2008-06-29
La Voz del Pastor
Mensaje de Benedicto XVI a los jóvenes reunidos en Quebec
Con motivo del Congreso Eucarístico Internacional Benedicto XVI dirigió un mensaje a los jóvenes reunidos en Quebec este fin de semana.
Queridos jóvenes:
Estoy muy contento de saludaros desde Roma y de aseguraros mi oración en estos momentos en los que estáis reunidos con motivo del 49º Congreso Eucarístico Internacional de Quebec. Me alegra constatar vuestra atención por el misterio de la Eucaristía, "don de Dios para la vida del mundo", como lo subraya el tema del Congreso. Os invito a meditar sin cesar en este "gran misterio de la fe", como lo proclamamos en cada misa, después de la consagración.
Ante todo, en la Eucaristía revivimos el sacrificio del Señor en la tarde de su vida, con la que salva a todos los hombres. De esta manera, estamos junto a él y recibimos en abundancia las gracias necesarias para nuestra vida cotidiana y nuestra salvación. La Eucaristía es, por excelencia, el gesto de amor de Dios por nosotros. ¿Qué hay más grande que dar la vida por amor? En esto, Jesús es el modelo del don total de sí mismo, camino por el que nosotros debemos caminar siguiéndole.
La Eucaristía es, también, un modelo de vida cristiana, que debe conformar toda nuestra existencia. Cristo nos convoca para reunirnos, para constituir la Iglesia, su Cuerpo en el mundo. Para acceder a las dos mesas, la de la Palabra y la del Pan, tenemos que acoger antes el perdón de Dios, don que nos vuelve a poner de pie en nuestro camino cotidiano, que restablece en nosotros la imagen divina y que nos muestra hasta qué punto somos amados. Después, como en el caso del fariseo Simón, en el Evangelio de Lucas, Jesús nos dirige sin cesar la palabra a través de la Escritura: "tengo algo que decirte" (7, 40).
En efecto, toda palabra de la Escritura es para nosotros una palabra de vida, que debemos escuchar con suma atención. En particular, el Evangelio constituye el corazón del mensaje cristiano, la revelación total de los misterios divinos. En su Hijo, la Palabra hecha carne, Dios nos lo ha dicho todo. En su Hijo, Dios nos ha revelado su rostro de Padre, un rostro de amor, de esperanza. Nos ha mostrado el camino de la felicidad y de la alegría. Durante la consagración, momento particularmente intenso de la Eucaristía, pues en él recordamos el sacrificio de Cristo, estáis llamados a contemplar al Señor Jesús, como santo Tomás: "Señor mío y Dios mío" (Juan 20, 28).
Después de haber recibido la Palabra de Dios, después de haberos alimentado con su cuerpo, dejaos transformar interiormente y recibir de él vuestra misión. En efecto, os envía al mundo para llevar su paz y ser testigos de su mensaje de amor. No tengáis miedo de anunciar a Cristo a los jóvenes de vuestra edad. Enseñadles que Cristo no es un impedimento para vuestra vida ni para vuestra libertad; por el contrario, mostradles que os da la verdadera vida, que os hace libres para luchar contra el mal y hacer de vuestra vida algo bello.
No olvidéis que la misa dominical es un encuentro de amor con el Señor sin el cual no podemos vivir. Cuando le reconocéis "al partir el pan", como los discípulos de Emaús, os convertís en sus compañeros. Os ayudará a crecer y a dar lo mejor de vosotros mismos. Recordad que en el pan de la Eucaristía Cristo está real, total y substancialmente presente. En el misterio de la Eucaristía, en la misa y durante la adoración silenciosa ante el santísimo Sacramento del altar, podréis encontrarle de una manera privilegiada. Si abrís todo vuestro ser y toda vuestra vida a la mirada de Cristo, no quedaréis oprimidos; por el contrario, descubriréis que sois amados de una manera infinita. Recibiréis el poder que necesitáis para edificar vuestras vidas y tomar las decisiones que se os presentan en la vida diaria. Ante el Señor, en el silencio de vuestros corazones, algunos de vosotros os sentiréis llamados a seguirle de una manera más radical en el sacerdocio o en la vida consagrada. No tengáis miedo de escuchar esta llamada y de responder con alegría. Como dije en la inauguración de mi pontificado, Dios no les quita nada a aquellos que se entregan totalmente a él. Por el contrario, les da todo. Saca lo mejor de cada uno de nosotros, de manera que nuestras vidas puedan florecer verdaderamente.
A vosotros, queridos jóvenes, y a todos los participantes en el Congreso Eucarístico Internacional de Quebec, os imparto afectuosamente mi bendición apostólica.
