas fundamentales de la historia religiosa de la humanidad: la cuestión de la pureza del hombre ante Dios. Volviendo su mirada hacia Dios, el hombre reconoce estar "contaminado" y encontrarse en una condición en la cual no puede acceder al Santo. Surge así la pregunta sobre cómo puede llegar a ser puro, liberarse de la "suciedad" que le separa de Dios. De esta forma han nacido, en las diversas religiones, ritos purificatorios, caminos de purificación interior y exterior. En el Evangelio de hoy encontramos ritos de purificación, que se arraigan en la tradición del Antiguo Testamento, pero que son, con todo, gestionados de una forma muy unilateral. En consecuencia, ya no sirven para una apertura del hombre a Dios, ya no son caminos de purificación y de salvación, sino que se convierten en elementos de un sistema autónomo de cumplimientos que, para ser cumplido verdaderamente en plenitud, exige incluso especialistas. El corazón del hombre ya no es alcanzado. El hombre, que se mueve dentro de este sistema, o se siente esclavizado o cae en la soberbia de poderse justificar a sí mismo.
La exégesis liberal dice que en este Evangelio se revelaría el hecho de que Jesús habría sustituido el culto con la moral. Habría dejado aparte el culto con todas sus prácticas inútiles. La relación entre el hombre y Dios se basaría ahora únicamente en la moral. Si eso fuese verdad, significaría que el cristianismo, en su esencia, es moralidad, es decir, que nosotros mismos nos hacemos puros y buenos mediante nuestra actuación moral. Si reflexionamos profundamente sobre esta opinión, resulta obvio que ésta no puede ser la respuesta completa de Jesús a la cuestión sobre la pureza. Si queremos oír y comprender plenamente el mensaje del Señor, entonces debemos escuchar también plenamente, no podemos contentarnos con un detalle, sino que debemos prestar atención a su mensaje entero. En otras palabras, debemos leer enteramente los Evangelios, todo el Nuevo Testamento y el Antiguo junto con él.
La primera lectura de hoy, sacada del Libro del Deuteronomio, nos ofrece un aspecto importante de una respuesta y nos hace dar un paso adelante. Aquí escuchamos una cosa quizás sorprendente para nosotros, es decir que Israel mismo es invitado por Dios a serle agradecido y a sentir un humilde orgullo por el hecho de conocer la voluntad de Dios y así de ser sabio. Precisamente en aquel periodo la humanidad, tanto en el ambiente griego como en el semítico, buscaba la sabiduría: buscaba comprender lo que cuenta. La ciencia nos dice muchas cosas y nos es útil en muchos aspectos, pero la sabiduría es el conocimiento de lo esencial - conocimiento del fin de nuestra existencia y de cómo tenemos que vivir para que la vida sea del modo justo. La lectura tomada del Deuteronomio señala el hecho de que la sabiduría, en último término, es idéntica a la Torá - a la Palabra de Dios que nos revela lo que es esencial, para cuyo fin y en cuya forma tenemos que vivir. Así la Ley no se muestra como una esclavitud, sino que es - a semejanza de lo que dice el gran Salmo 119 - causa de una gran alegría: no andamos a tientas en la oscuridad, no vamos vagando en vano en busca de lo que pudiera ser recto, no somos como ovejas sin pastor, que no saben donde está el camino correcto. Dios se ha manifestado. Él mismo nos indica el camino. Conocemos su voluntad y con ello la verdad que cuenta en nuestra vida.
Son dos las cosas que se nos dicen de parte de Dios: por un lado, que Él se ha manifestado y nos indica el camino justo; por otro, que Dios es un Dios que escucha, que está cerca de nosotros, nos responde y nos guía. Con ello se toca también el tema de la pureza: su voluntad nos purifica, su cercanía nos guía.
S. S. Benedicto XVI
Obispo de Roma
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