jueves, 14 de febrero de 2008

Una visita a La Atalaya

2008-02-10
A tiro de piedra
Una visita a La Atalaya

Acabo de hacer un viaje a La Atalaya, como ya es costumbre aquí en el periódico. Es la visita previa a la gran romería que tiene su cenit el primer domingo de Cuaresma. Lo que pudiera parecer algo rutinario, no lo es. Atalaya, como se le llama comúnmente, siempre nos deja algo nuevo. Este año no es la excepción: conocimos al sacristán de monseñor Juan José Cánovas, gran impulsor de la famosa romería al Nazareno; y a una de las lugareñas de mayor edad, que a sus 102 años aún conserva toda su lucidez.

Desde muy pequeño he sido aficionado a hablar con los ancianos, por el conocimiento y la experiencia que le dan sabiduría. Allí, con don Ismael Valdés y doña Encarnación Marín, me sentía a gusto. El, bautizado y casado por monseñor Cánovas, contaba con fruición su experiencia con ese gran cura de almas. Lo que más recuerda de él es su caridad con los enfermos, y los largos viajes a caballo por los poblados lejanos de la circunscripción parroquial. Mamá-otra, o Chon, como llaman a doña Encarnación, habló muy poco. Su voz fuerte. Su mirada viva reflejada en sus ojos negros. Su hospitalidad. Toda su personalidad así reflejada, complementada con su hablar pausado, frases escuetas y directas, y su franqueza patente.

Atalaya, con su basílica menor, una de las dos existentes en el país (la segunda es la de Don Bosco, en la capital), ha visto llegar a los romeros desde la época colonial. Por mucho tiempo la romería se celebró sólo durante el Primer Domingo de Cuaresma. Con Cánovas y los padres Cruzados de San Juan, se extendió desde el Miércoles de Ceniza hasta el domingo primero de Cuaresma.

Frente al templo, que está orientado hacia el mar porque era el antiguo camino de entrada al pueblo, al que se llegaba por vía marítima, hay una pequeña construcción que aparenta venir desde la colonia. Es una casita que, según doña Chon, sirvió de escuela. De hecho, ella asistió a la primaria allí. También pudo haber sido cuartel militar o cárcel. Al comentárselo a don Ismael, me dijo que de niño había escuchado que sirvió de prisión. Hoy es un depósito municipal, en el que se guarda materiales y las figuras del Nacimiento que levanta el pueblo para Navidad. El repello y las reparaciones recientes, le ha dañado se estructura de ladrillos cocidos.

La Atalaya, población de la que hablaba mi abuela Clementina con veneración, cada vez que se acercaba la fecha de la romería y preparaba su viaje hacia allá, merece mayor atención. Ya sea por su historia, o por su cercanía a la zona turística de Mariato, ningún esfuerzo sería en vano por dotarla de la infraestructura y los servicios que la potencien como punto obligado de parada para propios y extraños.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Al fin de cuentas

2008-02-10
Editorial
Al fin de cuentas

Acabó el jolgorio carnavalesco con su alegría momentánea y sus penas, dejando tras de sí un cúmulo de historias de dichas pasajeras, accidentes, toneladas de basura, y devolviéndonos a la realidad cotidiana que debemos afrontar en lo individual y lo colectivo, después de varios días de letargo nacional impuesto por lo feriado o por la fuerza de los acontecimientos.

El pueblo se dedicó a vivir estos días, según el sentir y el pensar de cada quien. Mientras unos participaban del ambiente bullanguero, otros buscaban la paz y la meditación. Mientras había quien zarandeaba el cuerpo entre el gentío que saltaba al ritmo de una comparsa o murga, otros más preferían las reuniones familiares o el paseo tranquilo y renovador lejos del bullicio.

Pasado el Carnaval, ahora empezamos la Cuaresma. Es el momento de hacernos el examen de conciencia que nos dirá cómo hemos caminado hasta el momento; qué hemos hecho de beneficioso, o perjudicial; y cómo enmendaremos los errores de cara a nuestra fe. Al igual que en otros casos, algunos buscarán los caminos del Señor de una manera más comprometida y madura; otros, en cambio, serán impulsados por su religiosidad. Unos guardarán el ayuno y practicarán la abstinencia en su alimentación; otros comerán pescado, irán en pos de las palmas benditas, y visitarán los siete templos.

Cualquiera que haya sido nuestra historia en estos días carnavalescos, y cualquiera que sea durante la Cuaresma, de todo hemos de responder ante Dios. Al fin de cuentas, sólo El conoce el fondo de nuestros corazones, y juzgará justamente lo que somos y lo que hacemos, según nuestra fe y la conciencia con la que realizamos nuestras obras, al procurar hacer su voluntad.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Lo que nos dejo el carnaval

2008-02-10
El Ojo del Profeta
Lo que nos dejo el carnaval

Todo en la vida tiene un propósito, y hay tiempo para todo en la vida. Una persona, un país, y una sociedad tienen una misión y una vocación. Descubrir lo que somos, y saber lo que queremos ser, es un ejercicio constante de discernimiento que nos ayuda en nuestro caminar personal y comunitario.