S.S. Benedicto XVI
Obispo de Roma
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2008-06-29
A tiro de piedra
No basta con soñar
La eliminación del equipo nacional de fútbol para clasificarse al mundial de Sudáfrica 2010 es ocasión de lamentaciones y recriminaciones. Algunos, aún, no aceptan la realidad de haber quedado fuera de la competición. La verdad, fuera de aceptarlo o no, es una: estamos eliminados.
¿Qué y por qué pasó? Las respuestas son varias; el resultado, el mismo. Si no tenemos proyecto, ¿cómo pretendemos alcanzar la meta anhelada? La publicidad, la movilización de los fanáticos, la arenga televisiva que logró soliviantar el ánimo de la población, no fueron suficiente. No se gana en la pantalla; se gana en el campo de juego. No se clasifica con los gritos, la cuña sentimental y bonita, ni con el entusiasmo de la barra; se obtiene el pase al mundial de fútbol con goles. Así es el asunto.
En mi opinión, como aficionado al fútbol y jugador de solar, calle y cancha escolar, en mis tiempos mozos, la estrategia fue la que suele emplearse en la situación que existía antes de los goles de El Salvador, pero se falló en la táctica. Tácticamente, la selección debió trasladar el juego hacia el espacio de la cancha que defendían los salvadoreños y que estaba en mejor estado. En vez de eso, se replegó hacia su lado, que estaba lleno de charcos. En ese escenario, la pelota no corría con facilidad y se favorecía al contrario, que buscaba el ataque y las faltas. Aún con nueve jugadores, más el portero, pudo haberlo hecho adelantando las líneas con cuatro en la defensa, tres al medio y los dos delanteros un poco atrás, para apoyar al medio campo, además de jugar por los laterales para ganar tiempo y evitar los saques desde la meta. El error se pagó caro.
Si pensamos en el país, lo mismo nos ocurre en muchos planes y programas. Buena o aceptable estrategia, y táctica equivocada. Dicho en otras palabras: una cosa es la planificación, y otra la ejecución. Uno el evento previsto; otra la conducta de la autoridad o la población.
No basta con soñar, sino hacer el sueño posible. Soñamos con una selección de fútbol clasificada para el mundial, pero poco hicimos para hacerlo posible. Soñamos con un gran país, pero el trabajo y el empeño por lograrlo es inútil. Soñemos, sí; pero hagamos posible que sea realidad.
La federación de fútbol debe fijarse una meta clara. Si es el 2014, que se trabaje desde ya. Que se busque un técnico organizador, para los dos próximos años, para que trabaje con jugadores entre los 14 y los 20 años de edad. Al terminar el mundial del 2010, que contrate un buen técnico para que trabaje los 4 años hacia el 2014, de esos que han quedado libres entre las selecciones mundialistas. Así sí podremos soñar y hacer posible el sueño. Lo mismo vale para los funcionarios y el país. Y, hablando de sueños posibles, librémonos de la pesadilla de los diputados buseros. Ni uno más en la Asamblea. Cero votos para ellos.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2008-06-29
Editorial
Sucesión apostólica
El pontificado que nos viene desde Simón Pedro, cuando Cristo lo eligió para ser la piedra sobre la cual edificaría su iglesia, está personificado hoy en la figura de Benedicto XVI. Tras 265 papas, la sucesión apostólica continúa como signo visible del ministerio petrino confiado por Jesús a San Pedro.
Nuestra Iglesia Católica y Apostólica, mantiene viva la tradición del pontificado, porque entendemos que la misión pastoral de los sucesores de los apóstoles, sólo puede ser posible por la imposición de manos que conecta a los ministros a esa primera imposición que nuestro Señor Jesucristo hizo sobre el discípulo Simón Pedro. Y el Papa y los Obispos, como sucesores, tienen la misión de transmitir y resguardar las enseñanzas que los apóstoles recibieran directamente de Cristo.
Por eso, el cristianismo no puede estar desconectado o desentenderse de esa sucesión apostólica. Ser Pastor de la Iglesia es un cargo que está muy lejos de adquirirse con la propia voluntad o el estudio a la manera de una carrera cualquiera. Es necesario ser elegido y enviado, para que exista una legitimidad apostólica y una sucesión coherente y conectada desde Jesús, a través de Pedro y sus sucesores que, por la imposición de manos, han recibido el ejercicio de su misión como pastores de almas.
Al celebrar el día del Papa, no hacemos más que conmemorar el gesto de Jesús con Pedro, de darle la misión de cuidar de su Iglesia hasta que El vuelva. Profesemos, pues, con confianza: “La Iglesia es una, santa, católica y apostólica”.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2008-06-29
El Ojo del Profeta
¿Dónde está puesta nuestra confianza?