Ya pasó el carnaval, y es justo preguntarnos qué nos dejó. ¿Satisfacciones? ¿Progreso? ¿Luto? ¿Dolor? ¿Qué?. El jolgorio, las borracheras, el desenfreno, y la inmoralidad, convivieron con la inocencia de los niños, la alegría espontánea de algunos, y el esparcimiento de otros tantos. Unos resolvieron, por un rato, su necesidad económica; otros perdieron su diario sustento por la paralización de labores.

Ahora nos toca evaluar lo acontecido. ¿Valió la pena? ¿Tenemos que mejorar algo? ¿Qué cosas hemos de cambiar?. Respuestas a todo esto habrá, sin duda, para censurar o justificar lo hecho. Sin embargo, el reto verdadero está en saber diferenciar si ha sido sólo vanidad de vanidades, o el intento por darle el valor cultural que merece el carnaval, erradicando todo aquello que sobra y que incita a vivir esos días por el mero placer de dar rienda suelta a lo que sabemos es dañino para nosotros mismos como hijos de Dios y como nación.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Ustedes son del mundo; pero no del todo

2008-02-03
La Voz del Pastor
Ustedes son del mundo; pero no del todo

Al finalizar el pasado año litúrgico, el 30 de noviembre del 2007, fiesta de san Andrés, Su Santidad Benedicto XVI nos sorprendió con una hermosa carta encíclica sobre la esperanza. Nos decía el Papa: "El Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida. La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza, vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva".

En estos momentos difíciles por los que atraviesa nuestro mundo, nada más oportuno que este mensaje de esperanza.

Nos encontramos en plenos carnavales donde el "rey Momo", es decir: el "libertinaje" se apodera de nuestras calles en un derroche que rebasa todos los instintos humanos, a campo abierto, en busca de una hipotética felicidad que se espera y anhela; pero que, cuando nos parece alcanzarla, se esfuma dejándonos un vacío en lo más profundo de nuestro ser.

El Papa cita un texto de san Gregorio Nacianceno profundamente orientador. "En el mismo momento en que los Magos, guiados por la estrella, adoraron al nuevo Rey, Cristo, llegó el fin para la astrología, porque, desde entonces, las estrellas giran según la órbita establecida por Cristo". Entonces, sigue diciendo el Santo Padre, "el inexorable poder de los elementos materiales ya no es la última estancia; ya no somos esclavos del universo y de sus leyes, ahora somos libres. El cielo no está vacío. La vida no es el amplio producto de las leyes y de la casualidad de la materia, sino que en todo, y al mismo tiempo por encima de todo, hay una voluntad personal, hay un Espíritu que, en Jesús, se ha revelado como Amor". Amor del Buen Pastor: "El Señor es mi pastor nada me falta, aunque camine por cañadas oscuras nada temo porque tú vas conmigo". (Sal 22, 1-4).

Saber que existe Aquel que me acompaña, incluso en la muerte y que con "su vara y su cayado me sosiega", de modo que "nada temo" era la nueva esperanza que brotaba en la vida de todos los creyentes.

Los cristianos, como seres humanos vivimos en el mundo, pero, nos dice el evangelio de Juan. "No sois de este mundo" Si pertenecierais al mundo, el mundo os querría como a cosa suya, pero como no pertenecéis al mundo sino que, al elegirlos yo, os saqué del mundo, por eso el mundo os odia" (Juan 15, 18-19).

En realidad, sí somos de este mundo porque nacimos y vivimos en él. Pero, como decía un eminente teólogo: "Somos del mundo, pero no del todo", y esta es una diferencia, tal vez pequeña, pero sustancial.

El cristiano que se siente verdadero hijo de Dios y, por ende, heredero del Reino de los Cielos, debe pisar la tierra, pero poniendo los ojos en el cielo; porque todo lo terreno: riqueza, fama, diversión, es caduco y pasa; en cambio, el reino de Dios permanece para siempre.

Y así, el poeta José María Pemán describía ese ideal de sencillez y esperanza en "El elogio de la vida sencilla".

"No voy de la gloria en pos
ni torpe ambición me afana
y, al nacer cada mañana,
tan sólo le pido a Dios:
casa limpia en que albergar,
pan tierno para comer,
un libro para leer
y un Cristo para rezar.
Que el se afana y se agita
nada encuentra que le llene
y el que menos necesita
tiene más que el que más tiene".


Mons. Carlos María Ariz
Obispo Emérito de la Diócesis de Colón - Kuna Yala

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Desabastecimiento de combustible

2008-02-03
A tiro de piedra
Desabastecimiento de combustible

La escasez en el aprovisionamiento de gasolina al público provocado por una petrolera, nos ha dejado con un sabor amargo. A pesar de las explicaciones de la empresa y de la autoridad competente, las dudas quedan y la sensación de desprotección, también. El asunto empeora cuando ocurre, justamente, en el momento en que el precio al consumidor disminuye.

El abastecimiento de combustible, y del resto de la energía, es una actividad estratégica para todo estado. Dejarla totalmente en manos de los particulares, o con un endeble o ausente control estatal, es provocar el caos en un momento crítico. En el caso de Panamá, la autoridad transita entre el poco poder coercitivo y la actitud blandengue; lo que deja en la indefensión a los concesionarios independientes y al consumidor.

Cuando escuchamos que no habrá multa, porque la empresa Shell tenía en inventario combustible, más indefensos nos sentimos. Tener el combustible y no surtir a sus estaciones de gasolina es, en la práctica, como si no tuviera el inventario. Se supone, o al menos eso cree el consumidor, que la reserva de combustible que debe tener la distribuidora es para garantizarle al público el aprovisionamiento. Si no hubo aprovisionamiento, ¿de qué vale el carburante en los tanques de almacenamiento?

Hay, en esta situación, algunas prácticas de las empresas petroleras que perjudican al consumidor. No mantener los tanques de las gasolineras con el combustible suficiente, como aparentemente ha sido el caso que nos ocupa, es un atentado contra el consumidor. Una cosa es el barco que se retrasó; y otra, que no hayan cargado el combustible desde el punto de su reserva, en Colón, hasta las estaciones de gasolina. Que yo sepa, los barcos navegan en el mar, y no se desplazan por vía terrestre.

Otra práctica de monopolio disfrazado es el control sobre las gasolineras, la mayoría propiedad de las petroleras. Con esto son, al mismo tiempo, distribuidoras y expendedoras al por menor. El control del mercado lo completan con los contratos que hacen firmar a los concesionarios independientes, negándose a abastecerlos cuando quieren quebrarlos, amparándose en un pacto que les da toda la ventaja a las petroleras. ¿Dónde queda el principio de libre competencia? Si esto no es monopolio, ¿qué es?

Así están las cosas en lo referente al abastecimiento de combustible. Cuando sube el precio, todo marcha perfectamente; cuando baja, mil y una excusas para reconocerle al consumidor lo rebajado.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Seguridad pública

2008-02-03
Editorial
Seguridad pública

Las autoridades están instituidas para defender la vida, honra y bienes de los asociados. Al menos ese es el enunciado constitucional, y sobre el cual debe inspirarse toda acción y toda ley que emane de los poderes públicos y de quienes ocupan cargos con mando y jurisdicción en el país.

El tema de la seguridad pública vuelve a caldear el ambiente, por los delitos y actos criminales, entre los que sobresale el asesinato, que se suceden con frecuencia últimamente. La situación provoca que se levanten voces de protesta y reclamo; algunas de la comunidad que se siente amenazada en su vida e integridad física y material, y otras, en función de su papel político de gobierno u oposición, según sea el caso.

Instaurar un estado de paz y seguridad pública implica, entre otras cosas, la acción efectiva de las autoridades y la cooperación ciudadana. Mientras escuchamos condenas y justificaciones, muy poco se avanza en aquel sentido. Sanciones más duras podrían disuadir o infundir temor, pero son cosa muerta si no se actúa. Tenemos que atender el asunto de manera integral: prevención, coerción, persecución, y administración de justicia expedita y ejemplar.

Sabido es que para resolver el problema necesitamos, al menos, de dos elementos: voluntad y confianza. Voluntad para ejecutar un plan preventivo de educación ciudadana, de promoción de valores, y de erradicación del ocio que incita a hacer el mal; y confianza en la actuación diligente y eficaz de las autoridades administrativas, policiales, y judiciales. Y en estas últimas, particularmente, para que eviten toda dilación, tecnicismo, formalismo, y actos de corrupción, que traen la ley a menos y la convierten en un medio inútil para impartir la justicia que la sociedad reclama.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Detrás del solaz y el esparcimiento

2008-02-03
El Ojo del Profeta
Detrás del solaz y el esparcimiento

La iniciativa de ofrecer conciertos al aire libre es un gesto plausible, porque llena una necesidad dentro de nuestra población, huérfana, en muchos casos, de actividades sanas que cultiven el aprecio por la cultura y el arte del buen ver y oír.

Sin embargo, detrás de estos actos se esconde una realidad que pocos perciben. La falta de espacios públicos adecuados, la pobre formación intelectual y cultural para apreciar el arte que se presenta, y el abandono de una práctica urbanística que ofrezca a los habitantes un conjunto arquitectónico agradable, acogedor, integracionista, y habitablemente funcional, es lo que se evidencia cuando, ante un concierto o acto cultural público y masivo, se hace presión sobre los pocos y reducidos espacios abiertos con que cuenta la ciudad.

Aquello que debiera ser solaz y esparcimiento general, para algunos es una tortura. Ver el entorno de tu lugar de residencia o de trabajo invadidos, destruido y ensuciado, contaminado con el ruido excesivo, la droga y el licor, o plagado de vulgaridad por una parte de los asistentes, es repugnante. Ojalá y entre los tantos planes de desarrollo urbanístico, se pueda ampliar la cantidad de espacios públicos abiertos, y se eduque a nuestra gente para contribuir a elevar el nivel cultural y la calidad de los actos que se presentan y, sobre todo, de sus asistentes.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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