La pérdida de la selección nacional de fútbol ante El Salvador ha dejado triste a un número importante de nuestra población. Tristeza que se traduce en desgano, decepción y, en algunos casos, hasta en depresión. Pareciera que, para los afectados, se hubiera acabado el mundo.
Muchas fueron las esperanzas que se pusieron en la selección, a sabiendas que somos un país con una tradición y una práctica modestas del deporte del fútbol. Ayudados por la propaganda y el mercantilismo, la capacidad real del equipo se sobrevaloró y se levantaron falsas expectativas.
Como panameños vivimos nuestra panameñidad con orgullo y con pasión, pero eso no debe obnubilarnos ni creernos más de lo que somos. El deporte, la cultura y cuanto hagamos, forma parte de la vida terrena y es obra humana, así sin más. Por tanto, nuestra confianza en esas cosas debe estar acorde con la imperfección de nuestra humanidad. La verdadera confianza, esa que va más allá de nuestras fuerzas, solo puede estar puesta en una sola persona: Dios. Lo demás está propenso a los avatares de la vida mundana.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2008-06-22
La Voz del Pastor
El Año Paulino y La Misión
Comentando 1 Co 16, 19, el papa Benedicto XVI recordaba: “Ese tipo de reunión es precisamente la que en griego se llama ekklesìa -en latín "ecclesia", en italiano "chiesa", en español "iglesia"-, que quiere decir convocación, asamblea, reunión (…) en la primera mitad del siglo I, y en el siglo II, las casas de los cristianos se transforman en auténtica "iglesia".
Lo que el Papa Benedicto XVI señala tiene su germen en las opciones misioneras de San Pablo y su puesta en práctica, que han sido claves a lo largo del bimilenio que ahora comenzamos a celebrar. No es extraño que el Documento de Aparecida 156, por ejemplo, en su concepción de discípulos misioneros, de una Iglesia misionera, de comunidades discípulos misioneros, destaque la pertenencia a una comunidad concreta. ¿Cómo ser discípulo misionero sin una vivencia concreta de la fe en una comunidad concreta?
Lo imprescindible de la vida comunitaria en el seguimiento de Jesús es claro en los evangelios y en los demás escritos del Nuevo Testamento. Allí también se destaca una de las opciones que tomó San Pablo y que tuvo repercusiones trascendentales para la vida de la Iglesia y su obra misionera: las comunidades paulinas se reúnen en “casas”. La casa es la forma social y económica elemental no sólo de la antigüedad y del Nuevo Testamento, sino probablemente de toda cultura sedentaria preindustrial.
Hoy hablamos de la familia como “iglesia doméstica”, y tendemos a entenderla como poco o nada más allá de padres e hijos. En los tiempos paulinos la “casa” abarcaba mucho más, hasta las personas que trabajaban en relación con la familia, los invitados, y muchos más; la clave de la sociedad era la “casa”. A veces la conversión implicaba la ruptura con la propia casa, pero para ser admitido en otra cristiana: “Yo les aseguro: nadie que haya dejado casa (casa es el englobante)... quedará sin recibir el ciento por uno: ahora, al presente, casas...” (Mc 10,29 ss).
En San Pablo encontramos completa claridad en sus principios teóricos, con enorme carga de renovación, y a un padre de comunidades-casa que enseña evangélicas normas prácticas. El acepta el sistema social, pero para imbuirlo de espíritu cristiano. De esta forma la fe cristiana no se aprecia en un primer plano como un principio de transformación social, pero desarrolla su capacidad de innovación histórica en el seno de las relaciones intracomunitarias y ellas como fermento de transformación hacia el Reino de Dios. Así el cristianismo siguió creciendo en tiempos de persecuciones y luego también, cuando las persecuciones oficialmente cesaron. La labor de San Pablo fue decisiva para la misma existencia de la Iglesia posterior.
Pablo evitó el camino de la secta que se separa del mundo y crea su propio sistema de convivencia, así logró que la misión se entendiera como ir al mundo y no en invitar a que el mundo venga a la secta. Así mismo evitó el camino de la radicalidad para muy pocos, al modo del espiritualismo entusiasta, con lo que logró que no se cayera en entender misionar como limitarse a “los selectos”. El proceso de encarnación que generó San Pablo tuvo abundantísimos frutos durante siglos hasta en las más variadas expresiones de la cultura.
Nuestras reuniones en veredas, en apartamentos, en casas, hasta en diversos grupos esparcidos en el templo parroquial o en sus salones (cuando los hay), tienen un fondo de enorme sabor paulino. Que en nuestro renovado espíritu misionero, San Pablo nos acompañe y nos siga enseñando a vivir como discípulos misioneros de Jesús en comunidades misioneras.
Mons. Pablo Varela Server
Obispo Auxiliar
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2008-06-22
A tiro de piedra
Mejor sin ellos
El paro de transporte convocado por un sector de conductores y algunos supuestos usuarios nos demuestra, una vez más, que el sistema urbano de transporte colectivo de pasajeros está mejor sin ellos. La amenaza, la violencia y la pillería se impusieron, en algunos casos, al deseo de otros conductores que querían hacer su trabajo y transportar a los usuarios.
Todos tenemos el derecho a reclamar y a protestar; pero no a obligar al otro, bajo amenaza y daño físico y material, a acuerpar nuestra postura frente a un hecho o situación. Al parecer, todavía hay entre nosotros individuos que no aceptan ni admiten que otros piensen diferente a ellos, y se creen con el derecho de agredir, intimidar y, en algún casos, a intentar matar o perpetrar este hecho.
Me daba dolor e indignación ver cómo algunos sujetos, ante la acción casi impotente de la policía, bajaban a los pasajeros de los autobuses y coaccionaban, bajo amenaza y obra, a los conductores que prestaban el servicio. ¿Es así como quieren convencernos de sus razones? Si eso pretenden, con muy pocos contarán para sus fines. Y si no cambian de actitud, tal vez hasta los que le dan la razón hoy los abandonen mañana.
Lo que vimos muchos panameños es el reflejo de lo cotidiano: el conductor grosero, el pavo perequero, el sujeto que al volante atropella y arrasa con lo que esté a su paso, y el busero que para donde le da la gana, se sale de ruta cuando le da la gana, e irrespeta las señales de tránsito cuando le da la gana. En otras palabras: el abusador que se cree dueño y señor de la avenida.
Panamá no se merece ni conductores ni propietarios de buses como los que están cometiendo esos actos. Deben ser erradicados del sistema, sin contemplaciones. Que se queden los que toman en serio y respetan su oficio; que los hay y son la mayoría en el país, en especial los del interior y las llamadas rutas internas. El problema, y lo sabemos, está en los diablos rojos de la capital y algunos de la ruta de Colón; en el resto de las rutas ése comportamiento es la excepción y no la regla.
En cuanto al gobierno, fuera de lo que esperamos que haga, debería diseñar un plan de contingencia para cuando los buseros declaran paros como el de estos días. Los ministerios y las entidades deben identificar a los funcionarios que tienen vehículos y saber cuántos pueden transportar a otros compañeros, donde los recogerán y modificar el horario de entrada y salida. También debería utilizar los vehículos oficiales, para transportar al resto de los funcionarios que necesitan transporte, con instrucciones claras de dónde serán recogidos y las horas respectivas. De esa manera, el resto de los transportes privados que pueda el usuario conseguir, se descargaría en parte y sería más fácil para la población transportarse.
Tenemos que enfrentar, con ingenio y firmeza, a los que todavía se creen los amos del país, como ahora ciertos dueños y conductores de autobús. Y no se nos olvide: Ni un busero más para diputado.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2008-06-22
Editorial
Irreverencia y sacrilegio
La libertad de expresión y la artística consisten en expresar la opinión y el sentir de toda persona, sin que sea molestada ni limitada en cuanto al ejercicio de ese derecho; pero ello no implica que, si la persona incurre en la violación del derecho ajeno, quede libre de responsabilidad y de acarrear con la consecuencia de sus actos.
Dos ejemplos de esa situación lo tenemos en la publicación de una caricatura y en un programa de chistes, en un diario y una televisora locales, que, por querer causar risa o ridiculizar a tres políticos, ofenden y caen, la una y el otro, en una acción irreverente y sacrílega; y, quizá, sin medir el alcance de sus acciones. Si es así, con ello nos demuestran, también, y, probablemente, sin tener conciencia plena de lo que hacen, el nivel de calidad profesional y el don de gentes que los adorna.
Quien reclama libertad y derechos para sí, debe, quiera o no, defender y respetar la libertad y el derecho ajeno. Recurrir a la injuria y la ofensa contra su prójimo denota, y con tristeza lo vemos, la degradación moral y la pobreza de valores que sufre el victimario o autor de lo que censuramos.
Si algo de nobleza queda en el corazón de quienes han incurrido en la conducta que aquí aludimos, la rectificación y la disculpa no se harán esperar. De proceder así, se engrandecerían ante el público y el resto de la sociedad; en caso contrario, ya quedaría demostrado de qué material está hecha su conciencia. No vamos a explicar nada.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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